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Aníbal Ricci Anduaga | Autores |











BLACK & WHITE


Por Aníbal Ricci

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Una partícula cruza el umbral al otro lado del azogue sin dimensiones. El origen no se refleja. Todo es blanco, aunque el espejo simula espesor. Un colchón al centro y sus rombos aplastados. Dieciocho grados en signos. Basta con una frazada para dormir unas horas. La existencia es blanca y los dígitos desaparecen. Una ventana deja colar el sol. No hay sueños para recordar. Una mesa y un ordenador; la batería fue cargada ¿durante la noche? Demasiados elementos, todo se complica. La entidad evita generar esa primera imagen. Una taza de café antes de pulsar la tecla de creación. Su mano se desliza ante el espejo y bebe un sorbo antes de escribir esta historia. Un hombre yace destrozado por la resaca. La noche anterior será necesaria. Le duele todo el cuerpo, pero su mente por fin descansa. La pared sin color, ningún cuadro provoca al cerebro. Debe levantarse tras esa dosis de cafeína. Para recordar los sucesos de ayer. ¿Por qué no acudió a la cita? Por miedo, un whisky le permitió olvidar el día siguiente. Todo lo que escribe le parece complicado. La luz de la ventana invita a rescatar recuerdos. Un segundo y se hace consciente de antiguas decisiones. No quiere equivocarse en las próximas horas. Todo es tan confuso. Un recuerdo de otra mesa con dos cafés humeantes. Recordó esa mano delicada, esto va a ser imposible de procesar. Acaricia su reflejo y comienza a hilar otra historia. Se funden los cuerpos, los hijos son difíciles de imaginar. No está diseñado para recibir afecto. Vuelve atrás y se esfuma la ventana y el ordenador. No tiene que escribir, ni siquiera levantarse. La emoción se creó demasiado rápido. El contacto con otra piel fue doloroso. La sensación de sentirse abandonado. En esta historia el hombre la amó, pero esa mujer elucubró otra cosa. Una voz advertía que lo odiaba. Acoplaron sus cuerpos y escuchó ideas denigrantes. La mujer quería ser parte de una película porno en uno de esos cines del centro con olor a semen. El hombre la idolatraba y ella quería tener sexo en el pórtico de una iglesia. Una voz que lo criticaba sin piedad. Lo tildaba de alcohólico, hablaba a sus espaldas y lo descueraba. Había química, pero la traición era imperdonable. Esa mujer baila en la oscuridad, sus ojos embrujan. El escritor no desea generar más historias. El vacío es preferible al aroma de su piel. Todo se funde a negro. La habitación ahora está repleta de muebles. Un retrato del matrimonio adorna la pared. Los recuerdos llegan de golpe, todos al mismo tiempo. Revisa el celular que antes no existía. Marca su número y al otro lado una voz extraña luego de tantos años. El espacio oscuro deja en libertad a la mente. Lo asaltan muchos instantes, pero los momentos previos a su partida lo entristecen. En medio de la penumbra los ojos de un gato lo escrutan. Las voces son infernales. Antes sólo eran palabras intimidantes, ahora son voces producidas por un cerebro atormentado. El aire se impregna con melodías sensuales de Portishead. Botellas vacías de whisky ocultan esa pena infinita. Cierra los ojos y amanece. Dormir hizo milagros en sus neuronas. La luz ilumina esa habitación sin recuerdos. Prefiere la seguridad de no deambular por las calles. Otro café, esta vez solo una taza. Abre el computador y escribe el sueño que acaba de olvidar. No hay rastros de esa mujer oscura y su imaginación lo lleva a viajar por otros mundos. En otro planeta el pasado no existe. El futuro transcurre y las nuevas palabras carecen de emoción. Los instantes perdieron significado y eso lo tranquiliza. Prefiere el blanco al negro. Ser una partícula que desaparece ante los rayos de otro sol. Al suprimir la memoria puede conectarse con artilugios neuronales. Las imágenes son completamente nuevas. Su mente virgen deberá aprender a no reaccionar ante estímulos. Los recuerdos casi lo devastaron en la vida pasada. No acudió a la cita y eso permitió recomponer su inconsciente. Mejor vivir a dejar que la memoria llene todos los espacios de ese pasado tan oscuro. La partícula en medio de la habitación se funde al azogue del espejo. Otra dimensión donde las emociones vuelven a formularse y la tristeza desaparece. La cita implicaba el comienzo del fin. La pantalla del ordenador permanece encendida y no contiene una sola palabra. La ausencia lo ha salvado, describir el antiguo vacío era un ejercicio que no conducía a ninguna parte.


 

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