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LOS POETAS CHILENOS LUCHAN CONTRA EL FASCISMO
Prólogo y selección de Sergio Macías

Berlín, Comité Chile Antifascista, 1977, 324 páginas


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Estos textos forman parte importante del proceso histórico de Chile. Contienen una poesía que fluye del dolor, de la lucha y esperanza de un pueblo inmerso en un continente que derrama su sangre para liberarse del yugo imperialista. Los autores pertenecen a un país que cuenta con un antiguo y poderoso movimiento obrero que la dictadura no puede aplastar, a pesar de la gran represión y métodos de increíble brutalidad. El Presidente de la República, Dr. Salvador Allende, fue ametrallado alevosamente, como asimismo innumerables trabajadores, entre ellos, los artistas.

Los poetas sufren el martirio, la persecución, el exilio. Son combatientes activos de su clase, del pueblo. Tienen plena autoridad moral para expresar su arte revolucionario contra aquellos que asumieron la responsabilidad de traicionar a la patria y destruir su patrimonio cultural. Los trabajos que hemos recogido se ubican claramente en la lucha que realizan los poetas chilenos contra el fascismo.

El desarrollo de la poesía chilena cuenta con dos premios Nobeles: Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Con Vicente Huidobro, autor de la doctrina del Creacionismo, y Pablo de Rokha, creador del tremendismo (para unos) o gigantismo (para otros). Podríamos analizar el papel que le cupo al grupo Tolstoyano de Los Diez, la manifestación poética del año 1920, entrar por los pasillos del modernismo y detenernos en un Carlos Pezoa Véliz, por sus cuadros tan auténticamente chilenos; seguir por el dramatismo religioso de Gabriela y su ternura hacia los niños desamparados de la patria; continuar por el mismo abstraccionismo de Huidobro y descubrir imágenes deslumbrantes que fluyen de formas caprichosas, de un contenido con "significación mágica" como expresaba su autor; llegar por los versos humanamente volcánicos y rebeldes de Pablo de Rokha a una poesía forjada con autenticidad, cósmica, épica, guerrillera; y a través de los cantos de Neruda llenos de raíces andinas, de protesta social, —eróticos, nostálgicos, descriptivos de una realidad que muestra la explotación sangrienta de un continente— encontrar nuestra historia. Pero no nos vamos a referir ni a la época romántica, ni a los barrocos, ni a los surrealistas, ni al papel importante que le correspondió a los poetas de hondo sentido social como integrantes de la generación del 38; ni lo que buscaron para impresionar al lector los del 50; ni lo que pretenden como razón poética los del 60; ni lo que han roto o forjado con nuevas concepciones los del 70. No vamos a ocuparnos, pues, ni de lo romántico, de lo épico y descriptivo, ni del antipoema, ni del verso lírico, ni del canto intimista, ni de movimientos exterioristas para comprender una evolución de la fenomenología poética chilena. Solamente mostramos textos que nacen de circunstancias críticas, de la presión de lo real.

Para que Chile haya llegado a ocupar un alto lugar artístico ha sido necesario librar una larga y sacrificada lucha contra la penetración ideológica proveniente de los Estados Unidos. Penetración que conlleva la deformación de la realidad latinoamericana. Esta tarea los imperialistas la han cumplido con creces, desde la forma sutil hasta la más descarada: pornografía, racismo, films con yanquis derrotando a los indígenas; un rico Mac Pato como símbolo de la burguesía que atesora para producir la envidia de los pobres, una competencia en una sociedad de consumo capitalista donde el hombre y lo que fluye de él como manifestación artística es considerado mercancía.

A través de los medios económicos y de comunicación de masas han forjado un cuadro cultural dramático, especialmente en lo que dice relación a la formación del niño. A ello hay que sumarle una educación reaccionaria y limitada; una absoluta desigualdad en todos los aspectos, y el ataque violento de los grupos adinerados a lo que contenga ideas revolucionarias. La estructura social injusta impacta al hombre que tiene por herramienta y arma el arte. Es una realidad de la cual no puede evadirse. El poeta se rebela y se expresa como siente el pueblo, porque se nutre de su fuerza histórica, y la palabra florece en las perspectivas de la lucha.

En el caso del país austral el hecho que se haya saqueado la casa de Pablo Neruda, quemado en las calles su poesía y cuanta literatura revolucionaria (en particular la cubana) y progresista es encontrada, demuestra al mundo el carácter de la dictadura surgida de la traición y del atropello a la Constitución de Chile. Junta Militar Fascista que contó con el apoyo descarado de los Estados Unidos. Si agregamos que los rectores de las Universidades pasaron a ser militares; que toda la educación está sujeta a los dictados del fascismo, obligando e incitando a los directores de escuelas a ser soplones; que la delación es recompensada para mantener el control en todas las esferas de la vida nacional; que se suprimieron numerosas carreras universitarias por ser consideradas peligrosas; borrado por decreto gran parte de la historia de Chile; asesinado a numerosos artistas como Víctor Jara, o a destacados intelectuales y ensayistas como Orlando Letelier; que el país se encuentra convertido en un campo de concentración con miles de desaparecidos; que la prensa y todos los medios de expresión están sujetos a la censura dictatorial; que la ex-editorial Quimantú, —que al año de funcionamiento celebraba sus cinco millones de libros publicados— fue vendida a un particular a bajo precio y destinada a artículos de escritorio, que las riquezas del país fueron entregadas a la voracidad imperialista, nos hace decir: Poeta, dónde estás? Cuál es tu responsabilidad? Sobre qué escribes? Puedes ignorar el dolor y la esperanza del pueblo?

Obtener lo que el país logró con su sudor durante el breve y esforzado período de la Unidad Popular, es una meta que nunca debe olvidarse. Las riquezas pasaron a manos del pueblo. El sacrificio no ha sido en vano: "El hombre, aunque viva libre, muere, y nace otro; el que nazca, viendo lo hecho, tiene que recordar al que lo hizo". (Jan Omurtag) De allí la importancia de estos textos de la poesía chilena antifascista.

El artista es parte de esa masa palpitante que constituye el devenir histórico. La poesía tiene ahí un hondo significado: manifiesta la realidad, lo íntimo del hombre, las raíces de la tierra donde crece y se desarrolla; expresa el lenguaje de la gente en la forma más pura, auténtica. Ningún escritor revolucionario o progresista puede estar ajeno a su época. Su posición debe ser definida. La ambigüedad perjudica. Su actitud tiene que ser implacable contra el fascismo que representa odio y sufrimiento. Nadie puede permanecer indiferente a los problemas de su tierra, como cantó el querido poeta Konstantin Paustowski: "Sin patria no puede vivir el hombre, así como sin corazón". El proletariado espera de los trabajadores de la cultura la fuerza de su palabra, una creación que sirva como el pan y el agua para el hombre. Al abrir la Antología "Poesía 72. Quimantú" nos encontramos con el prólogo del poeta Jorge Jobet que dice: "le cabe al escritor una responsabilidad grande. Es, por condición, uno de los motores del cambio. Su misión humana y artística cobra un valor trascendental, por contener su mensaje las angustias y esperanzas del hombre en su eterna lucha para alcanzar los propósitos más elevados de su espíritu".

No están todos los poetas, por razones obvias. Unos se encuentran en circunstancias muy difíciles en el interior, otros recuperándose del golpe en algún lugar del mundo. Sin embargo, esta es una muestra valiosa donde la poesía cumple su verdadero papel, es parte esencial de la historia íntima de Chile, del amor y de la sangre. Ha marchado con su pueblo al ritmo sencillo de manos y zapatos desgastados en minas, fábricas, puertos y montañas. Al calor de sus batallas, triunfos y masacres. Los poetas dan a conocer los verdaderos sentimientos de un pueblo oprimido. Porque la dependencia económica y cultural es la angustia del hombre latinoamericano:

"Llegaron los rotos Pampinos", dice la gente chilena, y está oliendo a nitrato, a sol, a sudor, a concepción heroica de la vida, a máquina explotadora, trágica de humillación y expoliación extranjera a la nacionalidad en calzoncillos, porque les corre salitre ardiendo por las venas, y truenan gigantes las masacres encima del rostro de los hombrones del Norte", nos cantaba ya hace algunos años el gran poeta Pablo de Rokha, en "Estímulo de Masas".

Este país tiene la virtud de tener una poderosa clase obrera que fue dirigida por grandes líderes, como Luis Emilio Recabarren y Elías Lafertte, ella estremece los cimientos del régimen burgués. La poesía chilena se ha ido nutriendo de paisajes proletarios, donde el dolor cae a un abismo sin fondo y el optimismo alcanza como el Cóndor las más increíbles alturas. La creación se debate entre la sangre y un panorama geográfico exuberante: cordillera, desierto, océano, nieve, ríos torrentosos y cataclismos, entre batallas y conquistas sociales. Es tierra de poetas revolucionarios como José Domingo Gómez Rojas, que falleciera a tan temprana edad a causa de las torturas que lo volvieron loco, y cuya muerte hace que los puños del proletariado hagan temblar de miedo a la reacción del año veinte. En las calles ha quedado la sangre de un Héctor Barreto, y en estos trágicos años el recuerdo de la muerte apresurada de Pablo Neruda, que hasta el último minuto escribe contra los verdugos de Chile. En esta tierra de vino topacio y pájaros multicolores las masacres enrojecen el polvo, el caliche, el carbón, la flor y el trigo. Recordemos: Escuela Santa María de Iquique, Seguro Obrero, La Coruña, San Gregorio, El Salvador, Pampa Irigoin y el genocidio del once de septiembre de mil novecientos setenta y tres, son solamente algunos hechos sangrientos donde aparecen como ejecutores e instrumentos del imperialismo, las fuerzas armadas. Sin embargo, nada ha podido derrotar la gran conciencia de clase del trabajador chileno. La Junta ataca lo que brota de esta tradición de lucha. Los indígenas están marginados. La discriminación y represión violenta juegan un rol destacado en la política juntista. El folclore ha recibido las iras de los verdugos. Además del asesinato, prisión, tortura y expulsión del país de numerosos folcloristas, se encuentran prohibidas numerosas canciones del sentir popular. Con actores, pintores, músicos y escritores ha pasado lo mismo. El objetivo es retrotraer las cosas al estado anterior al período de la Unidad Popular, en forma más acentuada bajo la imposición de la Escuela de Chicago, y con los pocos escritores que tienen a su disposición forjar una cultura nacida de las formas burguesas de vida. Fue lo que pretendió Hitler y Mussolini, pero, tal como entonces, el proletariado que ya los conoce no se presta para estas maniobras, ubica perfectamente a los culpables y oportunistas para juzgarlos. Aquello que perdura es indiscutiblemente lo que concentra nuestro auténtico origen: "Mírame desde el fondo de la tierra, / labrador, tejedor, pastor callado: / domador de guanacos tutelares: / albañil del andamio desangrado: / aguador de las lágrimas andinas: / joyero de los dedos machucados: / agricultor temblando en las semillas: / alfarero en tu greda derramado: / traed a la copa de esta nueva vida / vuestros viejos dolores enterrados" (Pablo Neruda). Esta poesía con la de los nuevos poetas que son partícipes del proceso revolucionario chileno es la que avanza, quizá visionariamente más allá de los pasos históricos que el pueblo ha podido dar. Se desangra como él. Se nutre de la realidad con la emoción del que lucha por la libertad. Esta es la razón por la cual la dictadura fascista ha tratado de barrer con ella.

El trabajo que aquí presentamos se refiere a poetas vivos, con la excepción de Pablo Neruda y el texto de Víctor Jara escrito en el Estadio durante su cautiverio. Ambos murieron bajo la tiranía fascista. Este es un testimonio de lo que se ha hecho, se hace dentro y fuera del país. Conociendo ya la obra de algunos autores servirá para ver su trayectoria y hasta cambios profundos, y fortalecerá a los que siguen con el difícil quehacer de la poesía en la clandestinidad de la patria. Los creadores pertenecen a diferentes épocas de nacimiento y desarrollo poético, pero están vinculados a un mismo problema político, a una misma tragedia. Todos con una rica experiencia expresada por su contenido humanista. Quehacer que se mantiene, por una parte, gracias al espíritu indomable y creador de estos poetas, y por la otra, a la gran solidaridad mundial con la causa chilena, en especial de los países socialistas a cuya cabeza figura la Unión Soviética con su actitud de sostenedora del Internacionalismo Proletario. De esta manera, los poetas chilenos continúan su labor esforzada y patriótica en contra de los que dominan y pisotean la tierra de Lautaro, del cóndor y el puma. El imperialismo norteamericano avala la traición y el genocidio. Con ello se gana una vez más la repulsa del mundo, el descrédito. Y tal como en Cuba heroica, Vietnam, Laos y Camboya tendrá su derrota.

Con el respaldo y colaboración de la Unión de Escritores de la República Democrática Alemana se publican estos textos que muestran la palabra y el ideal social de los poetas de Chile. Es emocionante volver a constatar que la DDR no ha escatimado esfuerzos. Tal como lo hizo durante la Unidad Popular, entrega su amistad y amor de combatiente a la causa chilena; da sus conocimientos científicos y experiencia socialista a los que viven en ella. En esta forma se ofrece un aporte más a la Poesía Revolucionaria del mundo. Aquí está la meditación y la verdad. Testimonio y colorido que fluyen de la historia sangrienta de Chile. El poeta no desmaya ante la exigencia del tiempo y del idioma. Por el contrario, contribuye a que el pueblo conquiste, como dice Mayacovski: "el socialismo / vivo, presente, / veraz".


Rostock, Diciembre de 1976

 

 

 


 

 

PEQUEÑA AMÉRICA
Pablo Neruda

Cuando miro la forma
de América en el mapa,
amor, a ti te veo:
las alturas del cobre en tu cabeza,
tus pechos, trigo y nieve,
tu cintura delgada,
veloces ríos que palpitan, dulces
colinas y praderas
y en el frío del sur tus pies terminan
su geografía de oro duplicado.

Amor, cuando te toco
no sólo han recorrido
mis manos tu delicia,
sino ramas y tierra, frutas y agua,
la primavera que amo,
la luna del desierto, el pecho
de la paloma salvaje,
la suavidad de las piedras gastadas
por las aguas del mar o de los ríos
y la espesura roja
del matorral en donde
la sed y el hambre acechan.
Y así mi patria extensa me recibe,
pequeña América, en tu cuerpo.
Aún más, cuando te veo recostada
veo en tu piel, en tu color de avena,
la nacionalidad de mi cariño.

Porque desde tus hombros
el cortador de caña
de Cuba abrasadora
me mira, lleno de sudor oscuro,
y desde tu garganta
pescadores que tiemblan
en las húmedas casas de la orilla
me cantan su secreto.
Y así a lo largo de tu cuerpo,
pequeña América adorada,
las tierras y los pueblos
interrumpen mis besos
y tu belleza entonces
no sólo enciende el fuego
que arde sin consumirse entre nosotros,
sino que con tu amor me está llamando
y a través de tu vida
me está dando la vida que me falta
y al sabor de tu amor se agrega el barro,
el beso de la tierra que me aguarda.

 

 

 


AQUI CAE MI PUEBLO
Gonzalo Rojas

A esta olla podrida de la fosa
común. Aquí es salitre el rostro de mi pueblo.
Aquí es carbón el pelo de las mujeres de mi pueblo,
que tenían cien hijos, y que nunca abortaban como las meretrices
de los salones refinados en que se compra la belleza.

Aquí duermen los ángeles de las mujeres que parían
todos los años. Aquí late el corazón de mis hermanos. Mi madre duerme aquí, besada por mi padre.
Aquí duerme el origen de nuestra dignidad:
lo real, lo concreto, la libertad y la justicia.

 

 


 


EL PEQUEÑO BURÓCRATA
Mahfud Massis


Vivió con un ratón entre las piernas.
Una araña en cada ojo.
Inmóvil sobre su escritorio de roble americano.
Cuando le vi, ladró, me mostró los colmillos.
Pidió un café. Lo miró con mirada de muerto.
Dijo llamarse no sé qué, sufrir de la vesícula.
Hijo de madre virgen y tía desamparada.
Estudiaba violín utilizando sólo el dedo meñique.

Iba a llorar los viernes en la tumba del soldado desconocido.
Tenía un sobrino que era piloto.
Descorchaba alguna botella, la arrojaba con un mensaje al mar.
Pero el oleaje devolvía sólo bazofia sobre su corazón.
Una cebolla milenaria en medio del naufragio.

Le salió una cola, un pequeño cacho en la frente.
Le salió una patada en la nuca.
Encendía una vela (a Simón Mago).
Le cortaron una oreja a los noventa años de servicio.
Se cree emparentado con una jirafa.

Actualmente se moviliza en bicicleta.
Usa el mismo pantalón del año veinte.
La misma camiseta.
Su dentadura de acrílico tiene cuarenta y dos dientes.
Seiscientas tapaduras de metal rancio.
Esconde un ataúd debajo de la lengua.
Se introduce en él durante la noche.
Bala como un chivo.
Camina como un dromedario, come pasto.

Defiende la propiedad, se pone un gorro en el ciclo nocturno.
Defiende una sábana color ceniza.
Un alicate encontrado en el barrio Recoleta.
Su derecho a morder una sopaipilla debajo del catre.
Visitar a una novia muerta.
A un tío encerrado en la jaula de un pájaro.

Preside una sociedad protectora de perros calientes.
Aprendió a sonreír con una pila eléctrica.
A hablar en el restorán contra los tapires rojos.
Piensa casarse con una cebra en cuanto sea posible.
Cada tarde se come una mandarina.
No cree en las derechas ni en las izquierdas,
sólo en la tía que lo parió.

Ignora que lo cagaron en una esquina a la luz de un farol verde.

 

 



 

TARDE EN LA CARCEL
Omar Lara

Paseas en la galería de trabajo.
De pronto te golpean el hombro:
Que le pasa hermanito?
No tiene cigarrillos?
Le regalo los míos.

 

 


 

BANDO 28
Efraín Barquero

Se nos hace un deber protestar firmemente
por la ingratitud de algunos periodistas foráneos,
quienes, además de disminuir esta hazaña,
están faltando a la más mínima ética profesional,
al propalar que Chile es una selva,
llena de víboras y de otros animales velludos,
lo que es una ofensa para nuestros connacionales.

 

 

 

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Prólogo y selección de Sergio Macías.
Berlín, Comité Chile Antifascista, 1977, 324 páginas.