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Una mirada a las últimas publicaciones de Marcelo Pellegrini

HETERODOXIA

Por Ismael Gavilán
Valparaíso, invierno de 2006

Ver en la luz el tránsito de la luz
Pere Gimferrer

En un ensayo incluido en Lenguaje y silencio y refiriéndose a William Golding, George Steiner se pregunta si lo que ha escrito el novelista inglés hasta ese momento (1964) puede ser considerado como una oeuvre. Término de dificultosa traducción (al menos al idioma de Shakespeare) esta palabra conlleva algo más que la mera acumulación del trabajo de un escritor. En verdad, como señala Steiner, la palabra oeuvre muestra necesariamente una lógica de desarrollo que se manifiesta de manera gradual, en donde diferentes géneros -como pueden ser la poesía, el ensayo y la traducción- adoptan un tono personal que se va volviendo inconfundible y que son prueba de una coherencia que hace identificable a un escritor: una virtual madurez expresiva es reconocible, lo que trae como consecuencia que eventuales lectores puedan encontrar una puerta de entrada al edificio imaginativo en construcción que se les propone, como también se abre la necesidad de la exigencia para con esa misma propuesta. En una oeuvre se respira un espíritu de cuerpo que, por su configuración intrínseca, se ve obligado a establecer un diálogo con la sociabilidad literaria que, por decisión o destino, le ha correspondido. Por supuesto que nada obliga a pensar que exista una concordancia o aún una armonía entre ambas -aunque los ejemplos recurrentes digan lo contrario, tal como los casos de Neruda y Parra sugieren y aún alientan en el panorama de la poesía chilena del siglo XX- sino que se hace evidente que un gesto de heterodoxia constituye una saludable contradicción a las aventuradas opiniones de generalidad que esa misma sociabilidad acepta como comodines de solvencia cristalizada.

Con la publicación del libro de ensayos Confróntese con la sospecha: ensayos críticos sobre poesía chilena de los 90(1) y la traducción Constancia y claridad: 21 sonetos de W. Shakespeare(2) es posible apreciar que Marcelo Pellegrini (Valparaíso, 1971) consolida con estos nuevos títulos su incipiente y personal bibliografía que, amén de numerosos artículos, poemas y traducciones en varias revistas de Chile y el extranjero, cuenta a su haber, entre los más relevantes, libros de poemas como El árbol donde envejece la muerte (Ed La Calabaza del Diablo, Stgo de Chile,1997), Ocasión de la ceniza (Ed la Calabaza del Diablo, Stgo de Chile, 2003) y El sol entre dos islas (Ed Manulibris, Stgo de Chile, 2005) como asimismo la colaboración en la edición crítica de La miseria del hombre de Gonzalo Rojas (Ed Puntángeles, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso,1995) y la traducción a cuatro manos junto a Armando Roa Vial de una selección de poemas de Kenneth Rexroth: La señal de todas las cosas (Ed Universitaria, Stgo de Chile, 2004).

Con estos títulos, Pellegrini se perfila, a nuestro juicio, como uno de los más importantes autores de la última década junto a poetas como Javier Bello, Andrés Anwandter, David Preiss, Kurt Folch, Armando Roa, Alejandra Del Río, Antonia Torres, Cristián Gómez, Cristián Cruz, Cristián Formoso y Germán Carrasco, entre otros.

En la tan deseada y necesaria búsqueda de la individualidad, cosa que puede ser percibida en el tono de los temas que todo autor trata en la peculiaridad de su escritura y que se enriquece con el acerbo que traspone de la tradición a la cual desea suscribirse en un acto de reconocimiento y desafío, Pellegrini en tanto poeta, ensayista y traductor, aúna a nuestro parecer, aquel llamado de conciencia lúcida recién descrita en la naturalidad de su virtual desenvolvimiento -lo que creo permite apreciar lo que ha escrito y traducido hasta ahora como eslabones paulatinos de una oeuvre en desarrollo- con una marca personalísima al interpretar (y por ende plantear) de manera heterodoxa dos temas capitales que, en los conciliábulos literarios de, al menos, los últimos 10 años, han rondado nuestra sociabilidad hasta convertirse en un cliché de opinión acomodaticia: el surgimiento o aparición de una generación de nuevos poetas desde mediados de la década de los 90 en la escena poética chilena y el ejercicio de la traducción como búsqueda y apertura de nuevos horizontes en el afán identificatorio y de autorreconocimiento que todo poeta de los últimos plazos realiza con mayor o menor fortuna.

En los ensayos y artículos de Confróntese con la sospecha, Pellegrini desde el prólogo pone en guardia al lector desprevenido con lo que su libro no es, es decir, una visión de pretendida exhaustividad basada en autores representativos. Situado en las antípodas de tal postulado, lo que efectúa Pellegrini no es tampoco una mera acumulación arbitraria de nombres y obras que aparecieron en la última década del siglo pasado refrendados en un ambiguo concepto de gusto. Para nada. Lo que es posible vislumbrar en estos ensayos es la puesta en evidencia de la fragilidad de los conceptos operativos con los cuales se ha articulado la discursividad crítica cuando desea abordar la poesía escrita en Chile durante los 90, enarbolando por parte de poetas y críticos virtuales (palabra que posee para nosotros al menos dos sentidos: ya de críticos de ocasión que suelen ser también poetas y/o participantes de cuanta revista electrónica surca el ciberespacio nacional) un vocabulario que ha devenido predecible con su pretendido afán de ordenar lo que está en pleno proceso:

"En más de una ocasión, durante la década pasada, vi esbozar, en conversaciones informales con amigos poetas y críticos, en congresos y encuentros nacionales de poetas jóvenes, e incluso, en algunos artículos, la idea de una "generación" de los noventa. Como casi todas las de su naturaleza, aquella noción me parecía seductora, pero en la práctica, casi imposible de verificar. Siempre pensé que los supuestos miembros de esa generación eran unos pocos poetas que pertenecían al ámbito de la ciudad de Santiago; los únicos autores "de fuera"que eran incluidos ahí, como por descarte y buena voluntad, eran algunos de Valparaíso, Concepción y Valdivia (…)Por ese motivo, mi noción de "poesía de los noventa" se reduce (o, mejor dicho, se amplía) a la de los escritores que publicaron sus primeros, segundos o terceros libros durante esa década(…) las pretendidas explicaciones críticas sobre poesía son un ejercicio que debe ser confrontado con una sospecha que las aleje de toda idea de "lo definitivo". De ese modo, la noción misma de "poesía de los noventa" es puesta en duda aquí desde el título, y su existencia sólo se entiende como hipótesis de trabajo(…)" (3)

Para Pellegrini la sospecha en la articulación de conceptos de pretendida generalidad que den cuenta de las particularidades de la producción poética, radica justamente en su propia inmanencia que se cristaliza como opinión volatizada y que se vuelve moneda de fácil intercambio, anulando o disminuyendo la problematicidad que suscitan esas mismas producciones, habidas en los últimos años. Por los demás, el énfasis que Pellegrini realiza en sus ensayos y artículos de las obras de poetas que, en su mayoría, no han obtenido un reconocimiento público explícito por parte del establishment poético criollo, apunta a nuestro parecer a saldar cuentas con un pretendido "centralismo" de raigambre santiaguina a la hora de querer analizar con mayor soltura lo escrito en materia poética durante los 90. Tal vez de ahí el interés por la figura y la obra de varios poetas que podríamos rotular del "sur de Chile" (Carlos Trujillo, Sergio Mansilla, Jorge Torres, Rosabetty Muñoz, etc) o de excéntricos respecto a una ordenación no sólo geográfica, sino también imaginativa y verbal como lo revelan los ensayos dedicados a Luis Correa Díaz, Enoc Muñoz, Luis Andrés Figueroa, Rubén Jacob, Lila Calderón y otros.

Pero más allá de una virtual polémica que de algún modo este libro de ensayos pudiera provocar, el gesto crítico de Pellegrini es indisoluble de su propia autorreflexividad en el sentido de revertir hacia lo que, como poeta, ha escrito y publicado en los últimos 10 años. Porque a nuestro parecer, no estamos sólo en presencia de un libro que pretende esclarecer la escena poética de nuestro país, habida en la década pasada y que, hoy por hoy, se nos presenta más variada, compleja y múltiple, sino que es posible vislumbrar un esfuerzo de identificación para situar la propia producción poética de Pellegrini desde la excentricidad de su enunciación. Y cuando nos referimos a eso, no estamos hablando de la condición geográfica de una escritura (el hecho de que nuestro autor viva en Estados Unidos desde hace ya varios años), sino de su planteamiento de múltiple factura que articula una experiencia que, por ahora, rotularíamos de nómade en el sentido del vaivén existencial e imaginativo que un poeta de fines del siglo XX y de principios del XXI asume como constitutivos de su proyecto poético. Sin embargo, sería irresponsable referirse a los poemas de Pellegrini sin un comentario más acabado. Bástenos sugerir que, como demuestran otros hitos de la poesía de autores chilenos, Pellegrini pertenece a esa clase de poetas que establece una relación de aclaración mutua entre su reflexión en prosa y su producción poética.

Tal relación de aclaramiento puede extenderse a su vez hacia la traducción de la que nuestro autor es uno de sus cultores más relevantes. En este ámbito de aparente transparencia certificadora, también es dable apreciar el gesto heterodoxo que vuelve peculiar el desenvolvimiento poético de Pellegrini. Pero es preciso entrar en algunas consideraciones previas para entender lo que aquí se desea decir.

A estas alturas ya es un lugar común aseverar que una de las características de los así llamados "poetas de los 90" es la traducción, especialmente desde la lengua inglesa. Esto, más allá de las generalidades que debiesen ser esclarecidas en un debate de mayor hondura crítica, muestra un hecho que es entendible como identidad o testimonio: no es que en la poesía escrita en Chile la traducción de poetas de las más diversas latitudes fuese un acontecimiento aislado o sin relevancia, sino que al parecer, por primera vez de manera explícita se asume la traducción como un elemento identificatorio de una generación de poetas más allá de las dificultades de ordenamiento metodológico que ello implica y que muestra, en su ejercicio mismo, un correlato de modulación imaginativa y verbal que trasunta con mayor o menor fortuna en la hechura misma de los poemas escritos por los autores chilenos de esta "generación" . Ya como matriz o "tono" que convierte a los poetas traducidos en habitantes y ciudadanos de este poético reino de Chile, es imposible dejar de pensar en verdaderos "dúos concertantes" animando nuestra escena: Anwandter-Magrelli, Ashbery- Carrasco, Browning-Roa, por mencionar sólo tres.

Pues bien, después de estas consideraciones de provisoria generalidad, cabe apreciar la traducción de 21 sonetos de William Shakespeare llevada a cabo por Pellegrini como heterodoxa. Y aquí esta palabra puede sonar como equívoca ya que el intento mayor de fidelidad formal como la que busca nuestro autor en sus traducciones, rara vez se encuentra. La heterodoxia, sin embargo, creemos advertirla, sutilmente manifiesta. Sería el hecho mismo de traducir a Shakespeare, ¿pero acaso no tenemos la libertad suprema de traducir la obra de quien queramos? Eso es incontestable y por supuesto que cierto. Pero la elección de lo que se va a traducir no es mero capricho y mucho menos en un poeta como Pellegrini, poseedor de una agudeza crítica y autocrítica sumamente productiva. Siguiendo a Bloom (del que nuestro autor es lector atento y no menos inteligente, es decir lector irónico en el saludable distanciamiento que causa todo texto de intensidad autoritaria), pareciera ser que Pellegrini se vuelca hacia el centro de la imaginación verbal en lengua inglesa, aquel centro que a su vez sintetiza (como diría Curtius) el espíritu anglosajón y la edad media latina. Cosa que para el poeta chileno, creemos, representa lo que para Stefan George y T.S Eliot era Dante: un dique de contención y a su vez de despliegue imaginativo que proporciona la tradición frente a los afanes disolutivos del presente. Usando una jerga al uso, un gesto postmoderno que implica, no una huída bajo el alero de una tradición prestigiosa, sino una crítica a lo que, hoy por hoy, se pretende actual y contemporáneo, pero que se muestra condescendiente (digamos con sinceridad muy condescendiente) con el hecho mismo de escribir un poema. Mientras nuestra escena poética se coloniza con los poemas de los más variados autores de los últimos 40 años, queriendo establecer así un "contacto" con la actualidad, siempre evanescente en su espiral de certificaciones de legitimidad, Pellegrini sin desconocer la necesidad y la importancia de aquello (ahí están sus traducciones de Rexroth para aseverarlo), no teme enfrentarse como poeta a la obra de Shakespeare, desafío que, a nuestro parecer, pocos de nosotros intentaríamos. Y ese desafío no implica la mera "traducción" de un poeta de tamaño prestigio, sino que se aprecia en ello algo que es adivinable para el lector atento y que no es otra cosa que el establecimiento de una poética. ¿Qué significaría esto?. Pues a nuestro parecer no simplemente el hecho mismo de traducir como una manera de apropiación momentánea de un gusto específico (hoy puede ser Shakespeare, mañana quizás Chaucer o el Canto de las huestes de Igor), sino como una parte primordial de esa oeuvre que Pellegrini ha ido elaborando año tras año, libro tras libro y que muestra no sólo la voluntad de constituirse como tal, sino de transformarse una vez tras otra sin dejar de ser sí misma. Aquella capacidad de transformación, de traducción que los ensayos, la poesía y las versiones de varios autores, entre ellos Shakespeare, que se evidencia en lo realizado hasta ahora por Pellegrini, nos va mostrando los contornos de un edificio del que somos, como lectores, invitados de privilegio. Por eso, los dos últimos libros de este joven autor, junto con ser una contribución necesaria para la pluralidad del debate en nuestra sociabilidad literaria, se convierten, a nuestro juicio, en preciados eslabones que nos solicitan con atención (y por ende con exigencia) para que advirtamos su consolidación paulatina. Consolidación que dado su carácter heterodoxo, es libre, rindiendo con ello, tributos de fidelidad a sí misma en el espacio que se funda con destreza y lucidez.

 

 

NOTAS

(1) Pellegrini, M: Confróntese con la sospecha: ensayos críticos sobre poesía chilena de los 90, Ed Universitaria, Santiago de Chile, 2006.

(2) Pellegrini, M: Constancia y claridad: 21 sonetos de W. Shakespeare, Ed Manulibris, Santiago de Chile, 2006.

(3) Pellegrini, M: “Aviso” en Confróntese con la sospecha, ed cit, pp 14-15.

 

 

 

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