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Alejandro Cerda

Por Ernesto González Barnert

Adentrarnos en la poesía de Alejandro Cerda (1972, Viña del Mar), en especial, de su libro “Contemplaciones” es reconocer la afición de un poeta por vivir a un nivel profundo ciertas experiencias y visión que pervive de una cultura, en este caso, la de la poesía china y japonesa clásica. Vivirla de la manera en que sobrevive o queremos verla. Así su poesía, el entroncamiento profundo con la cultura oriental. Sabemos que lo que realmente define a una cultura no es su técnica es su manera de contestar las preguntas más profundas del ser, su religión. Y Cerda sigue en especial la del Zen. Por supuesto, creo que su poesía se adapta notablemente en su aspecto formal a la misma, a la manera en que llegó a nuestros días en general. Extraño sí de un conocedor de tal poesía no haber aprendido las lecciones, entre otras, del realismo irónico y cínico de un poeta como Ikkiu o la sagacidad sexual de una maravillosa poeta como Xo Xuan Huong. Desconocer en profundidad el real paisaje que le rodea -esa sutileza que la traducción pierde llamando pájaro o árbol en general-en poesía. Ya Luis Oyarzún llamo la atención sobre lo mismo en nuestra propia cultura. Sin duda, creo que se pudo dar otra vuelta de tuerca, rescatar para sí el humor, dar con mayores y mejores alusiones del mundo que le rodea en relación compartida con el paisaje mental libresco que ha hecho suyo, escenas de mayor contraste con la atmosfera cultural propia del país. O pudo haberse arriesgado en ese caso, al menos, en haber escrito un texto mayor, dramático y filosófico como el de “Diez toros” de Kakuan. O con mayor radicalidad y urgencia como la de nuestro admirado Shinkichi Takahashi. Así y todo invito a leerlo, ya que es un poeta de fuste, que va por más, que nos invita a vivir mejor, tomar consciencia. Alejandro es un poeta maravilloso que vive para la poesía y por eso nos atrevemos a pedirle un poco más porque son superficialidades y no asuntos de vida y muerte.

- ¿Qué significa escribir poesía zen?
-  Zen es la conciencia cotidiana de las cosas, que se manifiesta en todo nuestro quehacer, es estar presente en lo que realizamos, presente con todas nuestras fuerzas. En ese sentido toda actividad pertenece a esa visión y a ese estado de ánimo, entonces escribir no es diferente de comer, acariciar el cabello de tus hijos, caminar, meditar, mirar  a los ojos por mucho tiempo de la  persona que amas, ver el amanecer, sentir el agua correr  por las noches, bailar en medio de la lluvia sin preocuparte por quedar empapado. También está una parte muy importante que es sorprenderte con lo sencillo,  por ejemplo un rayo de sol cayendo sobre un árbol acariciado  por el viento, sentir el milagro de esa imagen siendo parte de ella y ella parte de ti.

- ¿Qué diferencias, aportes, ves en tu trabajo poético en relación a la poesía oriental –sea de raigambre budista, confucionista, taoísta-. Por lo demás, todas tan presentes en “contemplaciones”?
- Creo   que mi poesía lleva el estado de ánimo  de la poesía budista  y taoísta, que no persiguen nada, sino todo se es dado casi como si fuera un sueño, un sueño donde estamos muy despiertos.

-Sin duda, tu proceso compositivo esta marcado por el de traducir, adaptar. ¿Qué nos puedes señalar al respecto?
- Viví algunos  años en EEUU donde aprendí inglés. Esto me permitió  leer  autores que no habían  sido traducidos al español  entregándome una multiplicidad de visiones, sabores  y aromas que me abrieron mucho los ojos. Después  establecí amistad con el poeta y profesor norteamericano Dave Oliphant  quien me introdujo al mundo de las traducciones las cuales me fascinaron por el hecho de re- escribir no el texto en sí de un autor, sino su esencia, su vida, su forma de percibir lo distinto que al final se vuelve familiar e universal.

- ¿Qué escritores y poetas Zen nos recomiendas leer?
- Uffff, son muchos pero a modo de recomendación diría que dos autores me  han tocado con profundidad. Shinkichi Takahashi  poeta  japonés contemporáneo , vida y obra increíble, un hombre que paso de dadaísta  a monje Zen, del horror de las bombas atómicas  a su admiración interminable por el vuelo de los gorriones. El otro  poeta que me gusta mucho es  Ko Un (Coreano), también contemporáneo, niño prodigio que a los ocho años conocía textos chinos clásicos elevadísimos e inaccesibles para muchos adultos. Que a los nueve, a la pregunta "qué quieres ser de mayor" afirmó "Emperador”. Aunque, tras padecer la guerra, decidió modificar su vocación por la de suicida (lo intentó hasta cuatro veces, la última, con veneno, lo tuvo en coma más de 24 horas). Un poeta que anduvo suicidándose sin éxito y escribiendo hermosísimos poemas en los ratos que le quedaban libres.

- ¿Qué autores occidentales sientes más cerca de tu formación y de tu obra?
- Jorge Teillier pues al conocerlo me dije: “Si existe alguien tan bello como él yo quiero ser parte de esa belleza.
Elicura Chihuailaf  porque es un poeta mapuche y  zen y lo mejor de todo es que no lo sabe.
Hugo Mujica por su silencio.
José Watanabe  por su lección de sencillez.
Ennio Moltedo por su amistad.
Juan Luis Martínez  por la desaparición  del ego.
Rubén Jacob por su humor.

- ¿Qué piensas de la actual poesía chilena?
- Respuesta interminable, pero para un  humilde practicante de Zen, diría:
“No son todos los que están, ni están todos los que son”.
                                           Jorge Teillier
                                                   Sabio zen

- ¿Cuál es tu visión particular del panorama poético actual en la Quinta Región, en especial, de Valparaíso? ¿Qué autores destacas?
- Vivo en una parcela en medio de eucaliptus, bonsái, mis hijas, mi mujer; escuchando el paso de un estero y el lenguaje de los pájaros (Pajaristico como decía Juan Luis  Martínez). Mi visión es miope, sólo podría nombrar a mis amigos y no hablar de la poesía como panorama:
Ennio Moltedo, Rubén Jacob, Renán Ponce, Cristián Vila Riquelme, Virgilio Rodríguez, Claudio Bertoni, Luis Andrés Figueroa, Sergio Muñoz, Axa Lillo, Víctor Rojas , Priscila Beas, Ismael Gavilán, Priscila Oses, Karen Toro, América Merino, Gonzalo Gálvez, Marcela Parra, Jorge Polanco, Catalina Lafertt, Marcelo Novoa, Ximena Rivera, Jordi Lloret, Manola Lagos, Pablo Araya, Mariela Trujillo, Florencia  Smith, Ángela Barraza, Arturo Ledezma, Juan Cameron.

- ¿Que nos puedes decir de tus próximos proyectos poéticos?
- Estoy trabajando en dos proyectos en particular, el primero se llama “Sutra”. Es un trabajo multidisciplinario, en donde se conjuga en un libro, la poesía, la música  y  la pintura. Es una actividad interesante pues bajo la estética taoísta, el poema es una pintura, y la pintura también es un poema, asimismo, la música es también silencio, y el silencio también es música. Los compañeros de este viaje (todos quilpueínos como yo) son Bruno Rivero, destacado músico de jazz, quien se encarga de la música (sin letra), que va en formato de CD, en un sobre dentro del libro. Daniel Torrealba, importante pintor, (quien  además dirige el zendo donde hago mi práctica zazen), es el encargado de la pintura, (motivos zen), que irán intercalados cada 5 poemas. Los poemas de este libro reflejan nítidamente mi experiencia en seshin (jornada zen).

 El otro proyecto es un libro de traducciones que estoy realizando sobre el poeta Shinkichi Takahashi, junto con mi amigo Dave Oliphant, que además tendrá  un breve comentario de Claudio Bertoni, que es el poeta que más sabe de poesía zen en Chile.

- ¿A qué le temes?
- El temor es una impresión mental que siempre te está  mostrando algo para distraerte del aquí y el ahora. Trato de no seguirle el juego y concentrarme en lo que me toca vivir día a día.

 

* * *

Poesía de Alejandro Cerda

 

El leñador
Cada leñador
posee una oración
para derribar un árbol.
Sabe muy bien
que el hacha debe enterrarse
a la altura del misterio
desde donde crecen los árboles.
Sabe muy bien
que cada golpe,
con esa hacha,
en ese árbol
es un golpe dado a sí mismo.
Sabe muy bien
que en ese movimiento
debe esforzarse hasta el final
para ser un árbol,
y el árbol debe esforzarse
hasta el final para ser un hombre.
Cuando el árbol
es derrumbado finalmente
queda la pulsación en la mano
de esa caída
y muy en el fondo
el leñador sabe
que en el ciclo
de la vida y la muerte
un leñador siempre será un árbol
y un árbol siempre será un hombre.

 

Entre los árboles
               
               a Colomba, Almendra y Bárbara

Entre los árboles
mi hija no es más que un sueño
que aparece y desaparece.
Es la dicha inexplicable
que nos abandona y nos visita
sin término.

 

Una gran multitud de árboles
moldeando el silencio por las tardes,
la paz de una cama de hojas
para la siesta del verano.

 

Resucitar para habitar
sus ojos llenos de flores,
perderse entre las sombras de los árboles
para ser rescatado
por el murmullo del viento.

 

Peregrinar

Mi perro se convierte en lo que sueña
y lleva puesto mi rostro en su rostro
para peregrinar hasta el árbol
más distante de la lluvia.
Espera largamente el aullido
de mi boca en su boca
y derrama su cuerpo
en mi cuerpo
para exorcizar su ofrenda.
Duermen sus ojos en mis ojos
y confunde mi nombre con su nombre,
se pierde en mi espejo
para que yo pueda encontrarme en el suyo.
Asemeja su vida en mi vida
y desaparece su muerte con mi muerte.
Convoca su perdón con el mío
y regresa mi sueño a su sueño.
Retoma su edad en mis años
y hunde sus pasos
donde ya no llegan los míos.

 

Momento

Todo se ha detenido,

solo el canto del   pájaro
se mueve como una  ola  en mi interior.

Ahora sé
que para volar
hay que abrir las alas,

pero hacia adentro.

 

 

Flauta de Bambú

Con el sonido de la flauta  
 me despierto de mi  sueño,
en este mundo de sueños que es el nuestro.

 Y mirando el reflejo de la  niebla
 en las aguas veo,
más allá de mi forma,
mi verdadera forma.

 

Reflejo

He visto el espíritu de un árbol
reflejarse en mi ventana.

He contemplado la cara de Dios

sin verla.

 

 

Descalzo

Hundirse como fogata en la nieve,
sabiendo que calor y frio
arden de igual manera.
Entrar en el vacio de volar.
Caer sin detenerse,
como la lanza arrojada  sin objetivo.
Saberse descalzo y libre                               
             como el  monje niño.
Ser sin motivo alguno
                            la flecha que rasga
    la  luz de este instante.

 

 

 

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