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La poesía de Carlos Germán Belli
Por Julio Ortega
Publicado en revista TEMAS, N°13 Uruguay, julio-agosto-septiembre 1967
La publicación de la poesía completa del peruano Carlos Germán Belli (El pie sobre el cuello, Alfa, Montevideo, 1967), sin duda no ha pasado desapercibida a la crítica latinoamericana.
No insistiré pues en los indudables valores de
esta poesía; creo sí que es necesario ubicarla
en el proceso actual de nuestra poesía, y referirla a la problemática social peruana, de la
cual parte.
No hace más de una década que la poesía
peruana viene precisando ideas y estilos dentro
de un proceso realista. La insurgencia de la
llamada "poesía social" inaugura en el Perú la
preocupación "temática" por los problemas considerados "objetivos" frente a la "subjetividad"
de la poesía en uso, tildada de "purista". Lo
cierto es que dos tendencias dividieron, tal vez
con cierta ingenuidad esquemática, el trabajo
poético: la poesía pura, intimista, originada en
el post-simbolismo y en el surrealismo, y la
poesía social, nacida sobre el último Vallejo,
Neruda y los poetas sociales españoles.

Es obvio que la poesía social atendía a un
resorte claramente político. Pero sus mecanismos poéticos eran, en realidad, bastante simples. Cierta tensión léxica, basada en una imagen
tradicional de la lengua, y el esquematismo elegíaco, definieron su mecánica formal. Ideológicamente, esta poesía suponía, además, una disyuntiva entre "lo objetivo" y "lo subjetivo", deslinde que proseguía en la diferenciación, tajante,
entre "teoría" y "acción". Pues bien, estas ideas
terminaron por estrangular a esos poetas: los mecanismos utilizados no permitían seguir incorporando realidad a sus poemas, y la poesía que
hicieron fue sumamente simplificada en la ilusoria creencia de que escribían para un público
fácilmente identificado como "el pueblo". Por
lo demás, la Revolución o la libertad que prometían con tanta firmeza para el día siguiente,
reveló tener otros ritmos, por cierto más complejos.
Hoy esa poesía ha envejecido. Y los poetas
que siguen repitiéndola han llegado a una suerte de zona árida; como si se hubiesen detenido
ante un muro y se diesen de cabeza contra él,
esos poetas revelan una crispación realmente
dramática para un creador: la realidad ha sido
polarizada entre la posibilidad de la revolución
o del cambio y la situación actual que no ofrece
mayores signos efectivos de ese cambio; en la
árida zona intermedia, el poeta pierde terreno:
no atiende ya a los movimientos sociales, no
enriquece su captación, y no es raro si la esterilidad se insinúa. Es obvio que esta situación se extiende a otros poetas latinoamericanos.
La poesía de Carlos Germán Belli, desde su
inicio, revela la exigüidad de semejante perspectiva. La supuesta división entre poesía social
y poesía pura, no funciona en el caso de Belli.
Sus primeros poemas, dentro de una teoría post-surrealista, están ya teñidos por una sicología
local. Y es que la poesía de Belli retoma una
poética, que, implícita ya en Vallejo, había sido
desatinada: la poética del "yo", la experiencia
personal como medida de la realidad. De modo
que aun en los poemas surrealistas de Belli se
percibe esa participación de la experiencia local. Los sentimientos de la propiedad privada,
de la frustración y el dolor social, se insinúan
en esos poemas de formas libres, recorridas por
un incisivo humor.
Pero luego la poesía de Belli abandona el
surrealismo y forja algo completamente original: recurre a las formas más rígidas de la poesía
española clásica y las imbuye de un sentimiento más desgarrado, actual, dramático. Un sentimiento de rebeldía y amarga culpa recorre ahora
la poesía de Belli: se trata de alguien que da
testimonio de una tortuosa enajenación. Pero
narrando su propio dolor, Belli ha conseguido
transparentar situaciones de nuestra realidad
concreta; su poesía cuestiona, a pesar de su
reducida temática, un vasto panorama: las condiciones del trabajo, la ruptura del hogar tradicional, el desajuste de la vida privada y pública, el sentimiento de una sociedad frustradora, y la convicción dramática de que esa sociedad encarna el destino a través de crueles
y ciegos hados y poderes.
Su elección de formas clásicas tampoco se
origina en una simple voluntad literaria. Refleja, más bien, de qué manera un poeta que empezó adhiriéndose al surrealismo, plantea, por
contraposición, su sentimiento de un mundo en
proceso de cambio. Esas formas, con su serenidad y prestigio, con su rotunda trabazón, señalan aquella espiritualidad organizada que esta
poesía parece defender en su tácito humanismo,
y en la proyección ideológica de su crítica. Porque la larga condena de la realidad inmediata
que esta poesía supone no anuncia un simple
nihilismo, como parecería a primera vista. Hay,
más bien, una defensa de lo que al negar se
afirma: un humanismo renovado, donde todos los
desajustes advertidos entren en armonía. Estéticamente, esas formas y los sentimientos tratados crean una irritada tensión, una atmósfera
expresionista, densa, que a la larga anuncia la
proyección contemporánea de esta poesía. Al
mismo tiempo el lenguaje de Belli concilia un
léxico arcaizante con otro más o menos "técnico" o moderno, además de estar enriquecido
con peruanismos y giros coloquiales.
Dentro de la poesía peruana, a pesar de ser
un caso solitario, la obra de Belli plantea, pues,
una verdadera crítica de la situación social,
mucho más veraz que la intentada por los mismos poetas sociales. El dramatismo de esta poesía parece corresponder, de algún modo, a las
actitudes poéticas del chileno Nicanor Parra y
del mexicano Jaime Sabines; en el tratamiento
es posible hallar también algún parentesco con
la excelente poesía de Juan Cunha. Al mismo
tiempo que Belli, otros poetas peruanos —como
Pablo Guevara y Cecilia Bustamante— han trabajado sobre un sentimiento contemporáneo, que supone la superación del peso temático y del
tono intimista. Este trabajo intenta, sobre todo,
la búsqueda de un tratamiento contemporáneo
para una problemática más universal, si bien
—como siempre en la poesía peruana— teñida
de participación local. De modo que hoy la poesía peruana parece librada de ataduras a veces
extraliterarias, y busca particularizar su trabajo a partir de la realidad local, pero con una
proyección estética más actual. Es posible, por
eso, que la poesía de Belli vertebre el panorama anterior y la situación poética reciente.
Reflejar la realidad a partir de la experiencia
personal, y hacerlo sobre formas contemporáneas, es también intención de los poetas más
jóvenes. Este mecanismo de creación ha permitido, por lo pronto, que la joven poesía peruana tenga abierto un amplio campo para incorporar a su trabajo; es así que la historia,
los movimientos sociales, la situación mundial,
son ya tema inmediato de esos poetas. Y su
actitud frente a la situación peruana es también
más concreta, y tal vez más efectiva: buscan
armar sus poemas sobre valores nuevos que sostengan la imagen de una sociedad distinta que
persiguen. Aquella zona árida, que fue riesgo de
una generación, hoy no existe para los últimos
poetas; ubicados en un neo-realismo y una voluntad de proyección estética, ellos acaso logren
un ajuste entre individuo y colectividad, entre
lenguaje y cultura en proceso de transformación.

PLEXIGLÁS
Este cuero, estos huesos, esta carne,
días hay que no sufren por milagro
el tenedor, las hachas, el cuchillo,
que el gerifalte tal un matarife
limpia, agila y afila con primor,
para hincar luego y dividir en trozos
al más avasallado de la tierra;
pues veces hay que por ensalmo mil
el cuerpo que hipa pasto no es del filo,
sino de plexiglás cual res el alma
de la que cortan y pesan y ponen
en el seno de un turbio celofán
el alón de la mente y el filete
no de carne, no, pero sí de aire.
POEMA
El fraude por mí cuánto propagado
en el amor mal cuerdo embebecido,
que me donaron apiadables hados
a que al viviente al fin me semejara,
perdonádmelo, ¡oh vástagos amados!,
porque os he tramontado a este valle,
bien que los duelos yo a sabiendas mil
las hondas entretelas puras ciñen
de plantas, piedras, hombres y animales,
en donde, ¡ay prendas mías!, tanto impune
el tiempo como pira supersónica
de la vida incinera el mozo estambre.
POEMA
No eches aún por mi súbita mudanza,
¡ay muerte!, el bofe y rompe el contubernio
ya antiguo con mi fiero trabajuelo,
que tan de poca monta es cuanto priesa
por halar tienes rauda mis despojos,
y que a bocados va despedazándome,
como leonera asaz endemoniada;
pues quiero que en su seso mi progenie,
por quien boto yo el bofe, tal conmigo
a la sazón mis trasudados padres,
o al presente, ¡ay infatigable muerte!,
cobijar pueda, bien que muy lejana,
de mi siquiera una leve memoria.
AMANUENSE
Ya descuajaringándome, ya hipando
hasta las cachas de cansado ya,
inmensos montes todo el día alzando
de acá para acullá de bofes voy,
fuera cien mil palmos con mi lengua,
cayéndome a pedazos tal mis padres,
aunque en verdad yo por mi seso raso,
y aun por lonjas y levas y mandones,
que a la zaga me van dejando estable,
ya a más hasta el gollete no poder,
al pie de mis hijuelas avergonzado,
cual un pobre amanuense del Perú
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