La poesía no puede ser definida como filosofía en verso, tal acto se ha
difundido por redes amparados en excelentes teóricos y críticos de literatura.
Definirla es delimitarla, pero también explicarla, dar categoría. La definición
anteriormente negada, donde ello afirma que la filosofía —¿cuál? ¿estética o
poética?— es previa y antelada a la poesía y vulgarmente asocia y determina
el verificar como específico privado.
La poesía implica modificación de la lengua. Como motor de la diversificación
el adjetivo, o la función adjetiva. Poesía como modificación del valor de
comercio del lenguaje. Si la relación (coyunda) es antitética, podría pensarse
en: armónicos surgidos de una disonancia.
Según imperativo programático de Huidobro, reiterando el crear como fin del
poeta; tomar aquel aliento, pero exigiendo el objetivar. Objetivización de la idea.
El poema es el poema.
Si ello debe guardar el vivo lenguaje tradicional, creando un vocabulario nuevo
a manera (justificarse) de trascender a sí el ego; salvaguarda del equilibrio
orgánico de la lengua. Plantear el unificar concediéndose al formalismo los
diversos aspectos del concepto en idea.
No se justifica el neologismo ornamento o desmantelar por oficio la sintaxis; es
el desarrollo de la posibilidad de lengua. Es fuerza de objetivar la idea en el
verso bajo la notación gramatical (volvemos a la idea de leer el poema como
una partitura: es graficar de la palabra. Posibilidad absoluta del esplendor de la
lengua.
La realización de la idea en objetualizados versos haría decir: el poema no es
el poema. Afirmación tal implica que hay una forma vaciada de su misma
definición. La objetualización sucede sin acontecer su fin práctico o inmediato
definido, su definición no lograda. Poética es coherencia, afirman.