1130 Los soldados conscriptos
Montoya Montoya
Chávez Varela
Mardones Cuevas
Y Ortega Astudillo
Caen en un profundo sueño y agotamiento
Son los primeros caídos dejados en la marcha
Los sueños de Montoya Montoya
Un día de mucho calor junto a la ribera del río
Los primos chicos chapoteando en el agua
Las mujeres enfriando sandías entre las rocas
Los varones con los pantalones arremangados
Fuman y conversan en la orilla
Una ojota se escapa y se pierde en la corriente
El sol enceguece
Solo se escucha el murmullo del agua
Los sueños de Chávez Varela
Apenas se le cerraron los ojos
Chávez Varela vio el rostro de la Virgen del Carmen
La Chinita, la Carmelita
La Mamita, la Augusta
La Santa Patrona y Generala de las Armas Chilenas
La misma que con voz dulce y aterciopelada
Lo llamaba por el nombre diciéndole
No tengas miedo, hijo mío
Cruza el arroyo
Ven a mi regazo

Los sueños de Mardones Cuevas
Las noches de caza con el abuelo
Él, pequeño todavía, no tenía permiso para cargar el rifle
Pero sí podía apuntar el foco hacia los matorrales
De repente, dos ojos como diminutas estrellas en la espesura
Que se apagan de súbito luego de un tronar incandescente
Los sueños de Ortega Astudillo
Las tardes junto al fogón, la salamandra, la cocina a leña
El chisporroteo de las llamas cada vez que removía los troncos
El calor abrasador en su cara y en sus manos
Luego de acercarse para agregar más palos
Podía sentir el mismo calor ahora, en todo el cuerpo
Al tiempo que recordaba las historias que la madre le leía al lado del fuego
Podía ver el baile de las llamas
Y escuchar junto al aire caliente que escapaba por la chimenea
Las primeras palabras de su libro favorito:
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano
Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a
conocer el hielo
Baja alimentación de los soldados antes de la marcha
Escasa instrucción militar
Ninguna oposición de los instructores de montaña a realizar la marcha
pese al clima
Ignorar informe climatológico que prevé la tormenta de nieve en el
sector cordillerano
Nulo conocimiento del terreno por parte de los conscriptos
No disposición de traje adecuado para la alta montaña en los soldados
Solo personal de planta del Ejército realiza la marcha con los
implementos necesarios
Tenida de combate empapada de varios conscriptos hasta la cintura al
intentar cruzar el estero El Volcán a menos de un kilómetro del punto
de partida. No hay orden de abortar la marcha
Soldados carentes de brújulas, mapas, relojes u elemento de
orientación
Mochila y fusil de cada conscripto pesan cerca de cuarenta kilos. Carga
que se incrementa durante la marcha al ser mojada por el aguanieve
Cubrimiento del camino por la nevada, apenas marcado por huellas de
camiones y marchas anteriores
La radio de campaña, único elemento de comunicación con los
refugios, falla. No es posible pedir ayuda ni abortar la marcha de la
compañía Andina, que comienza su campaña cuatro horas después de
la compañía Morteros
La tragedia es atribuida a causas naturales
¿cómo está la moral, soldado?.
“Alta, mi Teniente / más alta que el cielo y las estrellas”

colofón (LMS)
Después de enviarlos a la muerte, desde el abuso de una estructura jerarquizada que anula toda dignidad de todos los subalternos, los proclaman héroes, borrando con la designación su responsabilidad, endosándola al espíritu de sacrificio, donde nadie está muerto excepto los muertos.
No hay código de honor ni obediencia debida cuando se condena a perder la vida.
Carlos Cociña.
Antuco es un texto feroz de memoria, donde se pone en escena una crítica de la violencia que implica la normalización de una moral y estética guerrera donde la vida vale según la casta a la que se pertenece. Y esa crítica a la violencia constitutiva del poder, no solo militar, sino del poder a secas, nos devuelve a la certeza de que vivimos en un permanente estado de excepción, donde el poder soberano decide quien debe morir o vivir.
Patricia Espinosa
Quiso el destino que en un 21 de mayo como hoy, otro chileno, también se fue como héroe. Arturo Prat y los suyos se fueron como héroes de una guerra. Hoy despedimos a estos soldados del Ejército de Chile como "héroes de la paz".
Ricardo Lagos
Usaron la palabra "héroe" para reemplazar la palabra justicia. Entonces no hay víctimas, no hay victimarios. No hay responsabilidad ni política ni judicial, ni de ninguna índole.
Hubo solamente una persona condenada por la justicia. Y fue una justicia ordinaria que copió el informe de la justicia militar. Los delitos civiles se dejaron de lado. Esa persona fue condenada a cinco años y solamente estuvo tres, en el resort de Punta Peuco. Es una burla a este sistema de justicia.
Carlos Cardani
Con el tiempo me he ido rehaciendo de a poco. Nosotros somos una familia muy católica. Con mi marido somos catequistas prebautizmales y por eso guiamos a nuestros hijos en la fe. Por eso, también, nunca renegué en contra de Dios. Qué culpa tiene él de los errores del hombre. Fue la frialdad de corazones altaneros y soberbios los que llevaron a estos 45 soldados a la muerte.
María Cristina Villalobos.
madre de José Francisco San Martín, uno de los soldados fallecidos.
Los vagabundos del karma
El cielo es blanco como el suelo blanco
Ciegos e invisibles vamos
En esta marcha
Para no olvidar en nosotros
El recuerdo de nosotros que se borra insistente
¿cambiará esta luna?
Leo Lobos.