Proyecto Patrimonio - 2026 | index |
Jorge Carrasco | Autores |









NACIONALISMO Y DESARRAIGO

Por Jorge Carrasco


Tweet ... . . . . . . . . . . . . ::.:...:.:

Borges dice en El escritor argentino y la tradición (pdf) que los judíos eran en la cultura occidental innovadores y exitosos porque no seguían una tradición local. Su espíritu, al no sentir la atadura a una tradición, tenía la libertad de pensar y sentir sin sentirse constreñidos por un sentimiento nacionalista opresivo.

Los inmigrantes de cualquier nacionalidad dejan de estar fijados a una tradición y adquieren otra y entre las dos construyen una tercera tradición, la tradición supranacional de la migrancia. Al final son como esos judíos que no poseían un territorio y desde esa carencia piensan el mundo.   

Siempre recuerdo lo que alguna vez escribió Suetonio: "Quintili Vare, legiones redde" (Quintilio Varo, devuélveme mis legiones)". Palabras del emperador Augusto. Publio Quintilio Varo comandaba las tres legiones romanas que fueron exterminadas en un ataque sorpresivo de los pueblos germanos. Intentaba afianzar el poderío romano en esos territorios. Treinta mil romanos muertos. ¿Qué es hoy el imperio romano? 

 Los países luchan por mantener sus fronteras y miles de personas están dispuestas a dar su vida para defenderlos. A fin de cuentas, luchan por lo que alguna vez desaparecerá. ¿Dentro de algunas centurias existirán Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos o Rusia? 

¿Hay alma nacional o sólo es un invento de un ente territorialmente organizado? Cuando aparece un conflicto armado entre naciones pienso en esto, y eso me ha llevado a reflexionar extensamente sobre el tema de los nacionalismos. A los veinte años fue mi vida la de un migrante y esta errancia me ha llevado a analizar el tema de los nacionalismos y su poder nefasto en las relaciones de los hombres que no pertenecen a un mismo país. El nacionalismo une hacia adentro pero desune hacia afuera.

Tzvetan Todorov, filósofo, historiador y lingüista búlgaro, afirmaba que existe un nacionalismo cultural y un nacionalismo cívico, que son el resultado de dos instancias diferentes: cultura y Estado. El nacionalismo cultural nos habla de elementos en común que tienen los ciudadanos: lengua, costumbres, historia, folclore, y el nacionalismo cívico nos remite a una condición diferenciada de derechos y deberes que existen en contraposición a otras instancias nacionales. 

Cuando los pobres se van de su país hay en ese tránsito un problema ideológico y ese problema se transforma después en un problema de nacionalismo. Tras estar bañado de nacionalismo como todos o casi todos los ciudadanos del mundo, la experiencia de ser inmigrante me enseñó a descreer de estos sentimientos porque advertí que suscitan pasiones que dividen, que separan a los hombres. Hay un alguien que es como nosotros y hay un alguien que representa a los otros. En esta construcción supraindividual se fundan intereses y propósitos que se superponen a los designios de grupos de pertenencia más pequeños como la familia, el barrio, la comunidad, el pueblo. Lo individual es absorbido por lo universal.    

 Los historiadores españoles fueron muy útiles para mí para comprender este problema. Me ayudaron a comprender mejor el sentido de nacionalismo, concepto que siempre es muy cercano, más por lo negativo que lo positivo, a los inmigrantes. El nacionalismo español no tiene un origen natural, me dijeron estos historiadores, es una construcción de la monarquía española que educó de esa manera a sus ciudadanos para que antes que nada se sintieran españoles. Las entidades políticas son, por lo tanto, preexistentes a las naciones. Borges y los historiadores españoles fueron muy útiles para mí porque corroboraron las ideas que tienen los inmigrantes sobre el país que dejaron y el país que los acogió.

Borges es un conservador. En la izquierda no encontré un referente intelectual que analizara y cuestionara ese aspecto como yo esperaba. Entonces conocí el pensamiento de Borges. Para él hay una construcción estatal que convierte a un individuo en un ser prefabricado, en un ser condicionado por un sentimiento artificial que promueve la exclusión, el odio, el fanatismo y la violencia.

Mi condición de inmigrante me permitió observar también que las ideologías aparecen modificadas por este sentimiento nacionalista. Quiero decir que nunca existe una pureza doctrinaria en sus expresiones porque el sentimiento nacionalista modifica caprichosamente sus planteamientos. El nacionalismo pone en camaradería a los neoliberales y libertarios con los peronistas y comunistas. Es un factor de unión. 

Muchas veces corroboré algo que me resultó muy extraño también. Comprobé con sorpresa que el nacionalismo es más fuerte que los lazos sentimentales que puedas tener con una persona de otra nacionalidad. Estas personas, en muchos casos, las relativizan o las desvían hacia problemas personales de quien las denuncia o directamente las niegan. Los nacionalistas, además, actúan con impunidad porque todo el mundo, de diferente grupos sociales, culturales e ideológicos, los apoyan. Es muy difícil denunciar situaciones xenófobas. Nadie las cree. Muchas veces ni la gente que tienes cerca.

El nacionalismo es una realidad que amolda el pensamiento de la gente, como las doctrinas políticas. La gente, los artistas, escritores e intelectuales introducen sus pensamientos en este molde preestablecido y desde allí dan su visión del mundo. Una visión sentimentalmente distorsionada y reducida o deformada de una realidad completa.

¿Saben quiénes son los más vulnerables en estos casos? Los extranjeros. ¿Por qué? Porque el nacionalismo cívico construye una unidad, una solidaridad de voluntades que fácilmente se puede poner en marcha contra lo que consideran ajeno. El nacionalismo está también muy unido a las clases sociales. Experiencias de ese tipo me llevaron a reflexionar permanentemente sobre el nacionalismo y a ver su lado negativo cuando lo tienen que vivir los inmigrantes que socialmente no tienen un peso en la sociedad.

Otro grupo que padece los nacionalismos son los pobres. La individualidad de los pobres pasa de su identidad familiar y comunitaria a una identidad mayor, la de un grupo nacional, y en ese conglomerado se les exige sacrificio y lealtad, una fidelidad mayor que sobrepasa sus vínculos locales. Se les enseña a obedecer, a respetar símbolos nacionales, a desfilar, a llevar el país en el corazón más allá de las fronteras, pero cuando esos pobres se van del país a buscar una mejor vida a otro lado, nadie los recuerda, nadie pregunta por ellos, nadie analiza su situación en ese otro país. Desaparecen sin dejar rastro. 

En el país que los acoge la nacionalidad de los pobres se convierte en un peso, en un estigma, en cuerpo mismo. Su nacionalidad en las situaciones sociales que viven se convierte en su identificación. Ya no es Jorge Carrasco, es el “chilenito” o el “chileno Carrasco”. La nacionalidad se convierte en su nombre o su apellido o su mancha social.  

Las clases superiores ven y viven el nacionalismo de otra manera. Nunca padecen la nacionalidad en otros países. Cuando entran en contacto con personas de otras nacionalidades siguen manteniendo la identificación que certifica el documento de identidad. Nadie les dice: “chilenito” o expresiones de ese tipo. La nacionalidad pierde consistencia como rasgo de identificación. Son turistas, es decir, adquieren el rasgo de supranacionalidad que confiera el dinero y el estatus.  

El dinero amortigua el peso de la nacionalidad y amortigua el olvido que padece el pobre en otro país. Al inmigrante que sube en la escala social la gente del país que lo acoge tiende a mirarlo de otra manera y la gente de su país de origen comienza a recordarlo, a tenerlo presente, a valorarlo. Si tiene dinero y adquirió otra nacionalidad, ya no importa mucho. Creen que hubo una razón lógica y razonable que lo llevó a sumar una nueva nacionalidad o tradición. El poder y el dinero alojan en quien los tiene credibilidad, racionalidad, justificación. 

Lo que hoy es Chile se construyó, en parte, con este racismo que Michel Foucault describe en su libro Defender la sociedad: “Desde luego, cuando hablo de dar muerte no me refiero simplemente al asesinato directo, sino también a todo lo que puede ser asesinato indirecto: el hecho de exponer a la muerte, multiplicar el riesgo de muerte de algunos o, sencillamente, la muerte política, la expulsión, el rechazo”. Para ejercer el patriotismo y quedarte a vivir en tu país hay que tener dinero. Si no lo tienes, en cualquier parte otra tradición te espera, y con esa mezcla de tradiciones te espera quizás esa tradición más extensa que predicaba Borges para analizar más libre y fértilmente la propia realidad. 



 

 

. .








Proyecto Patrimonio Año 2026
A Página Principal
 |  A Archivo Jorge Carrasco  | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
NACIONALISMO Y DESARRAIGO.
Por Jorge Carrasco.