Adolfo Couve
 
 



LA LECCIÓN DE COUVE
Retrato de artista

por Mario Valdovinos


..... De acuerdo con la vieja enseñanza, "Describe a tu aldea y serás universal", Adolfo Couve intentó ser el adelantado y fundador de un espacio tornado mítico por la fuerza de su palabra, para lo cual, más temprano que tarde, abandonó la ciudad de Santiago, un fragmento de su menosprecio del mundo, debido a una vida social signada por el dinero, los hechos triviales, los triunfadores de pacotilla y el olvido sistemático de quienes planifican una arquitectura secreta.
..... La literatura de Couve es un único y precioso libro miniado, al estilo de los incunables del medievo, como los pescaditos de oro que engastaba sin fatiga el coronel Aureliano Buendía, cuando venía de vuelta de todo. Su muerte trazó otra vez la estela del desarraigo en la propia tierra y abrió un nuevo surco en el acto insensato que coronó el afán bolivariano: "Arar en el mar". La verdad es que había sobrevivido en exceso a los embates del ninguneo y la indiferencia, superando toda moratoria, y vivía su exilio tardío en Cartagena, la tierra ajena donde buscó cobijo. Allí pintaba, escribía, meditaba, cuidaba el jardín, paseaba por sus calles y sus cerros. Aunque por sobre todo observaba las vidas mínimas en las pensiones y allí situaba sus relatos. De ese afán cotidiano surgieron los personajes Marieta, la musa; Camondo, el pintor de caballete, y Sandro, el fotógrafo playero, triángulo pasional y estético de su penúltima novela, La comedia del arte.
..... El don eminente de su literatura es la observación; escudriñaba con mirada sutil en las cosas, en los seres y su entorno, componía con la paciencia de un alfarero sus cuadros y relatos, hacía trascendente un microcosmos de banalidades; de pequeños proyectos de vida o de su ausencia; se dedicaba a contar la gotera de las horas muertas, los desplazamientos y las conversaciones inconsecuentes.
..... No pocas veces pasé por Cartagena maldiciendo la vulgaridad, la decadencia, la polvareda, el gentío bajo el calor sofocante de sus vacaciones de pobres, con el propósito de visitarlo y decirle, como a Edwards Bello, Violeta Parra, Alfonso Alcalde, Armando Rubio, Rodrigo Lira y un largo etcétera, que la tarea inútil, el castigo de las imágenes, los colores y las letras que le caían día y noche (y lo dejaban insomne) sobre la cabeza, tenían un eco por mínimo que fuera. Tal vez el intento era imposible porque el escritor había cercado su isla y vivía amurallado. Cartagena, tan lejos, tan cerca, el sitio más remoto de un país remoto. Sin embargo, sus libros, las historias que urdió con precisión artesanal y perseverancia de reo, embellecieron la decrepitud y devolvieron a las cosas no los fastos del pasado sino su reubicación en un orden que las preservaba del derrumbe final.
..... Couve estuvo muy lejos de pretender erigirse en un faro, el atalaya trepado a los roqueríos cartageneros para que los barcos no encallaran. No buscaba impartir lecciones a nadie y en su soledad latía el sueño goyesco de la razón que produce monstruos y también la voluntad de establecer un diálogo con algunos fantasmas a los que rescató de su aparente superficialidad. Dostoiewski se preguntaba: "¿Qué hacer en la literatura con los seres absolutamente vulgares?" En el fondo, se trataba de dotarlos de una trascendencia y universalidad que no pueden evidenciar y que la mirada profunda y sensible de un escritor como él descubría en las bastardas servidumbres, en las rastreras domesticidades, en los vergonzantes planes, en la instalación de los pequeños
negocios.
..... Los temas de Couve son los del llamado minimalismo, del que fue, al mismo tiempo, un precursor y un continuador en la línea de González Vera, Carlos León y, en sus esencias, absorbió el caudal de la admirable fundación poética de Jorge Teillier, el aldeano. Si buscásemos un parentesco, mantiene una proximidad con Raymond Carver y no pocas de sus novelas parecen una crónica del mundo que pintó Edward Hopper, aunque también sus páginas suelen estremecerse con las brisas que soplan las pinturas de Chagall. Su sello, claro está, no es la ruptura ni la transgresión. Como pintor, y la literatura podemos considerarla un afluente de su pintura y viceversa, desciende de los maestros Pedro Lira y Pablo Burchard; su raíz era la búsqueda de la belleza en el sentido de Gabriela Mistral, cuando en el primer mandamiento de su "Decálogo del artista" señala: "Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el universo" y mucho menos el mandato de Breton: "La belleza será revulsiva o no será".
..... Pintaba bodegones, naturalezas vivas, la luz que cae sobre una mano, una cabeza; objetos elementales vistos con el prisma de una mirada clásica y un tratamiento formal contenido y sintético.
..... Toda la materia de imágenes y palabras creadas por Couve, el artista huraño y evasivo, es un espacio periclitado, un universo de fábula. Paradójicamente, el despeñadero donde arrojar, en la hora postrera, sus restos. El fuego de hoy, o el de mañana, consumirá sus despojos que serán cenizas, como en el soneto de Quevedo, mas tendrán sentido.
..... A pesar del cansancio, así lo creemos, las olas siguen reventando en Cartagena y en la orilla de la playa aún lo aguardan, para tomarse una fotografía con su creador, sus personajes: Alamiro, Camondo, el señor Balande y el pirata Márquez Pinto.

 

en El Mercurio
8 de sptiembre de 2002

 

 

 
 

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