De izq. a derecha: Javier Claure, Gaby Vallejo y Guillermo Razo, Cochabamba, 2004
Javier Claure Covarrubias es boliviano de origen, pero debido al vaivén de las olas políticas
que imperan en el mundo, es también sueco desde hace muchos años. Javier nos ofrece un libro
de poemas cuyo título es «Preámbulos y ausencias», donde conmina su breve paso por la vida y
donde nos ofrece, a su estilo, los estados de ánimo que lo impulsaron a incursionar en el mundo
de la poesía. En esta obra podemos observar muchos de los sentimientos que ha vivido y también
aquilatar en todo lo que vale sus rasgos más característicos como escritor. A veces da la
impresión de estar escribiendo desde una juventud muy marcada por los argumentos empleados
pero es verdad, con la consabida aclaración, de que los escribió cuando pasaba por esa primera
etapa de su vida. Otras veces da la impresión de que su imaginación se desborda para incursionar
en la prosa poética.
Hay algunos momentos muy felices del libro, como aquel en que nos ofrece una proposición
agitada, alegre, con rapidez y que termina variando el remate final con una lentitud y un ritmo
contrastante. Me permito leer a continuación una parte del poema «Viajero del túnel»
«Y tomo la palabra
me aferro a la poesía
arma certera y desgarradora
desdoblo frases como serpentina
me adentro a su estructura
la miro, la estrujo como goma vieja
para romper el grito insurgente
de un mundo que gira con otra velocidad
con una gravitación más exacta
donde ríen, cantan, bailan, silban...
pero también lloran
por la música fúnebre que despide al difunto.
Y dicen que el viejo Antonio
ha muerto en honor al pueblo».
Claure Covarrubias nos regala estos versos salidos desde sus entrañas, y expresa lo que siente en
un idioma mestizo como la propia piel iberoamericana que nos cubre a la mayoría por igual.
Lo más sobresaliente del asunto que nos ocupa esta noche, es que el libro de Javier es una
muestra palpable del eterno devenir del que hablaba Parménides de Helea, ya que los temas que
todas las generaciones han tocado, acá vuelven a revivir, con su huella digital, con su estilo
incorporado y eso renueva, da vida a la poesía en general. Sobre el amor nos dice:
«El amor
asume el peso de la nieve
se luce en postales
en cartas
y en la espuma de las copas.
El amor
es una rosa llena de vida
que trae felicidad
pero sus espinas a veces
nos hacen sangrar profundamente».
En uno de sus poemas Javier muestra sus inclinaciones amorosas y le dice a su amada con un
lenguaje muy particular:
«Te necesito concretamente
porque amo
los octaedros de tus pechos
tus ojos almendra
el cubismo de tus piernas
y tu boca aterciopelada».
Javier es inteligente, es noble, es sencillo, sobre todo cuando le escribe a su hija Alicia Martha y
lo hace en un plano de hermosa igualdad paternal, filial para que ella lo entienda.
Del poema «Cenicienta de mi vida» citamos el siguiente fragmento:
«Si tú supieras
de mis cicatrices a flor de piel
de mis fracasos y progresos
si tú supieras
de mis viajes nocturnos
cuando te cubro con mis brazos
y te llevo en mi alfombra mágica.
si tú supieras
que vivo contigo a mi lado
y te saco a pasear con mis pasos
si tú supieras
que los bosques me conversan de ti
y se me llenan los oídos con fábulas de amor».
Platicando con Javier nos dimos cuenta de que la inquietud de los bolivianos es la misma que lo
nutre a él: le duele la explotación de los trabajadores, el saqueo de que ha sido blanco su patria y
a pesar de la distancia que lo separa de América siente en aquellas gélidas tierras el peso de la
opresión que gravita sobre Bolivia. Es un boliviano totalmente integrado. Y en el color de la
sangre de sus venas se destacan los colores de la cantuta, de la bandera boliviana y de la mística
Pachamama.
Veamos el siguiente fragmento del poema «Insomnio»:
«Dicen que soy ateo
que llevo dinamita en los bolsillos
que soy un canalla porque no me doblego
ante la corrupción
también dicen que llevo flores al cementerio
que soy irrespetuoso con los ortodoxos
y que las matemáticas me han vuelto un demente.
Yo sólo quiero decirles que sueño despierto
con una mesa popular
y un techo que proteja a cada mortal».
Hasta aquí esta pequeña introducción, que al mismo tiempo es una presentación y bienvenida al
joven que se lanza en los laberínticos y siempre fatigosos caminos del buen decir. Siendo un
primer libro, el que ahora comentamos, creo sinceramente que pasa fácilmente cualquier prueba
por rigurosa que sea. Hay todavía mucho camino por delante, por supuesto, pero también hay
inteligencia y un enorme potencial. Existen giros en la poesía de Javier que delatan elegancia,
elemento este último que termina convirtiéndose en el lujo de la poesía y de la literatura toda.
Una vez más Javier, bienvenido a tu patria, a tu casa. Que los dioses te sean propicios en el arduo
camino que te espera, pero que hoy, rodeado de tus amigos y de muchas personas de buena
voluntad, comienza fatigoso, pero lleno de alegría plena. Felicidades por «Preámbulos y
ausencias».
* Discurso pronunciado en «La Casa del Artista», 30 de abril de 2004, Cochabamba
(Bolivia)

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Guillermo Razo Cuevas es un periodista, abogado y escritor mejicano radicado en
Cochabamba. Este intelectual construyó un puente cultural entre México y Bolivia. Ha publicado
varios libros. Se dio a conocer en el ámbito literario, en 1996, cuando publicó su primera novela
histórica «P’otojsi» (Trueno) inspirada en el pasado colonial boliviano. Es miembro de la Unión
de Poetas y Escritores de Cochabamba. Su trabajo literario ha sido respaldado y auspiciado por
organizaciones literarias de Bolivia.

Tres poemas de «Preámbulos y ausencias»
Contraluz
Soy de contraluz
de la penumbra mágica crujiente
mitad brujo empapado con esperanzas
de lengua poeta desteñido
en el abecedario cosmopolita.
De la tierra del maíz soy
donde habitan los hombres con uñas puntiagudas
descubridoras de la verdad
pero bien podrían empujar un radar
para detectar
a los que se encuentran en el otro lado.
A contraluz
vuela la muerte con sombrero de ala ancha
mientras el tiempo
lanza su zarpazo inalámbrico
al ritmo de orquestas que deberían callar
aún así, el cuarto está vacío, estoy yo
puedo jugar a esconderme de la gente
y de mí mismo
encender el burdo aparato de la televisión
y reírme de ridículas escenas
que transmiten los de camisa blanca.
A contraluz
no se canjean injusticias por falsos documentos
no se venden objetos con etiquetas doble cara
no se venden armamentos
no se ataca por flancos construidos a medias tintas
ni el barro cura las heridas abiertas.
A contraluz
se habla de todo y de nada
de la masacre de San Juan, de literatura
de las manos destrozadas en el Estadio Chile
de noticias y del Subcomandante Marcos
pero no les digo más nada
«porque ya pasó el día del niño en México»
A contraluz
pierde el arcoíris su brillo aceitoso
reviven voces que dormían en perchas del pasado
y el asfalto se desprende
como vísceras podridas en el estómago
sensación de escupir metáforas en forma de saxofón.
Voy a decir nuevamente
contraluz
escudo rebelde
signo de interrogación pegado al filo de una espada
golpe de asombro con la planta del pie
y la serpiente que muerde un racimo de uvas.
Distancia
Cuando empecé a escribir poemas
me di cuenta que estabas lejos
y para creerte cerca
escribía como truco
de viejo mago fracasado
al que nada sale bien
pero se consuela creyéndose bueno.
Jamás pensé dártelos
porque no creí volver a verte
y temía tu incomprensión
o el ridículo estado cursi
en el que puedo caer si me descuido
y dejo que mi pasión
se convierta en metáfora vulgar
del lenguaje falso y rebuscado.
Más tarde recapacité
y decidí dejártelos
no como prueba de mi amor
pues mi amor
no necesita ser probado
sino para que te dieras cuenta
que el universo interior
conserva lo invisible.
Lo que sucede ahora
es que los días amanecen feos
frustrados antes de vivirlos
porque en la distancia
me prenden los recuerdos.
Viajero del túnel
Hoy a las doce del día
han fallecido en las montañas
en el campo y en las ciudades
todo parece inútil en tiempos de alquitrán
nada cabe en la geometría del caos
nadie dice nada
de la paloma blanca acribillada en medio vuelo.
Bien se sabe
que no acaban nunca las toneladas de discurso
o acaban siempre mal
porque todo es palabrería
no hay sol que dore el trigo
ni agua que riegue el sembradío.
Y tomo la palabra
me aferro a la poesía
arma certera y desgarradora
desdoblo frases como serpentina
me adentro a su estructura
la miro, la estrujo como goma vieja
para romper el grito insurgente
de un mundo que gira con otra velocidad
con una gravitación más exacta
donde ríen, cantan, bailan, silban...
pero también lloran
por la música fúnebre que despide al difunto.
Y dicen que el viejo Antonio
ha muerto en honor al pueblo.


Javier Claure (podio), Alberto Guerra, Luis Urquieta y Jorge Encinas (sentados), Oruro 2004

De izq. a derecha: Luis Andrade, Javier Claure, Blanca Elena Paz y otra escritora.
5ª Feria Internacional del Libro, Santa Cruz, 27 de mayo de 2004