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A PARTIR DE MANHATTAN
Poemas. Ediciones Ganymedes, Valparaiso,
1979


Enrique Lihn

 

Los poemas del presente libro fueron escritos entre los meses de febrero y diciembre de 1978, en los lugares aludidos, haciendo uso de una beca otorgada el año anterior por la
Fundación John - Simon Guggenheim. Mis reconocimientos.



EL VACIADERO

No se renueva el personal de esta calle:
el elenco de la prostituci6n gasta su último centavo en maquillaje
bajo una luz polvorienta que se le pega a la cara.
Una doble hilera de caries, dentadura de casas desmoronadas
es la escenografía de esta Danza Macabra
trivial bailongo sabatino en la pústula de la ciudad.

Es una cara conocida llena de costurones con lívidas cicatrices bajo unos centavos de polvo, y que emerge de todas las grietas
de la ciudad, en este barrio más antiguo que el Barrio de los Alquimistas
como la cara sin cuerpo del caracol ofreciéndose en los dos sexos de su cuello andrógino
blandamente fálico y untado de baba vaginal
el busto de un boxeador que muestra las tetas en el marco de un socavón.

No avanza ni retrocede el río en este tramo descolorido y bullente alrededor de la compuerta
El mecanismo de un reloj descompuesto cuelga como la tripa de un pescado
de la mesita de noche
entre los rizos de una peluca rosada
La fermentación de las aguas del tiempo que se enroscan
alrededor del detritus como el caracol en su concha
el éxtasis de lo que por fin se pudre para siempre.

 

ISABEL RAWSTHORNE

Dios escupió y el hombre se hizo
El hombre eyaculó y el esqueleto cartilaginoso
de una mujer llamada Isabel Rawsthorne apareció en una calle del Soho
charcos de carne membranosa transparentándose en lechos clínicos.

Isabel Rawsthorne, esqueleto cartilaginoso de las calles del Soho
Una cara como un vómito
como una plasta que el ordeñador sanguinolento de lo real pisotea con sus patas de vaca.

En el prado crece la hierba como los pendejos en el pubis de Isabel.

La hierba que crece en el pubis del prado
embetunada de semen
bajo esas dos figuras
charcos de carne membranosa transparentándose en lechos clínicos.

En el lecho nupcial -una mesa de operaciones-
figuras que se entrelazan como bisturíes de carne
La boca abre su corola dentada.

El rojo de la boca coronada de dientes
el ano dentado de la boca como un birrete de obispo.

Pienso en Isabel Rawsthorne para exorcizar la asfixia
de la que ella, en una calle del Soho, es un emblema aproximativo
con su carne eyaculada por el pincel de Francis Bacon.

Una casa
con algo de catacumba al aire libre, desventrada sobre el nivel de las aguas
en el camino que se empina, en Cartagena, sobre el mar falsamente azulado
que tranquil0 baña un paisaje de mierda
detritus disimulados entre ola y ola, cáscaras de sandia y utilerías de plástico.
Una casa o lo que la recuerda con los muñones de sus distintos ambientes:
vespasianas o masturbatorios, depósitos excrementicios, piezas reservadas
para las últimas gracias de la perversión.
La casa del Ello
una ruina de lo que no fue entre los restos de lo que fue un balneario de lujo
hacia 1915, con mansiones de placer señorial convertidas en conventillos veraniegos
hoteles de tercera que se desmoronan sobre sus huéspedes
-prosperidad forrada de madera y barniz-
lugar mecánicamente abisal programado por el azar para que allí ocurra cualquier cosa
a cargo de los operadores eventuales del Ello:
el rapto de una ahogada, el ajusticiamiento de un niño
la violación de una vaca marina.

 

MONJA EN EL SUBWAY

Refractaria a lo que se llama la vida, el material de la suya
se limita a la duración en este mundo que no la provoca
a nada, y vive pues en el amor de Dios
allí donde hacen hora los ángeles terrenales.
Los ojos pálidos del color de esa llama que la fascina
fría en el subway, miran lo que no ven pero lo hacen
con indiferencia boreal
sin imaginar que esas imágenes son su ceguera.
Obedece a las órdenes de Dios
seguramente con probada eficacia:
no es una reclusa sino una hija (por lejana que parezca)
de América, y, por lo tanto
no se trata de un cuerpo astral
movilizado sin ninguna razón
se trata de una pieza de relojería
y como tal ¿no depende de ella quizá
el funcionamiento de todo Manhattan?
Su seguridad en sí misma parece probarlo
El flujo de este mundo de fermentaciones y violencia
necesita de algo que no lo necesite
y eso, a lo mejor, se le parece intimamente
Llama  fría en un vas0 de escarcha
hermana de la caridad organizada
pequeña forma de nada que toma al cristalizar
la ráfaga
Ella que no germinó ni se despliega y que morirá
extenuada, del temor de apagarse.

 

EN EL RIO DEL SUBWAY

Nunca se ve la misma cara dos veces
en el río del subway
Millones de rostros planctónicos que se hunden en el centelleo de la oscuridad
o cristalizan al contacto de la luz fría
de la publicidad
a un extremo y otro de lo desconocido.

 

VIEJA EN EL SUBWAY

La piel es ya de trapo y empaqueta la carne
desmigajada como si fuera estopa o aserrín.
La cabeza ha dejado de alzarse sobre el cuello rígido
y curvo como un asa; pero viaja en el subway
a velocidades incomprensibles para ella
se deja llevar por esta necesidad, entredormida
aferrada a sus bienes muebles
bultos de un peso que la ancla en sí misma,
semivacíos, más llenos de papeles que de cosas.
Se ha maquillado como todos los días para llegar
amanecida a otra estación de la noche
pintada de rosa y blanco matizados de un lila
natural, esta flor de la muerte
Destino que se desplaza
cumplido pero persistente
hacia una calle en el fin del mundo
Hotel Welfare en Broadway:
una cama como una fosa
para morir en vida.

 

HIPERMANHATTAN

Escrita para otros
la ciudad con sus mendigos imperiosos
y yo el analfabeto
(los hados me caparon del inglés al nacer)
por la Quinta Avenida, este río del viento
filudo de Manhattan
soy un puñado de palabras lectoras
una hoja que lee su paisaje de letras
arrastrada del viento, el azaroso.

Si el paraíso terrenal fuera así
igualmente ilegible
el infierno sería preferible
al ruidoso país que nunca rompe
su silencio, en Babel.

 

AMISTADES

Nuestros mejores amigos
desmultiplicados
se pueden reducir a una idea platónica
por mucho que pesen en la vida del otro
como la suya deletérea.

Cada individuo nace estrictamente una vez
madre que hay una sola garantiza
la unidad de la persona
pero la tal es débil;
igual que la memoria
la carne, olvidadiza
sólo recuerda a la carne y se detiene en los detalles
-los individuos- rara vez.

Sin cara ni país ni arraigo en perro propio
somos llamados a la traición
a los cambios de sexo
o más modestamente a una condición aleatoria.

 

HELLO DOLLY

La anciana que pasea la llama de su cuerpo de cera
bordeando graciosamente el escenario
como si no fuera para ella un abismo
es una vieja estrella del cielorraso de Broadway
El centelleo de una voz gutural bajo nubes artificiales
La casamentera de Yonkers canta y dos o tres generaciones de muchachos saludan a la serpiente
con la mostacilla de sus escamas y su vestido inestable
Hello Dolly

 

NIEVES

Las mujeres de su generación en las revistas americanas
sonreían así
con esa sonrisa que la muerte se prende en la solapa
zapateando
El peinado con que la veo morir y los guantes matrimoniales
la luz que centellea en su cara blanqueada por la luz
pertenecen a esa época consagrada a una felicidad
ahora patética
como su muerte sin contemplaciones.

Hermana, de tu sórdida muerte
implacable, un compadrito de barrio
lejos de huir la aceptaste
como a un amigo de la casa en un hogar modelo
Te dejaste quemar por su respiración
mientras cuidabas de perros y flores
y atendías desaprensivamente el teléfono.

Se escucha un ruido como de pelota de tennis
en la pequeña isla desierta
Eso es todo y el sol que pega allí
bajo un cielo impecablemente azul.

 

NADA QUE VER EN LA MIRADA

Un mundo de voyeurs sabe que la mirada
es sólo un escenario
donde el espectador se mira en sus fantasmas
Un mundo de voyeurs no mira lo que ve
sabe que la mirada no es profunda
y se cuida muy bien de fijarla o clavarla
Entre desconocidos nadie aquí mira a nadie
No miro a la Gioconda
ni a Einstein en el subway
En eso de mirar hay un peligro inútil
fuera de que no hay nada que ver en la mirada.

 

EDWARD HOPPER

Historias ajenas al Acontecimiento
el lugar en que los hechos ocurrieron y/o van a ocurrir
eso pintó Edward Hopper
un mundo de cosas frías
y rígidos encuentros entre maniquíes vivientes
La luz extraterrestre con que empieza un domingo
sin fin o el resplandor de unos rieles crepusculares
eso pintó: un camino sin principio ni fin
una calle de Manhattan entre este mundo y el otro.

 

WATER LILIES, 1920

A su edad más avanzada cantó
el acrecido pájaro de la pintura
y el viejo Monet alcanzó su verdad escurridiza
como el aire que riza estas lagunas monumentales
telones que hacen innecesaria otra ópera
preciosos de légamos y herrumbres
música que alimenta a los nenúfares
actores solitarios de la nada en que flotan.

Un cielo especular
es todo lo que se ve del agua
invisible que lo refleja.

 

VILLA CANCER

Su nueva casa no es todavia la muerte pero tampoco comunica ya por ningún poro con el exterior
-puertas y ventanas dibujadas por Francis Bacon-
Villa Cáncer
de acero inoxidable
aislada del más mínimo grano de tierra por la barrera del dolor.
La vida es, mientras dura, infranqueable:
ese poco de tierra ausente y húmeda que representa su madre para ella
la compañía que se prefiere con desesperación
entre morfina y morfina.

La muerte que a un lado y otro del presente eterno
sólo puede anunciarse pero no llegar en el tiempo
ni abrir una puerta donde no la hay
ni una ventana pintada por Bacon.
Sólo mi mamá puede infiltrar su sombra en esa casa de acero
sentar su ausencia desesperada junto a la eternidad de la agonía
-Lying figure with hypodermic syringe-
figuras separadas por un espejo en el que no se sabe cuál de las dos es
la imagen proyectada
desde el exterior de esa escena horrorosamente interior.

 

MONET´S YEARS AT GIVERNY

No es muy clara la cara de Monet:
flota bajo el sombrero -una sombra con barbas- y los binoculares le licúan los ojos
horrorizados de perder su acuidad
a la hora de pintarlo todo de más oscuro.
Pero así ocurre sólo en 1926
momentos antes tiene aún setenta años. Sus retratos lo muestran desigual a sí mismo
abriéndonos la puerta de su finca
más bien como un cartero que lo hace suavemente desde afuera
con su vientre familiar o parecido
al vecino anónimo que visita a Monet:
el maestro parece ignorar en sí mismo la obra sólida
y perdurable, consagrada en 1890 a los museos:
desconstruido aspecto rural de propietario en Giverny.
Sigue el ejemplo de sus árboles: el crecimiento en la vejez, porque el tiempo
lejos de enajenarse en la eternidad de sí mismo
es con Monet -el manchado de sombras luminosas-
lo que por ese entonces se llamó la duración:
el esparcirse fecundante del tiempo en las cosas como en las tierras en barbecho las aguas de regadío
eternidad de momentos que se reiteran nunca iguales, el trepar de las rosas silvestres
por los arcos que se abren a la laguna
-The flowering arches beside the pond-
y sobre ella, en el escenario del aire, la actuación
luminosa y patética de la wisteria,
flor de la pluma.

El señor cambiante que camina hacia su obra maestra
The water lily pond, bajo las enredaderas de Virginia
entre los parterres de lilas y de rosas
se propone pasar a una posteridad momentánea
No está abstraido en sí mismo
como en la captación de su propia alma los paisajistas de la vieja escuela
sino más bien atento a una profundidad exterior:
el agua invisible que rescatará de las aguas
para lo cual construyó hacia 1901
el Taller Número Tres: arca y represa y Arca de la Alianza
entre lo invisible y lo visible
La naturaleza y la pintura se hacen entre sí signos de equivalencia
en la misma medida en que ya no son intercambiables
A través de esa juntura divisoria
pasa de un lado a otro la mano del mago
trabajos simples como los de un buen jardinero
pero a un tiempo trucos increíbles:
hace brillar el efecto de la luz sobre la naturalidad
artificiosa de unas parvas de paja
que no pueden ser (pero lo son) imaginarias
El paso inmóvil de las estaciones
vigiladas por esos ojos cambiantes bajo el sombrero de paja deshecho
Ojos que serían los de un buho si la sabiduría supiera limitarse
prudentemente a verificar sus impresiones
a la luz del sol.

El señor de unos momentos después es por ahora -después- el señor de los lotos en la flor de su edad
avanzando hacia el doble vivero
de aguas pintadas y de aguas reales
duefio de una propiedad de la que se alimenta el regalo de su obra
extraterritorial
Cada día el inventario inagotable de lo que para disminuirlo llamaron sus impresiones
una riqueza imposible de evaluar pero no por ello menos amasada
en el espacio de dos o tres acres de tierra.

 

PARA ANDREA

La oruga es una trabajadora infatigable, mata
con su apetito sin boca algunos centenares de hojas
que el árbol le tiende compasivo de su ceguera
para ayudarla a cruzar la calle.
No deja más que huecos a su paso tal como la pinta esta tarjeta postal
La mariposa, en cambio, salta del capullo
en el instante mismo de su transfiguración
en que como una flecha de nacimiento
abre los ocelos de sus alas a la luz
pero quizá no los ojos, porque también está ciega
Ella baila con sus alas de artista
como una gitana al son de violines húngaros
y no se detiene dos veces en la misma flor.

La mariposa no puede recordar que ha sido oruga
asi como la oruga no puede adivinar que será mariposa
porque los extremos del mismo ser no se tocan.

 

ESCOMBRO

Sus sueños de grandeza no concluyeron
hasta el día en que cayó no enfermo, loco
allí, en el reino de la miseria, y se estuvo
entonces acostumbrando a lo que ya nunca dejaría
de ocurrirle, arrastrándolos pesadamente
-esos sueños- como a los cadáveres el celador nocturno en la morgue.
La idiotez ulterior
y su nueva mujer con la que se conoció en una clínica
como salvada -llena de tizne- del derrumbe de un incendio en el Bronx
donde se mata a las casas con fuego
un dolor de cabeza que lo obliga a desistir en seguida
de la más mínima lectura
y a vender sus libros ilegibles al menudeo
entre amigos que con razón preferirían no verlo
sus inoportunas llamadas telefónicas a cuenta del receptor en horas del amanecer
silenciosas o como si lo fueran
todo eso y la comodidad, por fin, del escombro humano
lo han hecho echar raíces en las proximidades del Reino
cerca de la locura.

 

SUBWAY

El aire de la cárcel en una estación del subway
como si no fuera a pasar nunca o pasara constantemente de largo
un tren invisible cargado de presos
Estas puertas cargadas de cadenas
y las otras dentadas, que giran en una sola dirección hacia el exterior
Exit 18 Street -medidas de prevención-
como si en el vacío nocturno a uno lo amenazara
la irrupción de quién sabe qué horda.
El aire del abismo mecánico a lo largo de estas paredes con mosaicos que parecen
vespasianas de las que sería prudente escapar, y el tren del ir y venir
hacia los extremos peligrosos de Manhattan
cargado de la horda, el ruido infernal
que anuncia el expreso New Lots Avenue
cargado de presos que huyeran al asalto de los túneles.

 

DE SOMBRAS COLOREADAS

Un río de personas atraviesa Monet
este espacio vacío
lleno del mero cuerpo de la luz
Visitantes que pueblan los paisajes ausentes
del viejo ilusionista
maestro del reflejo del cielo en el estanque
Sombras venidas de todas partes del mundo
se agolpan para ver a un muerto que les habla
con el pincel, de sombras coloreadas.

 

GERARD DAVID

En su pintura fueron felices los Flamencos
los ángeles burgueses de alas pintiparadas
que repetidos bajan y bajan a la tierra
joyeros de la Virgen en el día constante
de su coronación y músicos campestres.
Gerard David devoto de la madre de Dios
tuvo la gentileza de no saber pintarla
sino como una rosa mofletuda
princesa en su palacio
(al fondo las almenas y el huerto bajo un cielo
que lo penetra todo de un azul increíble).
Ocurre allí como en un cuento de hadas:
el reiterado ángel principesco se para
en el aire como un ruiseñor ante una rosa
frente a la miniatura de la Virgen
y esto es la Anunciación: ella está junto al lecho
donde el hijo que nace y la madre que muere
lo harán bajo un dosel oyendo al ruiseñor.

 

A ELIOT

Con su redundancia habitual
de nimiedades significativas
el sueño reanuda su discurso
aparentemente torrencial
como quien toca un organillo de feria.
Las manos de ese juglar conocen al dedillo
(pero no pueden reemplazarlas) las piezas de su instrumento:
están sucias de engrasarlas y calafatearlas para cada una de
sus presentaciones nocturnas:
la tosca diestra del mecánico hace disonar el reverso
de la música de los astros y se descorre el telón
deshilachado y mugriento sobre
the thousand sordid images
of which your soul was constituted.

Es una historia vulgar aunque parezca impenetrable
y llena de un material, aunque ordenado, aleatorio.
El director de la escena introduce en ella
la ilusión de la variedad pero nadie ignora sus trucos:
noticias reconstituidas antes de que acontezcan
dominadas por la sórdida monotonía del alma
cien imágenes ilustradas con millones de ecos
que no alcanzan a formar una frase completa
ni una palabra de verdad sino impresiones.

El alma que tan obviamente no cambia al transformarse
es allí el nudo de una trama sexual
El accidente de Edipo
una mariposa sobrexcitada por la luz
Todo mecánico.

 

T.V.

Como los primitivos junto al fuego el rebaño se arremansa atomizado
en la noche de las cincuenta estrellas, junto a la televisión en colores.
De esa llama sólo se salvan los cuerpos
En cada hogar una familia a medio elaborar clava sus ojos de vidrio
en el pequeño horno crematorio donde se abrasan los sueños
La antiséptica caja de Pandora
de la que brotan ofrecidos a la extinción del deseo
meros objetos de consumo
en lugar de signos, marcas de fábrica
Hombres y mujeres reducidos por el showman a su primera infancia
ancianas investidas de indignidad infantil
juegan en la pantalla que destaca sus expresiones inestables
como las de las cosas en el momento de arder.

 

VERSOS PARA ILUSTRAR UNAS FOTOGRAFIAS DE
SAN ANTONIO DE ATITLAN

Para Francisco Alvarado, autor de las fotografias.

A la orilla del lago Atitlán, la tierra prometida
emite todavía algunos destellos de identidad:
son las dos o tres luces eléctricas
de San Antonio Palopó, un pueblo habitado por algunas familias de cakchiqueles
Las casas tejadas de la loma calcífera ascienden del lago y bajan a él, porque todo gira
alrededor de ese polo único: el lago
el pozo de los días y las noches empedrado de montañas
Unas casas que no se distinguen entre sí
como si las hubiera parido una misma casa: la Casa
Virgen de barro lechada a la cal
protegida y protectora.

El lago Atitlán gira accionado por los remos de los indios hacia la aldea vecina, es la rueda
de la fortuna, allí
los remeros agrícolas truecan
el chile y la cebolla
por sus sombreros texanos y los abalorios fulgentes
quemándose solo por un segundo los dedos
con los quetzales de la jornada
antes de emprender el peligro del regreso (las aguas del Atitlán
se alborotan a la caída del sol que no llega a penetrarlas,
el sol que se pone allá arriba en las montañas).
Poco conocedores de la luz eléctrica e ignorantes del agua potable
el orgullo de los indios son sus uniformes tejidos a mano
largas faldas azules para las mujeres
faldas cortas para los hombres
Por esas prendas los reconoceréis en cualesquiera partes de Guatemala
y se sabe por ellas que no se han dispersado lejos de su comunidad
Los huipiles de las mujeres son amplios. No ocultan, ocultan los senos
que se dejan y no se dejan ver en esta doble forma poco provocativa
siempre al alcance de los críos
Los resplandecientes collares
baratijas verdes y amarillas, girando varias veces alrededor del cuello de todas las hembras del pueblo sin excepción de edad
desde la cuna a la tumba
Y ¿de dónde vienen esos sombreros?
Pero collar significa hembra y sombrero macho
y ambos emblemas diferencian a los habitantes de San Antonio de todos los otros indios de Guatemala
que no viven tan lejos de los Estados Unidos
ni tan cerca de la inminencia de la carretera que avanza por los pueblos de la ribera
con el mensaje de la civilización
un grupo de turistas.
Esa carretera serpentea a seis mil pies sobre el nivel del lago,
un poco más cada verano
en la dirección de San Antonio que espera con la mayor inocencia la llegada de la tentación.
Ella -confidencian los hombres- nos ahorrará el trabajo de atravesar el lago en nuestros botes
para llegar al mercado de San Lucas Tolimán

Pero la carretera les ahorrará el trabajo de ser
Eso ocurrirá al principio poco a poco, sin que ellos lo perciban y luego
tan rápidamente que nadie conseguirá recordarlo.

 

APOLOGIA Y CONDENACION DE LAS RAMBLAS

Asiento en las Ramblas por cinco pesetas: módica contribución
en Barcelona, a la gran Madre Fálica
El derecho de ver, pues -como no sea
simbólicamente- es gratuito en todas partes del mundo
y con lo que abunda, y con razón, el voyeurismo.

Hete aqui con el ojo del culo pegado a una silla de tijera
como -pero sólo como- en la cubierta de un barco
pues el mar en procesión fluye dentro de las Ramblas
entre dos orillas de mirones
Esta es la calle más linda del mundo dijo el marica
de Somerset Maugham por la rambla de las Flores
Y lo es ¿no? ¿por qué no? Bajo la sombra que cae
sofocante de los árboles como si se levantaran los vestidos
estos símbolos fálicos.

La sombra del señor se hizo fosa a sus pies
ola retinta y boquerón
consumiéndole el resto del cuerpo varias veces reconstituído
prótesis y derrames en forma de melenas
que salpicaron las alfombras cuando lo asomaron al balcón
Un escupitajo de carne en el salón cartilaginoso

Mea culpa, mea culpa, mea gravísima culpa

Entramos por las Ramblas Adriana y yo, Ariadna guiando
al rencoroso Teseo topo y viajero de todos los laberintos
per0 reiteradamente incapaz de atravesarlos por sí mismo
sólo acostumbrado a la penalidad de sobrellevarlos
una pareja unilateralmente simbiótica
Dejámos las maletas en la estación y caminamos mucho rato
demasiado, en silencio.

Las Ramblas se hacen -encalladas- a la mar de sí mismas
humana, y somos olas de esta metáfora de uso
peces de aguas profundas, monstruos marinos
disgregaciones que flotan en el magma de la noche.

María de las Ramblas -Virgen y puto- se restriega con los ángeles en el urinario
(en el año del deshielo del sexo español)
Pasa y repasa su pasar de esperpento que combina
sus rasgos con los de Tórtola de Valencia, bailarina modernista
abanicándose y retorciéndose como el dragón del Llano de la Boquería
lanzando fuego de artificio por el hocico pintado
Tradición Revolución Prostitución Revolución.

Un viaje que consiste en los viajeros que lo hacen
de pie o sentados en los enfilados escenarios abiertos al público
de este espectáculo autista
del que se participa presenciándolo
Bajo el reinado de una mirada que no hace diferencia ninguna
entre ver y ser vista.

La Agencia Matrimonial La Felicidad y el Porvenir
a la entrada de la calle Conde del Asalto
tendría que arruinarse
Pero madame Angelina -su propietaria- tiene agencias a su servicio en toda España
e, invicta, la que enfrenta el flujo y el reflujo
de Sodoma y Gomorra
reinos constantemente transitorios y aleatorios.

A diferencia de Sarita Montiel
pero a imagen y semejanza suya
a pesar de sus grandes pies planos y sin empeine y de sus manos huesudas
a pesar de sus manos finas y de sus pies de bailarina
el hipertravestí, una señora imponente
(A mí no me pagan por enseñar el pene
Es un defect0 físico
)

aunque incompleta y condenada así al arte y a la prostitución
desembocando con garbo y tacones transparentes
por la calle Escudellers. Si en EL COSMOS
no la espera su marido, baja a la arena de las Ramblas
como un torero enfrentando a la rutina del toro
Una señora incompleta pero respetuosa del público
(A la salida del teatro no me faltan admiradores)
cansada de enseñarles el pito a esos palurdos
No piensa por ahora en operarse: de todo menos de eso
un cuernecillo de la abundancia, vale
segura como está de su completa femineidad
por obra y gracia del Arte
el Matrimonio y la Prostitución.

Levantando el brazo inducido por una descarga eléctrica, habló:
Padre por qué me has abandonado. Las condolidas amenazas de siempre
truenos y rayos de utilería en el balcón crepuscular
papel que se vende a bajo precio en las Ramblas
junto a las revistas pornográficas.

Los habitués de la contracultura se acomodan de espaldas al Café de la Opera
sobre cubierta
para navegar toda la noche
de mirada en mirada
Los señores vestidos de tías y las señoras vestidas de tíos, que eso se lleva mucho
y que ir por la calle desnudo -olé- es como si uno rompiera algo y le llovieran estrellitas sobre la cara
y que en esta puta sociedad
los falangistas me jodieron a mí y a todo el mundo.

 

J. M. W. TURNER (1775-1851)

¿Quién se baña dos veces en el mismo río?
Se lo preguntó Turner pintando el rio Tweed
y su respuesta fue el globo de la luz
dividido entre el agua y los fuegos solares:
el paso de la luz al fuego y a las aguas.
Este descubrimiento lo alejó de la tierra
como pintor, al menos. Venecia lo esperaba
pero estuvo aprendiéndola durante años y años
pintó primeramente los combates navales
dignos de la Academia
se distinguió en escenas alegóricas:
visiones de Jacob o de Medea
hizo sus inventarios en el Foro Romano
rememorando a Tito, fue teatral
hasta lo explícito, pero siempre atisbó
a través de esos actos finales su Principio:
en la declinación de Cartago el ascenso
de Turner, el maestro de la puesta de sol
cuya belleza atrae a los monstruos marinos.
Lo instantáneo, el momento que abrasa las sustancias
y sólo deja el rescoldo del Ser
ese incendio que viene de las nubes y el viento
y quema -desdoblado en las aguas- su imagen.

 

EN MEMORIA DEL PRINCIPE CONSORTE

El mármol parece excrement0 de pájaros
bajo la acción de un siglo de lluvia londinense
y es venenoso el verde de los ángeles
Pero bien se conserva el Principe Consorte
dominando a los cuatro continentes.
Todo un mundo de enanos se erosiona a sus pies
desplegado en el zócalo que lo invita a sentarse
bajo su dosel gótico, en pose de gigante.
Desde Homero hasta Milton
y desde el Giotto hasta el señor Joshua Reynolds
se unen en el mosaico de una dedicatoria
que peca por lo simple de contrabizantina.
Impertinencia digna del Imperio Británico:
el decir absoluto de una abstraída pluma
real, viuda y amante
y por antonomasia victoriana.

 

VOY POR LAS CALLES DE UN MADRID SECRETO

Voy por las calles de un Madrid secreto
que en mi ignorancia sólo yo conozco:
nadie que lo conoce lo ve así
ni en su ignorancia ignora lo esencial.
Ariadna -mi memoria laberíntica-
me tiende el hilo de su pobre ovillo
hecho de telarañas hilachientas.
Creo ver lo que vi. es una creencia
y de improviso, es cierto, lo estoy viendo
pero en otro lugar. Y ¿por qué en otro?
más bien todo en un sitio sin lugares
ni estables perspectivas ni, en fin, nada.
La ciudad es hermosa ciertamente
pero debo inventarla al recordarla.
No sé qué mierda estoy haciendo aquí
viejo, cansado, enfermo y pensativo.
El español con el que me parieron
padre de tantos vicios literarios
y del que no he podido liberarme
puede haberme traído a esta ciudad
para hacerme sufrir lo merecido:
un soliloquio en una lengua muerta.

 

LEONES DEL NOVECIENTOS

El león, un buen padre de familia
tierno o brutal según el viento que sople
domable, es cierto, pero nunca servil
fue el modelo ideal del siglo diecinueve.
Todos los escultores hicieron de los circos
su taller -empezando por los peores falsarios
(los pequeños felinos del arte de agradar).
Millones de leones fueron movilizados
desde la selva al mundo del vaciado en metal
Rugió el mármol, la piedra se puso leonina
Por cientos y por miles
leones de artificio se esparcieron
por la ciudad, subiendo
de dos en dos las gradas de todos los palacios
y allí montaron guardia en nombre de la Ley
Pero no eran leones ni exactamente perros
eran los carceleros de sí mismos, los amos
del Poder pavoneádose en forma de león.

 

HOTEL SANTANDER, MADRID

Como en una pintura de Gutiérrez Solana
el ambiente es modesto
pero el corazón grande de cortinas
que sofocan la luz que viene del balcón
y las que se levantan las puntas de las faldas
entre cámara y recámara.
El armario no falta, como un ataúd para varias personas, el neceser y los espejos,
el diván, la mesita ovalada
el color sombrío de las cosas y un frío de verano que asusta.

 

NUNCA SALI DEL HORROROSO CHILE

Nunca salí del horroroso Chile
mis viajes que no son imaginarios
tardíos sí -momentos de un momento-
no me desarraigaron del eriazo
remoto y presuntuoso
Nunca salí del habla que el Liceo Alemán
me infligió en sus dos patios como en un regimiento
mordiendo en ella el polvo de un exilio imposible
Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor:
el miedo de perder con la lengua materna
toda la realidad. Nunca salí de nada.

 

EL MISMO

Veinte y cinco años de Manhattan no le han agregado
nada a esa cara de provincia
salvo el toque erosivo de la edad, la opacidad
del ojo y el raleo del cabello
Es lamentable o indiferentemente el mismo
de siempre: el buen muchacho
que toma su café a las doce en la calle Ahumada y desaparece
un buen día para siempre, dejando su rastro
en otras memorias.
Parece no haber venido aquí
detrás de un triunfo en su caso imposible
ni por obra de una decisión adoptada
en un momento crítico
ni para cambiar el mundo porque se trajo a sí mismo con todo
el aire de un café, en Ahumada, a las doce
de hace veinte y cinco años
Vino por casualidad y fue voluble
en quedarse: el lugar se le parecía
o así lo creyó y tenía la razón
Manhattan en sí misma carece de realidad
Aquí también en un cierto sentido
no pasa nada.

 

CATEDRAL NEOYORQUINA

¿De qué planeta frío cayó este aerolito
que no presenta huellas de Dios en parte alguna?
Si bien ya nadie prueba la existencia de Dios
al pie de esta montaña de utileria gótica
no hace falta frustrar el deseo de hacerlo.
La catedral más grande del mundo está vacía
desde que fue el proyecto de esa mera grandeza:
un fruto inmenso pero sin sabor
de la sociedad competitiva
el deseo piadoso quizá de establecer
una gran sucursal del cielo en Nueva York.

 

.............................. *

 

Ironías que claman, sin confesarlo, al cielo
negros de Harlem y de Puerto Rico
que viven del negocio de la Iglesia
y lo hacen imposible.
Son los arrendatarios renuentes
de los viejos inmuebles de San Juan
tocando su bongó toda la santa noche
bajo el sombrío rosetón perplejo:
el ojo que le arrancan los cuervos bailarines.

 

 

ST. JOHN THE DIVINE

Frente a la Catedral el Asilo de Ancianos:
se necesita todo el peso de Dios
para que al otro lado del fiel de la balanza
vayan subiendo al cielo estos pobres espíritus
que, humedecidos por la edad, no prenden
bien ni podrían soplar por donde quieren
si pudieran querer el poder de soplar.
Aunque en las nubes últimas tal vez tomen un baño
de Juvencia, aquí abajo
miran un cielo oscuro con los ojos vacíos

Todo el peso de Dios, todas las piedras
de San Juan el Divino para que suban
al vacío del cielo los viejos en rebaño.

 

FIGURAS DE PALABRAS

La constelación del insomnio me obliga a perseverar
en un cansancio sin sueño
como a un astrónomo la desaparición de una estrella
pero sin el consuelo de ninguna de estas metáforas
que cargo a la cuenta de la vieja poesía.
Tampoco Nueva York es otro de los tantos poemas
que llevan su nombre ni se presta a lucir en el papel
(tantas veces escrita por nada y para nada)
un sentido como una máscara
detrás de la cual me ocultaría yo:
un viejo lugar común por el que todas las palabras -salvo muy pocas- pasan.
Esta ciudad hacia la que todas confluyen
no se parece es claro en nada a una persona
Es una cosa inerte como la formación
de un continente en los períodos glaciales
y sólo en este sentido está viva
Grandeza sí pero no sueños de grandeza, avanzando por encima
de nuestros perezosos modos de evitar su descripción
con exclamaciones y otras figuras de palabras.

 

HOMENAJE A CAROL DODA, EL SUEÑO DE DAVID

Las palabras salen del saloon en patota
y se trepan a una sola frase
Un taxi cargado de borrachos para en Broadway Avenue
frente a las tetas más grandes del mundo
y la poesía toma asiento en todas las rodillas con el aire estúpido
de una vaca drogadicta
sonrisa lumínica
que se enciende y se apaga varias veces por segundo.

 

EL ESTILO ES EL VOMITO

Palabras que nunca caben en una misma frase
se apretujan en ella
una pandilla de borrachos a la salida del saloon
Y la poesía vocifera excitada por la velocidad
de las asociaciones. Sus adictos
hacen caso omiso de las señales de tránsito
Palabras que se acoplan unas a otras hasta perder el sentido
en esos excesos
El estilo es el vómito.

 

AL LLEGAR A SAN FRANCISCO

Hace quién sabe cuánto tiempo pasó
esto que ahora ocurre:
la memoria es engañosa
por su exceso de fidelidad
en ciertos pasajes
reteniéndolo todo. Fragmentos
( ¿como ahora?)
mientras se llega a San Francisco
en un autobús que cruzaría la barrera del tiempo.

 

TODO ES MAS GRANDE EN TEXAS

Todo es más grande en Texas
la realidad ha tomado esa presunción al pie de la letra
porque no vi nada en Dallas asomado a la puerta del horroroso motel
salvo carros que pasaban y pasaban y no dejaban de pasar
desde la otra orilla idéntica de una carretera sin hitos
flanqueada de inmensos avisos luminosos
de bulto y que giraban para nadie
bajo un cielo que no alcanza a cubrir esa región
A veinte millas cualquier cosa de otra
gigantescos lugares de esparcimiento
en el sentido texano de la palabra.

 

UNA CANCION PARA TEXAS

Bajo la luna de Texas, más grande que en cualquier otro cielo del mundo
Donald se mirará, meditabundo, la punta de sus botas puntiagudas
Puede que piense con toda seriedad en emigrar
a una región menos vasta
donde haya lugar para un pequeño proyecto
Conoce ya -porque en sus viajes ha sido pródigo- países
del tamaño de la mitad del Estado
pero están por ahora increíblemente lejos
allí vivió Donald en su elemento
en un mundo de tamaño natural
pero aunque no puede florecer insiste en sus raíces
a medida que envejece
como una rama tronchada.

 

POE

Cae la nieve negra de Anaxágoras desde Edgar Allan Poe
sobre el blanco que se extiende ante el ojo
invisible del lápiz
Las palabras arremolinadas por el viento que lleva el segundo de estos nombres
caen sobre el desierto de papel.
Edgar, me hago tu eco
yo también prefiero -en mi perversidad- lo distante y equívoco
a lo obvio y fácil. Al paso de los años
que no me enseñan nada, en cambio, aumenta
-en proporción directa a mi extenuación-
el tamaño de mi cabeza y la movilidad de mi lengua.
Cedo la iniciativa a las palabras en tu honor
y me agrego a tu nombre releyendo a Baudelaire: hojas que caen
de un libro descuadernado, rival de la Naturaleza
L’ART ROMANTIQUE, datado por mí en París en 1965
esa ciudad irreal
Cae (y de lo que se trata es de la palabra caer) sobre la página en blanco
una sombra de palabras: la nieve
negra, un oximorón de Poe, el engreído
diestro en atribuciones, citas y coartadas
como yo.

 

LA REALIDAD Y LA MEMORIA

El simulacro de profundidad que presta la memoria a todas las cosas
porque ella es por definición lo profundo
esa profundidad consustancial a las cosas en la memoria, razón
por la cual se sustraen al reconocimiento
deslizándose en sí mismas constantemente hacia un atrás
aparente.
En la memoria
no nos encontraremos nunca delante de las cosas que vimos alguna vez ni en realidad ante nada
Pero en lo real -donde ocurre exactamente lo contrario-
las cosas son pura superficie
que nos cierra al conocimiento de las mismas
cosas de las que ergo nada puede decirse en realidad.

 

POETAS JOVENES

............. ............... ................ ................ ............ Para Edgar O’Hara, del Perú

Vuelven a brotar a la vida literaria
los jóvenes aquejados del corazón, poetas
de veinte años que cojean de ese pie y parecen
hambrientos: lobos
que no reconocen camada ni matan
a la oveja, suspirando en las hondonadas.
Es incoercible la obstinación
de esto que no es una necesidad
sino la forma misma del deseo: palabras
una y otra vez arrojadas desde esas honduras al viento
capaces, las menos, de germinar en el aire
porque no hay tierra para la poesía. Pero asombra,
conmueve el desuso de esa voracidad
un mero temblor en el lenguaje
que nadie puede ya confundir con el cielo
y más aún la inflorescencia inesperada
-una entre millares- de la semilla del aire
y no fuegos pirotécnicos; el poema
prematuramente ejemplar.

 

EL OTOÑO DE LONG ISLAND

................... ........................ ......................... ....................... A Pedro Lastra

El otoño de las selvas que pasan
pequeñas, rojo y amarillo
desde laderas estriadas de raíces
con su plumaje verde
el gallo de Long Island
el buen reloj de la naturaleza
me anuncia mi regreso al lejano país
de todo o nada
aunque vaya a Port Jefferson,
y que me ignoren los vecinos del bosque
los coparticipantes de su alquimia.
............ ....................................El otoño
de estos hombres parece
una prirnavera disecada:
las hojas son ahora las flores de la muerte
y darán la apariencia de frutos que enguirnalden
el fuego del hogar en sus hogares campestres
con chimeneas falsas
cuando haya terminado, y conmigo, el otoño.

 

 
 

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A partir de Manhattan.
Enrique Lihn.
Poemas. Ediciones Ganymedes, Valparaíso. 1979.