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El estilo de un editor

Por Gonzalo León
http://gozaloleon.blogspot.com/
Viernes, abril 09, 2010

 

Vamos por partes: el dos de marzo de 2008 la Revista de Libros informaba el "fichaje del nuevo editor de Planeta". Dos años más tarde el editor en cuestión da una entrevista,a propósito de su nuevo libro, y se queja de la flojera de muchos escritores locales. Flojera que, según el, se esconde bajo la forma de contar bien una historia y entretener. No es muy interesante discutir sobre este punto y decir, por ejemplo, que una de las mejores narrativas, como la estadounidense, se ha basado precisamente en esa forma: Hemingway, Fitzgerald, en fin los autores sobran. Tampoco resulta muy alentador discutir sobre esa gran frase soltada al aire: "El escritor debe ser el primer estilista de su escritura". El estilo o la importancia de tener o carecer de él ha sido tratado largamente por Henry James en su libro de ensayos y crónicas llamado "La imaginación literaria" y en el nombre del "estilo" se pueden decir cosas tan aberrantes como que Charles Dickens y Walt Whitman son malos escritores porque, como afirma James, carecen de estilo, de forma. El estilo o la forma son la mejor excusa para imponer el prejuicio. Entonces si se quiere afirmar que este libro carece de estilo, mejor sería optar por decir simplemente: "No me cae bien este escritor" o "me cargan los escritores que ganan dinero".

Quiero aclarar que no es mi intención defender a aquellos escritores que el ex editor de Planeta ataca: Simonetti, Guelfenbein y otros, sencillamente porque si alguien tuvo el poder para mejorar el "producto" de algunos de nuestros bestsellers, ése fue precisamente quien hoy los ataca. Carla Guelfenbein no me gusta, pero si fuese su editor trataría de mejorar lo que entrega a toda costa y, si me marchara de la editorial, lo último que se me ocurriría sería salir "pelándola". Eso como diría Henry James me parecería de mal gusto. En eso hay poco "estilo". Pero tal vez como no he vivido esa experiencia y, como editor en La Calabaza del Diablo, no he llegado a odiar a los autores con los que hemos trabajado, no puedo asegurarlo. No obstante, la experiencia de Jaime Collyer, también ex editor de Planeta, es útil a esta altura del partido. Él me contó hace un tiempo que, cuando llegó el original de una novela de Alberto Fuguet, intentó mejorarla, pese a que no le gustaba. Y eso es lo que debe hacer cualquier editor serio: no imponer sus propios intereses o gustos, por muy escritor que sea, sencillamente porque uno trabaja con "otros" y en una empresa o pyme.

Las declaraciones del ex editor de Planeta, en todo caso, no serían tan graves si además no fuera uno de los editores de Sangría Editora. En tal calidad me lo topé en una reunión de editoriales independientes que trataría una "forma" de organización que facilitara o mejorara la distribución, presencia en ferias del libro y otras menudencias. Sabemos que este tipo de editoriales se opone a las grandes transnacionales. Sin embargo, cuando un editor cruza la vereda realiza el mismo acto de esos gerentes que ingresaron al gabinete de Sebastián Piñera. Podemos argumentar que lo de los ministros de Piñera fue un cruce de lo privado a lo público; pues bien lo del ex editor fue un cruce de lo transnacional a lo local y para mí no existen diferencias significativas, o de fondo al respecto.

No sólo sale "pelando" de su empleo, no sólo critica a los autores cuyo producto pudo haber mejorado, no sólo cruza de "bando", sino también hace todo esto con un fin bien claro: capturar la atención de los medios. El ex editor dijo lo que los medios estaban esperando. ¿Y por qué lo dijo? Sencillamente porque la editorial por la que publicó no cuenta con el aparataje de prensa y distribución de Planeta. En otras palabras, la "hizo", como se dice en lenguaje vulgar, o "intentó hacerla", y digo esto porque seré aún más claro: ¡Te caché, ex editor! Fue una jugada hábil; pero ni la escena literaria local ni mundial están hoy en día para lujitos. Porque ante todo el editor, una piedra importante en la producción literaria, debe guardar las formas, el estilo, y éste no ha sido el caso.

Pese a que una vez me tocó editar un cuento al ex editor para Revista Bilis, no estoy afirmando una suerte de superioridad moral o profesional, sino más bien busco explicaciones. Y tal vez la explicación de todo esto radique en esta doble o triple militancia: el ex editor entre un empleo en una transnacional, otra independiente y su condición de escritor, siempre optará primero por esto último. El ex editor gritó a los cuatro vientos que antes que nada él es y será un escritor serio. Pero curiosamente esta vigorosa afirmación, con réplicas mediáticas de por medio -incluida ésta-, no ha resultado muy seria. En el afán de afirmar y gritar que él era un escritor serio terminó por convertirse en un editor poco serio, o con poco estilo, como lo hubiera calificado Henry James. Y eso es lamentable, porque la capacidad del ex editor estaba fuera de duda... Bueno, hasta ahora.

 

 

 

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