Desde Buenos Aires y en proceso de editar su libro “Multicancha”, Germán accedió
generosamente a realizar una entrevista vía e-mail para adentrarnos en su poesía
y algunas ideas sobre su generación, y de este modo colaborar con la investigación
de la tesis sobre las ‘Ars Poeticas’ de los poetas chilenos de los 90. Reconocí a un
poeta consciente de su voz y los pasos dados por entre las vías del tren o las calles
de un barrio típico de Santiago, pero atento a escuchar el mundo.
Disponible y de conversación franca, nos permitió disfrutar de una lectura rica en
matices, de sonoridad interna, dada por los ecos y silencios que van componiendo
versos con un ritmo personal, respirado y repetido como un armonioso y sólido hálito
cotidiano. Sin aspavientos ni alharacas. Por ello, no dudó en confiarme su inédito
‘Multicancha’, honor que agradecí con igual honestidad de lectura. Y quizás, esa
capacidad de escuchar, esa necesidad de retroalimentarse y estar atentos a oír la
vida misma, las palabras que se dicen en lo bajito del día a día, lentos, sin apuros —porque es la única manera— para poder recomponer los pedazos de la Doralisa y lo
que ahí dibujó el silencio.
Hola Germán...
Me gustó mucho leer “Calas” y más todavía “Clavados”. Me llevas y traes como
quieres por tus versos. Luego no me dices nada y pienso si en verdad no dijiste
nada, y leo el título y el epígrafe, como buscando respuestas, porque sueles no decir
lo que uno quiere. Ésa es la cuestión, se impone en general una sorpresa, una
ironía, una mirada aguda, una observación que no hice, entonces me peleo contigo
mentalmente y luego me saco el libro de la cabeza y me río y aunque crea que no
dijiste nada, no puedo sacar la tonadita de la cabeza, tu mirada a veces
impertinente, a veces solidaria, pocas veces la siento sufriente, pero se quedan allí,
los mismos ojos tuyos mostrando y haciéndome opinar y ver aquello que quizás
nunca vería. Cosa que agradezco.
Me conmovieron muchos poemas: "Visitas", “Clavados” es buenísimo, mientras leía,
pensaba en Giannuzzi, en esa idea de arrojarse a la piscina-mujer-útero-miedo-
pasión, pero no, siempre está Carrasco de verdad. Luego poemas como "De la
musa no queda ni el perfume": increíble.. una belleza ese poema y duele como el
que más, pensaba si de verdad, la poesía necesita laboratorio, donde tomar lo que
queda del mundo y tratarlo con ese cariño, sabes? es curioso, te noto una *voz
poco conmovida, como si lo más horrendo no afectara al poeta, sólo lo mostrara
como perplejo, nada más: Pero sí subyace la afección, un dolor, incluso, evadido
incluso resignado, “el pobre Julián...”
* “claro, esa frialdad es el objetivo, que no haya pathos o que lo haya sólo cuando
es estrictamente necesario en algunos sectores del texto”. (agrega Carrasco)
Podría decir mucho más, por ejemplo cuando no había voces definitivas, cuando
dejabas que el poema siguiera su camino, como “Troca” (brindis), algo de juego y
poca convicción, o quizás de inseguridad, ya sé que no vaticinas ni el primer verso,
y me gusta, que fluya, que se imponga la mirada y la voz curiosa, la reflexión
espontánea y todos los zapping mentales, porque es así no más la vida. Otro poema
que me pareció impresionante fue "Las niñas juegan", porque es inteligente, súper
inteligente. Creo que eso exige un lector activo además, el que el poema pueda
penetrarse por más de una entrada, que fluya como por laberintos, sin que se
reconozca de antemano la salida.
Y ahora, quizás puedas ayudarme a complementar estas lecturas mías,
contándome algo más sobre ti, sobre tu poesía y tu poética.
Para comenzar quisiera centrarme en la “Poética” que aparece en la Antología
de la Poesía Joven Chilena, de Francisco Véjar.
¿Hoy “A una nada de aire qué nombre y qué lugar”?
Tal vez hay cosas que no están dichas aún: porque no existían, porque son tabú,
porque nadie se fija, porque le tienen miedo o asco a sus propios pensamientos
disparatados, a su inconsciente, a la poesía, al amor. el poema intenta trabajar ahí,
en ese lugar que todavía no existe y que llamamos de mil maneras: música de jazz,
espacio ideal, hotel California, vals del delirio, utopía, anulación del tiempo, tango,
memoria, realidad: la fantasía es hermosa, la realidad es más hermosa como dice
el Julio.
“...la fantasía es hermosa, la realidad es más hermosa como dice el Julio”.
Háblame de esta realidad, de su belleza. En una entrevista por ahí decías que
“la belleza tiene que estar”, pero en tu poesía uno encuentra al cargador de la
vega, las fachadas como mapas, un perro colgado, grafitis, ¿cuál es entonces
esa belleza?
La belleza que conocemos es aburrida después de varias lecturas, una cariátide de
mármol de carrara, por ejemplo: aguanta mil miradas, gatilla otras tantas
sensaciones y lecturas, pero con la belleza yo me refería a la belleza del retrato, no
a la belleza del objeto retratado, de la manera que se enfocó al objeto para que éste
se presentara en toda su plasticidad. Además, supongo que la ternura de esa madre
soltera fumando y todas esas escenas urbanas nos dicen algo respecto al lugar en
donde vivimos. Pero sin alharaca, sin romanticismo sin alarde, de lo contrario el
poema se va al tacho.
En la antología de Francisco Véjar ¿Por qué hablas de una “finta” como
poética? ¿Cuánto hay de amago o intención engañosa, cuánto de golpe
certero? ¿Podrías decir que hay en Germán Carrasco una poética ya definida,
o aún está por completarse?
Terminar un poema así con un remate que queda como moñito, no me interesa para
nada. Toda buena poesía es una búsqueda, una forma que gatilla otras formas y
deformidades. Un poema es un aparatito verbal especial, raro, no tiene por qué estar
“terminado”; tiene una lógica propia, establece otro tipo de relaciones, pone en
marcha abstracciones, retratos, sonidos, pero no tiene por qué ser coherente ni
“pulidito” ni todas esas supersticiones.
“Toda buena poesía es una búsqueda, una forma que gatilla otras formas y
deformidades.”
¿Siempre es búsqueda y transformación, por eso fintas o amagues? ¿Germán
Carrasco no se atreve, no puede o no quiere establecer su propio canon
poético, su propia ars? ¿O se trata como decía Adán Méndez, que en estos
tiempos “no hay absolutos que defender” y sería absurdo, incluso, pretender
un manifiesto como lo hiciera Parra o un Arte Poética como Huidobro y los
tantos poetas desde la modernidad?
Todas las artes poéticas que son un “yo creo que quiero hacer esto” o un “yo creo
que hago esto” según el autor, pero el poema es muy resbaladizo, muy abierto. No
es que yo no me atreva a fijar una poética, cada libro tiene su poética tal vez; la
poética además cambia según las necesidades expresivas, políticas, el clima del
lugar, el exilio, las obsesiones de un momento específico. Claro que no hay
absolutos y eso lo dice y lo sabe todo el mundo.
El poema es un hermoso juguetito formal en donde el lenguaje está más cómodo
que en ningún otro lugar, pero eso de fijar una poética... supongo que es un buen
ejercicio. Claro, se pueden decir ciertas cosas, mi poesía es más material y plástica
que trascendente, no cree en el aura ni en la figura del poeta como un ente que
tiene relación directa con los dioses o la metafísica o superman. Cree en el rigor
formal porque me parece que no toda la interioridad o visceralidad del poeta sea
interesante o tenga por que estar en una página, es urbana, tiene influencia de la
cultura alta y de la baja, del pop, etc. Por ahí uno se va acercando, aunque alguien
le pueda dar otra lectura, los poemas no son de uno finalmente.
Hablas de “La tradición, lo bastardo y el silencio”: ¿qué de ello es lo más
esencial en tu poesía? O más aún, ¿cómo es tu relación con cada uno de esos
mundos? Lucha constante, enfrentamiento, búsqueda, rechazo, anhelo, etc. ?
Uno lee el canon, se influye, usa sectores del canon, quiere destruirlo, reventarlo
con una bomba lautarista, recoger los pedazos y armar otra cosa, otro hermoso
frankestein para jugar o para ponerle una mochila con otra bomba, etc.
Has mencionado que te gusta el ejercicio de los registros, estilos, citas, que
un libro sea un diálogo con poemas distintos. La musa desmembrada que hay
que rearmar, las calas azules, un ladrido a las olas, violentos primeros planos,
el nado del chungungo... etc. ¿Por qué tanta mezcla? ¿Cómo logras mantener
a pesar de ello la coherencia, el diálogo, el nivel de interacción entre poemas
y entre poemarios incluso?
Hay algo acerca de la cita que te dije la ocasión anterior. La cita puede ser
arrogancia y poder, pero puede ser también un hermoso juego. Hay que preguntarse
qué se cita, cuál es el prestigio de los materiales que se escoge para “traducir”, para
“decir de otra manera”, qué hay de irónico en eso. Por qué tanta mezcla: muy simple:
porque somos mezcla, no hay esencias puras, todo es un constructo acordado
socialmente. Lo que dije fue que el poeta debe manejar varios registros, el poema
en prosa, la métrica, la antipoesía, etc. Eso porque hay varios poetas dentro de un
poeta, porque a través del poeta hablan otras voces, etc. Pero la cita se puede usar
de miles de maneras, no porque uno ponga un epígrafe se está afiliando con lo que
piensa el que lo escribió. Me parece que hay una obsesión con lo de las citas y las
influencias, y la verdad es que uno intenta forjar un lenguaje propio, más allá de que
en términos de lecturas uno sea omnívoro.
Me atrae tu poesía justamente por esa inteligencia con que está construida y
por la inteligencia que demanda. Me deja una sensación de que no hay nada
al azar, que no hay “puntada sin hilo”, sin embargo dices buscar la capacidad
de improvisación como en el jazz... ¿es así? ¿O pesa más el trabajo de
laboratorio?
En el jazz se improvisa sobre un tema que se presenta en los primeros compases y
luego se repite. Se improvisa a partir de un esquema. Entonces la improvisación te
hace loop, en el mismo tema la improvisación es la nostalgia activa del tema
presentado en los primeros compases) pero te amplia las posibilidades del tema, lo
enfoca desde varios lugares. Suena a oxímoron, pero se trata de una especie de
caos controlado. No hay nada que, con la excusa del flujo, esté “vomitado en el
poema”. Es muy básico, pero hay que recordarlo, el poema es también un
constructo.
Es extraño que entre la imagen de primeros planos que a veces muestra lo
más crudo de la realidad, esté también la imagen bella. ¿Cómo se logra esto?
¿Cómo se puede cuidar la belleza de que hablas en medio de tanta tragedia,
fealdad, submundos o pobreza?
No hay juicio de valor en un retrato objetivo, la realidad te gatilla un juego de
palabras.
¿Y qué rol cumple el poeta?. ¿Cómo deja de ser mera cámara
cinematográfica y crea, transforma o recrea mundos? ¿Qué lo hace poeta y
no un simple cronista?
Yo creo que la poesía es más objetiva que la crónica, aún con su sintaxis anómala,
aún cuando es aparentemente menos comunicativa.
¿Qué es realmente lo que busca el poeta Germán Carrasco? ¿Qué significa la
poética de rearmar a la musa deshecha por el tren?
Esa musa descuartizada por el tren es un poco la poesía, es como decir, cantemos
desde el sueño roto, hablemos desde la devastación sin llorar; no hay
trascendencia, magia ni épica, hay obviamente una metáfora. Intento ser frío y no
alharaco a la hora de describir cualquier desastre cotidiano, cualquier pérdida.
¿Por qué no llorar? ¿Por qué la
frialdad? ¿O es que sólo se puede volver a construir con la cabeza fría? ¿Se
necesita tanta sangre fría para enfrentar la vida? ¿O hablamos de una poética
de renuncias, de conciencia de pérdida, de que nada nos pertenece? ¿Es el
desapego como Hernán Miranda Casanova y el recuerdo de la Doralisa que ya
no le pertenece?
Si entendemos que nada nos pertenece, es más fácil vivir. Lo de la frialdad es algo
básico para trabajar, con las manos calientes no sale nada bien, creo yo.
Me parece súper triste esa postura. No la cuestiono, claro... pero me pasa que
me pregunto y entonces ¿para qué? ¿Para qué escribir, para qué recordar,
para qué decir...? ¿Si no hay trascendencia, no hay magia, no hay un en qué
creer ¿qué hay? ¿sólo lenguaje? ¿Y un lenguaje para qué?
Yo considero triste la otra: eso de aferrarse a las cosas. Hay sólo lenguaje, y eso ya
es demasiado.
¿Hay el temor de que la praxis lisie este estilo de hacer poesía? ¿Hay
momentos en que te molesta tu poesía, en que ya no le crees?
No necesito magia ni dios ni nada. Si parto sin creer, de qué me voy a decepcionar.
Hay algunos ecos y misterios, pero aparecen desde la manera particular de usar el
lenguaje que llamamos poesía.
Cassirer sobre la evolución del lenguaje distingue algunas fases: 1o sensible
(instinto – grito – mímesis); 2o intuitiva (diálogo entre sujeto y el mundo –
Pregunta); 3o abstracción (Nominación, connotación, hacerse parte del signo
y ser con el signo) ; y yo agregaría una 4o Fase de silencio (cuando el lenguaje
trasciende y se revela, cuando habla a pesar de las heridas, como en Celan el
lenguaje adánico... un volver al origen del lenguaje sin memoria).
Sé que las clasificaciones y ‘patotas’ no van contigo, pero si hubiese un
énfasis en tu búsqueda a la hora de escribir, ¿por dónde -de entre estas
cuatros fases- abres la puerta a tu poesía? ¿Por qué?
La fase de abstracción y también el silencio. Y hay que enfriar todo antes de
servirlo.
¿Cómo construyes, buscas o trabajas el silencio en tu poesía? ¿Qué tipo de
silencio es? Porque de hecho los ladridos, las micros, las ferias libres, los
habitáculos de la resignación, los patinadas en el hielo, el latigazo del cordel,
el tango mal sintonizado, las campanadas y los portazos en las rejas de
fierro... parecen ser bulla, mucha bulla como fondo a la voz del poeta...
háblame un poco más sobre eso, “del silencio o la infección de la vida.”
Los silencios y pausas son parte de la prosodia, y así los trabajo. Con respecto a
esos ruidos, no sé, supongo que es un carnaval el ruido de los mercados, de las
ferias libres; forman parte de un paisaje sonoro que alguna gente trata de obliterar
por su arribismo. No me estoy aferrando en forma lárica a un Santiago que
evidentemente va a desaparecer en algún momento, simplemente me parece que
ese carnaval que a veces es estridencia, forma parte de nuestra memoria auditiva.
Contéstame no con poesía, sino como si estuviéramos conversando en Av.
Vivaceta frente al Hipódromo. “¿‘Creís’ que tu poesía la puede entender todo
el mundo? ¿Te importa eso? ¿En qué sentido crees que te comunicas con ese
tu mundo original?”
Ojalá, hay gente que tiene un oído, inteligencia e intuición que le permite ver más
cosas; hay algunos que llegan con un Ph D de Estados Unidos y siguen sin entender
nada. Yo creo que hay sectores que sí entienden o sienten mis poemas, me
encantaría que me leyeran en todos lugares.
Hablas de los parches, nudos, de las soldaduras de los versos, de las pifias y
horrores tras las bambalinas del poema. ¿Cuáles son tus principales pifias?
¿Cuánto hay de objetivismo (porque la realidad viene con pifias) y cuánto hay
de incapacidad del poeta? ¿Verdad, humildad falsa modestia?
Supongo que hay algo de culpa al escribir, aunque a uno le pese, una especie de
culpa formal.
“Búscate un lenguaje que te abrigue...” háblame de ese lenguaje y cómo a
veces está ̈lleno de pérdidas feroces”. ¿Aquí encontramos la sensibilidad de
Carrasco?
La sensibilidad es la capacidad del poeta de manejar las palabras y el material de
los poemas. La pérdida es parte del negocio.
¿Y qué hay de la sociedad y su visión de “los dementes que escriben cosas”
Importa parecer ridículo cargando un pony embalsamado...?
Esa es un poco la imagen del poeta, como entre el desamparo y la ridiculez. Pero
el “desamparo” es un material en el poema, otro condimento. Está ahí por algo,
claro.
Hablemos ahora de la Antología de Véjar:
¿Qué importancia le das a esa experiencia? ¿Qué valor tiene una antología de
28 poetas en 1999 que aparecen como voces de la poesía joven chilena?
Ninguna
¿En serio ninguna???
Ninguna.
Te aclaro que es muy desagradable aparecer en antologías hechas a la rápida por
encargo editorial, pero si uno dice que no quiere aparecer queda como un tipo difícil.
Yo preferiría que no me incluyeran desde el comienzo si se trata (como casi siempre
es el caso) de cosas hechas a la rápida, sin criterio.
¿Cómo es la relación con tus “compañeros poetas de generación”?
Tengo algunos amigos que no veo casi nunca, vivo en Buenos Aires. Mantengo una
relación epistolar con un par de ellos.
En el cóctel que mezclas a Rita entran todas las poéticas, ¿hay algunas de
poetas de ese libro, por ej. que no usarías como ingrediente?
Trato de evitar el pathos, la alharaca. Pero por sobre todo rehúyo a la épica, la voz
representante, el que viene a hablar por la boca de otros, ya sean minorías o
mayorías o lo que sea. La épica me repugna, me parece kistch, es como un olor
nauseabundo que me provoca arcadas.
¿Crees que se pueda hablar de generación de los 90 en relación a los poetas
que aparecen por ej. en ese libro? Y si hubiese - o algo similar- ¿hay algunas
temáticas comunes a los poetas de tu edad? ¿Alguna poética que hable de
este grupo de poetas, que los distinga por ej. de la generación de los 80 o los
novísimos, incluso?
A veces uno se siente más cercano a gente de otras “generaciones” que a la propia,
aunque hay rasgos supongo: los setentas en Chile se caracterizaron por una poesía
cuyo mensaje político tenía una lectura inmediata, lo anecdótico, el poema breve,
etc. Y los que zafan de eso son los que distinguimos y reconocemos como
inventores de un lenguaje, de una manera (Waldo Rojas y Millán, aunque lo de dar
nombres me provoca una angustia enorme). Los ochenta leyeron con un montón de
retraso lo que pudieron de literatura norteamericana (curiosamente sin saber inglés,
todo lo leyeron en traducciones) para sacarse quizás el estigma de la poesía política
anterior, algunos desarrollaron bien un sector de la poesía de Enrique Lihn,
comenzaron a adoptar (con retraso, debido al apagón) aspectos, visiones ángulos
como el feminista, de minorías ( aindiado y afásico dice un poema hermosísimo de
Guillermo Valenzuela) adoptan hablantes (que algunos lectores lamentablemente
confunden con los autores, siempre pasa eso) con giros provenientes del rock, en
fin. la dictadura no se los comió, zafaron y ahí quedaron los libros de Guillermo
Valenzuela, Malú Urriola, Nadia Prado, Víctor Hugo Díaz.
Yo pertenezco a los noventa: empezamos a publicar en democracia, salimos de las
universidades y de lecturas que no se habían hecho, en muchos se da una escritura
generosa que no se había visto antes (Bello, Silva, qué sé yo), el neobarroco influyó
de alguna manera en algunos, eso del exceso y el lujo y la escritura. Otros,
adoptamos las poéticas que tuvieron como punto de partida el objetivismo, la
visualidad. Aparecen libros extensos por primera vez. A mí se me hace que es la
libertad de la que no gozaron las generaciones anteriores debido a los milicos que
tenían cretinizado todo el país, incluida las voces de las poetas.
—Sabes, Germán, he leído con gusto cada uno de tus escritos. Hay constantemente
pistas sobre la poesía, sobre la vida, sobre Chile, sobre la humanidad y de todo,
agradezco dos cosas:
Primero, que no me impongas nada, que no te escuche putear sobre el mundo y el
submundo, que no seas tú quien me diga bien o mal sobre un acto o un hecho, que
me dejes libre de decidir si me gustó o no ser testigo de lo que muestras. Esa
libertad, me exige, me hace sentir bien como lectora, respetada. No siento contigo,
porque a veces ni sé lo que sientes, pero sí puedo “ver contigo” y puedo emitir mi
propia opinión. En eso, creo que hay un tremendo regalo, sobre todo, porque miras
cosas que jamás hubiera observado, me permites abrir cerraduras, ventanas,
puertas, el techo y las paredes incluso, porque hay una cosa más allá de voyeur.
Eso de oír lo que otros opinan en las kermesse, de oír a los de la mesa del lado
mientras comen su pescado frito, el mercado de telas, la mujer en el cine, en el
hipódromo, etc. No sólo es oír y observar, es penetrar en sus mundos, como si ellos
mismos estuviesen mostrándose voluntariamente, pero creo que ese tono casi de
“a hurtadillas” que hay detrás, le pone un sabor de complicidad que me hace querer
seguir leyendo, “curioseando”, porque se ha descubierto un modo de vivir quizás
desconocido o quizás simplemente ignorado. ¡Valioso!
Y segundo, que como lectora me vea exigida a hilar poemas y libros, a buscar pistas
y huellas anteriores, comprobar que todo calza y hay un sentido mayor. Tú
demandas perspicacia, la misma que tienes a la hora de escribir, oír, observar,
pensar... y en ese sentido, me siento a la par dialogando con el poeta, sintiéndome
también un poco protagonista de esta búsqueda de hallar respuesta en la vida
misma, de preguntar y desmenuzar las palabras para ver si en ellas hay algo que
nos una como hombres y mujeres. Me siento valorada como lectora, a la vez que
exigida a estar atenta, tanto o más que el poeta cuando camina por la ciudad. Acá
me siento como en constante aprendizaje, para captar ironías, adivinanzas,
insistencias, palabras y versos citados que también son pistas, como en una
tremenda conversación con muchos hablantes, donde todos tenemos algo que
decir, y en todo ese mundo, agradecer el valor de la palabra por lo que ella genera,
no como mero adorno, no como moda o gancho rebelde (hablo de cómo el habla
que usas se adapta a las situaciones que presentas y no es sólo un mero recurso,
donde el garabato, lo soez, lo vulgar sean la fórmula para acercarse a la realidad),
sino que al contrario, siento cómo cada palabra tiene múltiples entradas y logra
presentar esos horizontes.
En fin, pensaba, por ejemplo en expresiones como “cita quirúrgica”, “les salieron
canas a los amantes”, “arañas hay tras todo volumen”, “ni se pide pan dos veces en
el mismo lugar”, “ver a través de esta botella de vinagre...”, “el arte de perder no es
un desastre”... etc. y pensaba en el poema “A un niño perdido” y esa pregunta final,
entonces es como si todo cayera de golpe, como si un deseo por zafarse de todo
esto así de fuerte y crudo, fuese también el deseo de conocer ese otro “lugar” que
pudiese ser mejor que todo esto. Perder, estar perdido, las pérdidas, (amarrar a la
amada para que no se acueste con cualquiera,) no querer perder, sea al fin de
cuentas la motivación para transitar “soltados de las manos de los padres”, solos,
huérfano, tratando de dar sentido, nombre o valor a esa curiosidad por saber si
estrecha o agranda el mundo. Y el sólo riesgo de intentarlo, de querer buscar la
respuesta, me encantó. Gracias por la sabiduría entregada. Aprendí mucho.
“Siempre es mejor la poesía que tratar de explicarla, a algunos que no tienen talento
les viene más eso de decir cien mil nombres y citas para hacerse los cultos o no sé
para qué.
Y la lección de sabiduría es para mí, por tener una lectora como tú, me siento
privilegiado y muchas gracias por haber entablado este diálogo. Conociendo tus
comentarios y tus lecturas, no sabes lo necesaria que me resulta tu opinión... (Germán Carrasco)
Fotografía superior del Archivo de Floridor Pérez