Voy llegando al final de esta especie de diario de vida de estos últimos meses. Días extenuantes de un invierno que parecía no claudicar, capítulos ordenados por jornadas ficticias, donde a veces cinco días sucedían en uno solo. La realidad no cabía en un recoveco y debía fragmentarla para lograr una explicación. Fueron 140 días, pero para mí fue un interminable lapso de tiempo. Meses horribles en donde despilfarré mucho dinero para reconstruir algún momento de equilibrio. Ese pasado que nunca ha sido porque la estabilidad no forma parte de mi diccionario. En vez de días podríamos hablar de 140 noches y no sería descabellado. Pensé no salir de este trance, que mi cerebro sucumbiría a momentos de placer incontrolable. Pensar esta historia como un diluvio extremo, no de cuarenta días y cuarenta noches, sino de 140 días de comedia absurda, muchos en caída libre, pero otros intentando recoger los pedazos. Este brote de esquizofrenia fue complicado y mi personalidad sufrió una nueva estocada. La frialdad asoma con cada episodio de mierda que volverá convulsos los días por venir. Quiero creer que la adicción me ha dado un respiro, pero debo reconocer que la droga es cosa seria. Diez veces más adictiva al cortarse con fentanilo. Francamente imaginé morir de una sobredosis, una manera de partir de un plumazo, o asesinado en alguna calle de la población Santa Julia. Estaba encerrado en las cuatro paredes de mi cabeza, escuchando voces absurdas que no me permitían acceder a otra realidad. Pero uno conoce gente que hace despertar, una vida que recién comienza y reconstruye la esperanza que creía perdida. Pretendo ir de nuevo a una sala de cine e invitarla a algo tan simple como una película. Ni siquiera el director es importante, sino mirarla a los ojos y agradecer. La encontré por las redes sociales y me dio valor para acometer el futuro. Yo sé que nada de lo que escribo es definitivo, pero quiero creer que estas palabras son la antesala de mis actos. Llegó el buen tiempo luego de la tempestad, quizás unos años de cordura hasta el próximo año bisiesto. Al parecer me refugiaré en un claustro hasta que el deseo sexual vuelva a arreciar, un poco de tranquilidad antes de que llegue el próximo ciclo, sea positivo y no uno de descenso.