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A-1000 o La Vida Muerta
(Lima, Lustra Editores, 2008, 104 páginas)

Héctor Hernández Montecinos

.... ... .. .. SOLO el enorme talento de Héctor Hernández Montecinos ha podido construir un libro como este A-1000* o La Vida Muerta cuando el Conversacionalismo parecía atravesar sus estertores finales. He aquí que -quien es probablemente el mejor dotado entre los jóvenes poetas chilenos de hoy- consigue conmovernos con un fraseo terriblemente coloquial –en su atropellada dicción sobre el tema de un amor conflictivo y radical- propenso a la destrucción de todos los conceptos establecidos posibles. Ningún ícono queda en pie ante la blietzkrieg hernando-montecina. Ni el amor ni el odio. Ni las convenciones ni las rebeldías sociales. Una ráfaga destructiva asola los predios de la poesía latinoamericana reciente, pero no en el plano del lenguaje –en este caso- sino en la pura mentalidad de sus transgresores. En [HH] la vitalidad de su escritura se inmiscuye en la coloquialidad y la desbroza, extrañamente presentándonos un nuevo y rotundo tono; el cual es exacto para decirle Salud Broster! –Dos escudos más o si volviera a Lima –donde ha escrito este libro- Dos cristales, porque como él dice en un poema la soledad en Perú es diferente. Así es.

[Roger Santiváñez. Vientos helados de Filadelfia, diciembre 2007]






LOS ESTÚPIDOS DE SIEMPRE
AHORA SON AMIGOS

                                
                    Leo lo que los perros de la poesía
siempre entienden como bien,
pero esos súper lectores no ven nada más     
que tinta en los libros
y no saben si la O es cuadrada
o un hoyo en la página          
para poder leer desde el precipicio
que es el libro mismo,
caramba!.            

                    No entienden que la catástrofe                   
está sobre nuestras cabezas,   
pues para ellos
esto es literatura    
y ven propaganda y repetición
donde sólo hay señales de alarma y muerte.

                    Ni todos los márgenes juntos                      
me darían un lugarcito en algún centro,
ni todas las confusiones genéricas juntas
me harían más regia
que un travesti con Síndrome de Dawn.

                    Qué le vamos a hacer,       
si el capital del lenguaje
yo los despilfarro porque nunca fue mío;
no soy como esos que ahorran y ahorran
tantas bellas y terribles palabras,
porque todo lo que se acumula para uno mismo
termina convirtiéndose en mierda.

                    Estos corchetes [   ]  
parecen un libro abierto
sobre el cual hay dos letras que no son el nombre oculto
de ningún dios, ni de ningún padre      
al cual pueda violar con un beso                 
en su lengua muerta,
porque la reescritura es la violación de los violados,       
es la vuelta de manos y de piernas,
pues uno está escrito en todos los poemas que existirán.

                    La reescritura no es novedad   
porque la novedad
son los mismos viejos sueños de siempre,
acaso no estamos reescritos por esos poetas locos
que mancharon el lenguaje con sus propias vidas,
acaso no estamos reescribiendo el último capítulo        
de nuestro pasado inconcluso.

                    Los perros de la poesía,
como dicen por ahí,    
sólo quieren huesos y oler su propia ponzoña,
se juntan a hablar mal de mí
que es lo mismo que recordarme
mis ex amigos mis ex queridos
hacen todo para que alguien los vea
se inventan lecturas todas las semanas
porque nadie más los invitaría
y se esmeran en negar toda relación conmigo   
en esos lugares que de tan privados         
están en la plaza pública del asco      
y su bajeza de tan grande casi ni se ve.

                    Heu miser!
quia frequenter impeditus ero deinceps!,

que quiere decir:

                    Ay de mí,
que de hoy más seré frecuentemente atormentado!.

                    Ja!
                    Hijos de la grandísima puta que los parió.



REFERENCIA:
“Escaparate”. Las Últimas Noticias, martes 6 de Marzo de 2007. Anónimo
http://www.lun.com/librerias/prt_em.asp?idnoticia=CFLJUULB20070306

 



UNA DEUDA PENDIENTE
                      

                    Calentando el infierno de los poetas       
que es vivir y escribir con miedo
como un río que no termina su caudal         
hemos hecho bulla al arrancar los poemas de los libros    
 y lanzarlos en picada contra esos que creen
que la poesía es tener números en las páginas,                      
un índice y una linda portada.
                 
                    Los mafiosos tampoco entienden
que mientras más millones tengan en sus manos       
no contarán más amistad,
lo que no saben es que después de cada sexto cero         
el ojo supura pus y la boca se llena de bilis,              
además creen que los poetas a su alrededor                                       
son sólo libros que comen, beben y cagan.
        
                    La grandeza de un poeta      
es del tamaño de su mano
que extiende kilométrica           
a quien ni siquiera se la pida.      

                    Ninguna academia es más hermosa     
que una flor,
ni tiene más que decir
que un niño sordo mudo;
allí miden la vida en libros que a nadie le importan
y la literatura es una obligación
y el lenguaje una taxonomía para equivocar
cualquier sueño.

                    No estoy a la cabeza de nada      
ni a la altura de ningún órgano,
todo lo hice con las manos limpias
pero lavadas por mis propias lágrimas
y la mirada en alto  
hacia donde sigan avanzando las estrellas                    
porque ellas huyen de la oscuridad y la farsa    
que para mí es el sol.

                   Este libro significa para mí
lo que nunca quise escribir,
ver como los corazones de mis amigos
se fueron llenando de envidia y ambición,
ver como mi país ha hecho todo lo posible
por destruir la mayor cantidad de sueños
como el de una poética colectiva
que congregara y abriera espacios
y una esperanza también colectiva,
pero no entendieron nada
nadie quería a nadie de verdad,
todos somos utilizados
por el oportunismo y la revancha;
mejor es irse lejos
donde mi libro me vea y diga:
es él.



REFERENCIA:
“Cultura”. La Nación, jueves 8 de marzo de 2007.
http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/pags/20070307202218.html

 



EL HAMBRE Y EL SUEÑO DE LOS POBRES

                    Una mañana desperté convertido en un libro,
es decir en mi último libro,
nada peor me pudo haber sucedido
con mis casi cuatrocientas páginas
era el hazmerreír de las otras publicaciones de poesía.
‘Mórbido’ me gritaban en la calle
y nadie se me acercaba,
mis amigos se alejaron
porque decían que era una soberana lata.
Algunos que no me conocían
intentaron leerme pero nada dijeron,
qué triste es haber nacido novela
dentro de la familia de la poesía,
bastarda y divina me siento
la coja que nadie saca a bailar,
la voluminosa cuando todos son tan raquíticos.
‘Tenís que podar’ me dicen algunos poetas
que les iría mejor como jardineros,
‘no escribai tanto’ me dicen algunos poetas
que les iría mejor como vendedores de seguro,
‘puro tecleo’ me dicen algunos poetas
que les iría mejor como cajeros de bar.
Yo les digo que por último puedo escribir un libro grande
y luego uno pequeño,
pero ellos no salen de sus hojitas cagadas de miedo
creyendo que la gordura de un libro
es gula y voracidad
y que la dieta es el mejor camino para este mal
lo que no entienden
es que este exceso no es más que
el hambre acumulada de tantos años en los que no pude comer
y sobre todo la necesidad,
la necesidad de poder esconder entre tanto
lo mínimo que soy yo mismo para mí.



REFERENCIA:
El Periodista, año 5, nº 125
http://www.elperiodista.cl/newtenberg/1894/article-76860.html

 

 

ANTES Y DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE, CUCARACHAS Y POESÍA
                                  
                          A Walter y Elvira
                         

                    Esto de la poesía
me tiene mordiéndome la lengua
ante la muerte
para que no me vaya con ella.

                    Conozco cada uno de sus nervios
y los músculos que la sostienen sobre el mar
donde nadan las palabras
que son cada día más reales
pero no tienen sombra,
palabras que no beben agua
porque abren sus branquias para que les entre el cielo.

                    Tanto a los poetas y a los muertos
la tierra les resulta transparente como este océano,
que tiene una infinita espiritualidad,
un alma, que si existiera,
para nosotros el cuerpo entero sería su piel.

                    Las nubes posan su pie descomunal
en esta playa
y aquí es donde se enterrarán estos recuerdos muertos
que de la mano voy trayendo
pensando en el día en que todo se acabe
y mis bolsillos terminen en la atmósfera.

                    Al escribir voy envejeciendo mi infancia
y lo veo en cada uno de los libros
en que uno como gato sólo dibujará ratones
para que las cucarachas se rían y digan ‘no moriré’,
sí, es triste el hecho de que toda esta historia
terminará en esta hoja de papel
y no sería tan terrible este dolorcito en el pecho
si es que mi corazón no fuera del tamaño de mí.

                    Nunca salir del infierno
esta es mi última esperanza,
en la geografía hoy es domingo
y todo ha sido translúcido.

                    Donde sea que me pille la noche
me iré a volar con ella,
enterraré mis manos en su espalda
para ver con mis propios ojos,
atascados en sus cuencas,
que mis huesos tienen miles de años.

                    Qué más quisiera yo que Dios se riera
y se olvidara de que todo esto se acabará,
observo los meridianos y paralelos de la palma de mi mano
para pensar que entre nosotros
viven manadas de kilómetros
y entre ellos los suspiros extraviados,
no correspondidos,
que una noche de estas volverán como un grito ciego
para recordarme que mi cuerpo a cada momento
añora su pasado de cadáver.

                    Espero que baje la marea
y pienso en la aurora boreal que fue aquella vez juntos,
digo aurora boreal para no decir
que fue demasiado bello para que durara más que esa noche;
en cada lágrima van resumidas decenas de poemas
y la sal del mar las atrae,
quizá por eso esté aquí, ahora
¿manyas?

                    En la noche el sol baja al mundo
y se esconde entre los hombres
que tendidos bajo las estrellas
se lo imaginan durmiendo detrás de las montañas
o en el fondo del mar,
pero lo que no saben
es que el sol es también un cuerpo celeste solitario
porque no tiene un rostro con quien hablar,
las estrellas cotorrean toda la noche
y la Luna les canta viejas melodías para que se duerman,
yo al menos puedo escribir este poema
y esconderme en esta página en blanco
que sería como un sol cuadrado
si tuviera unas gafas negras
del tamaño del universo.

                    Nunca había imaginado un fuego tan
       invisible
para que se acabase todo esto,
incluso la infancia que me da vueltas en la cabeza,
y no está perdida sino desencontrada,
por eso mis hijos serán mis antepasados
y mi semen el charco de tinta de mis días violentos.

                    Creo que estos son los últimos versos de esta noche
y este abrazo a la distancia será el más fuerte de todos
recordando la vez que nos caímos del cielo;
ojalá mi corazón tuviera párpados
para que más rato pudiera también soñar.

                    Sólo porque no te veo
es que puedo escribir estas líneas
y siento profundamente
que en todos los puertos del mundo
habrá un silencio por ti esta noche,
mañana sólo quedarán cucarachas y este poema.

 

Huanchaco, 12 de agosto de 2007

 

 

 

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Poesía de Héctor Hernández Montecinos.
(Lima, Lustra Editores, 2008, 104 páginas.)