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Quedaste afuera: El malestar de los "críticos"
autoformato de Claudia Apablaza

Por Martín Cabello R.
Provincia de San Juan, Argentina
martin.cabello@yahoo.com.ar



He leído hasta momento seis críticas al libro de la joven autora chilena Claudia Apablaza, a quien conocí hace unos dos años atrás en Buenos Aires. Recién había publicado mi primer libro de relatos, sin que la crítica se hubiese tomado el tiempo de entregar ni siquiera una sola línea en mi primera odisea. En fin, por esos tiempos la autora ya craneaba la publicación de su libro, pero más bien habíamos conversado de una novela. Con sorpresa me llega autoformato a la puerta de mi casa, y con más sorpresa aun me he ido haciendo de las críticas a este pequeño libro de relatos, que como veo trae tantas lecturas como lectores, tanta diversidad en las críticas que abisma y me hace preguntarme por la calidad, la procedencia y el futuro de la crítica literaria chilena.

Un joven bloggero (y escritor), Diego Zúñiga (putasasesinas.blogspot.com); destaca, con un lenguaje coloquial, las virtudes de autoformato. Una soltura en el lenguaje y cuentos con el ingenio que él hubiese querido ya escribir antes. Junto con Luis López-Aliaga, otro escritor chileno, que también hubiese querido escribir esos cuentos, o por lo menos reconoce en ellos algo de la mejor cosecha literaria chilena de los últimos años. Esa cualidad del ingenio y virtuosismo también la apunta el académico José Promis en su crítica habitual de los domingos en Revista de Libros, pero pone en duda si el volumen entregado por la autora es o no Literatura. Del mismo modo, el periodista David Lacalle, con un lenguaje habitual en él, de vulgar ironía, también pone en duda la cuestión de si autoformato es o no literatura. La diferencia entre ambos es que Promis, duda de esta cuestión por razones que explicita e intenta dar explicación: si la incapacidad de representación o la imitación del lenguaje digital en un texto puede ser llamado literatura. En cuanto a esto, creo que la imitación de un lenguaje tal como lo es el digital es tan literario como imitan por ejemplo en sus lenguajes los escritores a los amantes desdichados o a la sucesión de una temporalidad cualquiera. Ahora bien, la excusa del periodista Lacalle no la encuentro, sólo sus vulgares sucesiones de risillas nerviosas en una foto autophotoshopeda (autoformateada, aunque él no lo quiera) que aparece cada domingo en la sección de Cultura de LUN. Por ahí (en algunos barcitos de Buenos Aires) han dicho que no es otro que el mismísimo Editor de LUN: Andrés Braithwaite, pero realmente lo dudo, ya que si fuera él, no habría osado preguntarse con ese tono irónico por qué la autora titula el libro autoformato, siendo que él hace unos meses atrás tituló a su libro autoeditado (autoformateado): Gutiérrez. Y tampoco sé si el editor se preguntó si su libro Gutiérrez era o no Literatura o era una "sopa de letras, es decir: una sopa de los autores que él mismo hubiese querido ser".

Siendo escritor no me sumo ni a uno ni a otro estilo de comentario. Más bien este libro de Apablaza, su primer libro, no me parece una lectura ni ingeniosa, ni insólita, ni riesgosa, ni anti-literaria, ni una sopa de posta y fideos, ni menos un excelente juego de póker; más bien imagino que es una forma singular de narrar (esto ya lo dijo Promis) e imposible de imitar, lo que implica una forma singular de apreciar el mundo y la Literatura. Muchas formas se van agotando. Atrás quedó el realismo o ese hiperrealismo del que muchos escritores se vanaglorian. Ya no es tiempo de contar historias, ya no hay historia que valga la pena. Bien sabemos que la Literatura retrocede hacia la poesía y se hace más firme su ligazón a la lingüística o a los procesos de formación de una lengua; y sumado a esto se aproxima más al lenguaje digital de las nuevas comunicaciones, cuestión no menor, si lo miramos como una de las bases de las relaciones humanas. De ahí a que los relatos de Apablaza pongan de lleno su acento en lo que Promis ha llamado "malabares lingüísticos digitales". De ahí también a que sólo los escritores aprecien su Literatura (qué más lejano de la poesía que el periodismo, cuna de enseñanza de contar objetivamente las historias), en tanto la exigencia les queda grande a los que no se dedican a trabajar en la representación de, sino más bien a la lectura de. De esta forma, como lo anuncia tan bien Apablaza en el relato Sor Juana y Pierre Bourdieu: "más adelante ya no serán necesarios los editores de cultura, sólo los textos peleando por sí mismo en la web..." (Y qué mal le debe haber caído esto a Lacalle. ¿Se lo habrá tomado tan en serio y habrá sentido que se quedaría sin pega?).

Para terminar, creo que Apablaza en esa conversación ya me había adelantado parte de su incapacidad de pensar la Literatura como un salvavidas o esa fe que tienen tantos escritores en la representación del mundo por medio de las letras. "... algunos ya nos agotamos de contar." Es hora de retroceder y mirar lo que se ha escrito o las formas en que los libros están narrados, y volver a copiarlos, re-escribirlos y en ese mundo, como en el reino de Dios, lamentablemente no todos caben, y para bien los periodistas y los académicos quedan totalmente afuera.

 

 

 

 

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"autoformato" de Claudia Apablaza.
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