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Sara Vial recuerda a su amiga María Luisa Bombal: "Sufrió muchísimo. Por eso bebía"

Por Juan Carlos Ramírez F.
La Segunda, martes 27 de diciembre de 2011

 

 

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"Me da rabia que la muestren siempre como una mujer borracha y licenciosa", reconoce la poeta Sara Vial, posiblemente la persona más cercana a María Luisa Bombal tras su regreso definitivo al país en 1971.

Como eran vecinas en Viña del Mar se veían prácticamente todos los días hasta su muerte en 1980. Se reían, hablaban de libros, planificaban respuestas para las numerosas entrevistas que solicitaban a la autora de "La amortajada".

La escritora le confesó también que nunca pudo olvidar al aviador -y playboy - Eulogio Sánchez Errázuriz, aunque estaba contenta de que los tres balazos que le dio en el Hotel Crillón en 1941 no lograran matarlo (fallecería años después en un accidente de aviación). "Ahora que tengo una relación personal con Dios, Sarita, no podría habérmelo perdonado", le decía con tono apenado.

Por eso, la entrevistada tiene miedo de ver "Bombal", la película de Marcelo Ferrari que se estrenará el 5 de enero y con Blanca Lewin encarnando a su amiga escritora. "Seguramente no la mostrarán en su proceso de escritura ni el sentido del humor que tenía".

-¿Cómo se hizo amiga de María Luisa Bombal?
-En un almuerzo en la casa de Eduardo Anguita. Recuerdo que estaba Alone también. Ella era una mujer fina. Recuerdo su elegancia cuando sostenía una copa, como si fuera un pétalo. Yo eché una talla y ella me lo celebró de inmediato. Después le diría que no me esperaba esa reacción de ella, porque pensaba que era una mujer terrible. ¡Y nada que ver!

-Y se cayeron bien y empezaron a juntarse...
-Es que las dos oscilábamos entre el bajoneo y la alegría. Ella se reía conmigo. Pero también cuando se sentía mal me llamaba por teléfono y me decía: "Estoy tan triste; ¿te puedo ir a ver?". Y yo le decía que ni siquiera tenía que preguntar, que mis hijas y marido la adoraban y que mi casa era su casa.

-¿Era una especie de refugio para ella, tras su vuelta a Chile?
-Sí. Nosotros la cuidábamos. Mi marido la iba a dejar en auto a la casa. También la protegíamos cuando la iban a entrevistar. Le echaba agua al vino blanco y ella decía que era el más malo que había probado. Y nos prologábamos los libros. Ella se reía de todo esto y me decía que íbamos a fundar nuestra propia sociedad de socorros mutuos.

-Usted una vez contó que había un maletín negro con material inédito que ella guardaba celosamente. ¿Habrá aparecido?
- No, que yo sepa. Aunque yo tengo un montón de cartas inéditas de los años cuarenta y apuntes que me dejó. Ninguna novela, lamentablemente. Aunque "The house of mist", que escribió para la Paramount, aún no es traducida al español.

-¿Cree que María Luisa Bombal, como escritora, no es valorada como se debería en Chile?
-Acá todos los escritores terminan mal. Especialmente los que no saben marketearse. Nosotras no sabíamos hacerlo. Todos los años le hice una campaña para que obtuviera el Premio Nacional y no pasaba nada.

-Es interesante la admiración mutua entre ustedes: narradora y poeta, respectivamente...
-Su prosa era poética y le encantaba que yo me diera cuenta de eso. "María Luisa, no necesitas escribir en versos porque te saldrían prosa". Ella sabía que el sentido poético de la vida la dominaba a través de la prosa.

-Aunque, como usted dice, ella tenía su lado alegre, también hay una parte trágica...
-La recuerdo en estas fechas, al lado del árbol de Navidad, con sus ojos tristes. Ella no lloraba mucho. Era muy alemana para algunas cosas. ¿Por qué tomaba? Porque lo pasaba mal. Su marido (el banquero francés Raphäel de Saint-Phalle) le dejaba vodka en el velador y ella, que le tenía temor a la soledad, se la tomaba entera. Su hija la menospreciaba. Ella sufrió muchísimo. Por eso bebía. Todas las circunstancias de su vida la impulsaron a eso. Y la pobrecita, cuando tomaba moderadamente, se ponía tan feliz.

-¿Cree que estas profundas heridas personales han sido vistas con frivolidad por el resto?
-La mayoría de la gente no conoce el drama que vivió. Lo infeliz que fue en el amor, en la vida familiar, en lo económico. Mi madre, que es músico, le hizo un vals y lo grabó en casete. A ella le gustaba tanto. Dijo que sólo podía ser feliz con Mozart y ese vals. Se llama "María Luisa Bombal" y debe estar en alguna parte.

-¿Fue consciente en vida de su legado como escritora?
-Me decía: "¿Sabes Sara? ¡Yo soy un mito!".

 


Su tributo a Miguel Hernández

Sara Vial es una admiradora de Miguel Hernández, a quien considera "más grande aun que García Lorca, precisamente por haber sufrido más". Ella cree que el dolor impulsa a escribir de una forma más intensa aún.

Esa es la premisa de "Miguel Hernández o la muerte de un ruiseñor" (Editorial Siníndice), un conjunto de sonetos dedicados a la memoria del poeta español, con motivo de su centenario.

Con prólogo de Enrique Robertson y la presentación de Altor Larrabide de la Fundación Cultural Miguel Harnández, el libro ahonda en el trágico destino del poeta en la Guerra Civil. .

"Sufrió de una manera que nadie se lo puede imaginar, muriendo en una celda, tres años después que terminó la guerra. Me siento cercana a él", explica Vial.

Dice que le gustan los libros pequeños y bellos como éste de cuarenta y cinco páginas. "Así se debe leer la poesía".

Para ella el soneto, como género, es uno de los más difíciles, pero también más intensos.

Es cosa de leer versos (incluidos en el libro) como "No sé explicar cuanto te leo / y tus palabras quedan en mi oído / ¿De qué estrella bajaste lo aprendido? / ¿De qué agua la piedra en que me veo?", escribe Vial.



 

 


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