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Fortuna:
la verdad,
la realidad y lo cierto

"Fortuna", de Hernán Díaz (Trad. Javier Calvo) Anagrama, 2023, 434 páginas

Por Ignacio Álvarez
Publicado en revista SANTIAGO, N°18, junio 2023


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"Respetad al dinero, no caigáis en el infantilismo de
despotricar como poetas contra él".

Émile Zola


La vida de Andrew Bevel, un magnate que salió indemne de la gran crisis de los años 30 en Estados Unidos, es narrada desde múltiples aristas en Fortuna, la aclamada novela de Hernán Díaz. Así, leemos una novela sobre el ascenso de Bevel donde la protagonista es su esposa, para luego dar curso a la auto-biografía del empresario, el testimonio de la ghostwriter que escribió dicho libro y, finalmente, el auténtico diario de la esposa. Todo este puzle finamente urdido es una meditación sobre el capitalismo y la ficción, en los relatos que podemos confiar y los que son motivo de sospecha. Como dice un personaje: "Si el dinero es una ficción, el capital financiero es la ficción de una ficción. Con eso comercian todos esos criminales: con ficciones".


Tengo que hacer una advertencia antes de entrar en este libro. Fortuna (Premio Pulitzer 2023) está tramada de modo que algunos giros de la peripecia tienen gran importancia, es decir, es un texto cuya lectura puede ser afectada por un spoiler. Iba a escribir "arruinada", pero es mentira: ningún libro o película realmente bueno se arruina por un spoiler. Sigo: una reseña de prensa más o menos razonable se abstendría de mencionar esos giros, pero no quiero obligarme a una reseña más o menos razonable, porque Fortuna toca temas tan importantes que no vale la pena ese pudor si uno quiere discutirla con la intensidad que merece. Se me ocurrió la siguiente solución: en los dos primeros apartados no habrá filtraciones de esos giros del argumento. El tercero, en cambio, es puro spoiler. Ese es el acuerdo.

Vamos.

1. LA VERDAD

Fortuna discute, en primer lugar, la cuestión de la verdad, qué es lo que puede o no considerarse verdadero en un texto. El objeto de este examen es la vida y los hechos de Andrew Bevel, un colosal magnate de las finanzas que ha construido su posición con jugadas audaces y riesgosas que producen admiración y sospecha. Por ejemplo: ¿es en realidad responsable del crac del 29, del que emerge no solo sin daño en su patrimonio sino haciendo una ganancia enorme? Conocemos cuatro versiones de su ascenso extraordinario. El primero es Obligaciones, una novela inspirada en su vida que pone como protagonista a su esposa, una solitaria filántropa bien conectada con el mundo de la vanguardia literaria y musical. Mi vida, el siguiente libro, es una autobiografía de Bevel que combate lo que podríamos llamar, si no fuera una frase imposible, las mentiras de esa ficción. Sigue Recuerdos de unas memorias, de Ida Partenza, una escritora consagrada que, en los 8o, cuenta cómo redactó la autobiografía de Bevel y de qué modo ese trabajo secreto de los años 30 la enfrentó a su padre, inmigrante italiano y militante del anarquismo. Finalmente leemos Futuros, el diario que Mildred Bevel, la esposa del magnate, lleva durante los últimos días de su vida.

La disposición es inteligente y está urdida con maestría. Cada uno de los libros refuta abierta o sutilmente al anterior, de modo que ya al comenzar el segundo de ellos uno se pregunta quién dirá, a fin de cuentas, la verdad. Es el sentido del título en inglés de la novela, Trust, que quiere indicar al mismo tiempo la confianza que tenemos o no en los testimonios que leemos, el acto de administrar ciertos bienes ajenos y las grandes asociaciones financieras que han forjado el capitalismo estadounidense. La traducción del título como Fortuna, por cierto, mantiene la ambigüedad, pero la desplaza hacia la suerte y el dinero.

Vuelvo a la cuestión de la confianza: ¿Podemos confiar en los narradores? La primera respuesta que nos damos, por supuesto, es negativa. Ninguno de estos narradores es digno de nuestra fe (o de nuestro crédito), porque cada uno tiene su propio interés. Harold Vanner, el autor de la novela que inicia la serie, quiere mostrar las culpas de Bevel y rescatar la figura de su esposa. Bevel, por su parte, quiere demostrar su inocencia y convertir la idea que tiene de los negocios en sentido común: su vida y la de sus antepasados demostraría que "el interés propio, si se encauzaba correctamente, no tenía por qué estar divorciado del interés común". Cuando Ida Partenza revela que ella es la redactora de la autobiografía de Bevel intenta reconciliar, en su propio recuento autobiográfico, la honesta crítica al capitalismo y a los capitalistas que ha respirado desde que nació, con una no menos honesta admiración por el lujo y el dinero que conoció con Bevel.

Pero sería demasiado inocente y además pasaría por alto la verdadera experiencia de leer Fortuna sí solo describiera su diseño diciendo que no es posible establecer la verdad, que todos los textos nos mienten, que solo tenemos versiones de los hechos y no los hechos mismos. En una entrevista que dio hace más de un año, cuando Fortuna estaba a punto de salir en Estados Unidos, Hernán Díaz reconocía que los años vividos bajo el gobierno de Donald Trump entraron por su ventana mientras escribía. La verdad no es inasible, decía allí, es en realidad un bien de lujo, algo que se puede comprar. Las operaciones de Andrew Bevel para impedir que circule Obligaciones son la cara más visible de este movimiento. No, Bevel no solo compra todos los ejemplares de la novela; mediante una de sus empresas controla completamente la editorial que lo publica: "Mientras el libro se venda", le explica a Ida, "el señor Vanner estará atado por su contrato actual. Y se venderá. Porque yo compraré hasta el último ejemplar de cada tirada. Y los reduciré todos a pulpa".

La verdad capitula ante el dinero, pero no solo ante el dinero. Curiosamente, los lectores también concedemos más crédito a algunas versiones que a otras. Mientras el mundo de la novela debe rendirse ante quien puede comprar la verdad, el lector se ve inclinado a pensar o sentir que el arte, es decir, la novela sobre Bevel, y junto con el arte las personas que han sido sometidas por el poder, es decir, Ida Partenza y Mildred Bevel, su esposa, son quienes nos dicen la verdad. Mientras el mundo de la novela capitula ante el dinero, los lectores capitulamos ante nuestras propias inclinaciones, ante las convenciones de todas las narraciones que hemos leído y también ante nuestros prejuicios.

LA REALIDAD

Dice Mark Fisher que Slavoj Žižek dijo, o quizá fuera Fredric Jameson, que parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Fisher llamó realismo capitalista a esta suerte de impasse, la idea de que el capitalismo es "no solo el único sistema económico viable, sino que es imposible incluso imaginarle una alternativa". La centralidad que Fortuna le concede al dinero y a la historia del mercado financiero en Estados Unidos pareciera confirmar la idea de que el capitalismo inunda la novela. Creo, sin embargo, que es justo al revés.

El mucho tiempo y espacio que se dedica al dinero lo cerca, lo interroga, lo describe. El hombre más rico del mundo, por ejemplo, es alguien a quien "le fascinaban las contorsiones del dinero: que se lo pudiera obligar a doblarse sobre sí mismo para forzarlo a comerse su propio cuerpo". Y el anarquista crítico, en un discurso memorable que su hija conoce de memoria, remata, por su lado: "Si el dinero es una ficción, el capital financiero es la ficción de una ficción. Con eso comercian todos esos criminales: con ficciones".

También es largo el espacio que se dedica al funcionamiento de los mercados bursátiles. La novela quiere saber cuál es el papel de la especulación en el crac del 29 y ofrece al menos dos versiones, bastante fundamentadas: una en donde la intervención de Bevel salva a los mercados, otra en la que provoca la crisis y se aprovecha de ella. Por cierto, apostaría algún dinero a que la explicación de Hernán Díaz, tras haber estudiado arduamente el asunto, no salvaría a los capitalistas, pero eso es menos importante que el esfuerzo que hace la novela por comprender el capitalismo. Y al comprenderlo, por otro lado, se convierte en algo, una cosa en el mundo que es distinta del propio mundo, una cosa que se puede describir, reducir, eventualmente cambiar y que no es, como el aire que respiramos, el fundamento invisible de nuestra existencia.


3. LO CIERTO

Como advertí al comienzo, lo que sigue considera el giro argumental del último libro de Fortuna. Y ese giro es un perfecto deus ex machina: el verdadero responsable de la fortuna de Bevel no es su prodigiosa inteligencia o el momento de violenta acumulación originaria, el trabajo esclavo, que se omite clamorosamente en la novela. El genio de las finanzas es en realidad una genio, Mildred Bevel, la esposa del magnate. Futuros, escrito a fines de los años 30, consta de fragmentos que valen al mismo tiempo como escritura de vanguardia y diario de muerte, porque Mildred está a punto de morir cuando lo escribe. Allí vierte su confesión, siempre indirecta, la narración de su declive físico y un gran número de observaciones artísticas que son al mismo tiempo acertadas y crueles. No puede sino despreciar a su marido: "Cuanto más prosperábamos, más nos alejábamos y más se envenenaba nuestra relación. Se sentía emasculado, me dijo una vez. Su vanidad era repugnante". No puede sino despreciar el arte adocenado: "Programa breve y predecible", dice cuando su marido lleva un cuarteto de cuerdas a su habitación de enferma: "Versión abreviada de la «Primavera» de Vivaldi, seguida de «Kleine Nachtmusik» J. Strauss y otras viennoiseries".

Este último giro es, a mi juicio, devastador. Las versiones de lo real que el resto de la novela salvaban, el discurso del arte y el de las personas sometidas por el poder, terminan tan envenenadas como el discurso del especulador financiero. Futuros nos dice que una mujer brillante y desplazada de las luces por su esposo, una mujer sensible al arte y ella misma autora de un texto que dialoga con la vanguardia puede ser tan cruel como, nos imaginábamos, era su marido, porque es la verdadera responsable del crac y de la cascada de miserias que ello produjo. Es la verdadera responsable y, para peor, muere junto con la novela.

Volvemos entonces al diseño del libro, pero ahora con algo de horror. Lo cierto es que conocer la verdad es imposible y ningún narrador es confiable, pero ahora también sabemos que es algo irreversible, que no hay discurso en el que uno pueda encontrar protección.

 

 


 

 




 

 

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"Fortuna", de Hernán Díaz (Trad. Javier Calvo) Anagrama, 2023, 434 páginas
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