Cada vez que me refiera al nombre del libro: Cajas de Cartón Café, lo diré señalando esta notación, C al cubo, lo llamaré así no solamente para abreviar una probable denominación “triple C o tres C”; sino que por el estilo y la estructura de la construcción del conjunto de textos que contiene, una letra al cubo, nos lleva a elevarla a la tercera potencia, tal acción es analógica al cálculo del volumen del cubo, búsqueda que se resuelve en la multiplicidad de opciones durante el transcurso de la operación cúbica y comparativamente a cómo se expresan los elementos expuestos en C3.

La lectura de los textos, temáticamente se centra en las cajas de una materialidad cruda, opuesta a las cajas de archivo pre caratuladas, que pueden ir de lo bidimensional a lo tridimensional, las figuras se van armando a medida que avanzamos en la revisión de un espacio circunscrito, visualizándose entre las sombras que se crean o se cuelan en el transcurrir del develamiento de esas formas, considerando el peso de las cajas, portando un mensaje de promesa de tener algo dentro, o haciéndolo efectivo, estando llenas, o al menos poseyendo peso en su interior, en un movimiento de lo interno a lo externo y viceversa, del vacío a la elucubración del contenido (concreto o abstracto).
Al momento de acercarme a estos textos, encontré un juego, que se encarga a través de una continuidad poética, urdida con un léxico cotidiano que reúne imágenes que va desplegando intentos por reconstruir estos objetos unívocos con doce aristas. Que se asimilan a cámaras insonorizadas, de forma todas iguales, pero de diferentes tamaños que son las cajas unidas en su armado con cintas de embalaje café o transparente que suavemente se deslizan por sus junturas.
También las cajas se autoconstruyen, armándose para desplegar sus caras formadas por líneas. Expresan el tránsito de lo natural a lo artificial, porque el cartón proviene del árbol, y a ese origen se puede volver simplemente con la aparición de un brote y/o de un universo encerrado.
En C3, la voz poética subraya el gusto por los significantes que están cargados de sentidos concretos que retrotraen a un espacio que en este caso se encuentra casi siempre vacío, y tal como las palabras que asociamos a ideas, y en esta propuesta pueden contener objetos reales o conceptos que van anclándose a algún vértice unido gracias a la acción de la goma que recubre a las cajas.
El texto a modo de una realidad 3D nos acerca al interior de mundos que podemos explorar, las Cajas de Cartón Café, y sus variantes, se nos presentan en su lugar de descanso, y retrotraen a asociaciones mentales que nos identifican, siendo que las cajas hoy se encuentran tras el buzón de preguntas de alguna red social, el encargo vía remota ritualizado con el unboxing, el descubrimiento de productos nuevos que probar, abriendo, descascarando lo que estábamos esperando, rompiendo el plástico que recubre la promesa. El delivery es transportado en una caja, en la que se encuentra el contenedor donde viene la comida o el objeto que hemos recibido, como en el texto de C3 que se detiene en la visualización de los cubos que contienen a otros.
Quisiera destacar a la caja de leche que implica la búsqueda de alguien con nombre y apellido, pero ¿quién busca?, se definirá por el azar de quién tome ese objeto, y tal como los reflejos, que son ecos, o sonidos imperceptibles no es definido necesariamente por una fórmula de probabilidades, sino que la elección puede estar dada por un algoritmo artesanalmente elaborado y si el match es perfecto quién tome esa caja podría saber dónde está la persona que aparece en la foto.
Este discurrir poético se encuentra anclado al siglo XX, a un momento donde lo cotidiano, y parsimonioso, es tomado por el claustro poético. Pretendiendo que la forma y la expresión guarden relación, estos predecesores se relacionan con la forma contenida, y en este caso este conjunto infinito de textos constatado en un conjunto finito que se denomina libro, no abusa sino utiliza las aristas, los cuadrados, las figuraciones y ángulos. A través de la iteración, intertextualidad, fragmentación y combinatoria de las palabras.
Dentro del panorama actual, hay multiplicidad de voces que tratan sobre las materialidades del lenguaje por medio de la objetualidad, tal como Martín Gubbins, y en la tradición chilena podríamos mencionar a muchas/os que han desarrollado su trabajo en este espectro. Esta poética se inserta en ello utilizando la comprensión del espacio, conjugando lo melódico del silencio incrustado en la sonoridad extendida en lo textual− escritural de posibilidades cúbicas. Carla Carrasco, en su tesis inédita, Formas del no decir (2018), apunta que la poesía experimental “no desea que la contemplación del objeto artístico se desentienda de la materia que lo posibilita. La pone en evidencia de tal modo que siempre, sumado a los posibles sentidos de la obra, estará latente el cuestionamiento y la reflexión acerca del proceso de creación”. Es así como el lector podría reconstruir el texto de C3 recreando su propia versión.
El vacío y el silencio en C3 tensionan el espíritu de lo que se encuentra en las cajas de cartón café, como en la póstuma caja donde descansa un cuerpo sin vida, que no intentará descifrar el silencio.
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Bibliografía
Carrasco, C. (2018). Formas del no decir: procedimientos experimentales para una poética de Martín Gubbins [Tesis de Magíster [inédita], Universidad de Chile]. Repositorio Institucional de la Universidad de Chile. https://repositorio.uchile.cl/handle/2250/169818