Palestina
El pueblo palestino no puede ser el sacrificio de la humanidad.
Yo moriré, pero volveré y seré millones.
Túpak Katari, líder indigena descuartizado en La Paz (Bolivia) en 1871.
Palestina
eres la joya crucificada de Medio Oriente
más de siete décadas
remolcando el peso de la muerte
y las huellas del látigo
marcadas sobre tu inocente cuerpo
tus ojos
son dos barcos encallados sin ventanas
tu cabeza
una prisión forzada en tu propia casa
tus manos
son las manos encadenadas de la esclavitud
y tu corazón
un tubo abierto que filtra sufrimiento.
Palestina
la tierra satánica prometida por Dios
flagela tus nervios y tus extremidades
viola la virginidad de tus montañas
y la Tierra Santa del infierno
contamina las costas de tu mar
y las aguas del río Jordán,
franja mutilada que arde de día y de noche
entre alambres de púas, campos de agricultura
y rosales que se mueren
como mariposas
atrapadas en alquitrán caliente.
Palestina
eres el muro de cemento
que se levanta como castigo
eres la herida abierta
que sigue sangrando en pleno siglo XXI
y la espina apartheid
incrustada en tu columna vertebral,
lluvia de vidrios punzantes:
cortes de agua y de luz
encarcelamiento de niños y jóvenes
usurpación de jardines y de viviendas
clavículas rotas por las culatas de fusiles
y el hambre sobre el pecho que golpea el alma.
Palestina
eres la bravura que desciende desde los volcanes
eres la intifada *
en busca del mapa no cortado
pero también
eres rebeldía con causa
pariendo
hombres y mujeres con la frente en alto.
Palestina
de piedras contra cañones
de palos contra aviones de guerra
de llantos contra homicidios
de misiles contra hospitales
de granadas contra ambulancias
de proyectiles contra periodistas
y en el centro de esta cruel asimetría
la razón contra la barbarie del más fuerte.
En Palestina
caen bombas desde el cielo
y sus calles se transforman
en escombros
sellados con la estrella de David
en adobes, en trozos de hormigón armado
en montículos de muebles, de televisores,
de muñecas y de cuerpos destrozados
cobarde aplastada
como quien dice
allí
ellos teñidos con el líquido
de los vasos sanguíneos
y nosotros aquí
blindados jalando más territorio.
Palestina
sabemos que la serpiente maldita
de cinco cabezas
apuñala tus pies descalzos
sabemos que las crónicas de tus habitantes
están escritas por tus muertos
sabemos que las estatuas
hablan de tus héroes
tu biografía
está plasmada en periódicos
y en tus plazuelas protestan
contra la invasión de los asaltantes.
Los palestinos
son defensores de su nación, de su tierra,
de sus cosechas, de la comida que cae a sus platos
y de la veracidad que cubre sus alamedas.
Desde hace mucho tiempo
quieren volver a su hogar
sin muros, sin vallas y sin colonos
los palestinos
no han visto sino
arrodillado a su estandarte
no han escuchado sino
el fallecimiento
tocando las puertas de sus casas
no han encontrado sino
mortajas, sábanas blancas y ataúdes
no se han topado sino
con la repugnante impunidad del crimen
y con una comunidad internacional
sorda, muda y ciega
que siempre se ha hecho
tercamente esquizofrénica.
Entre la Biblia y el Muro de los Lamentos
esta hipocresía
esta agresión
esta sangre coagulada
este yunque martillado día a día
entre la Biblia y el muro de las mentiras
tanto odio de frontera a frontera
tanta falta de comprensión
cuando los años no son pocos
y la vida se torna
en taladro, en clavo y en puñal.
Ahora
que la dirección está mal puesta
ataca el enemigo
por el flanco rojo y blanco de cincuenta estrellas
cientos de niños mueren junto a sus padres
cientos de mujeres reposan inmóviles para siempre
cientos de ancianos yacen descuartizados
y todos se preguntan
¿irán esos niños de tiernos rostros al cielo?
Una vez más
desde Jerusalén
acribillaron a Cristo en Palestina
miles de Judas
cargados con poderosos clavos F-16
abrieron su pecho inmaculado
sangra que sangra sus costillas
ante los ojos de la humanidad
que implora por la justicia.
* Intifada: levantamiento popular contra una fuerza ocupante o Gobierno opresor.
Pueden
La ignorancia es la madre de todos los crímenes.
Honoré de Balzac.
Pueden quemar las casas
pueden tener tres kilos de oro
pueden martillar un cordón umbilical
pero no matar al pueblo.
Pueden no dejar entrar a las universidades
pueden homenajear a generales con cañonazos
pueden robar huesos de muertos
pero no asaltar la dignidad de los obreros.
Pueden falsificar títulos
pueden hacerse la cirugía plástica
pueden gritar a diestra y siniestra
pero no silenciar al sindicato.
Y el verde olivo mataba al pueblo
A los pueblos originarios del Estado Plurinacional de Bolivia. A las personas que murieron durante el golpe de Estado encabezado por Jeanine Añez y su Gobierno.
Para decir de principio hasta el final
era octubre del año 2019
el viento arrastraba pólvora sin límites
y entre la Casa del Pueblo y la Plaza Murillo
un golpe maligno estalló
y se desplegaron los ejes del mal
el autoritarismo a flor de piel
el intelecto convertido en bestia salvaje
el nepotismo elevado al cubo
la deslealtad de amotinados en algarabía
la llave rapiña de las arcas estatales
y la Fiscalía abandonada.
«Soy la defunción»
decía el Comandante General
«Yo soy el que coloca
esposas, cubrebocas y vendas en los ojos»
decía el Teniente Coronel.
Y el verde olivo mataba al pueblo.
Desde lo más profundo
la secreción oscura de la patera rubia
salía de su cuerpo como alquitrán caliente
todo era un parto forzado
sin pies ni cabeza
gobernantes vestidos con el frío de un cuchillo
casas forradas con tela negra
paredes que soltaban aceite negro
coches consumiendo gasolina negra
y en el jardín
crecían documentos negros
mientras los búhos
observaban a los verdugos.
Y el verde olivo mataba al pueblo.
Apenas se abrió el calabozo
la Universidad Católica
cómplice del crimen
cada cuadra militarizada
los árboles
testigos de ráfagas
y la Dictadora con voz de Biblia
intocable
hinchada de odio
contra las culturas ancestrales
violaba el mensaje bíblico
de «amar al prójimo»
y con sus garras satánicas
apuñalaba
a Jesucristo en la cruz por la espalda.
Y el verde olivo mataba al pueblo.
En el Ministerio
el nuevo San Román
calvo
dientes monstruosos
su ignorancia se unía a su miseria
la tortura misma
rondando por las calles
el rencor en cada paso
y funerales pegados
a su torso de tormenta.