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CRONICARIO la voz que no calla, la voz que desea sin permiso.

Por Juan Pablo Sutherland

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1: Cronicario de la Nueva Nueva Extremadura de Clemente Diego, es un texto difícil de ubicar o nombrar, pues tanto la forma como el imaginario se unen en un giro arcaico, compareciendo como una rareza, como una joya protegida en clave. Al inicio no sabes ¿cuál es la crónica? y ¿cuál es el relicario? Al inicio no sabes ¿cuál es el enemigo y cuál es el asolado? Lo que si reconocemos es cierta estética arcaica, casi atemporal, una especie de Aguirre la ira de dios, pero en el desierto. Aquí no está Klaus kinski retando sus sus soldados, Ni Aguirre esperando su utopía. Ni tampoco Herzog modelando el paisaje, Aquí solo hay un voluntad que resiste al reino con su cronicario de guerra.

2:Una voz recorre este texto como un animal mitológico, cruza, mixtura, perversión arcaica entre una crónica y un relicario, fusión injuriante y barroca para quien lee y ejecuta dicha voz. En este lugar, esa voz conjuga lo identitario desde la capacidad de contar, es decir aquí la voz subalterna habla y asume la propia vida acronicada.

Cito: “Soy yo, el indio, errabundo mestizo avencidado, quien escribe y quien cuenta, que se emplasta y se diluye”

3: Una voz corporalizada pone o antepone el cuerpo extendiéndose más allá de una materialidad que se vuelve paisaje y territorio. Interesa esa idea, pues el juego de voces se dibuja localizado en tierra colonizada donde los sujetos de enunciación se diferencian y se enfrentan. Uno desea al otro como parte de un juego de guerra. El otro desea al otro como un botín. Guerra y deseo, poder y deseo, cuerpo blanco, cuerpo indígena es una desnudez extrema.

4: Manuel como la figura central y protagonista es acosada por una voz poética que insiste atribulada en los castigos por Nefando Pecado que llegan por sus acciones. El texto se mueve en un rito de guerra ya lo decíamos, donde el poder sexualizado expresará un movimiento continuo, hay dos, como dos continentes en proceso de frotación o choque. Hay invasión, pero también una respuesta. No es la voz acronicada de Inca Garcilaso que toma las armas del enemigo, la gramática del reino y que luego las vuelve suyas, la eleva en su propia versión. Más bien es un manifiesto sobre el poder y el deseo, sobre el lenguaje y el relato, sobre el mestizaje como salida o también la derrota.

5: Los une la gemelidad ancestral, atávica de dos lugares en permanente ebullición. Dice la voz nómade del texto: “Soy yo, el indio, errabundo mestizo avecindado, quien escribe y quien cuenta la propia vida acronicada”. Un lenguaje imperativo, terroso, auratico en un limbo terroso y amarillo como el desierto de atacama donde Rimbaud no llegó ni ni pudo llorar a Verlene.

6: Aquí el autor, inscribe cierta poética que toma voz como oralidad mal sana y la vuelve arma identitaria”. Una poética donde la historia inversa se vuelve central. “Hablo y no me callo” en una historia inversa dice la voz que no quiere el lugar asignado. Es un contrarchivo de la voz que se mete en un cuerpo envuelto en lo identirario como hipercuerpo del deseo injuriado.

7: Clemente Diego ha creado un paisaje único, definido por quien poetiza lo que narra en cercanía y peligro con el virreinato del Señor de la Nueva Extremadura de Coahuila”. Un clamor, un delirio, un relicario quebrado del deseo en pecado o “unas memorias sucias de polvo de Herradura”.

8: En la crónica undécima se señala:

otra es memoria,
Aparece,
Plena en rosacruces y estándares

Si el texto de Clemente diego pudiese dibujarse, se entendería como una mancha virreinal roja avanzando por el desierto enfrentada a un salar gigante inhóspito en Atacama, donde la sal promete detener y secar la sangre de los conquistadores o mejor dicho invasores. Si este texto pudiese dibujar, este amor nombrado antes de no nombrarse hubiese recalado en la tirana, y una virgen abyecta con jeringas en su coronada los santificaría, virgen abyecta con devotos chinos maricas y diabladas trans enfurecidas, dragones transplantados no binaries y vueltos a renacer.

Dice la leyenda:

“Ñusta Huillac, hija del último Gran Sacerdote de los Incas, alimentaba un odio mortal hacia los conquistadores españoles. Cuando Diego de Almagro volvió al Perú, ella se retiró acompañada de sus fieles guerreros a la Pampa del Tamarugal, en aquel tiempo rica región de bosques, donde persiguió y mató a centenares de españoles. Recibió el sobrenombre de Tirana, de allí el de la localidad de La Tirana”

Sabemos que la leyenda se levanta por el amor castigado de Ñusca con un portugués que la convierte al cristianismo. Los dos mueren como gran historia de amor hollywodense, pero también como la gran historia de la malinche. En el caso de cronicario, la injuria es afirmativa, es al abismo, incluso sin necesidad de levantar un altar como en la tirana. El animo del Pecado Nefando, es peor. Pues el cronicario es la otra memoria citada o no dicha, pues acá, el fundamento del relato poético tiene su conexión principal con nombrar y afirmar.

Cito:

“Tiemblo yo, que no soy yo sino que aquella
—bruja añosa travestida luminosa—
al ver al hombre encapuchado con su cruz.
Se adueña ella de mi imperio,
y se funden mis recuerdos con los tuyos,
engarzados en historias de tu tierra y tu parienta de ultramar.
Gaditana que derrama
sus recuerdos en crisoles y vaivenes que se ensamblan y se montan
que se lascan y esquirlajan en añoso trasto sobre el barro demudado” Cierro cita

La voz habla, y no por hablar deja su subalternidad, más habla para reafirmarla. Quizás aquí la estrategia del débil se vuelve precisa en el relato del fragmento amoroso que es huella y karma, manifiesto y residuo imperial.

Cronicario de clemente diego, ha construido un artefacto de otro tiempo, donde se enfrentan mundos, estéticas y quedan retazos del amor y de la batalla. De la furia de dios y la de los “hombres del poder” y los que no.

Cronicario es un mapa de guerra, pero también de un fragmento del amor o sus propias espinas malinches. Cronicario vuelve a poner en escena lo nombrable en tiempos innombrables donde el cronicario era enterrado con sal y sangre para su sepultura final.


 

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CRONICARIO la voz que no calla, la voz que desea sin permiso.
"Cronicario de la Nueva Nueva Extremadura" de Clemente Diego.
Santiago de Chile: Palabra Editorial, 2023, 54 páginas.
Por Juan Pablo Sutherland.