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No recorrido, no exterior
Falsos Pasos,  de Alberto Moreno

Por Samuel Ibarra Covarrubias
- Periodista -
agrata745@gmail.com


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Tú en tus viajes verificarás  si existen
Pero las ciudades visitadas por Marco Polo
eran siempre distintas de las pensadas por el emperador.

Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles

La poesía de Alberto Moreno diseña una ciudad interior, personal y pública, donde las lenguas pintan y deletrean trozos de una totalidad perdida. Se trata de descifrar en su poética hasta dónde las regulaciones del lenguaje surten efecto, para poner en evidencia las luces y las opacidades de los cuerpos que deambulan por los paisajes y locaciones que su verbo construye. Por amor a la palabra, Alberto Moreno nos despista para que, arrastrados por el recorrido de deberes y nombres, citas y monólogos, lleguemos a un territorio luminoso, pero donde ya todo es póstumo. Esta poesía se pregunta desde un desequilibrio, para adscribir a las nunca del todo acabadas preguntas por el sentido.

El poemario Falsos Pasos (Edit. Ventana Abierta, Nov. 2010) es una delicada reflexión sobre la posibilidad de existencia en la ciudad de hoy. Un recorrido hacia un adentro movedizo y un afuera de cuerpo inaprensible.

Sin asirse a las narrativas tradicionales de lo que conocemos como “poesía urbana” (la mera descripción de espacios físicos o un hablante que es puro recorrido material a modo de paneo) el texto cobra sentido en esa lógica estética al tomar el espacio urbano como territorio, donde la existencia colisiona diacrónicamente entre el tiempo, las semánticas y hasta con la posibilidad  misma de la experiencia. 

Su Ser ciudad no ensaya una ficción de comunidad en medio de vitales muchedumbres. La suya es una ciudad personal alojada al interior de una compleja experiencia pública. Una ciudad casi secreta, pero también, reflejo de la otra que es más evidente e incontrastable. La ciudad donde Alberto Moreno transita (esa por él diseñada) está llenas de desvíos y pasadizos secretos. Espacio cruzado por puentes y escaleras y en los que  los dominios  del interior y exterior no están claramente delimitados. ¿Dónde comienza uno y dónde termina el otro? A partir de elementos como éste podríamos preguntarnos no con poca pertinencia si la poesía de Moreno pone en duda la idea de domicilio del poeta, de biografía o pertenencia material cualquiera. Tal vez el domicilio del autor está en el flujo de los cuerpos que deambulan  guiados por una difusa urgencia o certeza, que modelan una ciudad sonámbula, en eterno sopor. Ciudad de hastío y somnolencia, en sequía para el deseo.

El autor explora la habitabilidad como subjetivad en tensión. Aquella experiencia se colige desde un hablante sumido en la indefección de toda verdad. La voz está condenada a errar y a disponer palabras como para contener una realidad que se esfuma tan solo con aparecer. El autor transita sobre un paisaje calmo, maniáticamente desintensificado. Ese paisaje del hastío que escenificó en “Graves inconvenientes” (2007, Mosquito Editores) modelando una voz que arriesgaba siempre a desaparecer:

 “Existe un limitado número de desayunos compartidos
antes del tedio
hay una agotada cantidad de veces para hacer el amor
con la misma persona
como igualmente están contados los paseos que de la mano
darán los amantes
antes y después del rito
ese contra el cual ya nada podrán hacer
eso contra lo cual será imposible luchar.
Es el tedio
es la nada que nos barrerá.”

En Falsos Pasos el autor radicaliza el fin de algo que podríamos denominar tentativamente experiencia. Como en su primera entrega, la ciudad aparece acá otra vez como un decorado para la medianía y la repetición. Acá el flanneur ni la deriva cobran sentido, porque ya no hay nada nuevo en el paisaje; El espacio y sus habitantes están organizados y hechos convivir fragmentariamente en presentes y futuros distópicos, sin promesas, sin pliegues ni puntos de fuga. Es de algún modo la urbe neoliberal que disimula en el consumo y la luz, las grietas y fracturas de una historia jamás recompuesta:

La presencia como un derrame
cotidiano del dolor
la desesperanza y
los encadenamientos de la postergación
los sujetos sumergidos en la impotencia
La observancia cotidiana
del paso del tiempo
como conciencia de la muerte.

La muerte temprana del hijo
la desaparición del amante
la pérdida total de memoria
una calle mal elegida a media noche
el apretón que se siente en el pecho
un segundo antes que salten las lágrimas
o el grito insostenible que surge
en la negrura del semi sueño en medio de la
noche
camino de la nada.”

Flotan en muchos textos de Falsos Pasos tintes de otras miradas que el autor comparte cómplice; Hann, Lihn, Berenguer, por ejemplo; autores con los que se emparenta en el ejercicio de desanudar y develar para luego nombrar y describir con sequedad y detalle. De algún modo, con toda su carga de distanciamiento, Falsos Pasos esconde en sus paisajes e imágenes de la ciudad, una reflexión que es  también un modo de conocimiento y abordaje para aspirar a transformar esa realidad, desde su centro mismo.






 

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"Falsos Pasos", Alberto Moreno.
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