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"Tejas verdes" de Hernán Valdés
Testimonio de la represión

Por Juan Antonio Hormigón
Publicado en ANDALÁN, Aragón, España, N°57, 15 de enero 1975


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Conocí a Hernán Valdés un día del mes de abril pasado, en Barcelona. Hacía dos que acababa de llegar de Chile, de donde había podido huir gracias al soborno de un policía y al camuflaje de unos papeles. La Junta fascista sabe que tiene sus únicos "leales” en quienes se enriquecen con la corrupción, aunque consista en el comercio de carne de perseguido, de un hombre al que dan caza las jaurías de torturadores. Gracias a todo esto, Valdés pudo engancharse a un avión y abandonar el país y la Embajada en donde había estado asilado.

 

 

Conservaba en su cuerpo y en su mente las huellas de los meses pasados desde el 11 de septiembre. Estaba flaco, con fatiga tristeza en los ojos. Tenía además la tendencia a encerrarse en sí mismo, hablaba poco, y todos nosotros guardábamos un prudente silencio hacia las cuestiones que podían avivar el dolor de la herida.

Hernán Valdés había sido "editor” de la revista "Chile hoy”, en la que trabajó junto a Marta Harnecker. Hablamos de cosas de su trabajo, pero tocamos la problemática del golpe fascista de septiembre y las actividades posteriores de la Junta que preside Pinochet. Fue el primero en hablarnos de la represión masiva que se estaba desarrollando, de las intenciones de los golpistas de hacer pasar por sus mazmorras y salas de tortura a más de 600.000 chilenos para crear un terror masivo y poder dominar una población que saben los desprecia.

Aquella noche, Hernán Valdés nos dijo que tenía intención de escribir un libro sobre sus últimas experiencias. Nosotros sabíamos que había sido torturado salvajemente, detenido algún tiempo, pero no quisimos preguntar nada. En Barcelona, trabajó dos o tres meses en su libro, después tomó el avión y se fue a Londres, de donde suponemos que no ha regresado.

De su trabajo en Barcelona salió "Tejas Verdes” [1], una crónica que se inicia en el momento de su detención el 12 de febrero de 1974 y concluye en su abandono en una calle silenciosa de Santiago el viernes 15 de marzo. En este período de treinta días, Hernán Valdés, como muchos otros chilenos, conoció todas las vejaciones a que el fascismo es capaz de someter a un hombre para destruirlo y degradarlo. El no pertenecía a ningún partido, era un hombre de izquierda, partidario y votante de la Unidad Popular, y se había movido preferentemente en círculos de estudios teóricos qua cristalizaron en algunas publicaciones periódicas.

Todas estas circunstancias dejaron más indefenso a Valdés ante la oleada de barbarie que le cayó encima. Por otra parte, él pertenecía a un país y a un grupo intelectual que no tenía memoria de la represión. La libertad intelectual tenía en Chile una tradición larga. Podía hablarse de represiones sangrientas a los obreros salitreros de Iquique, de persecuciones al Partido Comunista por el gobierno del presidente González Videla, pero libertad intelectual había logrado siempre mantenerse en pie.

El relato de Hernán Valdés tiene algo de sobrecogedor por su sobriedad y por su sagaz observación, El ojo del escritor logró mantener lo bastante clara la cabeza como para fijar comportamientos e imágenes y servirnos su testimonio. Un testimonio de quien puede hablar y sabe hacerlo, que se une a muchos otros anónimos para mostrar los perfiles del sistema de terror creado por la Junta fascista chilena, La experiencia personal de lo que nos relata, su detención, los insultos, el registro, el fusilamiento simulado, la detención en las barracas del campo de prisioneros, las vejaciones, la aplicación de corrientes, el desmoronamiento físico y moral, y por fin, esa liberación una mañana y la carrera camino del exilio.

El libro de Valdés se centra casi totalmente en su confinamiento en el campo de prisioneros de "Tejas Verdes”. La Junta ha construido varios campos de detenidos, que pomposamente llaman "Prisioneros de guerra” que recuerdan en mucho a los que construyeron los nazis en los primeros años de su dictadura, antes de convertirse directamente en campos de exterminio, Dos cineastas de la RDA, y miembros de la Academia de Bellas Artes, Heynowski y Scheumann; han realizado varias películas sobre: Chile: "Compatriotas” "Salmo 18", "Yo he sido, yo soy, yo seré” y "La guerra de los momios”. Gracias a su habilidad, consiguieron introducirse con sus cámaras y magnetófonos en los campos, y tomar imágenes y testimonios orales de la represión que sufre el pueblo de Chile. El documental "Compatriotas” tuvo que proyectarse fuera de concurso en el último Festival Internacional de Documentales de Bilbao por la intervención de la actual embajada de Chile que exigió su retirada del Festival.

Con los materiales de estas películas y las conversaciones con los prisioneros, se ha publicado un libro, "Anflug auf Chacabuco” [2] que además de ofrecer imágenes de muchos ”poblados” míseros que lucharon durante el período de la Unidad Popular por desarrollarse, recoge rostros y escenas de la vida en los campos de concentración chilenos. “Chacabuco” y “Pisagua” son los dos campos visitados y de los que la cámara de Heynowski y Scheumann nos han dejado un testimonio exacto, montado para descubrir cómo se comporta el enemigo.

 


 

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Notas

[1] Hernán Valdés: «Tejas Verdes. Diario de un Campo de concentración en Chile», Edi. Ariel, Barcelona, 1974.

[2] Heynowski y Scheumann. Peter Hellmich. «Anflug auf Chacabuco», Verlag der Nation. Berlín 1974.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Por Juan Antonio Hormigón.
Publicado en ANDALÁN, Aragón, España, N°57, 15 de enero 1975.