1: Cronicario de la Nueva Nueva Extremadura de
Clemente Diego, es un texto difícil de ubicar o
nombrar, pues tanto la forma como el imaginario se
unen en un giro arcaico, compareciendo como una
rareza, como una joya protegida en clave. Al inicio
no sabes ¿cuál es la crónica? y ¿cuál es el
relicario? Al inicio no sabes ¿cuál es el enemigo y
cuál es el asolado? Lo que si reconocemos es cierta
estética arcaica, casi atemporal, una especie de
Aguirre la ira de dios, pero en el desierto. Aquí no
está Klaus kinski retando sus sus soldados, Ni
Aguirre esperando su utopía. Ni tampoco Herzog
modelando el paisaje, Aquí solo hay un voluntad que
resiste al reino con su cronicario de guerra.
2:Una voz recorre este texto como un animal
mitológico, cruza, mixtura, perversión arcaica entre
una crónica y un relicario, fusión injuriante y
barroca para quien lee y ejecuta dicha voz. En este
lugar, esa voz conjuga lo identitario desde la
capacidad de contar, es decir aquí la voz subalterna
habla y asume la propia vida acronicada.
Cito: “Soy yo, el indio, errabundo mestizo
avencidado, quien escribe y quien cuenta, que se
emplasta y se diluye”
3: Una voz corporalizada pone o antepone el cuerpo
extendiéndose más allá de una materialidad que se
vuelve paisaje y territorio. Interesa esa idea, pues
el juego de voces se dibuja localizado en tierra
colonizada donde los sujetos de enunciación se
diferencian y se enfrentan. Uno desea al otro como
parte de un juego de guerra. El otro desea al otro
como un botín. Guerra y deseo, poder y deseo, cuerpo
blanco, cuerpo indígena es una desnudez extrema.
4: Manuel como la figura central y protagonista es
acosada por una voz poética que insiste atribulada
en los castigos por Nefando Pecado que llegan por
sus acciones. El texto se mueve en un rito de guerra
ya lo decíamos, donde el poder sexualizado expresará
un movimiento continuo, hay dos, como dos
continentes en proceso de frotación o choque. Hay
invasión, pero también una respuesta. No es la voz
acronicada de Inca Garcilaso que toma las armas del
enemigo, la gramática del reino y que luego las
vuelve suyas, la eleva en su propia versión. Más
bien es un manifiesto sobre el poder y el deseo,
sobre el lenguaje y el relato, sobre el mestizaje
como salida o también la derrota.
5: Los une la gemelidad ancestral, atávica de dos
lugares en permanente ebullición. Dice la voz nómade
del texto: “Soy yo, el indio, errabundo mestizo
avecindado, quien escribe y quien cuenta la propia
vida acronicada”. Un lenguaje imperativo, terroso,
auratico en un limbo terroso y amarillo como el
desierto de atacama donde Rimbaud no llegó ni ni
pudo llorar a Verlene.
6: Aquí el autor, inscribe cierta poética que toma
voz como oralidad mal sana y la vuelve arma
identitaria”. Una poética donde la historia inversa
se vuelve central. “Hablo y no me callo” en una
historia inversa dice la voz que no quiere el lugar
asignado. Es un contrarchivo de la voz que se mete
en un cuerpo envuelto en lo identirario como
hipercuerpo del deseo injuriado.
7: Clemente Diego ha creado un paisaje único,
definido por quien poetiza lo que narra en cercanía
y peligro con el virreinato del Señor de la Nueva
Extremadura de Coahuila”. Un clamor, un delirio, un
relicario quebrado del deseo en pecado o “unas
memorias sucias de polvo de Herradura”.
8: En la crónica undécima se señala:
otra es memoria,
Aparece,
Plena en rosacruces y estándares
Si el texto de Clemente diego pudiese dibujarse, se
entendería como una mancha virreinal roja avanzando
por el desierto enfrentada a un salar gigante
inhóspito en Atacama, donde la sal promete detener y
secar la sangre de los conquistadores o mejor dicho
invasores. Si este texto pudiese dibujar, este amor
nombrado antes de no nombrarse hubiese recalado en
la tirana, y una virgen abyecta con jeringas en su
coronada los santificaría, virgen abyecta con
devotos chinos maricas y diabladas trans
enfurecidas, dragones transplantados no binaries y
vueltos a renacer.
Dice la leyenda:
“Ñusta Huillac, hija del último Gran Sacerdote de
los Incas, alimentaba un odio mortal hacia los
conquistadores españoles. Cuando Diego de Almagro
volvió al Perú, ella se retiró acompañada de sus
fieles guerreros a la Pampa del Tamarugal, en aquel
tiempo rica región de bosques, donde persiguió y
mató a centenares de españoles. Recibió el
sobrenombre de Tirana, de allí el de la localidad de
La Tirana”
Sabemos que la leyenda se levanta por el amor
castigado de Ñusca con un portugués que la convierte
al cristianismo. Los dos mueren como gran historia
de amor hollywodense, pero también como la gran
historia de la malinche. En el caso de cronicario,
la injuria es afirmativa, es al abismo, incluso sin
necesidad de levantar un altar como en la tirana. El
animo del Pecado Nefando, es peor. Pues el
cronicario es la otra memoria citada o no dicha,
pues acá, el fundamento del relato poético tiene su
conexión principal con nombrar y afirmar.
Cito:
“Tiemblo yo, que no soy yo sino que aquella
—bruja añosa travestida luminosa—
al ver al hombre encapuchado con su cruz.
Se adueña ella de mi imperio,
y se funden mis recuerdos con los tuyos,
engarzados en historias de tu tierra y tu parienta
de ultramar.
Gaditana que derrama
sus recuerdos en crisoles y vaivenes que se
ensamblan y se montan
que se lascan y esquirlajan en añoso trasto sobre el
barro demudado” Cierro cita
La voz habla, y no por hablar deja su subalternidad,
más habla para reafirmarla. Quizás aquí la
estrategia del débil se vuelve precisa en el relato
del fragmento amoroso que es huella y karma,
manifiesto y residuo imperial.
Cronicario de clemente diego, ha construido un
artefacto de otro tiempo, donde se enfrentan mundos,
estéticas y quedan retazos del amor y de la batalla.
De la furia de dios y la de los “hombres del poder”
y los que no.
Cronicario es un mapa de guerra, pero también de un
fragmento del amor o sus propias espinas malinches.
Cronicario vuelve a poner en escena lo nombrable en
tiempos innombrables donde el cronicario era
enterrado con sal y sangre para su sepultura final.