INICIACIÓN:
El alumbrar y relumbrar de un nuevo poemario siempre ha de alegrarnos. Es que el poeta, ese laborioso orfebre sumergido en el arte de entretejer palabras y perpetuo caminante insomne, vagabundo entre movedizas luces y sombras, ofrece iniciarnos e ir junto a él por sus íntimos paisajes recién creados con originales pinturas, pues en ese viaje ejerce sus poderes para ofrecernos miradores, ventanales entreabiertos para ver, palpar, sentir, la privada vida que guarda en lo más íntimo de su ser. Y allí descubrir que, con líricas y variadas vestimentas, existe la cierta posibilidad de enriquecernos con múltiples y maravillosos hallazgos, que compartirá con nosotros.
Precisemos desde ya que, desde su nombre, este libro, “El Sueño de una Nota en la Pluma”, nos orienta hacia visiones donde la búsqueda constante ha de ser la convergencia, con matices varios, de aspiraciones oníricas, musicalidad y usos del lenguaje, para construir y crear abanicos de poemas, en los cuales subyacen, en claroscuros, preocupaciones vitales y existenciales, que van insinuando con personal mirada la problemática propia hermanada en virtuosa empatía y solidaridad con la problemática de los demás. O sea, dicho de otra manera, es como si el poeta nos dijera: al convivir en el mundo, lo que escribo desde mi solitaria individualidad no es estéril ensimismamiento, pues se vuelve fecundo cuando nos unimos y reunimos y escuchamos.

CIERTO HERMETISMO:
Señalemos, desde otro ángulo, que en este viaje o incursión por las creaciones de Hugo Metzdorff, encontraremos claros vestigios o huellas en los versos de un laborioso trabajo en el que nuestro poeta, ha visto como necesario el retorcer expresiones e hilar palabras que, por lo común, suelen encontrarse lejanas. Y uno de los efectos de este hacer, llega a dar como resultado, algunos poemas que, más o menos, se niegan a ser abiertos o accesibles de manera fácil. Son, dicho de otro modo, un tanto herméticos.
Este apartamiento de los usos habituales del lenguaje, y su sustitución por otro donde se violentan las estructuras, al punto que nos va dejando la sensación como de crujidos lingüísticos, valga la expresión, y que son más perceptibles incluso si leemos en voz alta y dejamos que nuestros oídos participen, que nuestra respiración y aliento participen, es para el creador una forma de ejercer la libertad, un recurso novedoso que nos informa acerca de búsquedas en las que participa la imaginación, donde se evidencian intentos para decir lo distinto, porque esa distinción precisa ser manifestada con ropaje diferente, desde el instante en que han sido forjados vínculos comunicativos insoslayables desde la intimidad del creador hacia el exterior, conformando una cáscara o superficie que, al indagar, aflora impregnada de otra cáscara revestida de sinigual belleza, que nos invita al disfrute, al goce estético, y nos plantea asimismo un desafío donde una de las claves de entrada es dejarnos seducir y abrir y liberar nuestra imaginación.
ACERCA DE ALGUNOS POEMAS:
Este libro, muestra como primera creación el poema “Acuariversos”, trabajo que citaremos a modo de ejemplo más bien sencillo, intentando alguna consonancia con lo antes manifestado:
Navega dorado velero, navega tu líquido
cristal,
bailando velos con aplausos mudos,
Dime pececillo, el secreto de como pintas la
noche con destellos alma.
Te sorprendo en ese recipiente,
flameando mudras de liberación.
Una ilusión espejo del infinito bajo el agua.
Comparto amigo pez esa extraña sensación
de libertad
y un verdadero verso burbuja en la ciudad dormida.
Dime pez, ¿ves estrellas?, ¿se reflejan en el
agua?
Veo hermano que cada brazada y giro es un
signo.
Héroe de tu propia saga
Mientras que el verdadero afluente está en
mi mente.
Gracias pequeño pez por distraer la mirada
con tu danza magia de compartir nuestra aparente
y extraña libertad.
Digamos, aquí, la existencia de interrogaciones retóricas que dirige el poeta al pez encerrado en el acuario, en tanto lo dibuja con palabras y lo torna movedizo, puesto que este pececillo “danza”, “navega como dorado velero”, flamea signos, y surge la relación con el mundo exterior al preguntarle, si allí, en la pecera, podría existir un cielo estrellado, y cae luego la reflexión acerca de la libertad aparencial.
Es un poema “acualerado”, por lo pleno de colorido, que invita a pensar la vida y nuestra existencia en este mundo, en cuyos escenarios nos movemos, inmersos en nuestro propio “acuario” o recipiente, el personal y el colectivo. La analogía es inquietante, por lo menos, atisbo de probables pesadillas existenciales.
INCURSIONES/INDAGACIONES:
Surge aquí, otra faceta característica de la poesía de Metzdorff, sea ésta que promueve el afán premeditado o de natural surgimiento, para impulsarnos a la introspección, a la meditación como irrenunciable y eficaz herramienta de humanidad.
Luego boga, a su modo, por cierto, en aguas de una delicada poesía amorosa: “Al Pasar”. Nos sugiere mirar una mujer, incógnita caminante, poseedora de un “alargamiento de piernas eternas”, que deja la sospecha de ser y no ser, en espacios de misterios y tinieblas, mujer tal vez increíble, retratada en esta bella imagen, “como una rosa que le canta a pájaros florecidos”.
Y el poeta deviene en naufragios, ensueños, deambulantes pensamientos. El poema es teñido con grises pinceladas como “sombra”, “niebla”. Y surgen vagos deseos quizás “nunca dichos”, perdidos o extraviados por la memoria, en tanto las palabras, tratando de responder interrogaciones, “se disuelven/en el eco de la eternidad”.
Por otra parte, el medio ambiente, en “Ceguera Otoñal”, otro poema, es una novedosa inmersión en el paisaje, donde las miradas mismas se vuelven hojarascas, párpados similares a hojas que caen en un derrumbamiento hacia donde habitan las hormigas. Y asoma una vez más la reflexión, el pensar en sí mismo, en los sueños inertes, “ocultos en un colchón”, (nótese, no bajo el colchón), y puede interpretarse como mantener sueños en estado de tibieza, todavía incubándose, otra bella imagen, “mientras pasa la noche/con su aroma de lechuza/bajo la luna”.
Es posible, en este mismo poema, volverse ciego, pero sin ceder al influjo o peso de la quietud, o deslizamiento al inmovilismo, sin renunciar a ser caminante, y nos surgen interrogantes: ¿Es la escritura una especie de báculo?, ¿un soporte en la ceguera que orienta a pesar de la ceguera? Y al final, la declaración, el sorpresivo golpe, el ultimátum marcando frontal contraste, pues el poeta sigue en pie y andando, pues el “lápiz” es empuñado con dureza y violencia, como “chuzo”, y sigue caminando, “descalzo de ojos”.
POESÍA MÓVIL Y COLORIDOS CARRUSELES:
Asimismo, hay agitación en los versos, un aferrarse a elementos móviles, flotantes, cercanos a las alturas, nubes, pájaros (lechuza, gorrión), o más próximos a la tierra (aromas, luciérnagas, mosquitos), o aferrados a la tierra misma (limonero, hormiga). También ese confesado síntoma de herrumbre y naturalidad, y tal vez cansancio: “Y aquí estoy… oxidando/mientras seguimos habitando/luciérnagas desafectadas”.
Resulta interesante en este muy visual poema, que nos incline la memoria hacia cuadros del pintor Marc Chagall. Crea el poeta, “hombres que suben en árboles”, dándonos la idea o poniéndonos a imaginar árboles que vuelan con hombres a bordo, o como naves u hombres-árboles suspendidos en los paños del viento. Y allí mismo puede él parecer velocidad, fugacidad, “un gorrión instante”.
También, por medio de los elementos que nombra, provoca movimientos, un ir y venir veloz o suave, como un viajar sinuoso, un ir arriba-un ir abajo: hay ”ángeles”, “hojarasca”, “nubes”, “piedra vieja”, ”hormiga”, “lechuza bajo la luna”, “alas”, “gorrión”, “luciérnaga”, “mosquitos”, “limonero”, finalmente todo anclado a tierra con ese feroz golpe de lápiz-chuzo.
Existe, entonces, en la poesía de Hugo Metzdorff, constante movilidad, una tendencia al alegre desenfreno armónico y bello de carruseles. Y golpes de badajos contra los finos metales de nuestras campanas susceptibles del responder emocional, que liberan cadencias, liberan de frenos nuestra imaginación, permitiéndonos re-crear sus poemas, re-presentarlos en nuestro individual escenario privado, propiciando el que se vaya cumpliendo la estrecha y vital vinculación entre quien escribe y quien lee, esa vinculación que de muchos modos íntimamente nos enriquece, nos conforta e inquieta y nos aproxima y humaniza.
Mucho más de lo expresado en este somero ensayo de presentación, germina en la poemática de Metzdorff que, por momentos, también es sensual, risueña, festiva, como en el poema “Frutal”, donde la manzana es “pecho entre los dedos/ y casi oyes su fragancia/ de muchacha nueva… ”, y “brote móvil,/ cuerpo de planeta”.
También está en “Textil Consideración”, ese canto donde la araña es trapecista, guardadora de secretos, bailarina, tejedora cuyos hilos-redes podrían causar sustos al contarnos historias. Araña, “Amiga escurridiza y sabia mordedora”, que es sujeto de interpelación, delicada y empáticamente interrogada: “Es drástico tu final de brutal destino?” O “¿Eres prisionera de los intersticios?”.
Y luego, el poeta en hermoso final, que en realidad no es final sino lumínica ventana, nos confiesa: “Y mientras en mi alma rama pende una/ mosca/ alguien ha colgado una joya de perlas en el/ jardín de las cosas/ Un collar de escarcha para otro nuevo/ amanecer”.
En este poemario, digamos con justicia, convergen y se hermanan armoniosas, la prístina música de la poesía y la lúcida pluma del poeta.
TALCA, JUNIO DE 2026.

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Adriano Améstica, Talca (1947). Poeta, Escritor, Educador. Columnista Diario El Centro,
Talca, Región del Maule (1989-1994). Editor Arte y Cultura, y reportero, Diario La Mañana, Talca
(1994-1996). Preside la Sociedad de Escritores de Chile-Talca (1991 a 1994). Autor de “Las Arenas
y las Vidas” y “Casa de Poemas”, poemarios. “La Boina del Padre”, cuentos. Incluido en
“Antología Poética para el Bicentenario, Poetas del Maule”, de Matías Rafide, Naín Nómez y
Marcela Albornoz Dachelet, Universidad de Talca (2007). Premiado en poesía y cuento. Finalista
y publicado en antología, versiones X y XI, (2006 y 2007), del “Premio Internacional Julio
Cortázar de Relato Breve”, Universidad de La Laguna, Tenerife, España.