JOSÉ DONOSO
 
 


EL MOCHO
José Donoso
Alfaguara, 1997


 

16

Anoche, cuando con el amor de Antonio mi cuerpo comenzó a desentumecerse para esbozar una réplica, alcancé a vislumbrar la silueta de mi placer, bosquejada apenas en mi horizonte. Para alcanzarlo me abandoné, agitándome bajo él, que me pegó un bofetón: que no me moviera, me mandó. No te quejes. No me manosees. No goces. Yo soy el que está culeando, no tú. Tú no eres una puta para que te revuelques en busca de tu placer. Recibe mi placer: eso tiene que bastarte.
.......... Cuando él quería mujeres de las otras, las iba a buscar a la casa de la Bambina. No se había casado con ella para esto. La bofetada cortó el aliento de la Elba, y la ansiada silueta del placer se desbarató en su horizonte antes de completarse. Ella quedó convertida en un nudo vengativo por haber sido reducida, como siempre, a receptáculo del placer de Antonio. Una actitud que no fuera la docilidad sería transgresión, la impudicia inaceptable de un cambio de roles. Pero la transgresión mayúscula, la que sintetiza todas las demás, será bajar ahora mismo para que mi lesionado cuerpo de mujer le diga a mi marido: Toño está enfermo, tienes que ir a buscarlo, e imponerte.
......... Es honda la mina; la tentación, vertiginosa. El mareo de bajar ahora mismo sin calcular las consecuencias ni las caídas. Es necesario transgredir para poder alcanzar la gloria de ser algo diferente a la impavidez de su cuerpo siempre abajo, siempre igual. Es imposible romper ese esquema o alterar la grotesca danza: ella inmovilizada, aplastada por ser amada pero no amante, anhelada pero no anhelante. Sin viaje ni aventura. Él acezando, como si arara en su cuerpo despojado del juego. Solamente la función de cavar en la mina, rompiéndole las entrañas hasta dejarla endiosada por aceptar el placer como una ofrenda que no se comparte. Pero ahora tiene que ser distinto. ¡Que Antonio sienta mi invasión a los sótanos exclusivos de los hombres, mi cuerpo de mujer presentándole una fuerza capaz de desacompasar el ritmo con que su picota me agrede! Que se viera obligado a oírla, a seguirla, transformando al conquistador en conquistado al verla aventurarse en su espacio subterráneo.
.......... ¿O bastará la sencilla iniciativa de tomar un bus que la lleve a la ciudad para traer al niño sin consultar a nadie? ¿Pero cómo dejar al abuelo agonizando solo en su choza, cómo soportar las recriminaciones, incluso la violencia de Antonio, por haber abandonado a su padre? La Elba nunca fue de amistades femeninas solidarias. ¿Cómo, si es hija de la Canario? Lo dicen la comadres, que para ella no preparan tisanas ni cuidan a su hijo. Y la Elba no se acerca a ellas porque sabe que Antonio desprecia el cerrado círculo de la cháchara femenina. Pero, claro, la Canarito era la madre de la Elba, tenía el pelo vivo y luminoso como un chorro de avena y por eso era un ser aparte. Las mujeres me preguntarían, se meterían en mi vida, sería necesario explicar...
.......... ¿Y pedirle ayuda a la Empresa? No. Ellos odian a don Iván y a su familia. La dejarían frente a la puerta cerrada, hoy domingo. Dicen que no les gusta que los molesten los domingos en sus jardines. Reciben visitas, parientes, toman refrescos de colores en vasos donde tintinea el hielo, se van de paseo al campo o a la ciudad. Pero dicen que don Arístides tiene acceso a ellos cuando quiere. Sí, hablar con don Arístides para que ellos me traigan al niño y cuando Antonio llegue en la tarde ya lo encuentre aquí. Este escalofrío que es otra cosa, que no es escalofrío y que se desata en mi carne cuando pienso en don Arístides, me empareja con él: Arístides sucio, yo sucia para los ojos de Antonio que me ama, pero don Arístides es sucio junto conmigo, y degradado -¡oh, el descanso de ser degradada junto a un igual!-, él y yo deseándonos, porque ambos aceptamos el desprecio. El éxtasis de lavarme el pelo frente a ese incansable catalejo. Exhibo lo que Antonio no me permite ser... pero que sí soy para Arístides mientras Antonio cava en mi cuerpo forzosamente inerte. ¿Se reirá Arístides si yo lo trato de "don"? Yo, una Urízar según él: poderosa, aunque ese rango permanezca sepultado bajo generaciones femeninas de Lenguas Mochas incapaces de proyectarlo. No, Elba, no me digas "don", díme "mi pichito rico", como cualquier mujer comprada, dímelo prosternada ante mí como te prosternas ante don Iván, que es incapaz de ponerse los calcetines sin tu ayuda.
.......... Le sirves de comer, Elba. Sin la ayuda de Toño, que te hace falta para estos menesteres, no logras acostarlo. Después comes un plato junto al fuego que encendiste en la arena, sin mirar mi lucecita de carburo entre los árboles: estoy esperándote. Antes de subir, entras a comprobar que el abuelo duerme. Como te veo salir arrebozada en tu chal, calculo que el viejo respira tranquilo en su sueño. Sentada junto al fuego esperas a que las nubes establezcan el crepúsculo. De un tirón arrancas el pañuelo que protege tu pelo del olor a pescado que has estado friendo, y te encaminas al promontorio.



(TEXTO ESCOGIDO)

 

 
 

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letras.s5.com , proyecto patrimonio, JOSÉ DONOSO: "El Mocho", Novela. (1997)

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