Javier Cercas —narrador sólido, sin duda— yerra, sin embargo, en su juicio cuando afirma
que “la gran literatura es literatura sin causas”. No porque la literatura deba subordinarse
a consignas, sino porque incluso cuando parece prescindir de ellas, trabaja
inevitablemente con fuerzas morales, históricas y políticas que la atraviesan. Lo que la
gran literatura evita no son las causas, sino su simplificación.
El propio argumento que invoca, al acudir a William Shakespeare, desmiente su premisa.
Shakespeare no escribe desde la neutralidad: escribe desde una complejidad radical
donde el bien y el mal no desaparecen, sino que se vuelven problemáticos. En Ricardo III,
acaso uno de los mayores canallas de la literatura, no hay absolución, pero sí una forma
inquietante de seducción. El mal no se disuelve: se vuelve inteligible, incluso atractivo,
porque opera en zonas grises donde el lector —o el espectador— se reconoce
incómodamente.
Ahí reside la potencia de la literatura: no en la ausencia de causas, sino en su tensión. No
en la asepsia moral, sino en la capacidad de exponer cómo el juicio se tambalea. La gran
literatura no cancela el conflicto ético; lo intensifica hasta volverlo irresoluble.
Son días en que el fascismo regresa con una violencia renovada, amplificado por la
maquinaria de los medios y la inercia de las redes al servicio del poder económico. Seguiré
celebrando Los soldados de Salamina, pero dejaré en suspenso, por ahora, el resto de la
obra de Javier Cercas. No es tiempo de juicios que diluyan la responsabilidad de la
literatura ni de consignas que confundan su sentido. Es tiempo, más bien, de exigirle a la
escritura una claridad ética que no renuncie a la complejidad, pero que tampoco se
desentienda del dolor concreto. Porque cuando la historia vuelve a escribirse con sangre
—y demasiadas veces con la de los niños—, no toda ambigüedad es inocente, y tomar
partido deja de ser una opción para convertirse en una necesidad.

"La gran literatura es literatura sin causas. Shakespeare no dice a la gente 'estos son los buenos y estos son los malos'.
Entrevista en EL PAÍS, con Berna González Harbour
"https://www.instagram.com/reel/DVjWHS2Adyz/
“Pero hay una gran verdad que no nos gusta oír: la gran literatura es equidistante. No toma partido.
EL PAÍS, 26 de febrero 2026
https://archive.is/4PDbH