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BAHÍA INÚTIL, EL LIBRO DE LAS SEÑALES

Por Reinaldo Edmundo Marchant

Fue Raúl Zurita quien me dio excelentes referencias de Alejandro Zambra.  Yo había leído algunos buenos artículos de él, donde se descubrían destellos de un escritor cuidadoso de la palabra, amante de las frases limpias y, quizás lo más importante, donde quedaba claro que observaba las cosas con un ojo diferente, y aquello hacía la diferencia.

El notable poeta Zurita me habló con fascinación de Bonsái, la exitosa y minúscula novela de Alejandro Zambra, que arrasaba con una excelente crítica, daba vinagre a los envidiosos de siempre y paría a otros tenebrosos que no aceptaban la aparición de un verdadero talento. Yo lo celebro y anhelo dos o tres Zambra en escena: me temo que no será fácil.

Conservé en la retina de la memoria la sentida recomendación de Raúl Zurita. Hasta que, de manera impensada, encontré en el lugar más milagroso un pequeño libro, “Bahía Inútil”, de 1998, Ediciones Stratis, tirada de 250 ejemplares, de Alejandra Zambra.  Es un texto breve, casi diminuto, de portada color ahuesado, con una nave oscura, también mínima,  trasladándose en un mar negro y bajo un cielo blanquecino.

En la solapa principal, que igualmente es breve, se lee que Zambra nació el año 1975, que tiene estudios de literatura en la Universidad de Chile y que este es su primer libro. No existe más información.

Al recibir el libro, imaginé que tomaba un bonsái… O una poética estrella. Chiquita, por supuesto.

Esta  pequeña planta es un fantasmagórico planeta marino, donde “el mar es un pedazo de lluvia”. Contiene una estética no sólo en su concepción arquitectónica, sino también lo es, y de manera evidente, en la novelación poética en que cada palabra, línea, verso, es un cristal que devela a un autor que no escribe a vuela pluma: da pinceladas cortas, al estómago, haciendo saltar la inquietud, la feliz sorpresa, el regreso al texto para repetir el bocado.

El cuidado de estilo,  traspasó al propio manejo de la obra: los epígrafes, de diversos y reconocidos autores, son escuetos, punzantes y están cohesionados con los relámpagos instantáneos de “Bahía Inútil”. Zambra, ya en esa fecha, no dejaba detalles a la deriva.

En cada página, hay poemas logrados con oficio y maestría, que deslumbran. Hay una música de fondo, una floresta en medio de un océano, y una galería de seres que embellecen cada fragmento. También, encontramos micro historias. Indicios de un narrador que busca la fuente de la inspiración, en  geografías mínimas, que nadie toma en cuenta y él,  con audacia literaria, las hace respirar y llena de colores latitudes  no descubiertas.
 
Zambra, en aquella época, era un prosista que escribía poemas.

El desarrollo de su talento tiene el itinerario de grandes narradores que comenzaron la búsqueda de la creación literaria haciendo poesía: Córtazar, Bolaño, Borges, Donoso, Rivera Letelier…

El libro, inspirado por un joven escritor, es una larga alegría literaria, responde a la señal  inequívoca del nacimiento de un autor que lo hacía para quedarse, para contribuir a la imaginación con su palabra y visión especial sobre las cosas.

A todas luces, Alejandro Zambra ha creado una cosmogonía que, hasta ahora, nadie había advertido, ocuparse de las grandes respiraciones que existen detrás de las pequeñas geografías: un bonsái, una bahía inútil, la fértil imaginación de un escritor  que, sin duda,  continuará abordando al mundo con una particular mirada y un inédito estilo literario, que arrancó con Bahía Inútil, el libro de las señales de su talento.

 

SELECCIÓN DE POEMAS DE BAHÍA INÚTIL

II

Ella pronuncia palabras antiguas
y teje un abrigo para los tiempos difíciles

Desde sus ojos es posible ver
los árboles cerrados después del invierno
la lluvia de los días anteriores

Ella pronuncia palabras antiguas
como si siempre hubiera que parir.

 

UNA FOTOGRAFÍA

Sólo diré que esta fotografía la he mirado por más de
veinte años. No puedo llevarla conmigo. Voy a recortarla,
comenzando por sus bordes hasta hacerla más y más
pequeña. Hasta que desaparezca, y su recuerdo sea la
sustancia de días por venir.

 

Primer cuaderno provisorio

I

La vista anuncia el sonido de un tren innecesario.
En el último vagón viaja un hombre
cuyos ojos parecen indicar una ceguera reciente.
Hace dos horas intentó abrir su ventana,
pero debió conformarse con un hilo de viento frío
en el centro del rostro.

II

-Guarda esa fotografía. No aparece mi casa, pero sí el
comienzo de la calle en la que vivo. Hay un almacén
dos cuadras más abajo donde compraba pan y café.
Ya no acudo a ese lugar, pero el dueño debe recordar a
un hombre mayor que siempre llevaba a su hija de la
mano. Yo no soy ese hombre ni su hija, pero solía
acompañarlos.

V

La vista anuncia el sonido de un tren innecesario.
En el último vagón viaja un hombre
que mueve sus manos tardíamente.
Pasa por su rostro la luz artificial.
(Hay luna, pero no sirve).


 

 

 

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