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La capacidad de ser y no de parecer
Luisa Johnson: «Horario de un caracol» / Lucia Berlin «Manual para mujeres de la limpieza»

Por Jessica Atal K.
Publicado en La Panera N°78. Diciembre de 2016



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Estas son dos mujeres que nacieron prácticamente en la misma época, sólo con diez años de diferencia. en 1936, Alaska, Estados Unidos. en 1926, Santiago de Chile. La primera escribe cuentos, la segunda poesía. Vivieron cosas parecidas durante algún tiempo. Ambas limpian casas, lidian con el cansancio y la rutina. “Soy la mujer domesticada”, escribe Johnson. Sin embargo, tienen pasión y amor a la vida. Al menos a ratos se goza “la alegría de las horas libres” y las tardes de domingo a pesar de un “luto negro del calendario”, un vacío, una espera que no se llena: “Ni diario de la tarde/ me llegó ese día”, es el final de «Diligente».

A ambas les duele la vida. Escriben, usan un peinado similar, el pelo corto. Se llaman, incluso, de manera similar: Luisa, Lucia… Y, lo más singular, ellas no fueron bastante reconocidas como escritoras en su época, a pesar de los primeros relatos de Berlin publicados a los 24 años. Sólo ahora son “estrenadas en sociedad” como grandes figuras olvidadas. No sé si es para tanto. Su obra no cambiará la historia de la literatura. Ya lo dijo hace más de cincuenta años Hernán Poblete Varas a propósito de Johnson. En 1964 escribió sobre su «Horario de un caracol»: “Estos poemas no trastornarán la poesía chilena, ciertamente. Pero al leerlos se advierte la nota auténtica, la ‘capacidad de ser’ y no de parecer. Y esto es mérito para recordarlos”.

Sí. Esta es la valiosa cualidad que tienen en común. Escriben con libertad y valentía. Y eso es mérito suficiente para recordarlas, reinstalarlas. Es poco lo que se sabe de Luisa Johnson. En 1959 publica «A nivel de los pájaros», su primer volumen de poemas. En 1963, «Horario de un caracol». Eso es todo. Ahora Descontexto Editores rescata estos dos pequeños libros en uno solo que sigue siendo pequeño, 64 páginas en total. Pero, sin duda, conmueve. Contiene imágenes de “tierra removida”, de golpes de viento, de horas que transcurren en la intimidad de una casa, de un corazón que late pausado, sin trastornar el tiempo ni la muerte. Ella es mujer de poco ruido. Y su poesía tiene eso… el horario de un caracol.

Lucia Berlin, con su «Manual para mujeres de la limpieza», sí ha dado que hablar. De partida, porque pasó parte de su adolescencia en Chile y se codeó con las jóvenes de colegio de monjas que veraneaban en el Gran Hotel Pucón, en un país donde “sólo había dos clases sociales”. Hay varios relatos sobre su vida en nuestro país. Ella escribió, ciertamente, sobre su vida. Tal vez no a modo de diario, pero sus historias se basan en su propia realidad. La “vida fácil” fue cambiando a medida que la de Berlin fue avanzando. No le fue bien en ninguno de sus tres matrimonios ni tampoco fue ligero el alcoholismo que la atrapó durante años. Llegó, de este modo, a desempeñarse en varias labores de mujer de clase media, desde ser “mujer de la limpieza” en Oakland hasta telefonista, enfermera en la Urgencia de un hospital y profesora en un colegio donde las chicas “no hablan de amor y de citas sino de aborto y matrimonio”. De todo eso escribe, incluso de sus procesos de rehabilitación “a fuerza de trabajo”.

Esa es la sensación que dejan estos relatos. Que no hay otra salida más que trabajar duro. No wonder… Tiene cuatro hijos a los que mantener. Su trabajo se refleja en esta prosa franca, sensible y potente a la vez. Interesantes son las voces de variadísimos personajes, desde amigas chilenas que viven idílicos amoríos hasta un indio sentado a su lado en una lavandería decadente y un chico adicto a las drogas con el que no puede lidiar en su clase. Todos estos personajes, además de la mujer trabajadora middle class o la niña que observa un mundo de adultos que no le agrada en absoluto, se desplazan en escenarios sumamente tangibles. Lo cotidiano se cuela en diversas atmósferas, pues son varias las ciudades y calles, los olores y miradas que hablan de la miseria humana, a veces de la vulgaridad y del maltrato o del poco amor reinante en las relaciones humanas. “La tortura está en todas partes”, sentencia Berlin, así como los hijos que suben tres pisos sólo para recostarse a tu lado, darte un beso, sin pedir nada.


 

 

 

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Luisa Johnson: «Horario de un caracol» / Lucia Berlin «Manual para mujeres de la limpieza»
Por Jessica Atal K.
Publicado en La Panera N°78. Diciembre de 2016