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HIPÓTESIS DE NOSOTROS QUE CONFUNDIMOS LA SOMBRA CON POMPEYA


(Fragmento del libro inédito "La muerte de Caín (en el nombre del hijo)"

ERNESTO CARRIÓN

 

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en uno de sus múltiples viajes -fuera y dentro del corazón del alcohol- pero siempre lejos de sí como un gallus, Sigbjorn Wilderness escribió que la vida misma era algo parecido a la desolación que nos asalta, eternamente, al atravesar el poema de La Tierra Baldía sin entenderlo. Un hombre que, aterrado por su crueldad, su ignorancia, su miedo al desalojo, ya no pertenece o distingue el mundo que ha creado.

poco o nada queda de el homo eticus que, sin echar un vistazo al cráneo de la luna, ajustaba los escombros de sus pensamientos para estar a gusto con sus semblantes que desaparecen. Pues muy a pesar de que alcanzaba plena conciencia de sí mismo (rozando su clavícula con otras), sucedía a la par de este "viaje" un viraje hacia la incertidumbre, un asentamiento del dedo en la llaga, un tensar geométricamente correcto, donde la lisura mentía o miente; provocado por lo limitado de la expresión y los sentidos, en esa fragilidad que otorgan la experiencia y la expectativa humana (sin embargo en este acuerdo no entraría jamás la desesperación o la angustia, que de idéntica manera sólo se somete a sus contrarios. Y ya que el prójimo es esta masa ad infinitum -sin andamiaje posible- la desesperación está condenada a retorcerse en sí misma, hasta el fin de los días.)

es entonces cuando el discurso se piedra ante un hombre encerrado en sus sentidos, enajenado por la frustración y el desarraigo. Enamorado de un sentimiento oceánico hacia sus semejantes (que no le pertenecen). Escindido por las opciones-decisiones, que irremediablemente lo obligan a interpretar y ser interpretado. Imposibilitado a desmadejar el cortinaje de un mundo donde hay más llanto del que pueda comprender... Encaramándose entre sujeto y objeto como un suicida reprobado alrededor de sus urnas. Como ese fiel gallinazo, quemándose en su gula, que no logró retornar sobre el último aire. Aferrándose a esta cáscara indecente,

 

 

1
no sé mentir, como todos, afirmado contra una vacuidad más completa que el sueño. Ya he perdido la risa, la fidelidad en los gestos; y la dureza de mis rodillas, que ahora se

paralizan por los desplomes del amor y mi deriva en su aplazamiento -que no deja de

secarse contra mi palma abierta-. Hacedor de agotamientos, sin acertar a desmembrarme

en la unidad del otro, de mí jamás se conocerá estabilidad posible. Ni mis cuarteles de viajes,

ni mis cartas de caricias propensas a indagar un paraíso.


no estas rojizas riberas donde la tierra reconoce por su hambre al huésped.

aquel que se somete a sus verdades que no existen…

al menos yo me someto a nuestros cerdos, que son reales

 

 

2
aún no comprendo este sol que, en trance de relato, se posa suavemente sobre la fraternidad de la violencia que va dejando mi casa, hundida en sus contornos. Señal del

efugio del tiempo que obliga su movimiento a la abstracción absoluta (¿acaso también a

mi abstracción absoluta?)


y quedándome más cerca, jugando mayor rato, observo como el lenguaje -esta aspereza

como categoría- va ciñéndome a un follaje de inmenso lirio. Como este cuerpo aguijado,

que retiene mi cuerpo, a pesar de su atalaje, no es de antaño. No me pertenece.


así, solamente mi compañero de llagas habita en la espesura.

comba las manos que no podrán vivir sin despulpar la sombra que florece a su ida.

 

 

3
el viejo bibliotecario, ciego como los topos, a pesar de la evolución más creativa, contaba historias fantásticas a su reloj de arena. Los hijos, dimensión moral que habrá

muerto en equilibrio, se agarrarán de los árboles por el placer repetido de esquivarlo todo.

Cristo se ocupará nuevamente de callejuelas estridentes llenas de insectos. No paseará el

Amor, pero los hombres se irán llenando de condiciones.


nosotros jamás fuimos nosotros, eso queda claro -on me pense?- y así será el poema: el

último poema que nos proteja del viaje hacia nosotros mismos. Piensa, por ejemplo, que no

hay hombre que no sueñe con su banal cadáver. Rigor Mortis. Que tu coartada será

perfecta al haber pasado tan rápido por esta tierra.

 

 

4
tres, cuatro días en el bar, inventando el animal que acaricie el despojo. Siento mi lengua, empozada, duplicándose en su charco que ha revisado mis dientes, como buscando

al andrajo que sostiene su baba.


he llegado a pensar que la sangre fluía alguna vez por mi cuerpo. Que alguna vez

recorrió, desde la comisura de mis labios, hasta la recaptura necia de mis costras. ...para

luego terminar así, tan conmovedoramente, tan insulsamente en los brazos de otros.


¿pero es posible sumergirse entre la sombra?; quiero decir, ¿Entre la sombra aborrecible y

su colmena apedreada, sin que nos invite a partir tan poca gente? ¿Y es posible, quiero

decir una vez partidos, idos, aherrojados a ningún futuro, echar ancla en el mar, después

de haber nacido en él, sin orientar los vientos?

 

 

5
no hablo de este vértigo, de este derecho a la vida o a la muerte que me ha sido

negado. Hablo mejor de esta piel, que es acaso una mazmorra de lluvias llenándose

en silencio. Un rastro como el deseo que no espera dos veces para humillarnos. Una barca

destrozada, en la mitad de la arena, que no ha caído en cuenta de su derrumbamiento.


hablo mejor de las leyes de los romanos, que daban siempre al marido el derecho o

beneficio sobre su progenie. Hablo de los Hurones, los Hotentotes y los Griegos donde el

robo era permitido y recompensado.


hablo de aves y ranas, que he crucificado en el bosque -con tres clavos por el vientre-

contra un árbol firme.


hablo de tanto pueblo considerado idiota.

 

 

6
mi padre, honrado como su padre,
se ha pasado 58 años enamorando mujeres

que no han podido ganarse el pan

sin la entrepierna.

Misses Rose, no se casó jamás

y guardó luto hasta su muerte por un joven doctor

que no llegó a desposarla.

Mi abuela, negra como el silencio en la boca del siervo;

cuidó de 14 nietos y de hijos a los que ofende su color de tierra.

Luis Alberto Bustamante -amigo de pubertad-

pasó 27 años del trabajo a su casa,

y estudió religiosamente a pesar de su cariño hacia ROMA PAGANA

(no cumplió jamás los 28).

El cornudo de Da Silva que perseguía gulas terribles -en ninguna parte-

trató bien a toda mujer y toda mujer pateó su trasero noble.

Y lo que quiero decir es

que he visto el amuleto corroído que acaricias con tu mano

vida pretérita.


La sal de los sacrificios sobre tu playa tomada.

 

 

7
(¿en qué queda la provocación del demonio tocando su mano eólica, semilla de mi medrugo, si al final no vencerá la locura; o la alegría más sencilla, que se escandaliza como

el amor, por llevar asechanza? ¿Los pasos que -en sus viejos semiciclos- no dejan

musgo o colonia sobre perfecta piedra; no dejan sol de raíces, dilatándose en la suma de

mis convicciones?)


mas ahora, todo degollado, ya asesinado todo de una buena vez, ¿qué quedará por

penetrar bajo ese túnel almíbar de la vigilancia embriagadora y su presencia que nos iba

haciendo libres? ¿qué por abrir palpitante, refregándose las uñas, sin mejores motivos,

que la preparación del futuro para regalar a la poesía?


en este sitio de nombres clandestinos -de escuela impregnada en el dolor más puro- sólo

resiste ese Sísifo, mirando rodar su piedra mientras transcurre el desolar de las hojas, sobre

su espalda breve; sobre sus hombros sin porte, sin estatura mayor a la de una rosa vencida

que tose junto a un puente, que es puente sólo a fuerza de sus paseantes.


pero que en la lejanía de la noche, arqueando la madrugada donde el gallo encanece a golpe

de relámpago, se aferra a cualquier figura que aprecie su latido.

a cualquier bulto indeciso y tembloroso que postergue el mundo.

 


8
de mi madre recordaré la celda de su mueca. Doblemente feroz cuando lograba acariciarme acaso dentro. Los papalotes y ardillas que chillaban empapándose de árbol. El

patio que se fue quemando, olvidado y desafiante, como todo lo demás, sin cumplir sus

deseos. El vicio que ha tenido desde siempre su tejado propio… ...... ¿Volveré acaso yo

a la casa abandonada? ¿al trabajo descuidado por amor a la luna? ¿A las mismas enseñanzas

que no lograron convertirme en ningún hombre?


¿al júbilo que hoy mueve su hojarasca como cosa visible?

 


9
quedará acaso en una pesadilla de Cleopatra un lugar de nosotros, donde todo perezca. Darle bulto a ese dios que aborrezco, consciente del gusano que clausura el

fracaso. Sin embargo el muerto, o mejor dicho el no-muerto, es quien camina

mientras palabras nos devoran cuidadosamente sobre un tablado donde el mundo

ensaya el mundo. La queja nos parece diferente. El hambre, siempre el hambre.


No dibujes un animal que se parezca demasiado a nosotros mismos, dijo dios, mientras

su imagen se evaporaba en mis narices, apretándome el sombrero. Hermoso es el oficio

del que duerme despacio sin oír a Pelletier buscando su cabeza. Has tenido tantos años para

perfeccionar tu arte y no lo has hecho, has tenido tantos años para hacerte algún hogar y

no lo has hecho; que tu espíritu no conoce otro remedio que cantarle al franco muro que

elevaste entre el que piensas eres tú, y el que termina perdonándose a sí mismo.


entonces el sol ya estaba en lo alto, atado en la mitad del cielo.


a la orilla del río volvería la música, otra vez encabritada y funesta abrazándose a su tabla

de lloviznas. Monte para arriba, resollaba el silencio. Yo recordaría, más tarde, que mi

fuerza radicaba en el desgano. Que nada podría salvarme de no admitir la mentira. De no

matar al hombre. Rey que mendiga su espejo en la palabra inocente.

 

10
ha sido fiel la serpiente que ha creado al hombre. La represión consiste en hacer (en cómo negocias tu derecho a mirar de frente). Porque hagas lo que hagas dañarás a

otros. Porque en toda voluntad está el demonio.

 

 

 


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Hipótesis de nosotros que confundimos la sombra con Pompeya.
(Fragmento del libro inédito "La muerte de Caín (en el nombre del hijo)".
Ernesto Carrión.