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"No pasó nada":
última novela de Antonio Skármeta
La historia de un pequeño héroe del exilio cotidiano


Por Manuel Alcides Jofré
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blicado en APSI, N°111, 20 de julio - 2 de agosto 1982


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Antonio Skármeta es una de las figuras intelectuales chilenas más destacadas fuera de Chile. Con más de una decena de libros publicados en diferentes idiomas, resalta en sus narraciones una gran vitalidad pasional, una experiencia fulminante del cuerpo, una juventud mental y renovadora. Damos cuenta en este articulo de su última novela publicada en España, “No pasó nada”.(pdf) Skármeta reside actualmente en Berlín; su actividad literaria la combina con su trabajo, como guionista de cine. Son varios los premios importantes que ha obtenido desde que ya hace diez años ganara el premio Casa de las Américas.

 

Esta novela corta de 80 páginas contiene básicamente tres episodios donde participa su personaje protagónico, Lucho, muchacho de 14 años, que lleva vivida la mitad de su vida en Alemania desde que dejara Chile. La inserción de esta familia chilena en Berlín es difícil y los primeros amigos que el muchacho tiene son los exiliados griegos que él ve volver a su país una vez terminado el régimen autoritario griego. El muchacho ve cómo ellos parten y cómo él podría partir alguna vez en el futuro.

Todo este episodio como toda la novela está contado en primera persona, con un estilo sin ningún barroquismo, absolutamente pragmático, con las experiencias sentimentales del muchacho que consisten en el tránsito de una niña a otra. Sophie es una niña varios años mayor que el protagonista, que trabaja en una disquería, y que él ha dejado de ver porque ahora sale con Edith. Sophie tiene una doble función como personaje: introduce la problemática sentimental primero, y aunque luego desaparece de la vida del narrador y protagonista, introduce también el conflicto central del relato, las peleas con los dos hermanos alemanes.

El conflicto central de la novela se sucede cuando una noche que Lucho y Sophie caminan por la calle un grupo de jóvenes de igual edad los molesta y el reacciona pegándole una patada allí mismo al que osó tocar a Sophie. El muchacho alemán va a parar al hospital y su hermano mayor empieza a buscar al protagonista para, coma dice Skármeta, “sacarle la cresta”.

Con esta situación se inaugura el núcleo dramático de la nouvelle. Michael desafía al chileno, que tiene como sobrenombre “No pasó nada”, y se agarran a coscachos en unas calles de Berlín. Sophie, que fue defendida por “No pasó nada”, reacciona posteriormente en contra de él, y se abre la separación entre ambos. Lucho no quiere enfrentarse con el alemán.

Este enfrentamiento a golpes entre los dos muchachos recuerda de algún modo el cuento de Vargas Llosa “El desafío”, publicado en Los Jefes, donde dos muchachos se baten a puñaladas.


El exilio cultural

Desde el comienzo se advierte que la novela es el relato de un adolescente que posee una perspectiva política sobre las cosas, pero la ha recibido más bien de la familia y no se sitúa en ella por completo. La política es más bien un elemento más en la vida de “No pasó nada”, tal como la canción, el deporte, el cigarrillo, la relación con el padre, o las primeras incitaciones sexuales.

La narración va entregando lentamente los detalles de la llegada de la familia de “No pasó nada” a Berlín. La relación entre padre e hijo es decisiva para mostrar ciertos aspectos de la cultura chilena familiar. "No pasó nada” es el primero en aprender a hablar alemán, y esto es decisivo para sus padres, que requieren de él para que responda el teléfono cuando los llaman para hacer clases particulares de español, medio inicial de subsistencia en una sociedad diferente donde la incorporación es muy dificultosa.

El mundo de la adolescencia inicial se va desenvolviendo lentamente. El Chileno, también así llamado, va definiéndose constantemente como el mejor tomador de sol del mundo, como un amante de la música popular juvenil alemana, como un ser humano que tiene en su personalidad un ingrediente cómico. El relato que hace de sus experiencias es con frecuencia chispeante, amenísimo, lleno de sorpresas.

El muchacho va señalando las diferencias de su propia cultura con respecto a los griegos y los alemanes. Va madurando lentamente al describir paradojalmente de manera casi objetiva su profunda sensibilidad. La novela muestra cómo “No pasó nada” pasa de leer revistas de historietas a la radio juvenil. Se ve a sí mismo como una de las personas más nerviosas de Berlín, y como uno de los muchachos más tristes del mundo, porque no está en su madre patria.

Las secciones más dramáticas de la nouvelle de Skármeta son entregadas al lector mediante un diálogo terso, casi lacónico. Por ejemplo, entre “No pasó nada” y su padre, entre él y Edith o entre “No pasó nada” y Michael. La narración es jovial en algunas partes, y en momentos la materia narrativa, aunque directa, no parece elaborada acabadamente. No suele percibir con claridad la estructura de la narración y cómo podría acomodarse bien a su contenido.

El Chileno siente que su lengua es más rápida que su pensamiento con frecuencia, y se deja llevar por las palabras.


La conversión

Finalmente el momento de la resolución se va acercando. El Chileno pelea con Michael a las cinco de la tarde del mismo día en que ha sido invitado por primera vez a la casa de Edith. Toda esta acción ha transcurrido en el pasado inmediato, porque aconteció hace unos 3 meses y ya que se sabe que en el presente de la narración "No pasó nada" lleva ese tiempo saliendo diariamente con Edith.

"No pasó nada" no quiere pelear, pero el alemán Michael empieza golpeándolo y él se enfurece, y pelea, y en medio de una desesperación en que como que la realidad entera se transforma, con una piedra aturde al alemán. Ambos quedan aturdidos y empieza a caer la lluvia purificadora y catártica.

Lucho teme por Michael. Le ayuda a recobrar la conciencia; ya habiendo aceptado un empate como resolución, los dos rosqueros hacen las paces y se van a comer una pizza con vino tinto. "No pasó nada" le cuenta a Michael sobre Chile y éste quiere empezar a colaborar con los chilenos. Esta transformación, sin embargo, suena un poco forzada en lo que son las últimas páginas de la novela.

El Chileno falta a su primera cita con Edith y anda unos días con un ojo parchado y una herida en los labios. Pero logra conquistarla lentamente con unos chocolates y un poema de Veinte poemas de amor de Neruda en traducción al alemán. Tendrá Edith un baile en su casa el próximo fin de semana y "No pasó nada" aprovecha como buen chileno la ocasión para declararse y empezar su amorío con Edith.

La aventura de este héroe del exilio cotidiano queda, pues, concluida. Ha superado a un enemigo al cual ha atraído a sus posiciones. Ha conquistado una nueva mujer con la cual armoniza mucho más. Ha logrado un grado mayor de inserción en la sociedad alemana La experiencia total le ha servido para reconocer aún más perfiladamente su propia cultura, la chilena y latinoamericana.

Sin embargo, el lector queda desconcertado al final. En el relato falta una dimensión artística, se corta muy abruptamente y más bien parece un cuento extenso que no logra crecer a una circunstancia estética mayor. El estilo de Skármeta, de una gran desnudez, sin embargo, no adquiere la debida profundidad. No es claro si esta situación es justificada por el hecho de que la voz narrativa sea un muchacho común.

El texto de Skármeta recuerda también la historia de otro desafío, acontecido en "El Sur", de Jorge Luis Borges. El gran desafío de "No pasó nada", apodo originado en el comentario que éste siempre hace cuando juega unas pichangas de fútbol, también puede aplicarse a la novela misma: aún es necesario ahondar más en la búsqueda y creación de la gran literatura chilena contemporánea.

Numerosos escritores chilenos han construido laboriosamente una cultura chilena en el exilio que en algún grado difiere de la problemática de la narrativa chilena en el interior. Skármeta, Ariel Dorfman, Hernán Valdés, Volodia Teitelboim y tantos otros han intentado una y otra vez condensar la extraordinaria experiencia del exilio chileno en sus obras. Casi siempre puede advertirse todavía una materia narrativa de extraordinaria riqueza, pero con una debilidad estilística y estructural, una falta de refinamiento propia de los intelectuales y escritores de los países no desarrollados. La novela de Skármeta ha recibido numerosos comentarios en diversos países. Y cuando uno observa la narrativa chilena de los últimos 10 años, sin embargo, ya sea dentro o fuera de Chile, ve que no ha sido escrita aún la gran novela que muestre al pueblo chileno en su odisea atrozmente universal y bellamente cotidiana.




 



 

 

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La historia de un pequeño héroe del exilio cotidiano
Por Manuel Alcides Jofré
Publicado en APSI, N°111, 20 de julio - 2 de agosto 1982