Proyecto Patrimonio - 2006 | index | Andrés Ajens | Autores |


 


sobre un poema anónimo de incierta data

LA GUERRA (POESÍA DE CHILE) ENVEJECIDA

por andrés ajens

 

Helo aquí: un texto entrañablemente extraño: sin nombre, sin título y a la vez sin nombre de autor, y por demás sin preciso término: la trama se interrumpe de improviso, quedando su eventual descenlace pendiente o en suspenso. Obra sin pies ni cabeza, sin comienzo ni fin, poema épico en doce cantos, endecasílabos constantes y sonantes, escrito presumiblemente a comienzos del siglo XVII, presumiblemente en lo que fuera el reyno y/o gobernación de Chile. José Toribio Medina, quien lo hiciera transcribir a mediados del siglo XIX en la Biblioteca Nacional de Madrid, donde aún se guarda el original o, más bien, un borrador no muy católico de un borrador más originario, lo publicó en la Imprenta Ercilla de Santiago de Chile en 1888, con el nombre (de fantasía: del latín phantasia, tanto 'fantasía' como 'fantasma' o 'aparición'...): LAS GUERRAS DE CHILE. Medina se lo atribuyera también fantásticamente al Sargento Mayor don Juan de Mendoza Monteagudo. Y he aquí, otra vez, que la encomiable edición crítica de Mario Ferreccio y Raïssa Kordic, publicada ha poco por la Biblioteca Antigua Chilena (Santiago, 1996), si bien admite la indiscernibilidad de la autoría - "Anónimo" reza - persiste en la fantasmatización del nombre del poema. Esta vez el plural pasa a singular, tornando acaso más peligrosamente equívoca la cosa: LA GUERRA DE CHILE. Pero tal vez estemos siendo excesivamente severos con los editores responsables del "aparato crítico" y de "la aplicación del laborioso procesamiento textológico al poema"; pues, ¿qué sería una publicación sin nombre? ¿Innominable, propiamente inapelable, in-vocable, sería de veras tal? Por nuestra parte, si de nombrar a toda costa la cosa se tratase (cosa que no hace al caso), acogeríamos sin más trámite el encabezamiento del primer verso, criterio latamente consagrado en aquello que aún se da en llamar "tradición poética": LA GUERRA ENVEJICIDA.

La guerra envejicida y larga canto,
tan grave, tan prolija y tan pesada,
que a un reino poderoso y rico tanto
le tiene la cerviz ya quebrantada...

¿De qué guerra (se) habla? Aparentemente pues de la de Chile, o de Arauco (el nombre "Arauco" viene en la primera octava, mientras que "Chile" sólo en la quinta), guerra que según el susodicho anónimo (¿o anónima?) duraba ya al menos sesenta años y, a la data, aún se mantendría sin término. Si la obra hubiese sido escrita alrededor de 1610 - como diversos indicios hacen suponer a los editores - la dicha guerra se habría originado por ahí por 1553, con la muerte de Pedro de Valdivia y la posterior ofensiva mapuche, teniendo como su más reciente momento crítico el "desastre" o "sopresa" de Curalaba (1598), la muerte del Gobernador Loyola por las tropas del lonko Pelantaro y el envío de refuerzos españoles desde el Perú al concluir el siglo (coyuntura por demás privilegiada en el poema). Aparentemente, decimos, pues simplemente la cosa es menos simple. A ratos, hipertrópica mediante - o arte - la guerra de marras es, a tuerto o a razón, la de Ilión, o Troya. El "referente" de (la) guerra es (la de) Troya: Troya sería el nombre de la guerra, la guerra par excellence, y el resto (en guerra) no sería sino copia copiosa, repetición más o menos lograda, pero no el originario originante polemos entre griegos y troyanos. Aquí, entreversado: "Aquesta plaza puesta en esta parte / adonde el ser de Chile todo apoya / es un anfiteatro donde Marte / al vivo representa lo de Troya: / aquí se ve por puntos lo del arte / y aquí los altos hórridos de Troya: / las escenas aquí representadas / estrago son, horror y cuchilladas" (octava 618, con variante en la sexta: "y aquí los espeja en los de Troya"), "[a] aqueste Ilión pequeño te viniste" (oct. 788; subrayo), etc. Rareza o no, del poema: en más de un pasaje los conquistadores españoles son troyanos atrincherados en su fortaleza, destinados a la derrota, y los "indios invencidos", aqueos asediantes (excepción fragante, el vigilante Ulises/Nadie, quien entra y sale a ratos como Pedro por su casa; cf. oct. 592). Tal la última octava, en la que un lonko no identificado, de la isla de Chiloé, respondiéndole al capitán de la flota flamenca que por esos años incursionara en las costas del Pacífico sur (viniendo de la colonia holandesa de Olinda, en el nordeste de Brasil, tal nuevo viejo Ulises en el país de los feacios), le refiere al güesped cómo los conquistadores españoles se hallan amurallados, y por demás desprevenidos (y como a Paris en Troya, los moteja de afeminados):

Seguros, sin mirar en esta estancia,
qué cerca está el peligro del olvido,
por muros tienen sólo su arrogancia,
gobiérnalos el padre del olvido [...]
la blanda paz sus armas afemina [var.: las armas se las tiene afeminadas]
y el tiempo con su orín se las orina. [var.: el tiempo con su orín embarnizadas]
[v. 908]

Hasta ahí llega el discurso, a todas luces inconcluso, del lonko chilote, y hasta ahí [nos] llega también el poema (Ferreccio, quien supone que el proyecto original duplicaba la extensión de lo que nos ha llegado, atribuye tal término sin término al desistimiento del autor: La propia conclusión es también el testimonio del desistimiento del proyecto épico del poema: a la verdad él no concluye, se interrumpe, y en medio de un episodio incidental que ni él mismo queda concluido: la fantasiosa y extensa conferencia de holandeses e indígenas; la composición queda trunca en medio del parlamento del indio. Tal desistencia, sugiere el editor, estaría ligado a la frustración del autor ante la negligencia bélica de los conquistadores. Tal vez. No por nada el anónimo se habrá lamentado del curso que tomaban los acontecimientos, al punto de alabar las virtudes didácticas de la necrolectura:

[S]e miran las reliquias funerales
de tanto amigo muerto y compañero: [...]
que no hay libro más claro ni más cierto
para enseñar al vivo, qu'es el muerto
[444]).

Ahora bien, allende y/o aquende Chile/Arauco y su prístino modelo occidental Troya/Ilión en el espejo, la guerra, la pura guerra original y originante, la guerra de veras guerrabunda que el poema anónimo y por ahora innombrable mienta - y que menos denuncia que, canto a canto, acota, desmonta y tramando deshilacha -, esto es, la guerra propiamente tal, la propia, si tal hubiera, esa sería, siguiendo el poema sin nombre: la guera del nombre, la del propio nombre (y de todas las propiedades y apropiaciones de rigor) y/o del renombre. ¿Del (re)nombre propio? Del nombre = la cosa. Marte/Belo, aquí, su otro nombre:

¡Mal hayas otra vez, mal hayas, hombre,
mal hayas otras ciento, Marte isano,
y mal haya también contigo el nombre,
el nombre que te da el aplauso humano,
pues, por lo que adquiriste el gran renombre
eras digno, iniquísimo tirano,
de no te[n]ello nunca entre la gente
que así sigue su bélico acidente
[...] [631].


 

 

 

Proyecto Patrimonio— Año 2006 
A Página Principal
| A Archivo Andrés Ajens | A Archivo de Autores |

www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez S.
e-mail: osol301@yahoo.es
LA GUERRA (POESÍA DE CHILE) ENVEJECIDA.
sobre un poema anónimo de incierta data.
Por Andrés Ajens