A diez años de su publicación, Cul de sac (2016), de Ernesto González Barnert (Temuco, 1978), vuelve a abrirse como un libro que no envejece porque nunca buscó estar “a la moda”. Desde su título, el poemario instala una paradoja: nombra un callejón sin salida, pero lo que propone es circulación, deriva, tránsito. No hay aquí clausura simbólica sino conciencia de estar viviendo —y escribiendo— en un espacio saturado de signos, voces y gestos mínimos, donde la poesía no ofrece redención ni consuelo, sino atención.
Esta muestra reúne algunos poemas de una edición hoy agotada, que circuló desde el comienzo como objeto escaso y lectura persistente. Cul de sac se construye desde una economía verbal rigurosa, sin aspavientos ni retórica excesiva, pero con una densidad de observación que ancla el libro en su tiempo. Como señala Víctor Hugo Díaz, se trata de “un poemario económico y sin aspavientos, pero lleno de observación y hoy”, donde la ironía no es liviana ni ornamental, sino inseparable de una dimensión trágica que constituye, en sus palabras, “la condición esencial de la poesía”.
En estos textos, lo cotidiano —un viaje en metro, el supermercado, una conversación escuchada al pasar, la música de fondo, una despedida íntima— se convierte en materia poética no por acumulación descriptiva, sino por una mirada analítica y afectiva a la vez, que detecta ausencias, vacíos y fracturas propias del urbanismo contemporáneo y del capitalismo tardío. Franco Osorio reconoce en el libro “la expresión máxima de la cotidianidad actual del chileno urbano”, pero subraya que esa experiencia no se limita al registro, sino que busca “destapar la venda a tajo limpio”, articulando una experiencia personal que late como sentimiento colectivo.
Uno de los rasgos más singulares de Cul de sac es su polifonía. Las voces ajenas —citas, fragmentos, ecos culturales— no funcionan como ornamento culto, sino como parte constitutiva del habla poética. Vicente Monroy ha leído el libro desde esa condición de cruce: un espacio donde predominan “las voces ajenas frente a la voz del poeta”, reflejo de una poesía de nuestro tiempo, atravesada por la circulación digital, el montaje y la repetición. Sin embargo, esa movilidad convive con un fondo de gravedad: el deseo, la ilusión rota, la repetición de los gestos, “la triste realidad” que se impone al final del día.
Lejos de ser un verdadero callejón sin salida, Cul de sac es, como advierte Ana Rocío Jouli, un espacio abierto donde “las voces circulan con la libertad de un paseante que anota en su cuaderno los sucesos del día”. La referencia cinematográfica, musical y pop convive con una escritura que avanza como diario, como registro de una conciencia callejera y transeúnte. En esa línea, Ricardo Herrera Alarcón sitúa el libro en una tradición del diario personal entendido no como confesión narcisista, sino como zona de empatía existencial, donde la literatura exige menos militancia ideológica que complicidad.
El sujeto que recorre Cul de sac escribe y vive simultáneamente: hace las compras, recuerda a la madre, ama en silencio, escucha música, piensa en Dios y en los caballos, va al cine, se sienta en un bar, despierta con alguien que se va. Dira Martínez Mendoza lo describe como un ejercicio íntimo donde el lector “vive el día a día del poeta”, reconociéndose en esos versos que logran partir el alma “entre risas”. Esa mezcla de levedad y herida ha llevado a Juan José Podestá a definir el libro como un disco improbable: letras de monje japonés, música de Stevie Wonder y Chet Baker, arreglos de Carver y Sinatra.
En el fondo, Cul de sac trabaja con una noción fragmentaria de la realidad. Gabriel Zanetti habla de un “flujo constante, incontrolable y abrumador de bloques rotos”, que el poeta recompone a su antojo. Esa conciencia callejera, plural, se manifiesta en un sujeto que camina, mira, escucha, recuerda y anota con precisión rítmica, como señala Felipe Cussen, registrando lo que ocurre afuera y adentro casi al mismo tiempo.
Finalmente, como escribe Carmen Galdames, el universo de Cul de sac “nos pertenece un poco a todos”: la injusticia en el aire caliente del metro, las colas del banco, las amistades sobreviviendo al calor, los pequeños gestos que revelan lo que nos duele y lo que echamos de menos. En esa urgencia de lo cotidiano, el libro se vuelve también una búsqueda: “sentir algo, aunque sea el frío en días de calor”.
Más que una celebración retrospectiva, esta muestra propone reactivar un libro que sigue interrogando el lenguaje, el tiempo y la experiencia contemporánea. Diez años después, Cul de sac continúa siendo un punto de detención necesario: no un cierre, sino una pausa lúcida en medio del tránsito. Por último, comparto también un texto a continuación, surgido de nuestras conversaciones en torno al volumen amarillo, que el propio Ernesto me envió a mi bandeja de entrada. Se trata de un texto que considero especialmente pertinente para el rescate y la relectura de este libro, del cual hoy compartimos una veintena de poemas.
Volver a Cul de sac
Por Ernesto González Barnert
Enero de 2026
Han pasado diez años desde que publiqué Cul de sac. No lo escribí pensando en aniversarios ni en la idea de un libro que resistiera el tiempo. Lo escribí como se camina por la ciudad: sin mapa, tomando notas mentales, deteniéndome en lo que parecía mínimo, dejando que las voces —propias y ajenas— se mezclaran sin pedir permiso. El título siempre fue una paradoja: cul de sac como callejón sin salida, pero también como lugar donde uno se detiene a mirar mejor.
Este libro circuló poco y se agotó rápido. Tal vez por eso nunca dejó de circular de verdad. Vuelve ahora en forma de muestra, con algunos poemas que siguen siendo los mismos, pero que yo leo distinto. No como algo cerrado, sino como un registro de una conciencia en tránsito: la del tipo que toma el metro, va al supermercado, escucha música, recuerda a su madre, padre, hermanos, amigos y ama, un tipo que también se equivoca, observa y anota. No hay épica en eso. Hay atención.
Siempre pensé este libro desde la economía. Me interesaba escribir sin aspavientos ni pesadez, pero sin renunciar a la profundidad: avanzar ligero de equipaje, con atención y con humor. Si aparece la ironía es porque también aparece la tragedia; no las concibo separadas. La una afina la mirada, la otra le da peso.
No quise una voz dominante ni una identidad poética compacta, como en otros libros míos, sino más bien un campo de cruces: citas, fragmentos, conversaciones, canciones, lecturas. Vivimos rodeados de palabras ajenas, atravesados por discursos que no elegimos del todo, y escribir hoy implica hacerse cargo de ese ruido, dejarlo entrar, trabajarlo.
Cul de sac se fue componiendo en paralelo a Playlist, pero justamente por eso quise que fuera otra cosa. No me interesaba repetir un libro conceptual, férreo en su línea de trabajo y en su visión. Necesitaba un espacio más poroso, menos programático, donde la escritura pudiera desviarse, detenerse, respirar.
Cul de sac se armó como un diario discontinuo, más cercano a una caminata que a un relato. La realidad, al menos como yo la experimento, no llega ordenada: llega rota, mezclada, excesiva, mestiza. Uno recompone o imagina como puede. En ese intento aparecen los gestos mínimos, los objetos, los cuerpos, el deseo, las despedidas, las repeticiones, las pequeñas ilusiones que se rompen sin hacer ruido.
No escribí este libro para regresar a ningún Olimpo ni para levantar una voz ejemplar. Si regreso a algo, es a ciertos lugares, a ciertos rostros, a escenas que no fueron nunca fugaces. Me interesa una poesía que no se separe de la vida cotidiana, pero que tampoco se conforme con describirla. Una poesía que piense mientras camina, que mire sin solemnidad, que no le tenga miedo a lo común, al placer o la lucha.
Diez años después, Cul de sac sigue siendo, para mí, un punto de detención. No un cierre. Una pausa. Un momento para volver a asomarse y seguir.
Muestra poética:
COMO TE DECÍA EN EL PARQUE
Bicentenario, Vitacura,
en un picnic ideado por mí
y armado por ti, disponiendo las tacitas
y platos sobre el mantel
a cuadros blancos y rojos:
la revolución no será televisada.
*
LA CAMISA DESABROCHADA HASTA LA MITAD.
El café tibio en el tazón con la oreja rota
sobre el poema recién impreso.
La luz del día yéndose sin pelear.
Alguien grita en el edificio del frente
¡Gol conchetumadre!
cuando abres la ventana para que corra viento,
algo al menos por el piso. Y te preguntas
en qué estación el Dr. Johnson concluyó
que hay solo dos clases de enfermedad mental:
la melancolía y el entusiasmo.
Aquí es verano.
Pero el otoño ya tiene ganas.
*
HACE MESES LLAMASTE PRIMA
y entre otras cosas preguntaste
qué es lo que más extraño de Temuco.
No vivo ahí desde los 16,
fue lo único que dije antes de cambiar de tema.
Recién hoy estoy en condiciones de responder,
tenía que ser por escrito
si es que aún deseas saberlo.
Extraño la Biblioteca,
no la Galo Sepúlveda
sino que la de la Universidad de la Frontera
que funcionaba toda la noche,
era la única luz que veías en el campus.
Nunca fui, pero me calmaba saber que existía.
*
AMORCITO
en la puerta dice tira
y tú empujas.
*
GANAS DE TAPARTE
sin que te des cuenta,
lo sepas al despertar.
*
CONOZCO LA INDIFERENCIA
con que algunos artefactos de la casa se reflejan.
Las ganas de un montón de botones negros
de sacar de la caja de galletas al dorado.
La melancolía de la tijera
en el cajón del servicio diario.
El nerviosismo de un tarro
casi vacío de mayonesa Kraft
junto al nuevo en el refrigerador
o la impotencia de algunos escritores
al quedar junto a otros en mi biblioteca
después de cerrar la puerta
no solo con llave
sino que con pestillo de seguridad.
*
CUANDO EL JOVEN SCHOPENHAUER
no recibía alumnos en el aula
frente a la atiborrada de Hegel
se iba a los baños de la Universidad
y escribía con un cuchillo prusiano:
Hegel me chupa el pico.
*
ESAS CASITAS AL LADO DEL CAMINO
en la que fantaseamos otra vida
no sé si más feliz, pero más tranquila
de regreso del litoral de los poetas.
*
A VECES LO ÚNICO QUE ME CALMA
es imaginarme en un asiento de copiloto
y poner según cómo me sienta
Soy Un Corazón Tendido Al Sol
de Víctor Manuel,
Menta y Limón de Roque Narvaja
o Amante Bandido de Miguel Bosé
a todo volumen
en la playa de estacionamiento.
*
SOLO UN NECIO QUE NO CONOCE EL AMOR
pediría curarse, se arrancaría los ojos,
caería al mar desde el acantilado.
El amor es una guerra fría
que puede soportarse años, frente a frente,
como la guardia fronteriza de las Coreas
en la garita de vigilancia.
Dispuesto a disparar si levanta una bandera blanca
o se duerme.
*
NO CONOCES EL AMOR
porque el amor es grosero,
desesperado, es un hijo de puta
eligiendo darte un disparo en el pie
que la cabeza.
Un poema que no sale,
no saldrá nunca atrapado por el deseo
en la punta de la lengua.
El amor, el amor es algo como un pájaro
que golpea de pronto la ventana
y con suerte, quizás, veas algunas plumas,
algo de sangre, la trizadura en el vidrio.
Con suerte, tal vez, escuches
el estruendo o nada después del golpe.
¿Me estás escuchando?
No conoces el amor, no conoces el amor
solo quieres otro poema de sangre y sexo
en su vuelo suspendido, pero no amor.
Ese amor con que la vida
abraza la muerte y viceversa.
Porque gente como tú eligió morir tranquilo,
durmiendo.
El suelo desperdigado de últimos poemas.
Así se afana la voluntad y el miedo cada día,
lo amarra su inconsciente.
Así limpias, ordenas
cada uno de esos chancacazos
escuchando lo que quieres escuchar,
diciendo lo que hay que decir,
no lo que dirías.
No conoces el amor, simplemente eres otro
que no conoce el amor
y sacó su espejo de mano
y se pintó los labios de un rojo chillón, ordinario,
con lágrimas en los ojos
antes de subirse al taxi.
*
EL PRIMER PROGRAMA
que me hizo llorar
fue el “Festival de la una”,
en los 80, con ese trono de mimbre
donde se sentaba el feliz elegido
de: Un sueño por un día.
Yo quería ir, pero no sabía exactamente
cuál era mi sueño.
*
LE DIJE A LA NENITA DE 9 AÑOS
que intentaba pararse en los dedos de sus pies
frente al estante refrigerado de los yogures
que su madre le mintió:
el mundo no quiere más bailarinas.
*
¿QUE CÓMO VA MI VIDA?
Como un escarabajo
que no encuentra sitio para estacionar
en mitad de una hilera de asiáticos
del año o año pasado.
*
HACÍAN REIKI, YOGA, ACUPUNTURA,
imanes y terapia floral.
Cuando llegó mi turno, mentí:
lo mío es el shodó.
No tanto por evitar la ley del hielo
como para no ser el novato
al que le ofrecen su negocio.
*
ESTAR JUSTO DETRÁS DE LA RUBIA
que se levanta de su toalla
y se sacude la arena
de los cachetitos, a dos manos,
mirando el mar, el agua
en que los ricos se refrescan
y también los osos,
como diría Shiki Masaoka.
*
GANAS DE TUS PIES HELADOS
buscando calor en los míos,
me recibas con nada más puesto
que mi polerón con capucha Adidas.
Pedir pizza a domicilio
y dejar nuestra ida a navegar
en unos cisnes con pedales
en el Parque Quinta Normal
para el domingo siguiente.
*
CUANDO HABLABAN DE INJUSTICIA
yo veía una chica preciosa
con unos dientes de mierda
tapándose la boca
cada vez que la hacían reír.
*
ENTRÉ A UNA PELUQUERÍA
solo para que alguien me toque la cabeza,
al supermercado este día caluroso
para sentir el frío agarrando la bolsa de salmón,
merluza, camarones congelados.
*
Y SI TE AMO
es porque eres capaz de meterme
en el maletero de tu mente
amarrado de pies y manos,
la boca con cinta adhesiva
mientras avanzas por un camino secundario
entre parcelas de agrado
cuidadas por perros asesinos
patrones y siervos
que no apuntan a los pies
sino a la cabeza.
*
ACEPTO A PRIORI
Acepto a priori la superioridad
de la que practica un arte marcial
con respecto a la que hace yoga.
A posteriori la que hace windsurf
frente a la que baila zumba.
Por cierto, las que pedalean
son mejores que las que trotan.
Aunque no tan listas
como las que cabalgan
una vez a la semana.
*
HITCHCOCK QUISO PARA SU LÁPIDA
un epitafio que suena a advertencia:
“Esto es lo que les pasa a los chicos malos”.
Nadie se atrevió a colocarlo.
*
EL MARTES SUBÍ A CANTAR EN UN KARAOKE
hecho bolsa, entre universitarios de vacaciones de invierno
solo para decir que no me interesa el deporte blanco
y recuerden las palabras del profesor Pnin:
la educación, es más que un trabajo remunerado.
*
SOY KANTIANO
por una frase que oí de labios
de una compañera de Filosofía,
cuando terminaba la fiesta
de la Universidad.
Estábamos en el último año de carrera,
a punto de ser
unos mediocres tomistas
y me vio solo, bajoneado,
después de dar no sé cuántas vueltas
por el tontódromo.
Me dijo que para Kant
la felicidad no es un ideal de la razón,
sino de la imaginación.
Y sonreí como lo había olvidado
durante todos esos años.
*
CUANDO LA PELUQUERA
le preguntó qué tan largo,
contestó lo suficiente
para que vuele al columpiarse.
*
CADA VEZ QUE TIEMBLA
pienso en Harry Nilsson
encontrando los bares cerrados
en el cielo.
*
LA ÚNICA POSESIÓN
del hombre más pobre de Shutka, Muzo,
es la fotografía de su mejor amigo,
que lleva consigo en una bolsa.
*
VI A NUESTRA HERMOSA MADRE, HERMANO
cayendo como un saco de papas en el baño.
Después de ayudarla a ponerse de pie
sin dejar de sostenerla la llevé apenas a su pieza,
la acosté con torpeza en su cama.
Así no puedo vivir, hijito… susurró escueta, débil.
Y no pude responderle hermano que se equivocaba.
No pude decirle que solo era una caída más
en este día despiadadamente azul
en que había estado leyendo no sé qué desde el amanecer,
veía a un mocoso en su traje de neopreno
intentarlo una y otra vez a principios de octubre
con el esquí acuático en el lago Villarrica.
*Ernesto González Barnert (Temuco, Chile, 1978) es poeta, gestor cultural y cineasta documentalista. Autor de Venado tuerto, Playlist, Coto de caza, Trabajos de luz sobre el agua, entre más de una docena de títulos, su obra ha sido reconocida con importantes distinciones, entre ellas el Premio Pablo Neruda (2018), el Premio Nacional a la Mejor Obra Literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (2014), el Premio Nacional Eduardo Anguita (2009), el Premio de Honor Pablo Neruda de la Universidad de Valparaíso (2007) y el Premio Nacional de Poesía Infantil de las Bibliotecas de Providencia (2023).
Asimismo, ha recibido menciones de honor en el Concurso Internacional de Poesía de Nueva York Poetry Press (2020), en el Concurso Nacional de Poesía Joven Armando Rubio y en los Juegos Literarios Gabriela Mistral de la Municipalidad de Santiago (2005), entre otros reconocimientos.
Es Licenciado en Cine Documental por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Diplomado en Estética del Cine por la Escuela de Cine de Chile. Ha trabajado como creador y productor ejecutivo de las series de televisión Obturaciones (2011) y Letras Migrantes (2024).
Actualmente se desempeña como gestor cultural en la Fundación Pablo Neruda y desarrolla una activa labor en torno a la poesía a través de medios de comunicación, entrevistas, ensayos, talleres, encuentros, presentaciones y edición de libros. Ha sido invitado a festivales literarios en todo Chile y en diversos países de América —México, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina y Colombia—. Sus libros han sido publicados en Chile, Estados Unidos, Perú y Argentina.
**Dafne Malvasi es poeta, docente y traductora italiana, radicada en Santiago de Chile.
Es licenciada en Lenguas y Literaturas Extranjeras de la Università Orientale di Napoli (Italia), con una tesis sobre “Historia de América Latina”, complementado por una
Maestría en “Igualdad de Género e inclusión de la diversidad”.
El trabajo de Dafne Malvasi explora las narrativas femeninas como práctica de resistencia cultural, combinando la poesía con la memoria, la historia y la traducción literaria.
Su obra poética ha recibido reconocimiento internacional, incluyendo el Premio Internacional Trienal "La Donna si racconta", 2021.
En 2024, su primer libro bilingüe, castellano-italiano, “Antes del alba" (Ediciones Andesgraund, 2024), ha estrenado una segunda edición con traducción al portugués, marcando un paso importante en su camino creativo.
www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza. e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Muestra de poesía: "Cul de sac" de Ernesto González Barnert.
Por Dafne Malvasi