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«Tejas Verdes»

Diario de un campo de concentración en Chile. Hernán Valdés. Ariel, 1974

Por César Alonso De Los Ríos
Publicado en TRIUNFO, N°634, España, 23 de noviembre 1974



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«Tejas Verdes» es un testimonio sobre la barbarie. No pretende convencer, como podría hacerlo un discurso especulativo. Atormenta. Traslada las torturas, las vejaciones, las sevicias. Comunica la humillación, el miedo, el dolor de unos hombres producido por otros hombres. Y no se trata de una barbarie esporádica, casual, accidental, sino sistemática y organizada. Ni tampосо se refiere a un tiempo superado, histórico, ya purgado, sino al tiempo que vivimos y, lo que es más terrible, al de mañana. Porque «Tejas Verdes» está ahí y continúa.

«Tejas Verdes» es un campo de concentración en Chile y es el título del testimonio de un hombre que descendió a este infierno, a cuya luz —qué ironía— podemos contemplar a qué extremos de aberración puede llegar el hombre todavía. Si a pesar de todo, uno no saca de la lectura de este libro unas conclusiones catastróficas sobre la historia y un pesimismo definitivo sobre el hombre, ello se debe a la figura del testigo, es decir, a la existencia de una sensibilidad humanista encarnada en el testigo y en todos sus compañeros de suerte, la inmensa mayoría de la población. Es la sensibilidad humanista la concentrada en este campo de «Tejas Verdes».

¿Y quién es Hernán Valdés, el autor de este diario reconstruido puntillosa y objetivamente? Uno de los 40.000 prisioneros chilenos repartidos entre 200 campos de concentración, uno de los 100.000 que han sufrido la experiencia, uno de los 5.000 que. según el propio Valdés, pueden llegar a padecerla. Hernán Valdés nos proporciona algunas señas sobre su propia identidad: periodista, escritor, no cualificado políticamente («soy de izquierdas, pero nunca milité en un partido»), un votante de Unidad Popular, esto es, del gobierno legal de su país. Por los escasos datos personales, podemos decir que pertenecía a la «intelligentzia» de Chile, acomodada y evolucionada, que tras el golpe militar inició algunos encuentros tímidos, calificables generosamente dentro de lo que podría llamarse resistencia. Era uno de tantos ciudadanos asfixiados por el clima pos-golpista, «sobrevivientes de proyectos muertos, de sentimientos rotos..., residuos flotantes de esta catástrofe». Ni Hernán Valdés es un héroe ni pretende pasar por tal. Ni señala su caso como único, o más grave, o más dramático. Se hunde y confunde en la experiencia colectiva, como no podía dejar de hacer después de haber sido reducido, como todos los demás compañeros, a un estado de precariedad absoluta, a la mera existencia, a un puro afán de supervivencia.

Escritor de oficio, no ha querido Hernán Valdés abordar la tarea de este libro por unas razones personales. Así lo declara en la introducción: «La redacción de estas evocaciones me ha significado una profunda repugnancia, pero si la he asumido, no ha sido con el objeto de еxhibir o comunicar una desgraciada experiencia personal, sino para mostrar a través de ella la experiencia actual del pueblo chileno». No nos impide esto, sin embargo, hablar a nosotros de unas cualidades literarias de «Tejas Verdes». Cierto que el relato no puede abandonarse una vez iniciada la lectura, entre otras cosas por qué uno se siente obligado moralmente a apurar el cáliz, pero es indudable que está resuelto con una habilidad narrativa de primer orden, lo cual permite que la comunicación sea más eficaz. El diario está despojado de toda demagogia, cuida amorosamente los detalles, los más nimios, y, sin embargo, tan importantes, por cuanto la brutalidad no reside únicamente en aquellas relaciones más visiblemente condenables, como la tortura, sino que se manifiesta en los gestos más mínimos. Por esto, desde las primeras páginas, Hernán Valdés procurará trasladar cuidadosamente los diálogos, el lenguaje empleado sobre los detenidos y prisioneros, ya que el lenguaje aparece como primer instrumento de dominación, incluso cuando adquiere un aire coloquial e inocente: las fórmulas despectivas y humillantes, sacadas de la vida cotidiana. En tema de tal dramatismo, Hernán Valdés no ha perdido su sentido del humor ni ha ahogado su capacidad lirica. Por todo ello, nos encontramos ante un documento que, una vez más, desgraciadamente, nos obliga a reflexionar sobre las regresiones periódicas de la sociedad a estadios que ingenuamente consideramos superados, y que, aunque cualitativamente menos importantes, podemos encontrarlos muy cerca de nosotros. Y estamos también ante un documento que ha utilizado la escritura en su más excelsa función: la afirmación del humanismo.

 

 

 

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«Tejas Verdes». Diario de un campo de concentración en Chile.
Hernán Valdés. Ariel, 1974.
Por César Alonso De Los Ríos.
Publicado en TRIUNFO, N°634, España, 23 de noviembre 1974.