Si vas a intentarlo, hazlo hasta el final. Los días transcurren uno tras otro. Has tenido sexo hasta olvidar el deseo. El placer fue un buen sustituto para el amor, pero llega el minuto en que pierdes la cabeza. Dejaste atrás novias, trabajos, esposas, el dinero ya no puede comprar esas cosas. Pero ves una película de un sujeto que bebe una cerveza mientras observa a la prostituta bailar en un caño. Ha tenido demasiado sexo y sólo le importa tener dinero para la siguiente botella. Es ese instante decadente donde se da cuenta que desea escribir. No está para nada contento, pero no quiere encamarse con la meretriz. Tampoco pensar en condones ni enfermedades venéreas. Sabe que el resto de los mortales duerme para ir al trabajo al día siguiente. Ese minuto donde el ocioso es más feliz. Sale a la calle y observa al mundo enojado. Hay padres que se esfuerzan porque sus hijos estudien. Pero todo tiene tan poco sentido. Cuadros mentales me impidieron imitar a los llamados exitosos. Aquí sentado frente al ordenador concibo algo parecido al amor. Satisfecho de no haber perdido el tiempo y escribir sobre el sinsentido. He dado tantas vueltas para llegar al mismo sitio. Estoy agotado y el insomnio me ha vencido. Destruí neuronas estos últimos meses y llego a la conclusión de que prefiero destrozarme por mis propios medios. No tener un patrón que me exija metas ridículas para acceder a los beneficios de esta sociedad moderna. Hasta hace unos meses no podía gobernar mis emociones ni salir a la calle. Todos los estímulos hacían daño. Ahora estoy cansado de ver a esta prostituta fumando un cigarrillo, aburrida de los clientes sin imaginación. Estoy agotado de levantarme en las mañanas, pero es mi obligación escribir de esto tan incomprensible. Quizás el próximo año tendré una vida de monje y no saldré con ninguna mujer. Estos meses me han servido para despojarme de expectativas. El futuro es un invento innecesario que requiere levantarse todos los días para alimentar a los hijos. Una tarea que enseñan desde chico en la escuela, mientras tus padres ni siquiera te abrazan. Definitivamente no es necesario aspirar a la derrota impuesta por la publicidad. Escribo acerca de este mundo incoherente y sin embargo existen bellas palabras para expresarlo. Estoy solo esperando la hora del lobo, según descubrí en una película de Bergman. La hora en que se retira la noche y comienza a despuntar el día, el instante de penumbra en que se originan más nacimientos y en que se registra el mayor número de muertes, esa hora del crepúsculo donde el artista concibe las mejores ideas y creaciones. Llevo dos años viviendo en este balcón con vista al sur. Me reencuentro con mi examante, la observo desde un rincón, tú no me necesitas y yo tampoco a ti, no hay mejor goce que estar a solas con los dioses, escribiendo acerca de tus demonios y tus ridículos miedos. Ya no soy importante y podré salir a tomar cerveza. El paraíso es ese instante inacabado de juntar palabras. Creí no haber amado lo suficiente, pero es inútil compartir ese amor cuando el precio es vender tu alma al diablo y trabajar por un sueño ajeno. Si hubiera abrazado la riqueza probablemente no hubiera escrito un carajo. La única lucha válida es escribir a esta hora del crepúsculo y pellizcar el culo del ángel, por un instante dejar de tener sexo y estar solo hasta que el olvido vuelva a extraviarme. Pero tengo que seguir, como dice Marta Sánchez, queda mucha vida por vivir y de pronto llegará un amor que no se marchará jamás, ya me puse cursi porque este discurso de Bukowski me resulta desesperado, porque el amor es una esmeralda que un ladrón robó, me estoy riendo a carcajadas, de verdad no tengo a dónde ir, mientras escribo esta última línea, cansado de esas otras líneas que destruyeron mi ego y me hicieron dudar del destino.