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Presentación de Lagunas de estación de Alejandra Moya Díaz

Por Fabio Power

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Alejandra, antes de hablar del libro, quisiera partir con una pequeña confesión, porque la primera imagen que tengo de ti no es la de una escritora, ni la de una mujer adulta, sino la de una niña.

Hace ya bastantes años —a comienzos de los dos mil— andábamos metidos en uno de esos proyectos medio quijotescos que a veces surgen en los pueblos: registrar y compartir poesía en las escuelas rurales. Recuerdo particularmente una escuelita del sector de Calpún, más cerca del río Mataquito que del propio Curepto. En medio de ese registro aparece fugazmente una niña de pelo al viento mirando con atención un bastidor donde se exhibían unos versos del poeta cureptano Pedro Antonio González.

Yo no lo sabía entonces. Nadie lo sabía. Pero esa niña eras tú. Siempre me he preguntado —y te lo pregunto ahora frente a todos—: ¿cuántos años tendrías ahí, Alejandra?

 

 

La imagen dura apenas unos segundos. Pero hay algo en esa mirada atenta, incluso un poco preocupada, como si estuvieras tratando de descifrar algo que aún no tenía nombre. Después, como suele pasar en la vida, cada cual siguió su camino y esa imagen quedó archivada en algún rincón de la memoria.

Pasaron los años. Y un día me encontré con una joven de pelo muy corto, caminando con paso largo y decidido. Conversamos, nos saludamos, y de pronto descubrí —con sorpresa— que además escribías. Recién mucho después hice el vínculo entre aquella niña del documental y la escritora que empezaba a abrirse paso en el mundo de las letras.

Desde entonces nuestros encuentros han sido más bien esporádicos, como suele ocurrir con quienes comparten un mismo origen, pero viven trayectorias distintas. Yo llevo más de veinticinco años viviendo en Santiago y vuelvo a Curepto solo en ocasiones especiales. A veces coincidimos en Talca, otras en el propio pueblo, otras simplemente a través de esos saludos que ahora viajan por internet. Pero siempre, de alguna manera, aparecían noticias de Alejandra.

Primero fue Matrioskas, publicado en formato digital por allá por el año 2012. Luego vino Depresión intermedia, libro que tuve el honor de presentar y que ya mostraba algo muy característico de tu escritura: esa mezcla poco domesticable entre narrativa y poesía, donde el hablante parece escribir desde una especie de diario íntimo que reflexiona sobre la existencia, el amor, la locura o la vida cotidiana.

Desde entonces —lo digo medio en broma— llevamos años “acechándonos” editorialmente sin concretar ninguna publicación con nuestra modesta editorial cureptana. Quizás algún día lo logremos.

Y ahora aparece este nuevo libro: Lagunas de estación. Leyéndolo, uno se da cuenta de que en cierta forma vuelves al origen. Como en Depresión intermedia, pero quizás con una mirada aún más profunda hacia ese territorio interior que nace en la infancia.

Para quienes venimos de esa geografía —Curepto, el Mataquito, los potreros, los inviernos que llenan de agua las hondonadas— muchas de las imágenes que aparecen en el libro resultan extrañamente familiares. Los camarones de barro, las expediciones infantiles, los circos pobres que se instalan en los terrenos húmedos, el viento de la costa, las lagunas que aparecen y desaparecen según la estación.

Pero lo interesante es que no es necesario haber nacido allí para comprender estos relatos. Porque lo que Alejandra hace no es simplemente describir un paisaje rural, sino convertir ese territorio en una especie de mapa emocional. Un lugar donde la infancia, la memoria, el cuerpo, el deseo, el miedo o la pérdida se entrelazan constantemente.

Sus textos avanzan como pequeñas exploraciones de la conciencia. A veces son recuerdos muy concretos —una expedición infantil, una conversación con alguien del pueblo— y otras veces se transforman en reflexiones casi filosóficas sobre la vida, la muerte, el amor o la locura.

También me llamó mucho la atención algo que ya estaba presente en sus libros anteriores: la forma en que Alejandra enlaza sus relatos con referencias de la cultura popular. Canciones, películas, libros, escenas que aparecen de pronto como señales en el camino de la narración. Eso habla de un bagaje cultural amplio y muy vivo. Y debo confesar algo aquí frente a ustedes: Varias de esas referencias yo mismo tuve que googlearlas.

Pero debo recordarles que soy ilustrador antes que editor, así que mi memoria y mis obsesiones suelen girar más en torno a lo visual que a las citas eruditas. Mientras Alejandra arma su universo con canciones, películas y lecturas, yo sigo viendo paisajes, escenas, personajes. Quizás por eso mismo sus relatos me producen imágenes muy claras.

Por ejemplo, la niña que observa crecer un brote en la tierra húmeda del patio. O las expediciones para buscar camarones de barro en los potreros inundados. O esas conversaciones extrañas que uno puede tener con desconocidos en la noche de un circo o en el bar de un pueblo. Hay algo profundamente cinematográfico en esa forma de narrar.

Pero también hay otra dimensión más oscura que atraviesa el libro: la locura, el duelo, la enfermedad, la pérdida. Elementos que Alejandra no trata desde una distancia académica, sino desde la experiencia personal, desde ese gesto casi siempre valiente de abrir el alma y mostrar sus grietas. Y sin embargo, incluso en medio de esos momentos más duros, aparece siempre el humor, la ironía o esa mirada ligeramente descentrada que permite observar el mundo con cierta ternura.

Quizás por eso, mientras leía Lagunas de estación, volví muchas veces a aquella imagen inicial: la niña de la escuelita mirando un poema. Porque de alguna manera siento que todo este libro ya estaba contenido ahí. En esa curiosidad, en esa atención, en esa mezcla de asombro y de inquietud frente a las palabras.

Tal vez la literatura comienza exactamente así: cuando alguien —una niña, en este caso— se queda mirando un poema como si fuera un misterio. Y años después descubre que ese misterio también puede escribirse.

Muchas gracias.

 


 

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Alejandra Moya Díaz
 (Curepto, 1991). Psicóloga Clínica titulada de la Universidad de Talca y Psicóloga Jurídico-Forense vinculada a la Asociación Latinoamericana de Psicología Positiva. Es especialista en Adicciones por la Universidad de Santiago de Chile y cuenta con formación en enfoques Transpersonal y Gestalt, así como en prácticas de meditación. Además, es Diplomada en Literatura y Pensamiento Femenino Universal por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Se desempeña como escritora, intérprete y compositora en la Región del Maule. Desde hace aproximadamente quince años desarrolla un trabajo sostenido en el ámbito de la cultura y las artes, participando en espacios de literatura, música, locución radial y gestión cultural.

Es directora artística del Festival Maulino de Mujeres y Literatura “Pasadas pa’ la Pluma”, iniciativa dedicada a la difusión de la creación literaria femenina en la región. Asimismo, cuenta con publicaciones tanto en el ámbito literario como en el campo de la psicología, y colabora como columnista en diversos medios digitales dedicados al arte y la cultura.

Ha publicado los libros “Depresión Intermedia. Cuaderno de Notas” (2020) y “Lagunas de Estación” (2023).



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Fabio Power
(nombre artístico de Fabio Gonzáles) es un destacado gestor cultural, bibliotecólogo, ilustrador, historietista, editor y director de cine radicado en Chile. Actualmente se desempeña en la Biblioteca Nacional de Chile, institución dedicada a la preservación y difusión del patrimonio bibliográfico y documental del país.

Es reconocido por su prolífico trabajo en la promoción del cómic, el cine independiente y la literatura, así como por su constante labor de mediación cultural en distintos territorios del país. Además, es fundador de Ediciones Puebloculto, colectivo y sello editorial independiente originario de Curepto, en la provincia del Mataquito. Este proyecto editorial se enfoca en la publicación de libros, poesía, ensayos y obras vinculadas a la cultura local, la memoria territorial y las expresiones artísticas de las provincias de Chile, contribuyendo a la descentralización de la producción y circulación cultural.

 

 

 

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Presentación de "Lagunas de estación" de Alejandra Moya Díaz.
Por Fabio Power.