Tentaciones
de Scorsese
Por
Jorge Zavaleta Balarezo
No direction home: Bob Dylan es el título del último
trabajo, un documental, del gran Martin Scorsese, que revisa
los primeros años de la carrera del mítico cantautor
norteamericano. En Estados Unidos se transmitió por TV y aquí,
casi es obvio decirlo, se encuentra ya en el mercado pirata. El
aviador, este mismo año, nos reencontró con lo mejor
del cineasta neoyorquino, nacido
en
1941. Este biopic sobre el excéntrico magnate Howard
Hughes nos acercó a los temas recurrentes de un cineasta sesudo
y apasionado, y obseso de su oficio, a la manera de Bresson, Godard
o Buñuel.
Scorsese se inicia muy joven en el cine (pensamos en What's a
nice girl like you doing in a place like this?, de 1963), si bien
al principio realizó estudios en un seminario, que explican,
de alguna forma, esas dudas teológicas y teleológicas
planteadas en sus maduros y expresivos filmes. Entre ellos, El
toro salvaje, también una biografía fílmica,
significa una profunda reflexión, a un tiempo vital, entusiasta
y nostálgica, sobre el boxeador Jake La Motta, interpretado
realista y soberbiamente por su actor "fetiche" Robert de
Niro.
Para la crítica y el gran público la carrera de este
director ya clásico y maduro consigue su primera victoria con
Calles peligrosas (1970), el primer acercamiento al mundo endogámico
de la mafia en Estados Unidos, tema reiterado tanto en Buenos muchachos
como en Casino. Taxi driver gana la atención
en el festival de Cannes, a mediados de los años 70, y es la
historia, difícil y apesadumbrada, de un Travis Bickle que,
de noche, en su vehículo amarillo, recorre la jungla de asfalto
neoyorquina y es amargo testigo de la miseria humana.
La gran reflexión religiosa en Scorsese llega con La última
tentación de Cristo, la cual a fines de los años
80, se impone ante las censuras y busca, desde el personaje universal
de la novela de Nikos Kazantzakis, replantear una fe íntima
y autocuestionada. El rey de la comedia es, asimismo, una reflexión,
sarcástica y punzante, sobre el showbusiness y, otra
vez, la dilatada condición humana. Rupert Pupkin, personaje
también esta vez interpretado por De Niro, es un fracasado
humorista en busca de una absolución definitiva.
El musical, género poco explorado en la década de los
70, es reactualizado, de la mano de una gloriosa historia de amor,
por Marty -como llaman cariñosamente sus amigos a este genio
del cine de hoy- en New York, New York, relato de filiaciones,
fraternidad y profesionalismo a prueba de cualquier revés,
coprotagonizado por Liza Minelli y que se convierte asimismo en un
homenaje a la legendaria época de las "big bands"
.
Scorsese, a lo largo de su ya dilatada carrera, nos ha ofrecido filmes
tensos, dinámicos, dramáticos o a veces dislocados y
bizarros como Después de la hora, con la preciosa Rossana
Arquette, y ha insistido en registrar la génesis y el desarrollo
de la Gran Manzana en la épica Pandillas de Nueva York,
la aristocrática La edad de la inocencia, o, de una
manera romántica y hasta un tanto inocente en el segmento Apuntes
del natural, del tríptico Historias de Nueva York,
en la que colaboró con otros dos grandes, Francis Ford Coppola
y Woody Allen.
Ahora, ante el despertar continuo e incesante de su obra, siempre
llena de giros y novedades -basta revisar la sorprendente Bertha,
ladrona y amante, la culminante Alicia ya no vive aquí
o la crucial Vidas al límite-, termina un nuevo filme,
The departed, sobre la mafia irlandesa, la ciudad de Boston
y más pandillas, y con el protagonismo de Leonardo DiCaprio
y Jack Nicholson.
Pronto, su descollante arquitectura cinematográfica seguramente
nos mostrará, entre ecos y sentimientos, que -así como
se titula el documental sobre el mayor arte de su nación- el
propio Martin Scorsese sigue realizando, gozoso, "un viaje personal
por el cine americano".