Hablé como una hora y media con el Mao. El monologó más bien y yo pude colar algunas preguntas con interprete. Latas, latas. Pero fue muy mágico. El tipo irradiaba lo suyo: yo no me pude dormir esa noche. Yo vi que esos cinco mil años de vida viva no eran los plazos de una dinastía. Los jesuitas en el siglo XVII intentaron convertir a los chinos: a los chinos no los convierte nadie. Es un planetoide autónomo que gira sobre si mismo. Cuando quiere cristianismo, lo quiere y después se lo saca, y cuando quiere marxismo, también lo aprovecha y después sigue el baile.