Con un prefacio del escritor rumano Stefan Baciu, uno de los capítulos de su ensayo acerca de la poesía de Gómez-Correa, aparece esta obra que reúne la producción del poeta de Mandrágora desde 1935 hasta 1973.
Hacia 1937, con el poeta y novelista Braulio Arenas inicia el movimiento del Grupo Mandrágora y no omite empeño para promover el pensamiento surrealista. El ha perdurado hasta hoy. Otros cófrades abandonaron cautamente la intención. Sin duda que Gómez-Correa es el más fiel exponente de esa escuela mandragórica. Revistas sudamericanas y europeas reproducen sus poemas y sus numerosos viajes le permiten ejercer con maestría su tendencia mandragórica.

Enrique Gómez-Correa
Gómez-Correa es poeta profundo, a veces frío demasiado intelectualizado y oscuro. Proclama mucha violencia en el campo poético y su innegable cultura lo sitúa en un ambiente muy personal. En cierta oportunidad declaró: "Yo no creo que en esta época de vulgaridad, en que vivimos, es decir, en esta época dominada exclusivamente por lo político, sea posible tener alguna esperanza en el pensamiento, ni aún pensar en el valor del pensamiento". Agrega que quiere ser "puro pensamiento". "puro acto". Razón, que "todo principio de pensamiento está en la violencia". Y le diríamos, ¿por qué no en la verdadera paz interior, en esa gracia del espíritu que nutren la meditación y el amor?
Stefan Baciu afirma en su ensayo: "Cabeza pronta al disparo, es
como podría definirse la obra de este poeta que fiel a su pasión a la violencia, se sitúa en el panorama de la poesía latinoamericana de hoy al ala izquierda del fuego".
Sin duda que Enrique Gómez-Correa, es un descontento de la poesía que sigue normas tradicionales, abomina de ciertos maestros y va tras una novedad que lo persigue.
Ya en su primer libro, "Cataclismo en loa ojos" (1936) decía en su poema "Las miserias del amor":
"Bajar amparado por el hambre/ Hasta la zona donde se es múltiple / Donde el sí y el no / Arrastran sangre a la lengua / Con más luz que el sueño de un ciego/ Que abre las puertas a un amor/ Que trastorna el oído/ Con luz y hambre se es puro/ Igual que el blanco sale de la noche de los perdidos/ Con miedo a lo furibundo a lo funesto / Pues entonces se está en el amor/ Con toda la cabeza".
"Mandrágora, siglo XX" y ''La noche al desnudo", son acaso sus libros fundamentales. Del primero, cabe señalar la presencia del poeta que busca insomne e iracundo lo esencial y es así como logra decir con sabiduría de poeta en "El hombre y su magia": "Una nube subida sobre mí / hace el efecto de una profecía, / Yo hablo entonces a la oreja del futuro".
La poesía de Gómez-Correa pule la luz, cumple ciertos ritos mandragóricos y se extralimita. El poeta camina por senderos irreales y bien se nutre su imaginación de extáticos elementos que le nacen apasionadamente. Pero su vuelo se haya constreñido por normas irrenunciables. Pertenece a una determinada escuela y las cumple. Posee elementos que prosperan caudalosamente, sin término. Todo debe ser surrealista, desconoce lo puro, lo simple. En su poema "La Noche al desnudo" dirá: "Cuando uno pisa el primer ladrillo de la Noche/ se torna el rostro pálido/ Avanza a través de ese entrecruzamiento de líneas / Donde el amor y la muerte/ Se incrustan en las más fascinantes formas". En uno de sus poemas del libro "El Calor Animal" dirá: "La cabeza en el muro/ Y otras vez la más hermosa de las doncellas / Danza a la luz del orgulloso ciego/ Cuya corona despista a los marineros".
Poeta fiel a su línea de conducta, Enrique Gómez-Correa vive la obsesión de ser original, sin pérdida de tiempo. Ausculta el yo interno del hombre y del poeta, vence obstáculos. Parece no interesarle que lo entiendan plenamente y que la sensibilidad de su poesía llegue a todos los ámbitos. Es surrealista dentro de su propia esfera. Parece satisfecho de irrumpir con la violencia, aparente o real, en el mundo del sueño.