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Poeta en patria autónoma


Por Sebastián Arroy

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El libro de Andrés Cisnegro se titula “Setenta y nueve noches de indefinible silencio (Circo de cámara)”. Este libro, además de ser sumamente interesante, creo que está escrito con una unión clara entre poesía y política que se inscribe y toma voz desde la Nación Autónoma de los Artistas, los Poetas y los Pueblos (NAAPP).

 

Andrés Cisnegro


No sabía muy bien de qué manera abordarlo porque creo que existen dos caminos: uno muy pegado a la técnica, señalando la calidad que el libro tiene y los motivos que le sobran para haber sido galardonado con el Premio de Poesía de la Editorial Praxis (2025), como lo son los constantes juegos con el lenguaje, las aliteraciones, el ritmo, entre muchas otras cosas, de las cuales abunda, y nos enseña que para romper la técnica hay que conocerla y dominarla. Sin embargo, me parece más interesante para el lector abordarlo desde lo que el libro generó en mí, porque es parte de la experiencia compartida que podemos tener como lectores.

El libro, como lector, te atrapa desde el primer momento con el epígrafe de Ramón Martínez Ocaranza:

“entonces caes al suelo
como si la noche jamás hubiera tenido puertas
como si cuando vamos a la escuela
no tuviéramos miedo de corromper nuestra pureza
como si eternamente quisiéramos
vivir el recuerdo del futuro [...]
se ha grabado para perpetuidad de los rencores
de que siendo amor es una hoja del otoño
salvada del invierno humano”.

Posteriormente, al girar la página, el autor ofrenda este libro a las víctimas de la necropolítica y la violencia de Estado, para plantear en la tercera página: “Y escribo desde la Nación Autónoma de los Artistas, los Poetas y los Pueblos (NAAPP), misma que ahora podemos nombrar y militar”. Aún antes de iniciar la lectura del texto, Andrés Cisnegro ya nos ha revelado tres cosas: hay un conocimiento poético profundo, hay una conciencia política que alza la voz desde la poesía y la escritura es un acto compartido y solidario.

Partimos con una estructura de revelaciones que uno puede interpretar como místicas o como revelación de una foto que el autor nos compartirá, ya que, como señala en el título, navega entre el “Circo de cámara” y las revelaciones bíblicas. Desde el primer momento que uno lee el libro estamos en un constante diálogo con Andrés y las revelaciones o los hallazgos poéticos que él va mirando. Si bien se dice que hay poesía de peatón a la manera de Sabines, yo creo que la de Andrés es de peatón comprometido que habita esos silencios donde la mirada se cruza con lo extraordinario y nos dice:

Si yo sólo me dedicara a escribir y pensar
si no me dedicara a vivir, no podría escribir
sobre vivir, sólo podría escribir sobre
cómo escribir y pensar sin vivir.
O vivir sin pensar. Pero vivir
(vaya concepto), ¿qué es vivir?

Esta es la revelación final del poemario y decidí seleccionarla porque creo que captura muy bien el diálogo que se plantea con ambas cosas: uno no puede escribir sin vivir porque nos faltaría el alma en términos místicos, pero el acto más difícil parece señalar la razón de vivir, y es esa constante búsqueda la que nos lleva a seguir escribiendo, pensando y viviendo. Pero este libro no sólo nos regala las revelaciones, sino las “instantáneas” del poema como:

[Afuera pasa la carcachita que
anuncia las noticias del barrio;
al parecer, ayer mataron a una familia en su casa]

Esto es sumamente trágico, pero en el sitio que habitamos, que es México, es una escena que miles de familias viven a diario. También es parte de nuestro trabajo como poetas señalar eso, y son estos hallazgos de silencio en los que Andrés florece, o en otra “instantánea” nos dice:

[Un perro con la cuerda de castigo al cuello
pasea feliz por las calles de Tijuana]

El ojo de Cisnegro distingue aquellos detalles que pueden pasar desapercibidos; en esa felicidad del perro hay una cuerda de castigo, hay un oxímoron que descubrió observando detalladamente lo que sucede, y eso también es parte del oficio del poeta.

En tiempos como estos siempre pienso: ¿qué hacer? Y me parece que hay algo en la resistencia desde y para la poesía. Andrés nos plantea un libro muy honesto en el que, a través de su revelación, nos revela, y en su silencio las cosas que parecen cotidianas —el dolor, el sufrimiento y la felicidad— están presentes e incluso en algún punto parecen contradicciones, pero son así porque la realidad siempre es así de compleja, y eso se olvida muchas veces.

Si Marx, en la crítica a la religión, la planteaba como el corazón de un mundo sin corazón, la poesía de Andrés refleja ese mundo y nos recuerda que la poesía debe estar en la calle, debe caminar donde camina la gente, subir al camión donde va la gente y rascar el peso que falta para un taco.

Es esa la poesía que nos falta, la que nos habita. Andrés nos ha regalado un libro que, lejos de ser sólo magnífico, es sobre todo una revelación constante y un camino de transformación, ya que al finalizar el libro uno deja de ser quien era para caminar con Andrés por la poesía y vivir de otra manera.

 



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Andrés Cisnegro. Ciudad de México, 1979. Poeta. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM y Comunicación Social en la UAM. Camisa de once varas (2022) es un recuento de sus primeros veinte libros. Recientemente fue realizada por Artepoética Press, en Nueva York, la edición bilingüe de Llegada del Malnacido, con traducción de Christopher Perkins. Poemas suyos han sido traducidos al náhuatl, francés, inglés, árabe, portugués y griego. Su más reciente libro es Nuestro derecho a la locura (2024).

 

 

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Poeta en patria autónoma.
“Setenta y nueve noches de indefinible silencio (Circo de cámara)”, de Andrés Cisnegro. (Ciudad de México, 1979).
Por Sebastián Arroy.