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El siglo de Alejo Carpentier


Biagio D'Angelo

El Comercio, Perú, 14 de Noviembre 2004



Por estos días Cuba celebró por todo lo alto el centenario del nacimiento de Alejo Carpentier,
uno de sus más insignes escritores.

Carpentier es responsable de una de las fórmulas más famosas de la literatura latinoamericana: es el término "real maravilloso", que erróneamente suele dirigirse a autores como Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, indistintamente. Este término, que sirve como lugar común de la literatura de América Latina del siglo veinte, se encuentra en la introducción escrita para el libro El reino de este mundo (1949), uno de los textos "difíciles" de Carpentier y que tal vez hayan aplazado su gloria.

En dicha introducción, respaldando polémicamente la idea de un barroco "propio" y no necesariamente de ascendencia colonial, Carpentier afirma que el arte barroco ("un arte que consiste en retablos y árboles frondosos, de madera y altares") siempre ha sido latinoamericano.

En la innovadora novela Concierto barroco (1974) Carpentier usa algunas metáforas originales para describir la fusión (y la desarticulación) de las culturas latinoamericanas: así, el clavicémbalo de Doménico Scarlatti suena en conjunto con los golpes infligidos sobre los esclavos. Concierto barroco documenta uno de los motivos más queridos por Carpentier: el regreso a la historia, casi siempre irónicamente interpretada.

El tema musical funciona como "fondo" para su obra Los pasos perdidos (1953) aclamada como su mejor texto. Relata la historia de un músico que, nuevo Ulises latinoamericano, regresa a los manantiales del Orinoco en busca de una forma primigenia, capaz de explicar la relación entre Europa y Latinoamérica. En este caso, Latinoamérica se presenta como un lugar perfecto e imposible, al mismo tiempo, según una relectura del mito utópico del "paraíso perdido". Latinoamérica, en la lectura de Carpentier, ofrece todavía al hombre la posibilidad de entrar en un tiempo y espacio sagrados y de generar símbolos. El protagonista se esfuerza por decidir entre la civilización y lo real maravilloso, "atado" a su técnica "entre relojes, cronógrafos, metrónomos (.) siempre en lugar artificial", mientras contempla la "antesala de la selva" con su paisaje que "se mostraba a la vez solemne y sombrío".

Entre los dos polos del "real maravilloso" y del "barroco", Carpentier quiere atribuir a la historia del continente latinoamericano aquellos mecanismos que puedan fundar América desde un punto de vista "propio", latinoamericano, y no a través de imposiciones eurocéntricas.

La obra de Carpentier representa constantemente el encuentro entre estas dos culturas; siempre se trata de la presencia de un choque inexplicable entre dos mundos diferentes, como se ve en El reino de este mundo (1949) o en El siglo de las luces (1962).

En un reciente artículo, el colombiano Juan Gustavo Cobo Borda afirmó poéticamente que la voz de Carpentier "poderosa, grave, enumerativa", muy próxima a la "irrupción de un ciclón sobre una isla del Caribe", nos ha mostrado que "el tiempo en verdad no pasa, sino que ha quedado atrapado para siempre en el barroco laberinto de esos mundos autónomos que fueron sus libros". Nosotros también, con el deseo que se relea la obra narrativa de Carpentier, saludamos a uno de los autores que con mayor vehemencia ha navegado hacia el continente latinoamericano dentro la "ansiedad" y la "búsqueda" del origen.

 

 


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Por Biagio D´Angelo,
Fuente: El Comercio, Perú, 14 de noviembre de 2004