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Notas para la presentación del libro
LA EXTRAÑA SENSACIÓN DE ESTAR EN CASA (2023)
Javier Aguirre Ortiz (1973)

Por Leonora Vicuña

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(1)
Como en el aro de la infancia que hacíamos rodar con una varilla para obligar al mundo a girar sin que se borrara, sin que se perdiera, tratando de mantener el equilibrio entre los túmulos, las piedras y las hierbas del camino; como esos barcos de papel que echábamos a navegar en las charcas y bateas infantiles, con la esperanza de irnos con ellos, partir lejos al país de los sueños, y luego regresar, volver también con ellos, sin que la memoria nos engañe: viajamos en y con estos poemas viajeros de Javier.

Recordamos que el viaje está presente en la poesía desde tiempos inmemoriales. La poesía misma es un viaje. Y es entonces un tema que puede ser tópico, típico, épico, críptico, lúdico, cuántico, mágico, bélico, y cuanta esdrújula podamos encontrar…

 

Javier Aguirre y Leonora Vicuña en la presentación.



(2)
En todos los idiomas posibles decimos viaje, travesía, vaivén, voy y vuelvo. Vamos, somos, fuimos.

Muchas pistas cruzan estos versos y reversos de Javier Aguirre: el arraigo posible, el desarraigo definitivo, la casa que ya no es la casa porque el yo ya no es el mismo, como lo dice Lorca. El eterno regresar al mismo punto de partida, que sin embargo nunca más será el mismo, después de aventurarse no se sabe bien cómo ni por qué, en una vorágine que te lleva, te empuja, “porque la vida ya te empuja”, José Agustín, te lanza al mundo sin vuelta atrás más que en la memoria o el sueño. A veces, una epifanía, un déjà vu, nos hacen creer que hemos vuelto a casa, nos brinda esa extraña sensación de la que habla Javier en estas tres lenguas: euzkera, castellano, mapudungun.


(3)
Nos preguntamos cómo fue que vino a parar aquí en estas costas desoladas de Nehuentue, un vasco bilbaíno. No recuerdo quien me contó (antes de conocer a Javier, hace ya algunos años), que había un joven poeta español viviendo en Nehuentue. Yo que vivo hace tiempo a una escasa distancia de ese fin de pista entrañable, finisterra, aparente fin de viaje también, me dije, ¿qué puede hacer por aquí un joven poeta extranjero?, ¿cómo habrá recalado en un sitio como este, -tan desangelado que era ese sitio entonces, antes de que se volviera un lugar turístico más de la Araucanía-…  Justamente, Nehuentue, si era un lugar donde la poesía podía anidar, podía arraigarse, anclar…

(4)                                      
Hay algo muy romántico en eso de no saber ni de dónde venimos ni hacia dónde vamos ni donde estamos detenidos. Romántico y dramático a la vez este llamado del poeta, que bien podría ser “con un aullido interminable” parafraseando nuevamente a José Agustín Goytisolo. Aquí la pregunta de Javier:“¿No hay nadie que nos diga dónde estamos? En qué ciudad, en qué espejismo, en qué afán descabellado?”

Muchos poetas, tocan este tema emblemático del tiempo y el espacio, de lo insondable del abismo de nuestra travesía. Algunos lo hacen también con humor como Bertoni que preguntaba algo así como “¿De dónde venimos y adónde vamos?  ¿Y en qué nos vamos?”

(5)
El amor, el desamor, la pérdida, el exilio y el mar. El amar. El mar. ¿Cómo arraigar en el mar?  ¿Poner allí nuevas naves a echar raíces, después de haber quemado ya tantas naves?  Sí, raíces en esa inmensidad sin nombre que es el mar… Pero el mar tan ancho y díscolo, el mar que contiene la vida y la muerte, el mar que embruja, que envuelve, nos llena de dicha o nos hunde en llanto. Allí va a parar todo, allí van los ríos, ya lo dicen las coplas amadas “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar que es el morir; allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir…”

 “Qué más seremos sino agua en el agua incorporándose a la corriente,
participando, moviéndose, cantando, volviendo una y otra vez”… [Aquí también el poeta nos lo señala]

Al mar nos llevan los poemas de Javier. Vamos y volvemos del Cantábrico al Pacífico, vamos de viaje en viaje, de vida en vida y de naufragio en naufragio. A tientas en pleno mediodía, sin negrura ni patetismo, con una naturalidad pasmosa incluso, pasa de un país al otro, de una lengua a otra, del canto al llanto, de la risa al dolor. Del amar, al amargo, del amar a mares, otro libro del poeta.

(6)
Esta extraña sensación de estar en casa, una de las más dulces emociones cuando se está lejos o vencido, cuando el recorrido se vuelve duro, los caminos se oscurecen o se tuercen, cuando se está perdido y por momentos se recobra no sólo el recuerdo del lar sino su presencia, se añora, se evoca como Giacomo Leopardi evoca su infancia:

“Vaghe stelle dell’Orsa, io non credea
Tornare ancor per uso a contemplarvi
Sul paterno giardino scintillanti,
E ragionar con voi dalle finestre
Di questo albergo ove abitai fanciullo,
E delle gioie mie vidi la fine.
Quante immagini un tempo, e quante fole
Creommi nel pensier l’aspetto vostro
E delle luci a voi compagne! allora
Che, tacito, seduto in verde zolla,
Delle sere io solea passar gran parte
Mirando il cielo, ed ascoltando il canto
Della rana rimota alla campagna!

(Bellas estrellas de la Osa, no creía volver a contemplaros sobre el jardín paterno, ni hablar con vosotras desde las ventanas de esta morada donde habité de niño, y donde vi el final de mis alegrías. ¡Cuántas imágenes antaño y cuántas fábulas creó en mi pensamiento vuestro aspecto y el de las luces que os acompañan! Cuando, en silencio, sentado en la hierba verde, solía pasar gran parte de las tardes mirando al cielo, y escuchando el canto de la rana lejana en la campiña.)

Y como también, por qué no? recordémoslo aquí,  el sentimiento que hasta pueden tener los marcianos como E.T., que pedía, como en una súplica, volver a casa, no lo olvidemos...!


(7)
Por último, en estas notas no quiero dejar pasar la portada de este libro, la foto de esos vástagos que de algún lado le han brotado a Javier, como del amor y de la noche… Decir que en esta foto están Xavi y Enara, en la playa perdida, como reza la dedicatoria de estos poemas. Con ellos se abre y se cierra el círculo del vaivén eterno del viaje y la búsqueda, y se vuelve a abrir eternamente.

Decir que el poeta es el autor de esta imagen en la que su propia infancia también está presente.

Contar que Javier es también fotógrafo y que las primeras imágenes suyas que vi, asociadas a él, a su vida, son una colección de diapositivas, tomadas por su padre que aparecían de vez en cuando en la red. Retratos a color de Javier y Ana, entrañables imágenes, inolvidables estampas que me parecieron siempre tan familiares, tan acertadas y que siempre miré y sentí muy cercanas, muy propias. Hace un tiempo seguí de cerca un reportaje silencioso que hizo Javier en la red, siguiendo a su padre y a su madre, luego de la desaparición repentina de su hermana Ana. Esas imágenes, discretas, secretas también, íntimas, son como estos poemas.

Las nombro aquí porque son imágenes del poeta en su tierra, en su casa paterna o lo que queda de ella.

No sabíamos si Javier volvería nuevamente al Wallmapu, su otra casa.

Pero aquí lo tenemos, aquí está, con nosotros  nuevamente…


Carahue
Mayo 2026

 

 

Leonora Vicuña

 

 

Fotografías de Mauricio Ascencio.

 

 

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Notas para la presentación del libro.
LA EXTRAÑA SENSACIÓN DE ESTAR EN CASA (2023), de Javier Aguirre Ortiz (1973).
Por Leonora Vicuña.