Proyecto Patrimonio - 2026 | index |
José Antonio Mazzotti | César Ángeles Loayza | Autores |











Entrevista con el poeta, activista e investigador José Antonio Mazzotti:
“En el 80, se trata de recuperar el canto”


César Ángeles Loayza y Martín Arredondo Palacios

 

Tweet ... . . . . . . . . . . . . ::.:...:.:

El año pasado, en un número de homenaje a José Antonio Mazzotti (Lima, 1961–Estados Unidos, 2024), la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, que él dirigió durante muchos años y ahora dirige el doctor Carlos García-Bedoya, se publicó esta entrevista al poeta, activista y crítico cultural perteneciente a la generación del 80. Este diálogo conserva su voz fresca y actualidad, e invitamos a leerlo completo en sus 45 páginas del número 102 de dicha revista: 

https://rcllletras.unmsm.edu.pe/index.php/content.

A continuación, compartimos algunos extractos (separados por tres imágenes y dos documentos del grupo Kloaka, enviados por el mismo Mazzotti, cuando preparábamos una edición previa, por ahora interrumpida) de nuestro vital diálogo con el poeta y académico. En una época de agresivo neoliberalismo, con visos fascistas reciclados, y aun de múltiples acomodamientos —tan previsibles como tardíos—, no es común ni sencillo sostener una posición divergente en los terrenos de la cultura y la política. Menos todavía desde aquellos años de la violencia política en el Perú hasta la actualidad. En tal sentido, no es solo un testimonio personal, sino que adquiere un carácter generacional y de época.

De seguro, habrá quienes guardaron estrecha relación con este autor y que ahora se verán confrontados con sus vigentes palabras. Más aún en tiempos actuales, cuando la honestidad, lealtad y transparencia -ética y política- se ponen en juego o pisotean, a diario, con actitudes propias del oportunismo y arribismo a la carta, tanto en el terreno social como intelectual.


EL POETA

—César Ángeles Loayza: José Antonio, lo primero que deseo preguntarte es qué te ha impulsado a escribir poesía, y cuáles asuntos y formas poéticas consideras que son más características de tu poética.
—José Antonio Mazzotti: Para decirlo en pocas palabras: es algo que no sé, porque eso viene de manera natural, espontánea. Creo que tuve mi primera visión poética de la vida y el mundo a los cinco años, cuando me enamoré de una niña y decidí hacer el ridículo de ponerme el disfraz de Cristóbal Colón (con mallas y bombachas) para estar a su lado en la actuación del Día del Idioma, ya que ella había sido elegida para representar a la reina de España. Esa imagen me ha servido siempre para entender la figura del poeta en la sociedad moderna como alguien que es capaz de sacrificar todo, incluso la propia reputación y credibilidad, para alcanzar ese estado de comunión con lo que él considera lo más pleno: la visión poética de la vida. Es algo mucho más profundo que descubrir la escritura de poemas. Creo que es anterior: es una condición común a los artistas, en general; pero, en el caso de los poetas es particularmente importante —aparte de esa perspectiva artística, poética y estética de la vida— la capacidad de utilizar el lenguaje para reproducir esa visión, para transmitirla y construirla. Ese origen, como te mencioné, se sitúa en mi infancia; se reafirma en la adolescencia, en los primeros poemas que escribí a los once, doce años; y desde entonces se ha fortalecido.

—CAL: Hay algo bacán en tus respuestas, porque la segunda parte de mi pregunta está, de alguna manera, implícita en esta primera parte. Según lo que cuentas, la poesía nace, en tu caso, soportada sobre tres patas o tres ejes característicos de tu trabajo poético. Por ejemplo, sobre la cuestión lírica, el lenguaje poético —como bien dices— nace casi en términos irracionales: es algo muy espontáneo, vinculado además a una relación amorosa con una muchacha de aquel entonces. Es decir, la cuestión de la mujer, lo sensual, lo sexual, que es parte de tu poética: la arrechura. Y también vinculado a lo que comentas del disfraz de Colón, que es la parte histórica, y que de alguna manera también es característica temática de tu poesía. Entonces, podrías desarrollar, a partir de estas metáforas desde la infancia, los elementos, asuntos y formas de tu poética.
—JAM: Empiezo por lo último: la preocupación histórica, que nace del simple hecho de que ningún ser humano surge en el vacío. Todos somos parte del entorno que nos produce y que, a la vez, producimos. Y lo mismo sucede con la escritura: uno está siempre dialogando con un antes y un después, y con un durante. Entonces, hay elementos de ese mundo circundante altamente significativos para el trabajo poético en sí, y no veo por qué no puede uno introducirlos. Allí entra, naturalmente, lo político; pero, también, otro aspecto histórico importante que hay que recalcar: la tradición literaria, que es parte de la historia. Y una de las características de mi poesía, según me han dicho, es que es cultista y erudita, y que a veces no es tan fácil de seguir porque hay referencias culturales que escapan a la comunicación promedio en una sociedad no muy letrada. Entonces, sí creo en la necesidad de conocer la tradición, pero precisamente para romperla, alterarla, renovarla. Me parece mucho más valioso el estudio que la simple vivencia; o, en todo caso, combinarlos. La poesía vitalista tiene un límite: el de la experiencia personal; en cambio, la poesía cultista te permite abrir puertas, vivir otras vidas, meterte en otras mentalidades e idiomas inclusive. Tiene su propia vitalidad. Y eso también es parte de una experiencia, que no es la de la inmediatez física.

 

 

—CAL: Que también expresaba un poco el clima de la época: ese descreimiento que había con los mayores, la mayoría encallados (encallecidos) en proyectos reformistas o de izquierda que finalmente no habían conducido a ninguna parte.
—JAM: Sí, pero si entre ellos hubiera habido alguien serio que nosotros consideráramos digno de la labor, sin duda hubiéramos iniciado una conversación. Pero, en ese momento, no teníamos a nadie: éramos huérfanos de crítica. Por eso sí estoy de acuerdo contigo: quizá nosotros fundamos una crítica de los 80.

—CAL: Es interesante que traces una parábola del 60 al 80. En tu libro Poéticas del flujo (2002), uno de los trabajos más serios y ambiciosos sobre la poesía peruana contemporánea, planteas la tesis de que el 60 y el 70 son, en realidad, una continuidad. Sin embargo, mencionaste también una diferencia entre ambas épocas y poéticas.
—JAM: No es que sea una continuidad, sino que si los ves a la distancia hay más homogeneidad entre el 60 y el 70, que entre el 70 y el 80. Y lo digo respetando las diferencias individuales y, sobre todo, las diferencias promocionales. Porque se puede decir que el 60 empieza con Reynaldo Naranjo, César Calvo, Arturo Corcuera, que son, digamos, los primeritos. Se entroniza con Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, Marco Martos, Luis Hernández, Javier Heraud, que introducen un tono más inglés. Están allí Eliot, Charles Olson, Pound (sobre todo, en el Hinostroza de Contranatura).

Entonces, viene inmediatamente después el 70, que no se reduce a Hora Zero, y cuyos poetas intentan marcar una diferencia con los anteriores: ellos mismos ya hablaban de una generación del 70. El mismo nombre “Hora Zero” tiene un adanismo que, francamente, despierta ternura; porque, además, le copian un título a Ernesto Cardenal: o sea que tan adanistas no pueden ser. Pero su lenguaje es conversacional: ellos mismos lo dicen en uno de sus manifiestos, y que es un tipo de poesía que ya se había introducido en los años 60 y hasta antes. El famoso “lenguaje de la calle”, que ya existe en la poesía hispanoamericana desde los años 20 del siglo pasado. Así que todo el parricidio se traiciona a sí mismo, porque en términos de lenguaje no son tan diferentes. Son mucho más prosaicos, aportan la visión migrante, eso sí, el grito rupturista: plantean una posición frente a la tradición literaria, al aburguesamiento; son un producto del velasquismo en buena medida. Pero, viéndolo a la distancia y objetivamente, si se comparan los primeros libros de Jorge Pimentel o Juan Ramírez Ruiz con el 60, son como versiones un poquito más diluidas en agua del conversacionalismo del 60.

Ahora, cada uno de ellos tiene después un desarrollo muy diferente. Ramírez Ruiz despega hacia Las armas molidas, que es un libro que trasciende el conversacionalismo. El propio Pimentel... aunque me sigue pareciendo que Tromba de agosto —libro muy experimental en su manejo de la sintaxis y la morfología— sigue siendo tradicional, al asumir la posición del poeta como un pobrecito desarraigado que no tiene chamba, tema que venía repitiendo desde Palomino. Eso es muy del intelectual de clase media, que siente que está perdiendo su comodidad.

—CAL: ¿Se queja?
—JAM: Sí, quejoso, es muy quejoso, y esa actitud no es nueva. Todo lo contrario. Es una letanía que, bueno, está bien: simpatizas con la voz poética; pero no te vas a identificar pues... A menos que estés en la misma situación, que tu concepción de la poesía sea igualmente lamentona. Entonces, el 80 ya tiene otra cosa; por ejemplo, no tiene un sujeto poético de ese tipo, no es un sujeto que se haya ubicado en una clase media que está empobreciéndose, descendiendo socialmente. La gran diferencia es que los poetas que surgen hacia 1982 (ya Rosas Ribeyro, Antonio Cilloniz, el mismo Flores Galindo, se referían a una generación del 68, que incluiría a las del 60 y 70, que se diferencia claramente de lo que ellos denominan generación del 82...); hacia este año, los jóvenes poetas ya buscan y expresan otra cosa: es la esquizofrenia, el mundo criminal, la desidealización del pueblo como sujeto histórico. El pueblo ya no son las masas inocentes, víctimas del imperialismo y la explotación burguesa. No, el pueblo es tan mediocre, tan traidor, tan cochino y tan retrógrado, a veces, como cualquier burgués reaccionario.

—CAL: Y fujimorista.
—JAM: Y fujimorista. ¿Por qué, si no, tenemos los gobiernos que tenemos? No es un pueblo, desgraciadamente, que tenga esa formación ideológica suficientemente clara para decir: “Basta de esta clase política, pasemos a otra cosa”. Entonces, en el 82, eso se ubicó claramente; se vio que habíamos entrado en la llamada democracia burguesa, pero empezaba también la guerra sucia, justamente, con la autorización de Belaunde para que el Ejército interviniera directamente en la lucha armada. Eso marcó históricamente al Perú, y por supuesto a toda la generación joven, porque nos dimos cuenta de que ya iba a empezar a suceder lo que estaba pasando en Chile, en Argentina: una guerra sucia sin restricciones.


—CAL: ¿Qué tipo de interrelaciones o correspondencias observas entre tu producción literario-poética, tu trabajo periodístico con el suplemento Asalto al Cielo, que editaste y publicaste en los años 80 en El Nuevo Diario, y tu amplia y dilatada labor editorial con el sello que luego fundaste con ese nombre?
—JAM: Mira, en ese sentido yo soy un heredero de las vanguardias y pienso que el poeta debe ser un activista de la poesía. Debe tratar de difundir poesía, debe tratar de apoyar poesía, debe tratar de publicar poesía. Si no lo hacen los poetas, ¿quién? ¿Los editores? ¡Por favor! La poesía, como no se vende, en los dos sentidos de la palabra, no es promovida. No hay fondos; sería fabuloso si un país destinara importantes cantidades de dinero a explorar formas de representación poética en lo audiovisual, en lo interlingüístico, establecer un sistema de traducciones. Imagínate si se tradujesen y promoviesen las tradiciones orales de todas las etnias, junto con respetar sus derechos. Por lo tanto, uno tiene que ser activista de la poesía de una manera u otra, y eso fue lo que hice con el suplemento Asalto al Cielo y con el sello editorial, y lo sigo haciendo porque el sello todavía existe. Con el suplemento, era básicamente una búsqueda de un aire fresco en el periodismo cultural del momento, ya había pasado el momento de El Caballo Rojo. A nosotros nos tocó asumir una labor —por eso le cambiamos el nombre— que era distinta. Era una visión propia la de nuestra generación, por supuesto. Chocó con mucha gente... y hasta el día de hoy hay algunos que se arañan.

Carátula del suplemento ASALTO AL CIELO
Matanza de los penales, 19 de junio 1986

—CAL: ¿Qué originó esa especie de escándalo que provocó el suplemento Asalto al Cielo?
—JAM: Acuérdate del tipo de caricatura que se incluía. O las cosas que se decían del gobierno de Alan García. Hubo un número en que la contraportada era la fotografía de una cebra desde atrás, y la leyenda era: “Rayado hasta el culo”. Eso es lo que se le decía a Alan García desde el suplemento Asalto al Cielo todos los domingos, y mucho más. ¿Cómo no nos iban a odiar, no? El nombre, además, proviene de una declaración de Marx, de 1871, cuando afirmó que, en la Comuna de París, “[l]os obreros tomaron el cielo por asalto”. Es una frase muy poética: ¿y qué es la poesía si no un asalto al cielo? Esa es la poesía, eso es el comunismo, eso es asaltar al cielo.

—CAL: Y el sello Asalto al Cielo se inauguró con La última cena (selección de 12 poetas del 80).
—JAM: Se inauguró con La última cena, en efecto, en noviembre de 1987, siguió el 88 con el primer libro de Domingo de Ramos, Arquitectura del espanto, con el primero de Jorge Frisancho, Reino de la necesidad, con El chico que se declaraba con la mirada, de Róger Santiváñez, con Castillo de popa, de José Antonio Mazzotti... Esos fueron nada más los primeros títulos de ese año 88. O sea, La última cena fue en el 87, pero los títulos individuales, a partir del 88. Y he proseguido: saqué el 91, ya desde Estados Unidos, la primera edición de Symbol, de Santiváñez, que es un hito en la poesía contemporánea. He sacado el 95 la primera edición de su Cor Cordium. He publicado libros de medio mundo (Manuel Liendo, Luis Fernando Chueca, Paolo de Lima, Tatiana Berger, Doris Bayly, Juan Carlos de la Fuente, Fernando Obregón, Luis Chávez Rodríguez, Marcela Robles, Grecia Cáceres, Pedro Granados, otro de Róger Santiváñez, etc.). Entonces, Asalto al Cielo existe, se sigue ejerciendo el activismo allí. Eso es parte natural, yo creo, de uno, cuando alguien siente que debe ser un activista, un militante de la poesía. ¿Si no pues quién? ¿Quién esperas que lo haga?

Mazzotti en Casa de las Américas.
Aeropuerto Internacional José Martí, La Habana, Cuba.

—CAL: Has aclarado el sentido de este poema tuyo y has recordado tu temporada sanmarquina tan importante en esos años 80. En tu libro Poéticas del flujo tienes un pie de página que siempre me pareció bien potente y pienso que no se ha desarrollado. Acabas de precisar que sí eres un poeta activista, pero no un poeta panfletario. Sin embargo, en dicho pie de página, en Poéticas del flujo, mencionas que con la poesía de los 80 más radical —como pueden ser los autores que has mencionado: Kloaka, sus entornos, o lo que fuese—, dialogaba la poesía de militantes de Sendero Luminoso como Jovaldo o Edith Lagos: un cuerpo de poesía que no se ha estudiado en paralelo, y que era una poesía más bien militante. Me interesa que desarrolles esto, porque pienso que es una llamada a investigar o a ocuparse de esa poesía, que no se ha realizado hasta el momento. Pero aquel pie de página tuyo no tiene la mirada irónica que ahora has profesado, respecto de esos muchachos que se metían a las aulas sanmarquinas a panfletear.
—JAM: Y que generalmente no eran de Sendero. Hay que situar las cosas en su contexto: ese pie de página pertenece a un libro de 2002, y viene del prólogo ya mencionado de la antología El bosque de los huesos, del 95. En ese momento, esa poesía no se conocía mucho, y era tabú. Pero tampoco digo que poéticas como las de Kloaka tuvieran un diálogo con esa otra poesía, sino que existían paralelamente y lo que compartían era el espacio de discusión; porque ese tipo de poesía, de Jovaldo o Edith Lagos, se leía en manifestaciones políticas de la izquierda radical. Luego, son asesinados y se convierten en mártires de una lucha en que podían estar equivocados o no, pero eran poetas, eso es indudable, a su manera: poetas populares, poetas de formas tradicionales. Ese es un circuito de poesía que, después, lo ha estudiado un poco Víctor Vich, y no recuerdo quién más. Pero merece todavía mayor investigación. Uno tiene que desacralizar el concepto de poesía y de literatura misma, e incluir este tipo de producción como parte de un corpus.

Literariamente, pueden ser deficientes, y de hecho lo son —son muy tradicionales y retóricos, como digo—, pero cumplían una eficacia comunicativa que utilizaba la poesía como nombre al servicio de su causa, a la cual se entregaron en vida y alma. Es interesante: eso obedece a otra concepción distinta de poesía. A eso me refería: a la necesidad de estudiar más a fondo ese corpus; pero, claro, eso supone también muchas resistencias, porque tú sabes lo que ocurre en el Perú, donde está de moda terruquear a diestra y siniestra, o sea, ser soplón y difamador descarado, un macartista malévolo, y cuanto más macartista seas, más bacán eres, según esa mentalidad “bruta y achorada”. Estudiar ese tipo de poesía deviene en un “No, pues, es cosa de senderistas...”. Como si no tuvieran ningún tipo de valor humano ni artístico, ¿no?

—CAL: Pero además de eso, es difícil porque parte de ese corpus debe haber desaparecido, o fue incinerado...
—JAM: Posiblemente, sí. Pero eso déjaselo decidir a los investigadores. Para eso tiene que haber una investigación. Puede ser que haya un archivo por ahí. No sabemos.

—CAL: Y poetas de ese tipo, como Jovaldo o Edith Lagos, ¿tú dirías que son poetas activistas?
—JAM: No, yo creo que eran guerrilleros. Eso está muy por encima del activismo. Eran guerrilleros, que además eran poetas.


EL ESTUDIOSO DE LA LITERATURA DE LA COLONIA

—CAL: Y a los 40 años que tiene la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, ¿cuáles son los retos y objetivos que se plantea?
—JAM: Los mismos que todo el mundo. El del medioambiente es fundamental, porque si no piensas sobre este problema que va a arruinarnos la vida de una manera verdaderamente dolorosa las próximas décadas estamos condenados. ¿De qué te sirve hacer crítica literaria? Y etnicidades, de todo tipo; migración: somos un mundo migrante. Estos son los temas de la revista, básicamente. América Latina no es una isla, nunca lo fue. Entonces, todos los que piensen en hacer una crítica latinoamericana versus una crítica en Estados Unidos no han entendido nada.

—MAP: Finalmente, José Antonio, ¿de qué modo crees que la revista se inscribe en la izquierda política?
—JAM: Mira, la izquierda es un sentimiento y es un sentimiento correcto, porque es un sentimiento noble, amplio, amoroso. Ser de izquierda es ser generoso. Ser de izquierda es ser una persona buena, que quiere el bien, que no busca el interés personal sino el interés de todos: incluso egoístamente esto es explicable. ¿Cómo no vas a estar mejor en una sociedad donde estén todos bien? Sería maravilloso, ¿no? Ser de izquierda es lo único lógico que existe para mí. Yo parto de esa definición. Y, para mí, la gente que no es así me da pena; supongo que se debe a una serie de circunstancias. Todo sería mucho mejor si este sistema económico, basado en el individualismo, no imperara. Y eso es lo más triste de muchos artistas e intelectuales peruanos que ni siquiera se atreven a decir que el capitalismo neoliberal es un desastre. Puede estar trayendo un crecimiento económico del 6, 5 o 3%, como debaten; pero, a la vez, está trayendo mercurio, arsénico y una cantidad de metales pesados para un montón de gente: miles y cientos de miles de peruanos, la extinción de las especies, el etnocidio. ¿Dónde está el progreso, dónde está el desarrollo?

Eso es lo que para mí es ser de izquierda. Ni siquiera es tanto por ser de izquierda, sino que es una opción de sentido común, de poesía. Es una visión poética de la realidad, que yo espero tener. Uno no puede dejar de darse cuenta de estas cosas. Hay que decirlo, donde sea y como sea. Todos vamos a morirnos en algún lugar. Si hubiera una dictadura así de fascista, como fue la de Videla en Argentina, ahorita, en el Perú de 2015, de repente me agarran y chau pues: y a ti, y a ti y a ti: a todos. Pero nunca uno debe dejar de decir lo que piensa. Si no, ¿qué clase de vida tienes?




De Poemas no recogidos en libro: primer libro de Mazzotti,
Primer Premio del “Concurso de Poesía Túpac Amaru” de 1980
en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 

 

 

. .








Proyecto Patrimonio Año 2026
A Página Principal
 |  A Archivo José Antonio Mazzotti  | A Archivo César Ángeles Loayza  | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Entrevista con el poeta, activista e investigador José Antonio Mazzotti:
“En el 80, se trata de recuperar el canto”.
Por César Ángeles Loayza y Martín Arredondo Palacios.