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A PROPOSITO DE PARASITE, PALMA DE ORO, CANNES 2019

Georges Aguayo


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Hace unos días descubrí una palabra inglesa que me perturbo un tanto:  spoil. En   su versión afrancesada deriva en spoiler. En castellano podría traducirse como “aguar el placer de”. Esta palabreja podría dentro de un tiempo pesar   como una espada de Damocles sobre los críticos de cine o de narrativa. Cierto a nadie le agrada que le cuenten el final de un libro, o de una película. En una ficción lo más interesante sería el suspenso. Y bien lo que antes era una práctica detestable (seguramente) podría transformarse en el futuro en una falta susceptible de un proceso en los tribunales. El demandante exigiría una indemnización financiera por el eventual perjuicio comercial. Por esta razón, luego de la salida del ultimo Stars Wars el diario Le Monde se negó a visionar y comentar la obra. No ha sido el único medio de comunicación en tomar medidas en este sentido. Telerama, una revista de crítica cultural, en su artículo de presentación de esta película de Bong Joon-ho, describe algunos elementos   de la intriga, pero se niega a proseguir el ejercicio. Estiman que vivimos en una era dominada por internet y las redes sociales, y que por lo tanto es preferible ser prudente. Por el momento, no sabemos si este intento por controlar la crítica va prosperar o no. En todo caso no sería casual que surja en estos tiempos de crisis económica, social y política, e inclusive diría yo, si agregamos la dimensión ecológica, de civilización. Actualmente la guerra comercial entre los grupos económicos, cada estado protege a su burguesía nacional, es sin cuartel. Al parecer las clases dominantes temen que la economía pueda desplomarse de un momento a otro. Por esta razón tratan de acaparar el máximo de utilidades. Sin importarles cuantos “cadáveres” (nunca les ha importado demasiado en todo caso) queden en el camino. Hago esta introducción porque Parasite es una película con un fuerte contenido político. Bing Joon-ho evoca un tema que muchos desearían ver desaparecer para siempre del mapa de la ficción:  la lucha de clases… Ki-Taek vive con su esposa Chung- sook, su hijo Ki-Woo y su hija Ki - Jung en una especie de sótano cuya única ventana da a la calle. - Una pésima ubicación. Los borrachos miccionan en un poste del alumbrado público situado justo al frente. - Todos están sin empleo fijo y para sobrevivir pliegan las cajas de cartón de una pizzería. Una tarea que no ejecutan con demasiada meticulosidad porque tienen problemas con una responsable de la pizzería. Para conectarse a  internet piratean la wifi de sus vecinos. El polo opuesto lo constituye la familia Park. Gente muy adinerada que vive en una casa   de centenas de metros cuadrados.  Las ventanas del salón de esta casa dan a un jardín de centenas de metros igualmente. Este núcleo familiar lo compone una pareja todavía joven, una chica   adolescente y un niño de unos diez años.  La familia pobre entreve una salida a su situación cuando un amigo de Ki-Woo le propone que le de cursos de inglés a la chica Park.  Para que   obtenga el empleo Ki-Jung, le falsifica a su hermano un diploma de la prestigiosa universidad Yonsea. Gracias a esta excelente referencia   Ki-Woo es aceptado como profesor de ingles. A partir de ese momento la tribu va a utilizar toda su energía, y su ingenio, para apoderarse de todos los puestos de trabajo que ofrece esta familia acomodada: gobernanta, chofer, profesor de inglés para la chica, profesora de arte para el niño.  Esta familia pobre, que no revela su parentesco a sus empleadores, de cierta manera ha tomado el poder en esa casa. Los procedimientos para conseguirlo son inmorales. Aun así, aunque abyectos, estos personajes son simpáticos. Hasta aquí la atmosfera de la película es agradable. El tono suavemente irónico recuerda algunas comedias inglesas de los años 80.  Sin embargo, detrás de los buenos modales y el respeto de las conveniencias sociales se esconde, como siempre, la dura realidad de las relaciones de clase. En sus conversaciones privadas el matrimonio Park expresa todo el desprecio que resiente por sus empleados. Según ellos, las gentes pobres tendrían un olor corporal especifico. Uno   que ellos no soportan…


Un día Los Park deciden   salir de picnic. Durante su ausencia sus empleados se instalan a comer y a beber en el salón de la casa. Esta fiestecita se desarrolla a expensas de los Park, por cierto. De repente se desata una lluvia diluviana.  Al cabo de unos minutos suena el timbre de la casa. En la pantalla del citófono aparece el rostro de la antigua gobernanta. Esta mujer   viene a pedir un favor a su reemplazante. En el bunker de la casa (previstos para defenderse de un ataque aéreo norcoreano, o de la visita de los oficiales de justicia…) ella esconde al vago de su marido desde hace años. Durante unos minutos su tono es de súplica; pero en cuanto se da cuenta que sus interlocutores son unos pillos su actitud cambia.  La placida y dulce gobernanta   se transforma en una fiera. Con su teléfono móvil amenaza desenmascararlos.  Estalla   una pelea extremadamente violenta, que un llamado telefónico de los Park pone fin.  A causa de la tormenta han debido   anular el picnic y dentro de pocos minutos estarán de regreso a casa. El relato adquiere un tinte de thriller. La familia parasita se las arregla para dejar encerrados, bastantes maltrechos, a sus contrincantes en el bunker.  Y también para borrar las huellas de su francachela. Chung Sook cocina un plato que los Park desean comer a su llegada a casa.  Cuando estos llegan una apariencia de orden reina de nuevo en la vivienda. A causa de los caprichos de su hijo esa noche la pareja Park duerme en el salón. Escondidos bajos los muebles, los parásitos, que no viven la casa, tienen que escuchar sus retozos eróticos. Finalmente logran escabullirse y todo parece arreglarse, o casi.  Una vez en la calle Ki- Taek y sus hijos se enfrentan a torrentes de agua. Los barrios que atraviesan parecen muy pobres.  Cuando llegan a su   morada semisubterránea se encuentra, con la sorpresa que esta está inundada. Esa noche, después de recuperar algunos objetos de valor afectivo, deben dormir, en compañía de decenas de damnificados, en un gimnasio.

 

El día siguiente el niño Park esta de cumpleaños. Sus padres organizan una fiesta para festejarle. Ki- Taek vuelve a casa de sus empleadores, para salir de compras con la señora Park. Un almuerzo campestre tiene lugar en el jardín de la casa. El ambiente es relajado, salvo para Kitaek a quien su patrón (él también lo porta) le obliga a ponerse un penacho de indio sioux en la cabeza. Patrón y empleado tienen que disimular un combate con el niño Park en el cual ambos son perdedores. Esta imposición de su patrón humilla a Ki-taek. De repente   irrumpe furioso el marido de la antigua gobernante, (La noche anterior Chung-Sook   la ha matado accidentalmente.) Las imágenes de la película adquieren un estilo The Texas Chainsaw Massacre. . Durante unos momentos esta carnicería continua con la lógica de una guerra de clases entre pobres.  Un último   gesto de desprecio social del marido Park la hace cambiar de orientación…Volviendo a   la prohibición de revelar el final de una ficción, escrita o cinematográfica. En su edición de julio Le Nouveau Magazine Littéraire afirma que, si una reglamentación anti spoil lograra imponerse, los infractores a esta norma nunca van a faltar. Una de las razones de ser de los reglamentos, seria justamente, el no respetarlos.



 

 

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A propósito de Parasite, Palma de Oro, Cannes 2019.
Por Georges Aguayo