Al salir del Hospital Psiquiátrico de Valparaíso
pensaba en la belleza, en la autodestrucción,
pensé adónde iría sin amar
y sin amor.
Era tarde, recuerdo, y comencé a llorar en una pieza desierta.
El llanto era tan grande que sangraba mi nariz,
el estómago, el alma.
Por supuesto lloraba en silencio, sin música,
como suelen los guerreros caídos llorar en las cuevas,
como lloran los presos en los campos de concentración,
y me enamoré de mi almohada, de mis pantalones rotos,
de un armario vacío y acariciaba los dos libros
que me acompañaban escritos por mí.
(...)
Entonces, intento escribir este poema desde el miedo.
Nunca he escrito desde el miedo, sólo sobre el miedo, sólo en el miedo
mismo y siempre termino tiritando.
Ahora estoy más seguro, más feliz incluso,
y no quiero enamorarme de esa palabra.
Ahora estoy en mi habitación lleno de hojas en blanco
y tengo ganas de escribir un «Estudio sobre Vivaldi»
y «La Poesía de las Cuatro Estaciones».
Tengo ganas de correr por el techo.
Tengo ganas de alunizar en mi boca.
Tengo deseos de libertad y no escribirla.
«Se abre tu corazón», me dice Tac,
mientras devora una hoja del cebollín,
e intento terminar el poema sin 3 finales
sino con 20 finales abiertos como siempre he deseado,
elegantes, misteriosos,
que se abran a distintas interpretaciones estéticas, religiosas,
ideológicas
y la lectora de este poema no me mire a los ojos.
Valparaíso, diciembre 2009


Aristóteles España 1955-2011. Homenaje de sus Amigos en su Cumpleaños 56. Valparaíso; Ediciones Inubicalistas, 2011.
