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Marcos Canteli

Por Ernesto González Barnert

 

Marcos Canteli (Bimenes, Asturias, 1974) ha publicado los siguientes libros de poesía: Reunión (Barcelona: Icaria, 1999), enjambre (Madrid: Bartleby Editores, 2003) y su sombrío (Barcelona: DVD Ediciones, 2005), libro por el que obtuvo el XXXI Premio de Poesía Ciudad de Burgos. Ha traducido el libro Pedazos del poeta norteamericano Robert Creeley (Madrid: Bartleby Editores, 2005) y el Libro de jaikus de Jack Kerouac (Madrid: Bartleby Editores, 2007). Fue miembro del consejo de redacción de la revista Solaria y de la colección Nómadas de poesía. En la actualidad coordina la revista electrónica de escritura & poéticas:   http://www.7de7.net / . Y el blog: http://dandolavoz.blogspot.com/ .

Ahora bien, La lectura de la Poesía de Canteli, denota que estamos en presencia de un autor sólido y fascinante. Un poeta, a secas, cuya escritura destaca por el manejo preciso, cierto espíritu lúdico, una profundidad y fuerza que, sin perder sutilezas rítmicas o de contenido, sabe que tiene que decir, y lo dice muy bien. Sin duda, una voz como tantas otras escribiendo al más alto nivel en lengua castellana. Una voz que se mide con los maestros y espera ser derrotada, como cada uno de las que coexisten, con honor. Una voz que busca ensanchar sus límites, reconocer sus fronteras escriturales, experimentar, darse desde y para la literatura, “estar: en el rigor y en la libertad”, etc. Pero sin chapotear en lo falso –como diría Flaubert-. Consciente que uno escribe lo que necesita leer, que de alguna manera uno intenta ensayar o comprender el mundo, hallar una posición en él. Que uno entiende que escribir no produce un gran placer, pero es peor si no lo haces.

- ¿Cómo llegaste a la Poesía?
—En los primeros años de facultad: lecturas y entusiasmos compartidos, deslumbramientos (la poesía de Gamoneda y su amistad generosa, muy en particular). Fue entonces, como a principios de los 90, cuando pusimos en marcha la revista Solaria, en su primera etapa.

- ¿Qué ha significado para ti la Poesía?
—Un modo de estar: en el rigor y la libertad.

- ¿Para quién escribes?
—Escribo.

- ¿Cuándo escribes necesitas algo a tu alrededor, alguna cosa, haces algo en particular, etc?
—Eso va variando, según el momento: antes era un folio doblado, éste o aquel bolígrafo, luego el portátil, para el último libro la moleskine; ahora: una libretita kafkiana que me regalaron este verano. En cuanto al entorno: también va variando. Antes creía necesitar el silencio, ahora, en cambio, cedo a las interrupciones y casi las agradezco, dejando que se incorporen a la escritura.

- ¿Cómo es tu proceso escritural? ¿Cómo trabajas hasta concretar un poema?
—Si te parece, voy a reciclar algo que escribí hace poco para una poética, y con ello te contesto a esta pregunta:

Acumulación, recorte, montaje: al pensar en esas tres fases de la escritura de un poema advierto un cambio entre a la escritura de hace unos años y la de ahora: antes, las tres fases ocurrían de forma prácticamente simultánea. Una vibración de memoria o mirada (acumulación) manifestándose como materialidad susceptible de ser perfilada (recorte) o desplazada (montaje), todo en un lapso breve y físico. Eso, al margen del tiempo previo de atención, del llamado, la voluntad del poema (de duración variable: desde lo instantáneo a una búsqueda más o menos demorada en días).

Ahora, en cambio, la fase acumulativa se desliga visiblemente de las otras dos: está el cuaderno donde a lo largo de un día, de dos, voy recogiendo materiales oídos, leídos, pensados, etc. Todo sin hilo, todo voluntariamente disperso, guiado únicamente por el capricho, el gusto personal o la sorpresa. Lleno una página o página y media, y luego cambio de medio: copio todo ese material de forma seguida, sin pausas, en el ordenador, y ahí paso a recortar y montar hasta que el poema (si hay suerte) aparece. Ya no sé qué va a decir el poema, voy sabiéndolo a medida que lo manipulo y aparecen relaciones de intensidad, inesperados sentidos. Palpando palabras, masajeándolas hasta descubrir texturas, brillos, simetrías; un flujo de música. Trabajo el fragmento, la tesela individual (esa figura) que entra en diálogo con las otras. A veces ese diálogo habla de su imposibilidad (semántica / musical), a veces de una atracción ineludible. Aparecen patrones, recursividades que acepto o llevo a su contrario; mirada y memoria surgen en chispazos que hablan con lo otro y libran peso; aparece el espejo del acto mismo de escritura; aparece en ocasiones una memoria proyectiva. Circulan elipsis que me van tocando. Eso (una extrañeza reconocida, reconociéndome, en reconocimiento) que ya no sé, tira de mí.

- ¿Es necesario que el escritor sea un hombre comprometido?
—Comprometido con la escritura, y, ojo, temas no son poemas. Un poema es siempre una instancia crítica porque cuestiona lo dado. O al menos, lo que yo entiendo por compromiso, en poesía, se da en relación con el lenguaje (amor, resistencia, etc.). En ese sentido, lo mismo da Juan Ramón que Brecht: el poema abre huecos.

- ¿Qué poetas, escritores, artistas o experiencias han marcado tu cocina literaria y también la propia vida?
—Reciclaré de nuevo de la poética para también de nuevo responder las dos en una:

Se está mejor en la topera cuando se sabe de otros topos: Fernando Menéndez, Hermes González, Alfonso Fernández García, Jordi Doce,  José María Castrillón, Jaime Priede. Compartida ceguera, a tientas por el laberinto de un aprendizaje fundamental, no sólo de la escritura, sino también de la amistad, de la creencia en lo colectivo y del tajo de su evolución.
. .. .. .. .. .. . .. .. . Un orgullo
de compañía. Y el regalo de la escucha.
Y el peligro de las palabras.
Queman los barbechos, y también filtran y apuntalan. Luego, a su manera, el tiempo va diciendo sus cosas. Supongo que quedan encuentros, seguro que queda familia (y crece), y, en los anaqueles, varios ejemplares de factura impecable (mérito de Carmen Santamarina) que, todavía hoy, al hojearlos, hablan de aquella historia de entretelas.

Rigor, encuentro, pasión, libertad, integridad, resistencia, etc. palabras grandes que si bien quisieran convenir a una descripción de acercamiento a lo poético, nada dicen cuando se dicen en el vacío. Para mí, en la historia personal (que se me pide), significan cuando les pongo rostros conocidos. Algunos, de inmediata cercanía, ya los he mencionado antes, otros serían: Antonio Gamoneda, Miguel Casado, Ildefonso Rodríguez, José-Miguel Ullán, Olvido García Valdés, Robert Creeley, Miguel Suárez, Chus Fernández, Antonio Méndez Rubio, Pedro Provencio, Víctor M. Díez, Luis Muñiz, Eduardo Milán, Eloísa Otero, José Kozer, Mariano Peyrou, Benito del Pliego, etc. Ejemplos. Aire en un periodo de asfixia poética que uno quisiera dar por terminado.

Y también, claro, están esos otros (ineludibles, siempre contemporáneos) a los que nunca he visto pero...: Celan, Vallejo, Manrique, Gonzalo Rojas, Pino, Michaux, Westphalen, Lorca, Kerouac, Basho, Breton, San Juan, Rimbaud, Ashbery, Holan, Char, Oppen, Lezama, etc. Cortázar, Lispector, Gracq, Bernhard, Handke, Walser, Cortázar, Berger, etc. Rothko, Braque, Cezanne, Beuys, Tapies, Johns, Bourgeois, Richter, Rauschenberg, Picasso, Motherwell, Marden, etc. Kurosawa, Tarkovsky, Scorsese, Erice, Coppola, Sokurov, Kitano, etc. Cohen, U2, Dylan, Cash, Waits, Miles, Camarón, Buckley, Antony, Morrisey, Hawley, etc. etc. etc. Todo entra (y ahí la lista sería interminable porque incluiría no sólo influencias literarias o culturales) en la escritura.

- ¿Qué me puedes decir de la poesía española contemporánea? ¿Que autores destacas?
—Quiero subrayar, aparte de a Gamoneda (del que ya hablé más arriba y al que, afortunadamente, ya no es necesario subrayar), la lección de insobornable ética que supone la escritura de José-Miguel Ullán (libros suyos como Visto y no visto o como Razón de nadie, y ahí uno de los poemas que más me han tocado nunca “El viento”). Además, claro, de ese servicio a la poesía con la editorial Ave del Paraíso, que dirigió junto con Manuel Ferro.

Y engordo la lista con algunos más que antes no había mencionado: Carlos Piera, Juan Carlos Suñén, Riechmann, Concha García, Mestre, Menchu Gutiérrez, Tomás Salvador, Panero, López Parada, Aldo Z. Sanz, Aníbal Núñez, Manuel Rico, Carlos Ortega, etc.

- ¿Qué me dices de tu promoción de poetas?
— Me llamaran ingenuo, pero me encantaría creer que ya no vamos a tener que hablar de más tendencias y sí hacerlo, de verdad, de poetas, de escrituras, poetas como esos y aquellos o estos otros: Julieta Valero, Ana Gorría, Julio Prieto, Miriam Reyes, Julia Piera, Quinto, Yaiza Martínez, Curieses, Marta Agudo, Mercedes Cebrián, Rafael-José Díaz, Mora, Moga, Falcón, Vilas, Pardo, etc. Ojalá podamos hablar de sus textos y no tengamos que perder el tiempo (como sucedió en buena parte de los 80 y de los 90) discutiendo o justificando premisas casi parvularias.

-  ¿Qué poetas destacas de la Poesía Latinoamérica?  ¿Cómo se ve ella en España?
—Sigo sumando y mezclando edades y poetas sin solución: Arturo Carrera, Gerardo Deniz, María Negroni, Eduardo Espina, Reynaldo Jiménez, Luis Felipe Fabre, Perlongher, Martínez Rivas, Javier Marimón, Jaime Sáenz, Roger Santiváñez, Ernesto Lumbreras, Blanca Varela, Viel Temperley, Eielson, Gelman, Cadenas, etc.

¿Que cómo se ve desde España? Se ve poco, en mi opinión; habría bastante que mejorar ahí (y tanto que aprender... para empezar: esa apuesta de libertad). No obstante (con las dudas de quien no vive allí desde hace ocho años), me da la sensación de que esto está corrigiéndose algo últimamente.

- ¿De la poesía chilena?
—Hablo por mí: aparte de los Neruda, Rojas, Parra y Zurita, empiezo a acercarme a libros de poetas más jóvenes como Andrés Fisher, Héctor Hernández Montecinos, Felipe Cussen o Julio Espinosa Guerra. También tengo mucho interés en leer más a Gonzalo Millán, del que conozco apenas unos poemas.

- ¿Qué opinión te merecen los talleres literarios?
—Mi amigo Fernando Menéndez, que además de ser un poeta excelente (y estará de acuerdo conmigo quien haya leído Historias somalíes y quien lea ese libro hermoso que aparecerá pronto Un hombre por venir) lleva mucho tiempo trabajando en talleres, insiste en que sirven para “contagiar” más que para enseñar, y seguramente tendrá razón.

-  ¿De tu obra si tuvieses que elegir un poema o fragmento...cuál?
— El de mañana, of course.

- ¿Qué libros nunca has podido terminar de leer?
Paradiso de Lezama. ¡Y mira que me interesa Lezama! Pero no me doy por rendido, persevero y cada vez avanzo un capítulo más, así que será cuestión de tiempo. Me pasa un poco como con otro poeta al que admiro mucho, Ashbery, nunca logro acabarme sus Three Poems. Son escrituras tan poderosas (que diría un buen amigo) como excesivas y yo soy más bien escasito, con déficit de atención prolongada, se me dan mal los tour de force en la lectura, será de tanto internet.

- ¿Cuál es para ti el gran libro olvidado de la poesía española?
—Voy a decir, en vez de un libro, un poeta (aunque desgraciadamente hay más): Miguel Suárez, autor de libros como La voz del cuidado o La perseverancia del desaparecido, a los que vuelvo una y otra vez. No puedo entender que no sé le preste más atención (o, si lo entiendo, no me gusta lo que sospecho que entiendo).

- ¿Cuál fue el último libro de poesía española que leíste?
—El último fue El origen de la simetría el primer (ymuyrecomendable) libro de María Salvador que acaba de salir en Icaria.

-  ¿Qué libro estás leyendo ahora?
—Ahora mismo tengo encima de la mesa un par de libros de Ildefonso Rodríguez (son lecturas de siempre, pero ahora van para la tesis): El jazz en la boca y Política de los encuentros. También uno de Marjorie Perloff (más tesis) 21st-Century Modernism. En casa (y en deuda) un manuscrito (en realidad son dos en uno) de Eduardo Milán de una trilogía que creo titulará Solvencia; también varias lecturas zen.

- ¿Qué piensas de los Premios literarios?
—Están muy bien cuando caen donde deben de caer (lo cual sucede raramente) porque dotan de visibilidad. Un ejemplo reciente y feliz: el Premio Nacional a Olvido García Valdés por Y todos estábamos vivos (¡tremendo libro!).

- ¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?
— Para qué voy a decírselo yo, cuando ya se lo dice, por ejemplo, Gonzalo Rojas en “El espejo”: “Sólo se aprende aprende aprende / de los propios propios errores”.

-  ¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?
—Uf, más listas: cualquier libro de los autores antes citados, que ya son bastante más de 10.

- ¿Qué opinas de las nuevas formas de difusión literaria por Internet como revistas literarias, blogs, páginas sobre literatura?
—Abren vertientes aún por explorar para la poesía (que siempre agradece la hibridez) pero, sobre todo, me interesan muchísimo por su increíble inmediatez y capacidad de difusión, de archivo, y por cómo el internet ayuda a crear comunidades que pasan por encima de clasificaciones más tradicionales. En particular, con:
http://www.7de7.net/
http://dandolavoz.blogspot.com/
me hace ilusión la idea de tender puentes entre la lengua: ni España ni Latinoamérica, saltar a la rayuela, sin lados de acá ni lados de allá, o lados por todos lados, lados incesantes: márgenes (la poesía se hace ahí) pero sabiendo los unos de los otros.

- ¿Qué cosa últimamente te quita el sueño?
—Última sola
mente te
sis.

-  ¿Qué te escandaliza?
—Tú abre el periódico y verás.

-  Y por último ¿A qué le tienes miedo?
- A la rigidez.

 

 

 

Poemas de Reunión
[Barcelona: Icaria, 1999]

 

Tuve miedo en el desván, me ahogué
entre sus frutos.

Hay que apuntalar
sobre seguro. Hay que apuntalar
sobre seguro.

Palpé el carbón
como un agua muy dura: tenía que salir
de aquel tacto, escapar
de su estallido

 

* * *

 

Ahora pliegas la memoria en torno al cuerpo.

Así retuerces los inicios: la casa que criaste se vendió,
dividieron tus frutos, las palabras te brotaron muy raras en la
boca.

Vivir, la oscuridad de este cuarto. Tarareando hacia atrás, lo
que al final de tu queda.

 

* * *

 

Lo que se pierde
y lo que no se pierde: cae
un paisaje. Acaricio un pensamiento
prestado, el instante
gradual, todo cambio
es catastrófico; y aquí estamos y están
también nuestros ojos. Ayer
es continuo, es hoy
y ya no es nada. Un cordón
umbilical,
que sujete, que nos explique por dentro
las palabras. Lo que se pierde
y lo que no se pierde,
así.

 

Poemas de enjambre
[Madrid: Bartleby Editores, 2003]

 

en este desprenderse hay un signo: el pelo
crece las uñas crecen
hacia un desprendimiento que nos afila: queda muy poco
algo
sobre la sábana pero cubre el mundo: el hueco caliente de una red
de porosidades
                          : bastaba
el oxígeno de una mariposa para cruzar
el fuego en una transición
de retícula en enjambre luminoso, aquella hoja
sí la lamerías

 

* * *

 

gestado en la cabeza
un prisma nuevo y su disolución
la propia

               bajo este foco
                       otro alcance

animales en el asfalto
afilan el aire hasta tocar la cara
se agotan formas
que no supimos abrigar
pespuntes del cauce

cuando valerse era
en sí mismo,

no más soledad que la ardida
en propio consuelo


Poemas de su sombrío
[Barcelona: DVD Ediciones, 2005]

 

.. .. .. .. .. . establece morada en su sombrío, un lugar a punto
de memoria —mero linimento de aguas azuladas de
suyo transparentes conque pura oquedad

.. .. .. .. .. .magisterio: que la escritura sana
cuando incorpora sombras

 

***

 

. .. .. .. .. es un sabor en la boca el sombrío, telarañas entre
los huecos del corazón física y fiel de deterioro

. .. .. .. .. pero también lumbre y un llamamiento encelado
por religión de distancia

. .. .. .. .. así el decir se
. .. .. ..... .. .... .. .. .. .. recuesta

 

***

 

. .. .. .. .. como espectro de oquedad había celadas que una
mano ni tamiza ni conjura carracas en los árboles
moscas sed

. .. .. .. .. y el lenguaje ya de por sí se velaba

. .. .. .. .. : pulmón del ojo
                        . .. .. .. ..      su sombrío

 


Poemas de catálogo de incesantes
[inédito]

 

acercándose: El espejo
Andrei Tarkovsky

importante es volar
a raíz de agua
                       atrás
agua atrás
porque aunque queridas o no, razones hubo para el éxodo y de aquella niñez de monedas que eran añicos mutaciones de la casa, su vaho, el de un vaso rápido, lenta memoria cruje la nieve, mi escopeta de perdigones la que escondiste, mi mirilla igual, chascan en esta realidad luz de color, no hay miedo, sino hongo de nieve historia porque un poeta tiene que revolver, porque tal vez no hace cuarenta sino treinta y dos años nací en una mesa, pero entretelas
               y si no allí
                                 ¿dónde?
reflejándose a contracorriente de ramas, un viento en el menaje, senderos por más que podre y viéndola arder, raíz siempre suelta esa mano, unas alas
        abren poda
                             entre maleza

 

* * *

 

que ya no

ya no hay cántaros ni jofainas aguamaniles, artos brezos, hartos, arras son obscenas que no deberíamos ver mi madre dice su artritis mi padre su alergia, yo el plexo oscuro, la rama nerviosa que es red, o la progresiva ceguera de mi animal palidecen ante los ojos los meros ojos mi animal de aprendizaje, entre el desarraigo memoria por sendero, y ahí sí, un amago de pasadizo, en la escritura una hemorragia de luz como ir tierno al pulmón del día, pero qué loza lavará ese día

 

* * *

 

la eternidad envejece
Paul Celan

de ahí el no buscar
mera lumbre en lo dicho
que esta edad ya se pasó
dos pueblos por el pulso palpita el embargo de un humus incómodo, imán de lo siamés / y es en rigor un estado ahora, nunca paciencia, pero celo como lo singular que huye
                                            por tus ojos
                                                                 ojivales la piel
me arde (como la hulla aquella de reunión, un agua muy dura) cauce de encuentro, mirada, talud de querencias no pierdas colmillo, dice, resplandor de otra parte, ahora

 

* * *

 

dentro de sí, de acaecida
con Javier Marimón

de lo sutil del mundo alguna brasa ya muy menuda / o tu hueso me hace bien ese rollo / índole mascullando grumos de extrañeza, mandala al clarear, ser de sílex (casi sujeto acaecido) al perder luego, en mansedumbre, malabares colocan la mente

 

* * *

 

catálogo de incesantes

o
la fruta del querer piel la demarcación de lo evidente al vuelo, alveolo ahí, colmado de facilidad, aunque sólo mecido en una punzada se sale de madre / al alambre, su ansiedad de alumbre, al pellejo pejiguera, esta vida soterrada que ni da tiempo al verdín líquida, lámina de alerta por eso / lamo igual mi lengua

 

 

 

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