Proyecto Patrimonio - 2018 | index | Antonio Silva | Autores |

 









Antonio Silva: Una protesta de identidades ocultas

Por Cristofer Vargas


.. .. .. .. ..

Yo no elegí el operático decorado de la cordillera

pero pinté de sal y rosa los Andes
para contemplar en él, el blancor de una patria.
Me vestí con los atavíos de mi madre.
Me saqué los ojos para nombrar
Edipa santificada de coronas
En la ceguera vi a la india que cuelga de mis vértebras,
loca que ejercita en mapuñol
el celular corro de las soledades.

De Matria

“Chile no es barroco, es despojado”

Antonio Gil

El presente trabajo busca repasar la obra del poeta Antonio Silva (1970-2012), considerando su trabajo escritural desde el año 1996 al 2008, tomando como cuerpo a trabajar los poemarios Andrógino, Analfabeta y Matria, exponiendo la naturaleza del sujeto lírico que atraviesa su obra, caracterizando el desdoblamiento cultural mediante el cual este sujeto marginado se configura en tanto otro alterno a la hegemonía occidental en la que habita. La obra de Antonio nos muestra cuerpos olvidados, marginales, travestis, princesas incas, prostitutas e hijos huachos, sin pasado ni futuro como metáfora de la construcción occidentalizada del sujeto latinoamericano. ¿Cuál es la identidad de este sujeto? ¿Es posible sentirse parte de la cultura occidental siendo que nuestra construcción ha sido la sombra de la imitación de un ethos que no forma parte de nuestra historia? En este trabajo se busca cuestionar tales hecho con el fin de problematizar lo propio en las culturas latinoamericanas y cómo, entre otros discursos, la voz de Antonio se levanta en medio de la marginalidad para cobrar algo de la raíz negada que a los pueblos latinoamericanos se nos truncó mediante la anulación de una infancia a esta altura, casi imposible de recuperar.


1. La flor barroca de América Latina, la flor Neo-barroca de América Latina

La configuración del sujeto latinoamericano entendida como sujeto cuyo pasado se encuentra perdido entre la mediación de la llegada del hombre blanco y una antigua tradición prehispánica que fue borrada y mezclada con los ritos del cristianismo tiene su expresión más notoria en el arte barroco durante el siglo XVII, en que se logra mezclar mediante un proceso de sincretismo cultural las figuras religiosas de ambas partes, siendo esta expresión deforme que ya no era ni hispánica ni precolombina, la primera muestra de lo que sería de ahora en adelante la configuración de una identidad huacha que se perpetuará a través de la historia del continente. Respecto a esto Sonia Montecino se refiere de la siguiente manera:

“Otros autores han precisado que la cultura mestiza de América Latina encuentra en el barroco su más prístina faz: “Y el mestizo… comenzó a dejar su propia expresión en el barroco. El modelo se recibía y se abandonaba en multitud de detalles. La concepción general se respetaba. Pero iban siendo diferentes los modelos humanos. Las frutas nuestras, las flores del trópico, se iban tallando lentamente. Y los dioses, sus dioses, adquirían su sitio en el abigarrado barroquismo…. Esa fue la primera gran protesta. Lo que creaba el mestizo era lo que obedecía a su fuego íntimo. Fue la gran rebelión espiritual. La más profunda”[1]

La vieja Europa conserva sus raíces, América por el contrario fue arrasada culturalmente, siendo el arte barroco, particularmente en Latinoamérica una respuesta dialéctica a la violenta imposición cultural que la religión de la mano del régimen político monárquico, trajo consigo. Sumando a esto está la imposición de una lengua que no nos era propia, creando un hibrido ritual que será el comienzo de la construcción de una infancia imaginaria que sólo puede ser recuperada mediante la visibilización y la respuesta violenta de un nuevo tipo de lenguaje, un nuevo tipo literatura, de la que Antonio Silva se hace cargo.

“El punto de partida para acercarnos a una definición del ser en nuestro territorio, se sitúa en el gran problema de la existencia o no de una cultura latinoamericana y por tanto de una identidad latinoamericana. Algunos autores como Pedro Morandé, Octavio Paz y Jorge Guzman, entre otros, encaminan sus reflexiones hacia la aseveración de que somos una cultura ritual cuyo nudo fundacional es el mestizaje acaecido durante la Conquista y Colonización. La conjunción de las culturas indígenas –y en muchos casos negras- con las europeas posibilitó una síntesis social, desde la cual, en un juego de elaboraciones y reelaboraciones, habría surgido un ethos particular: la cultura mestiza latinoamericana. Así, nuestro continente sería producto de un encuentro entre culturas que se combinaron para formar una nueva”[2]

Así, durante el siglo XX, luego de trescientos años de mestizaje, de la mano de la globalización y la transnacionalización del conocimiento, como lo llamará la autora, resurgirá de forma similar una reacción de incompatibilidad como síntoma de una nueva violación al modo de habitar latinoamericano, una sensibilidad literaria tildada bajo el nombre de lo Neo-barroco, repitiéndose nuevamente lo ocurrido durante la conquista española, pero esta vez liderado por la cacería de recursos del capitalismo estadounidense.

Las luchas de las minorías, lo femenino, lo homosexual, lo inadaptado, lo que nos define es la indefinición, el sincretismo de las fronteras actuando de manera cuántica. Somos todo porque somos nada, somos ambas orillas del río, porque somos el mismo río.


2. La poética del abandono, el hijo huacho sin patria donde caer muerto.

El abandono, no como hecho patético, si no como antecedente que explica la exigencia de un modo de habitar un lugar que es más bien un no-lugar. La Patria no se puede pronunciar si no se conoce, lo más cercano (no como masculino, no como denominación binaria) es La Matria. Es por esto que el Huacho no pertenece al aquí ni al allá, sino, más bien a un lugar que solo existe en la Patria desfigurada de su infancia. “La Conquista de América fue en sus comienzos, una empresa de hombres solos, que violenta o amorosamente gozaron del cuerpo de las mujeres indígenas y engendraron con ellas vástagos mestizos. Híbridos que, en ese momento fundacional, fueron aborrecidos. Recordemos, por ejemplo, que el cronista andino Huamán Poma de Ayala habla del mestizo como el “cholo”, el origen de esta palabra remite al quiltro, al cruce de un perro fino con uno corriente, es decir de un perro sin raza definida. El mestizo era hasta entonces impensable para las categorías precolombinas. Pero también para las europeas”[3]

Luego de este pequeño paseo por la historia de los sujetos latinoamericanos a modo de contextualización, se entiende cómo es que debe verse el sujeto marginal del que se tratará en la poesía de Silva.


3. My She: Minoría y y discriminación en Andrógino y Analfabeta.

El título del poemario nos sitúa en la ambigua brecha que se ha establecido como punto de partida en la poesía de Antonio. Se debe entender al sujeto como producto de un pasado, pero para el caso particular, contradictoriamente se entenderá desde la imposibilidad que tiene este sujeto para identificarse con tal pasado. En Andrógino (1996), la condición (a)sexual del hablante es el hilo que cruza los distintos poemas que en él encontraremos. El travesti como sujeto indefinible aparece aquí siendo afectado por la relación de este con el mundo. “La mal nacida me decía, la solitaria y la loca, porque a veces lloraba al leer poesía” (Silva, Andrógino). Más adelante en Analfabeta (2000) encontramos “Soy un cuerpo intervenido por el desprecio/ Sólo me contenté con obreros de alcohol valiente/ que cada noche al regresar al pueblo desojaban mi peluca” (Silva, Analfabeta). En ambos poemas encontramos a un sujeto que no calza con los márgenes de normalidad establecidos, se puede entrever que además se establece una relación entre este sujeto travestido con la figura del poeta, que para este caso, sin duda se instaura como un sujeto proveniente del under, de la periferia social, de la extrañeza, y la soledad. “A veces me golpearon/ ese es el precio de My She” El desprecio es el costo que debe pagar el sujeto por su condición, pero al mismo tiempo este sujeto no busca encajar, ya que en su condición andrógina se sabe más allá de la diferenciación genéricobinaria que la sociedad establece “Soy eterno, no hay trazos, no hay ángel, no hay diablo” (Silva, Andrógino). Esta declaración es para este caso el manifiesto ideológico que busca transportar la voz enunciante. En los poemas podemos encontrar a este ser que no es blanco ni negro porque es ambos colores al mismo tiempo, está fuera de cualquier catalogación moral y eso lo posiciona por encima de cualquier otro sujeto definido. En mi opinión, esta es la pequeña venganza del poeta, esta es la licencia que se da frente a su condición marginal, que con violencia contrataca la misma violencia con la que el entorno social lo acosa. Respecto al tema Héctor Hernández nos dice:

“El andrógino no es el dual sino exactamente quien ha vencido la separación de los contrarios. Instala una “sobrenaturaleza” al decir de Lezama y, por ende, una contraidentidad. El primer hombre es la primera mujer, y viceversa, en un sistema donde “no hay ángel, no hay diablo”. Como si de algún modo el mandamiento número uno de esta poética fuera subvertir la jerarquía celeste, el imaginario moral de sus restricciones y convertir las animitas, santas, vírgenes, ángeles, diablos en pobladores de un civitate dei periférica, una San Bernardo primigenia cruzada de charcos, esteros y todo lo que en sueños significa desgracia. Alicio o Cecilio son otra imagen de lo mismo, del desmontaje del cuerpo como mancha y del alma como templo más bien llevándolos al incesto y el tabú.”[4]

Esta es la forma que este “Alicio en el país de las pesadillas” logra sobrevivir a la maquinaria cultural que lo abruma. En este sentido la escritura neo-barroca de Silva calza perfectamente como lo que define Biviana Hernández en su artículo sobre las minorías sexuales en la poesía del poeta Nestor Perlongher, al definir lo neo-barroco como: “un dispositivo lingüístico que establece una propuesta crítica al sistema sociopolítico y cultural en que se insertan (dictadura y postdictadura)”[5] De este modo, la violencia que se ejerce contra este sujeto travesti es la misma violencia que ataca a los sujetos definidos como masculino y femenino. Podemos hablar de heterenormatividad, como sistema que fuerza a la definición binaria de género, mediante la asignación arbitraria de uno u otro, respecto de la expresión genital de estos mismos. Así, desde la perspectiva estética de lo neo-barroco, podemos definir a este tipo de sujetos como sujetos residuales desprendidos de la implementación violenta de éticas mercantiles-capitalistas, como fue lo ocurrido en la última mitad del siglo XX en gran parte de Latinoamérica, a través de la implementación de diversas dictaduras militares.

Por otra parte el verso citado anteriormente y la catalogación de “país de las pesadillas” nos lleva a identificar cómo es que este sujeto ve el territorio que habita y citando a Germán Carrasco, podemos decir que sin duda “En el país de las patotas, el huacho se muere de hambre”, es decir que, el sujeto solitario siempre estará a la merced de la mayoría, en este caso el travesti se verá encerrado en el tipo de ideología reproducido por la hegemonía. O en otras palabras que, la naturaleza alquímica del poeta y de la figura mestiza y andrógina que nos presenta Antonio, representan un choque de estos seres inconcebibles contra el mundo moderno representado por la norma.


4. La Ñusta prehispánica en la poesía de Silva.

Así como se dijo anteriormente acerca del afloramiento del barroco en Latinoamérica y se explicó acerca de lo neo-barroco, se entiende que a pesar de la distancia temporal, ambas corrientes, que si bien, por detonantes de distinta naturaleza, responden a un movimiento de reacción frente a la implementación violenta de modos de habitar a los que el cuerpo se debió subyugar. Y para el caso de la poesía de Antonio Silva, podemos encontrar en Matria (2008) la intención de reivindicación de estos sucesos, ya sea mediante la muestra de un imaginario adornado por paisajes de la américa prehispánica, hasta reflexiones acerca del lenguaje como otro modo de sometimiento por parte de los conquistadores. Respecto a esto nos dice Jessica Atal: “Antonio Silva escribe en un lenguaje crudo y violento que impacta, provocando desde pena hasta terror. El tono no deja de ser grave y rabioso, románticamente iracundo... Y cada elemento o imagen de la realidad interna aparece como símbolo del mundo exterior, reflejando un poderoso trasfondo cultural, de sangrienta historia prehispánica e indígena”[6]

De este modo procederemos a comentario el poemario Matria (2008), en el que se conectarán varias de las ideas que fueron presentadas en un comienzo como modo de contextualización para este trabajo.

Ya desde Analfabeta (2000) se introduce la imagen femenina de la madre latinoamericana, que de forma irónica se trata como una iletrada, mostrada desde el punto de vista del español que fue implementado como idioma oficial, dejando en segundo plano y lamentablemente en muchas otras ocasiones, borrando completamente distintas lenguas que se fueron perdiendo con el paso de los siglos por el continente. En el poemario se nos habla de “la analfabeta, precolombina del amor” (Silva, Analfabeta) y puntualmente en el poema Lengua de sol, se nos dice: “Yo traduzco a tu madre/ Canta y transfigura al final de los álamos/ la moneda gratuita de un mundo que no comprendí/ la moneda gratuita de un mundo que no comprendió/ Soy lengua diezmada -toda España en mis hombros-” “Cuando un necio cantor de vía pública insiste en el lenguaje/ mi Ñusta castra el parloteo de cristianos que no poseen memoria” “Mi lengua, bilingüe de acrobacias/ gotea canciones en el ácimo de tus labios” (Silva, Analfabeta). Aquí se presenta la figura de la Ñusta, que en quechua era el nombre para referirse a las reinas incas, castrando el lenguaje de los hombres cristianos sin memoria. Esta imagen de una reina guerrera plantea la representación de la resistencia precolombina que Silva busca transmitir mediante la escritura de su poesía. Queda claro el sentido de visibilización y reivindicación que se instaura a través de la figura violenta de la Ñusta castrando al hombre blanco y la lengua sin memoria que instauró con la misma violencia con la que reaccionará esta figura de la realeza incaica.

Ahora, en Matria (2008) la temática señalada anteriormente se intensificara. “He inventado una patria para los despatriados, /mi pequeña ítaca, mi futura lengua” “Para tu cabeza india. /Ramera Amancebada de sol Azteca /Ona Maya Zapoteca araucanita /Quechua Aimará Naguatl /De sangre mi vestido jamás americana /Huk Indiapa Minueto /Trompanne Gapachacun Tzay Ichisaj Selvapita Uchkunkaj” (Silva, Matria). Como se decía en un comienzo, la reconstrucción de una infancia que se ha perdido significará re habitar mediante el poder referencial del lenguaje todo ese imaginario que fue arrasado, negándolo de la misma forma en que el español negó a todas estas culturas, dejándolas bajo la etiqueta de culturas bastardas perdidas en el tiempo. El poeta nos dice “De sangre mis vestido jamás americana” que es lo mismo que decir: Me rebelo frente a tu violencia, dando nombre y voz todas las culturas que se extraviaron, desde la península de Yucatán, donde comenzó la expedición de Cortés, pasando por Mesoamérica, y llegando a la Araucanía en territorio local. Más adelante el poeta nombra situaciones en que la india latinoamericana se muestra como novedad frente al turista gringo o japonés, donde la televisión hace de Latinoamérica un zoológico al que se viene a comprar artesanía para pegar en forma de imán las representaciones de las ruinas de Machu Pichu. Esta temática está en directa relación con el porqué de la poesía neo-barroca, con lo referido respecto a la globalización, el capitalismo y a la situación de sometimiento en la que quedó el continente una vez llegado el hombre blanco, siendo el único legado de este padre ausente la servidumbre perpetua que nos sitúa como latinoamericanos frente al resto del primer mundo.

En las palabras de Raúl Zurita encontramos más claves que nos ayudan a reforzar la hipótesis vertida en este trabajo: “Como todas las poesías poderosas, la de Antonio Silva modifica el pasado y es difícil leer a sus antecesores sin teñirse de su mirada. Es lo que sucede con Huidobro (el de los cantos III y VII del Altazor donde primero se señala que los idiomas que hablamos son idiomas muertos, para luego demolerlos), con Neruda, (no tanto el de las Residencias como el del Canto General), con Lezama Lima, quienes encuentran en estos poemas un nuevo sentido, un doblez tan alucinante como inesperado”[7] Y es que justamente es eso lo que hace Silva en su poemario, modifica el pasado, reinventa la situación del habitante latinoamericano mediante el mismo lenguaje que lo llevó a la condición precaria en la que se presenta en los distintos poemas que encontramos en Matria.

Luego Zurita sigue con lo siguiente:

“Los seres que pueblan Matria son así, antes que nada, efectos del lenguaje, pliegues de él. Marginados, violentados, violados primero por el lenguaje impuesto, esos personajes se nos presentan en la escritura de Silva como una pulsión de esa misma lengua, esto es: de las culpas, remordimientos y esperanzas que el hecho del habla implica. Las palabras en Matria están permanentemente a punto de transformarse en las palabras de las lenguas marginadas, en ese “quechua aymara naguatl” levantando el mapa de una ciudad que existe únicamente porque revela la profunda conflagración de un idioma que no ha alcanzado la paz con sus hablantes y que, por lo mismo, no puede sino transformarlo todo; un continente, un país, un barrio, en periferia, en margen. Pero esto no es menor. Me atrevo a afirmar que si algo como la poesía latinoamericana existe con Vallejo, Huidobro, la Mistral, de Rokha, Neruda, es porque esa poesía es la constatación más profunda y demoledora de un idioma que no puede nombrar inocentemente la violencia porque él es la violencia. Es en ese límite donde se escribe este libro y la poesía de Silva reinventa a sus propios precursores. De partida comparte con los poetas fundacionales el esplendor de la escritura, salvo que ese esplendor tiene en Silva un signo opuesto: oscuro, desmembrador, inquietante. Matria va orillando el borde de sus propias palabras como si quien escribiera lo hiciese también bajo una doble impulso; por una parte el de reinstalar el principio del placer en el corazón de un idioma católico y castigador mediante el uso de los tonos mayores, de los incontables niveles fónicos y rítmicos, de los contrapuntos, produciendo el efecto de un gran decorado, de un escenario crepuscular y radiante a la vez, mucho más cercano al barroco, con el peso histórico que ello significa, que a los amaneramientos del neobarroco, dicho en breve, mucho más cerca de Góngora y del Neruda de las Alturas de Macchu Picchu que de Severo Sarduy, y por otra parte, el impuso de romper con las propias palabras, triturarlas, reducirlas a sus meros efectos sonoros para que ellas efectivamente permitan la instalación de un nuevo significado.”[8]

Así, como explica Zurita y como se introdujo en un comienzo, la obra de Antonio está repleta de estos personajes marginados, bastardos, quiltros, periféricos, los otros que siempre buscan ser blanqueados por la oficialidad, el homosexual de San Bernardo, el maricón pobre que además de eso es huacho, pero que no sabe quién es, porque no está definido desde la hegemonía sociopolítica, el outsider, el margen, el raro. Todos estos prototipos convergen en la poesía de Antonio y de esta forma en el poema Para un muchacho periférico, encontramos que no hay manera de arrancar de este encasillamiento, ya que todo es producto de la causa primera que condenó a este sujeto latinoamericano a no poder definirse desde un pasado “Vi tu cabeza rodar en el vocablo de la noche -muchachito- /Tu espureo talento de neón sudaca, /fotomontaje lingual -mapuñol- el peso de Dios sobre /tu párpado /Te vi caminar en la vitrina de /lo inevitablemente diario. Volviendo a Andrógino (1996) volvemos a encontrar algo de esto: “voy por la vida como si la vida me debiese cosas que para otros son naturales” Es ese el sentimiento, el resentimiento que guardan los sujetos de la obra de Antonio, la Ñusta rabiosa, el sujeto que busca eso que la vida no le ha dado y que por lo mismo reaccionará con violencia, porque entiende que esa negación es una injusticia por la que él/ella no tiene culpa alguna, de esta forma la poesía de Antonio es protesta, es grito en lenguas antiguas, es violencia contra violencia, es reclamar el crimen de algo que está inevitablemente extraviado, pero cuya desaparición de ninguna forma puede quedar en la impunidad.

 

 

* * *

Notas

[1] Montecino, Sonia. Madres y Huachos: Alegorías del Mestizaje Chileno. Catalonia, Santiago, 2007. p. 46
[2] Ibídem. p. 45
[3] Ibídem. p. 48.
[4] Hernández, Héctor. Prólogo a El Imperio de los Sentimientos: Obra reunida de Antonio Silva Cuarto Propio, 2015
[5] Hernández, Biviana. El devenir minoritario como clave de lectura en las poéticas neobarrocas de Néstor Perlongher y Antonio Silva, Revista Chilena de Literatura Nº 89, 2015.
[6] Atal, Jessica. “Furias Crípticas”, Revista de Libros, El Mercurio, 8 de Julio, 2000
[7] Zurita, Raúl. El sol negro de Matria, Presentación de Matria, 2008
[8] Idem



 

 

Proyecto Patrimonio Año 2018
A Página Principal
| A Archivo Antonio Silva | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Antonio Silva: Una protesta de identidades ocultas.
Por Cristofer Vargas