.......................CLAUDIO BERTONI
 
 


Poeta lanzará un nuevo libro en junio

Claudio Bertoni: ''Mi vida está llena de estupideces''


¿Poeta? ¿Fotógrafo? Bah, un hombre preguntón que se ríe y se agobia mientras discurre por el budismo zen, los beatniks, su patiperreada vida y los culos anónimos de las minas que transitan por las calles. Cosas que se mezclan en su cabeza, lo trastornan y lo llevan a tomar una grabadora, declamar, cantar o quién sabe qué demonios para luego transcribir todas esas sensaciones en su vieja máquina de escribir.

  Gabriel Agosin O.

Someter a Claudio Bertoni al rigor de una entrevista, con preguntas enmarcadas dentro de una lógica determinada y distante de una azarosa y trivial conversación, sería una estupidez.

"¿Te va a servir esto que estamos hablando?", me dice medio confundido por dejar que las palabras fluyan libres y no en un plano inquisidor. Con tipos como Bertoni, vale decir, con tipos rebosantes de ideas relacionadas lúdicamente, es mejor dejarse llevar por cualquier cosa, cualquiera, menos por la planificación, quizás la única palabra que no conjuga en ningún tiempo este ser tan atípico que vive solo en Concón, que se ganó una Beca Guggenheim por sus fotografías siendo que él no sabe revelar, que obtuvo el Premio en Poesía del Consejo Nacional del Libro y la Lectura en 1997, que tiene 56 años, que es "enfermo de caliente" como se considera y que vive atormentado por el miedo que sus constantes dolores de cabeza escondan un tumor "del porte de una pelota de béisbol".

Cuando nos juntamos, los pasos nos llevaron al Café Colonia del centro de Santiago. Y no porque fuera bonito o el café más rico. Nada de eso, sino porque tenía la esperanza de encontrar a una mujer "exquisita" que se le acercó allí hace dos semanas, le pasó un papelito y él, torpemente, se fue algo asustado. Tras leer el mensaje, decidió volver, pero ya no estaba.

"Lo único que te pido es que por favor digas que quedé loco y que si no me atreví a acercarme al tiro es porque soy hueón. Mira, sólo diré que su nombre empieza con V y que si lee esto, que por favor se comunique conmigo", solicita.

Así es él. Preocupado principalmente por las mujeres. Tanto es así, que casi todas las cosas que ha emprendido, como la fotografía, tienen su impulso inicial en alguna fémina que lo arrastra hacia algún nuevo rumbo. "Para mí la fotografía o la escritura surgieron por una cuestión de necesidad. Con las fotos, por ejemplo, partí porque estaba con una mina –años '60- que tenía un culo y un cuerpo... y como dicen los chinos, una imagen vale más que mil palabras. Y eso, había que perpetuarlo de alguna manera". La tiene clara el hombre, ¿no?

El paleteo con Miller y la influencia de los beatniks

"Nunca había ido a un mall. Fui hace poco a uno y lo encontré increíble: tanta chaqueta, tantos zapatos, pero pa qué necesitai tanto zapatos sí con dos te basta. Hay algo que te sacia y que evidentemente no son las zapatos. Y eso tiene que ver con la poesía, con el amor y con Dios, no, por supuesto, el judeocristiano".

"Yo escribo como hablo. Tení, por otro lado a gallos como Mallarmé que le tienen miedo a la página en blanco y tienen todo un rollo mucho más intelectualizado, si quieres llamarlo así. Pero en mi caso, jamás me acercado a una hoja sin tener nada que escribir. Es como ir al baño sin ganas de cagar. Escribo porque tengo necesidad de decir lo que me pasa".

Jamás lo olvidaré

dejaste que te comprara
sostenes calzones y una
escobilla para el pelo
además de invitarte a
almorzar al Naturista
y como si eso fuera poco
a la salida me pediste
una crema humedecedora
para estar suavecita
para el hijo de puta que
te correría mano ese mismo
día a las seis de la tarde.

Cuando escribe se desnuda por completo. No deja, a veces, nada siquiera a la imaginación, lo que según él no le quita su intimidad ni sus secretos. "¿En nombre de qué me estoy haciendo el choro y quedándome callado?".

"Me es ajeno todo ese embrollo teórico y conceptual que intenta describir como se escribe y qué sé yo. Aún cuando me parece que está bien, yo he funcionado de otra forma. En mí siempre están primero las ganas de decir algo, hacerlo y recién después me echo para atrás y pienso en lo que escribí", cuenta.

Bertoni empezó a leer con intensidad a los 16 años. "A esa edad andaba en la calle jugando pichanga, tratando de agarrarle el culo a una mina". Un año más tarde, estando en el colegio, se fue de intercambio a Estados Unidos, viaje en el que "me fui uno y volví otro".

Estuvo en Denver, en donde descubrió a los beatniks, generación literaria integrada por Kerouac, Cassady y Ginsberg, quienes se propusieron de modo radical llenar la vida de poesía o, si se prefiere, de hacer de cada instante, por banal que parezca, un acontecimiento digno de celebrar y admirar.

Lo curioso, es que a diferencia de ellos, Bertoni ha llevado una vida asceta. "Tengo puros amigos drogadictos, me gusta mucho Bukowsky, pero se esconde el sol y yo me meto a la cama".

El único vicio que lo tiene perdido y gravemente enfermo (de mirón), son las mujeres. No toma y fuma muy poco. ¿Drogas?, nada de nada. Ni antes ni ahora.

"Por esa época leí un libro que me afectó mucho: la antología de poesía surrealista de Aldo Pellegrini. El prólogo transmite un espíritu que insta a llenar de vida, como señalaba Rimbaud, de poesía. Y si uno piensa, los beatniks son una materialización de eso. Además son todos poetas que no salieron de la universidad y de ahí aparecen tipos con Ginsberg, que le dice a todo el mundo que anda chupando picos. Lo suyo es la calle y el lenguaje de la calle, que es su vida", reflexiona.

Volvamos a su historia. Poco tiempo después, y ya de regreso en Chile, tomó la decisión de abandonar para siempre sus estudios universitarios. "Un profesor me pidió que cerrara la puerta de la sala para comenzar la clase. Caballerosamente, me ofrecí para hacerlo. Me levanté y por supuesto que la cerré, pero por fuera".

Nunca más volvió a pisar un campus universitario e inició un periplo que lo llevó a Estados Unidos. Estando en California, se contactó con Henry Miller, escritor que admira muchísimo. Jugaron hasta un partido de ping pong. Lo perdió, pero ganó en otras cosas con él.

"Miller era un militante del no trabajo. Inspirado en esa consigna, mi primer libro lo titulé El trabajador intrabajable. Es decir, cualquier hueá menos trabajar. Pero era un pendejo que no cachaba nada. Si yo hubiera sido mi papá, me habría dicho "oye hueón, has lo que querai, ¡pero piensa!".

Esa actitud "suicida" como la llama, lo instaló a Europa. "Llevaba, desde el punto de vista material, una vida arriesgadísima. Cuando ahora pienso en cómo vivía en esa época, me da diarrea. ¡Cómo me atreví!".

"Volverte loco es el peor castigo que te puede pasar"

Desde hace ya largo tiempo vive aislado en Concón. Ciertamente, le carga el mundillo literario. "No me gusta el hueveo, ni el lujo, ni el brillo, ni el show. No me agrada, no me agrada, no me agrada".

Prefiere recoger zapatos abandonados, lo que lo ha llevado a tener una "exclusiva colección" de casi dos mil zapatos viejos y retorcidos, algunos de los cuales espera mostrar en una exposición que tiene pensado para dentro de un mes en Viña del Mar.

Un tema que lo persigue, como una fijación, es el del hijo que no ha tenido. Sabe que ese ha sido la piedra de tope que ha tenido con sus parejas -siempre muy menores que él, por lo demás-:

"Yo también quiero tener uno y esa es la contradicción maldita. No soy hipócrita, porque si bien puedo vivir en una pieza echado toda mi vida -no requiero ropa y vivo con muy poca plata-, por otra parte necesito la ternura y el sexo que se tiene con una pareja".

Saca un cigarrillo que está sobre la mesa para relajarse un poco y se confiesa:

"Te voy a contar algo que tiene que ver con todo esto y pa' que cachí en dónde estoy. Hace como tres años atrás tuve un golpe síquico súper fuerte que me cambió la película radicalmente. Estuve tres noches sin dormir y en un estado terrible. Creo que todo eso fue como una explosión que tiene que ver con mi soledad, con el hecho de haber postergado algo en mí durante años y años que tiene que ver con la ternura, con el calor, con el hogar, en el sentido profundo de la palabra hogar, que es estar en una cueva con tu mina, los cabros chicos y unos animales".

Le tiene miedo a la locura, quizás porque ha estado demasiado cerca de ella. Lo seduce, lo intimida, pero está dispuesto a pelear con todo en contra de ella. La crisis nerviosa que lo turbó, lo zamarreó con fuerza y le hizo ver que el paraíso es algo tan simple, tan sencillo como estar bien consigo mismo y con los demás.

"Volverte loco es el peor castigo que te puede pasar. Se produce una percepción de la realidad que es, cuando menos, intolerable. Y si no toleras algo, tení que terminar y la única manera es matarte. Pero yo sé ahora, después de todo lo que me ha pasado, que no me quiero morir, sé que no me quiero matar, pero es una lucha. No le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo al dolor".

El "modus operandi" en su creación

"Para mí lo máximo es un hueón como Diógenes que vivía en un macetero y que cuando Alejandro Magno le dijo que pidiera lo que quisiera, le exigió que se hiciera un lado porque le estaba tapando el sol. Esa es mi idea de un tipo valioso".

Claudio ya casi no escribe. O para ser más preciso, lo que hace es grabar sus poemas. Anda con una grabadora para todos lados porque "el pensamiento es algo tan vertiginoso y la mano es muy lenta".

Esa técnica se la copió a Ginsberg, del que piensa que "su poesía es como una enorme cama desarmada y tibia donde te puedes echar a descansar". El resultado es que su obra se ha "sextuplicado, pero la lata es que casi no he transcrito". Lo suyo es muy similar a la escritura automática practicada por Breton y compañía, aunque lo de él se diferencia en ser no una expresión del inconsciente, sino más bien realista.

"Salen una cantidad de cosas que ni me había imaginado que tenía dentro. Además, he funcionado de tal manera que me corregido en el instante. Ahora, con más práctica, me salen solos los poemas o lo que sea, ya que lo que escribo es muy sonoro", explica.

Uno pensaría que es obvio entonces que su próximo libro, que saldrá publicado en junio o julio, tenga incluido un CD con su voz. Pero no. ¿Por qué?, Por una razón bastante sencilla:

"Me cuesta tanto materializar las ideas que tengo. La multiplicidad de cosas me agobia. No tengo las energías para hacer instalaciones, a pesar que tengo cuadernos y cuadernos con ideas locas", confiesa.

También pinta acuarelas, técnica que le acomoda porque "es transparente, rápida, liviana, y además tiene una serie de condiciones 'espirituales' que me dan ánimo".

Pero junto con la poesía, su gran pasión es la fotografía. Ha expuesto en muchas ocasiones y en distintos países en el mundo. En 1997 montó una muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes y sus desnudos están en un libro de antología de Gonzalo Rojas.

Ganó la beca Guggenheim sin saber siquiera cómo revelar fotos. El sentido práctico, como en casi todo lo suyo, está ausente. "Es que mi vida está llena de estupideces. Nunca he hecho una cosa buena en mi vida".

Por timidez, también, saca fotos a la altura de la cintura mientras transita por la calle porque le da vergüenza ser descubierto. Otro gesto que para algunos pasa por una excentricidad, cuando su origen es justamente lo contrario.

De lo humano y lo divino

Como el mismo reconoce, habla hasta por los codos este Bertoni. Y hace una cantidad de asociaciones que resultan increíbles. Pasa del budismo zen a la física cuántica como quien hace zapping.

"Lo que me gusta del budismo es que no es una religión y no está el concepto de verdad develada. Tampoco hay un Dios y no creen en el alma, porque la transmigración de las almas que ellos hablan no es la cristiana, sino el producto del análisis racional de un ser humano inteligente y sensible", dice.

"Te debe incomodar la metafísica y el platonismo", le pregunto esperando un sí, el que es reemplazo por una nueva vuelta a la tuerca:

"No necesariamente. Hay cosas que me encantan. ¿Sabes lo que pasa? Es que es muy difícil darse cuenta a no ser que estudies mucho algo. Ahora es posible que con la física cuántica, con lo poco que cacho, que la realidad se parezca más a la interpretación idealista que a la concepción materialista que tuvieron pensadores como Demócrito. Incluso, es posible que la materia no exista", responde.

Todas estas ideas lo hacen sentirse "agobiado. Es algo tan abrumador para alguien sensible y tan excitante a la vez... La pregunta es demasiado inquietante, infinita y tan conmovedora, que podríamos pasarnos la vida hablando de esto".

Pero que viva solo y tenga una imaginación tan volátil no significan que esté desconectado del mundo. Es más, tiene una postura política que defiende y argumenta a sazón de sus largas y extenuantes reflexiones.

"Yo nunca he pertenecido al mundo de la política, pero me siento socialista. Nunca, en todo caso, ha sido mi asunto. El mundo de ahora es muy desencantante. En las elecciones voté por Lagos y jamás votaría por Lavín. Son las cosas mínimas que van quedando, porque ya todo está perdido. La única esperanza que tengo y creo practicar es tener una acción ética a partir de la maravilla que es aparecer por la Tierra aunque sea por dos segundos. Hacerle sentir eso al resto es un reto, porque eso, cuando se entiende, no se olvida jamás", concluye.

 

22 de Abril del 2002

 

 
 

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