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Aníbal Ricci Anduaga | Autores |



 

 




CLARIVIDENTE


Por Aníbal Ricci


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Just by looking through your eyes,
he could see the future penetrating right in through your mind.
See the truth and see your lies,
but for all his power couldn't foresee his own demise.


Tirada de Tarot, debo formular una pregunta. ¿Quién me hizo daño… alguien cercano? Saco tres cartas y la respuesta apunta a un amigo. No tengo tantos y en la siguiente tirada me entero que fue un compañero de universidad. Lo dejé de ver por algún tiempo. La imagen de su rostro acude a mi mente. Un Swift acercándose mientras conversaba con la Maca. Yo había bajado el vidrio y tras un brinco le pateó la puerta del vehículo. El Suzuki se alejó y quedé pensando en quién podría ser. ¿Auto conocido? Ahora estaba seguro de su identidad.

Maca llevaba puestos unos jeans ajustados cuando se acercó con su característico caminar felino. Le abrí la puerta y una canción de Journey le dio la bienvenida, la voz de Steve Perry resulta inconfundible. Fuimos al Mar del Plata y por citófono pedimos un par de whiskys. Su rostro angelical, parecía una verdadera mujer. Más que nada fumamos mientras se desvestía tras la reja. Sobre la mesita una carta con los precios. La observé envuelta en su ropa interior, se enorgullecía de su cuerpo esculpido. Esta vez no tendríamos sexo y nos dedicaríamos a jalar unos gramos. Vivía en un altillo de Santa Isabel esquina Portugal. Había estado una vez en su habitación y recuerdo verla colocar una porno. La detuve, creí ofenderla con sólo echar un vistazo a la película. Le caí bien. No estaba apurada ni buscaba otros clientes. El lugar estaba lleno de piezas improvisadas que daban a un pequeño patio. La salida era un portón metálico sin mirilla, sólo abrieron al escuchar su voz.

El Mar del Plata queda en calle Argomedo y la entrada de tiras colgando no presagiaba un motel acogedor. Eran pequeños ambientes con cierto encanto, aunque se escuchaba la actividad sexual de las otras habitaciones. Maca provenía de Antofagasta y llevaba dos años en la capital. Le pregunté por Estrella, me dijo que un skinhead la había golpeado. Ingresó de pronto a la pieza con un ojo en tinta. Vestía short y polera, su cuerpo exhibía muchos tatuajes, uno de los cuales era una estrella. Nos pidió cigarrillos y se despidió de manera histriónica. Maca me contó que el mes anterior habían asesinado a otra chica. Eran travestis y claramente había personas a las que su presencia incomodaba.

Me contó que la primera vez no descubrí que era transexual. Bajé el vidrio y me clavó los ojos. Tras las palabras intuyó mi naturaleza. Adivinó que en el futuro seríamos amigos. Tendríamos sexo ocasional, aunque eso no sería impedimento para compartir tristezas. Una mentalista que pese a su juventud había tenido muchas más experiencias límite que cualquier persona.

El hombre tras el Swift no se tituló de mi universidad. Reprobó cinco ramos y tuvo que convalidar en una universidad privada. Yo acudía a sus cumpleaños con piscina, le gustaba invitar a gente de todos lados. Cada vez le regalé discos de Fleetwood Mac, aunque nunca había escuchado sus canciones. Swift hablaba de Stevie Nicks todo el tiempo, supuse que era la vocalista.

Por ese entonces yo trabajaba en Salpha. Era subgerente de finanzas y luego de ese abollón en la puerta de Swift empecé a sentirme hostigado. Él era cercano de dos amigos que no me hablaban hace meses. Algo perseguido porque Tagres se sentaba en mi escritorio y hacía muecas sexuales. Supuestamente yo tragaba penes, eso daba a entender. Ir a trabajar se volvió un suplicio. Un simple vendedor de autos, de esos que trabaja poco, pero les sabe la intimidad a todos. Transaba rumores, a los que sacaba provecho económico. Yo era un tipo honesto, estaba a cargo de la cobranza de facturas de todas las sucursales. Tagres tenía sapos en todas las regiones, siempre había alguien despreciable recibiéndome en cada aeropuerto.

Ahora estaba seguro de que Swift fue el que me delató. No era un amigo cercano, pero su trato tan formal siempre fue una fachada. Por qué quería hacerme caer en desgracia, no lo sé. Pero toda esta gente que me perseguía era un club de muy machos, donde al parecer el rango dentro de la empresa no importaba. Los mismos gestos de Tagres imitados por el gerente general, un judío de mierda manejado como un títere y seguro cómplice de la red que estafó a la compañía en diez mil millones.

A raíz de ese acoso laboral tuve que dejar de ver a la Maca. Lo lamenté muchísimo porque era buena escuchando. Había quedado sólo de una relación y mi familia no constituía una red de apoyo. Estaba más solo que un dedo. Jalar en complicidad con alguien que existía en los márgenes de la sociedad fue emocionante y la Maca además de bonita era muy piola. Tenía el pelo corto, pero su rostro era perfecto. Se veía moderna y me confesó que otra colega le tijereteó el pelo tras una resaca. Maca acaparaba todos los clientes y ese atentado fue una venganza de los otros moradores del cité.

Maca no acudió en semanas a su esquina. La dejé de llamar porque cambiaba siempre de celular. La portabilidad numérica no existía por ese entonces y era normal usar prepagos. Pasó más de un mes y golpeé el portón de Santa Isabel. Pedí hablar con Estrella y otra voz me dijo que estaba en la Posta Central. Quedaba a pocas cuadras, dejé el auto estacionado y partí al hospital. Llegué a urgencias y me sorprendió ver a Estrella en la sala de espera. Pensé que le habían vuelto a pegar, pero estaba entera con el maquillaje corrido. Me explicó que había un sujeto que había amenazado por semanas a la Maca. Maneja un Swift, una colega le sacó una foto mientras huía. Su rostro tiene múltiples huesos rotos, me dijo. Está inconsciente hace una semana y no ha despertado.

Swift era ingeniero comercial, en qué minuto se transformó en un tipo capaz de violentar a otra persona. Hablé con el doctor a cargo y comunicó que a la Maca le dieron una paliza. Según la entrevista a la otra servidora sexual, le azotaron la cabeza contra la cuneta y le provocaron una fractura en el cráneo. El tipo era un psicópata, todo porque esa vez la Maca prefirió irse conmigo. Creo que me seguía hace tiempo y Maca tuvo la mala suerte de interponerse. Actuó como un verdadero neonazi, infringiendo castigo a quién no consideraba un ser humano. Esa mierda de competencia que enseñan en las escuelas de negocio, dónde los alumnos luchan por sobrevivir las despiadadas escalas relativas. Importa un carajo que hayas aprendido la lección, si estás en la parte baja de la curva simplemente serás desechado. Ese expulsado por no haber podido ganar a otros que probablemente tampoco sabían demasiado, pero sí lograron sobrevivir el despiadado corte. Swift fue humillado en su momento y que la Maca me haya elegido, lo convirtió en un animal.

There's a time to live and a time to die,
when it's time to meet the Maker.
There's time to live, but isn't it strange,
that as soon as you're born you're dying.

En la madrugada el doctor nos avisa que Maca ha fallecido. Aparece la policía y nos llevan a un cuarto. Estrella les pasa la fotografía, pero en ella no se distingue la patente. Le piden que vaya a la comisaría a prestar declaración; ella no se quiere meter en ningún lío. Hace semanas que soy un paria en Salpha y siento los ojos de los demás trabajadores. Ni siquiera salgo a almorzar. Soy un cobarde, pero no estoy en condiciones de confrontar a Swift. Debe tener videos y fotografías que me involucran con gente de las calles. Estoy planeando la huida a Argentina para escapar del escrutinio de la empresa. Ser testigo en un asesinato podría obstaculizar esos planes. Declaro que había hablado con ella, pero que no conozco al agresor. Un cobarde que también me convierte en un miserable.

El camino se hace más corto tras cada día. Pensar que la Maca no aprovechó todos sus latidos, esa sola idea, me hace sentir como un insecto.


 

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