Después de años escribiendo una poesía clásica, el poeta está embarcado en un nuevo formato: los apuntes. Libros hechos de datos, informaciones y citas que en conjunto cuentan una historia mayor. Ahora acaba de publicar Apuntes para una historia del Quijote, un volumen hecho de chispazos de otros que Romero monta para narrar la historia del libro, su autor y su enorme impacto.
Una poesía prefabricada. Periodística. Hecha de datos e informaciones que están en otras partes, en otros libros. Eso dice Juan Cristóbal Romero (Santiago 1974): que lo que está haciendo es trabajar como montajista de ideas y datos de otros para producir algo nuevo. Tras veinte años escribiendo una poesía hecha con los mecanismos más tradicionales de la lírica, métrica y rima incluida, a lo que ha estado abocado últimamente es a llevar apuntes. Casi literalmente. Notas de lecturas que luego enhebra hasta conformar nuevos libros. Son historias en fragmentos: tiene uno sobre la poesía chilena, otro sobre la dictadura y acaba de lanzar uno nuevo sobre El Quijote, que en 100 páginas de chispazos sintetiza varios siglos de investigaciones, informaciones y opiniones sobre la novela y, especialmente, sobre Miguel de Cervantes.

"La casa donde nació Cervantes fue en Alcalá de Henares demolida.
Ningún fraile o monja, ningún miembro de la familia del escritor, ningún amigo se tomó la molestia de marcar su tumba.
Enciclopedia de la crueldad.
Así llamó Vladimir Nabokov al Quijote.
Biblia en español, lo llamó Miguel de Unamuno.
Cervantes no utilizaba signos de puntuación".
Así empieza Apuntes para una historia del Quijote (Editorial Tácitas) y luego sigue la misma estructura: frase tras frase, idea tras idea, dato tras dato, nunca dispuestos en más de cinco o seis líneas, Romero va construyendo un mapa de informaciones sobre la vida de Cervantes, la novela y la recepción que tuvo a través de los años. Están prácticamente todas las referencias canónicas, pero entre ellas van apareciendo anécdotas que dotan al libro de humor y, a la vez, lo vuelven potencialmente adictivo. Leerlo es un divertimento que, a la vez, vuelve a iluminar una historia mil veces contada. Antes, Romero ocupó el sistema para dos libros, Apuntes para una historia de la poesía chilena (2017) y Apuntes para una historia de la dictadura cívico-militar (2020).
"Este formato nace en 2016. Empecé a interesarme en una poesía distinta a la lírica, en base a hechos, en base a información. Empecé a utilizar apuntes que iba tomando en diarios de escritor sobre diversos temas y ya el 2017 los fui seleccionando para pequeñas monografías, buscando un único horizonte. A mí, por comodidad, me gusta llamarlos poesía. Están entre la crónica, el ensayo, la novela", dice Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo y un poeta que ha trabajado obsesivamente con todas las formas clásicas de la poesía. Y el trabajo ha sido en serio: hace dos años publicó Índice expurgatorio, una compilación de sus nueve libros que ocupan casi 550 páginas.
Los apuntes de Romero han sido comparados con los libros del estadounidense David Markson, que en libros como La soledad del lector (1996) o Esto no es una novela (2001) usa una técnica similar de montaje de ideas para construir novelas fragmentadas, pero el poeta ve una tradición mucho más larga en la que incluye textos de Diógenes de Sinope, Aulo Gelio, Canetti, Ernst Jünger o Nicanor Parra, específicamente el de Discursos de sobremesa. "Es doxología, son anecdotarios. Apuntes, curiosidades, tomados de libros y que en su conjunto generan algo nuevo. En el caso de los apuntes, pretenden a través de las yuxtaposiciones, el montaje, buscan crear algo nuevo en la vibración de dos ideas que quizás por separado no tienen el mismo sentido que confrontándolas", dice.
—¿Estos apuntes han sido una forma de salir de la poesía tradicional y sus reglas?
—Han sido una especie de recreo. Eso es menospreciar el trabajo, pero es una labor mucho más lúdica que la poesía tradicional que implica la métrica, la rima, pensar, sentir. Estos apuntes los he llevado en conjunto con la lectura: es un método de transformar lectura en creación. Lo que la poesía no necesariamente lo permite, hasta cierto punto es incompatible: lees o escribes. Acá en cambio, mientras lees, transformas lectura en un acto de creación.
—Las ideas se riman.
—Trato de ubicar ciertas conexiones a lo largo del libro, de tal forma que la mente del lector vaya rimando ideas, a una distancia tal que no se pierda el recuerdo. Esa es una técnica de la poesía. La repetición, de hecho y sintáctica, se va utilizando a un ritmo. Que al menos no veo en otros géneros: hay una especie de arte. Hay artilugios y formas poéticas. Después no hay un hablante, no hay una pretensión de imponer una posición, juega con la ambigüedad, que es algo que la poesía permite.
Crepúsculo y reciclaje
Entre los apuntes que ha ido tomando Romero, cuenta que ya tiene "núcleos" para varios libros: sobre la Guerra del Pacífico, sobre vidas de santos y sobre la historia del pueblo mapuche. Provienen de sus intereses personales, como El Quijote, libro que tiene en su velador junto a la Divina comedia, de Dante. Empezar a trabajar con Cervantes, dice, provino de una idea que está en los textos de Nabokov sobre la novela: "Estos apuntes son medios iconoclastas, es necesario aproximarse a los temas de una manera no tradicional. Nabokov me alentó a aproximarme de una manera no tradicional a un texto que para muchos es una especie de texto sagrado. Luego viene una bibliografía grande de especialistas, pero también utilizo mucho a los lectores escritores, como Borges. En este caso, han sido ocho años de ir guardando notas", sostiene.
—Lo que queda muy claro al leer estos apuntes es la contradicción entre el Cervantes escritor, que era un tiro al aire que fracasó, fue excomulgado, estuvo preso, y el que haya escrito una obra maestra que funda la novela contemporánea.
—En rigor, el protagonista del libro es Cervantes. Es una persona que es bien peculiar, porque no es el prototipo de escritor. Fue soldado, empieza su carrera tarde y tampoco es muy exitosa. Él quería ganarse la vida y el prestigio a través del teatro, pero le va mal, porque hace un teatro clásico que ya no está a la moda. Lope de Vega era quien estaba a la moda, era mucho más vistoso su teatro. En mi opinión, El Quijote es un acto de revancha contra Lope de Vega. Cervantes lo escribe cuando ya no tiene nada que ganar, está marginado desde el punto de vista literario y tiene cuentas que saldar. El referente más inmediato es El entremés de los romances, una obra de Lope de Vega en que un personaje se vuelve loco por leer romances. Es fácil pasar de ahí al Quijote y la caballería. Para mí es un ejemplo más para ridiculizar a Lope de Vega.
—También es un libro sobre la recepción de "El Quijote", menciona datos actuales o que Borges creía que era mejor la versión en inglés.
—Sí, es interesante que en Inglaterra se entendió primero. Los ingleses entendieron los códigos del libro y lo transformaron en un género. Es tan importante que la compañía de Shakespeare produce Cardenio, una obra sobre un personaje de El Quijote, mientras Cervantes estaba vivo y peleando con sus colegas en España.
—Sobre un libro como "El Quijote", ¿cuánto más se puede decir? Parece una tarea potencialmente infinita seguir juntando datos, ¿cómo llega a un final?
—Pude haber seguido infinitamente, claro. Hay datos que faltan, seguro. Pero llega un punto en que la información se empieza a repetir y da la impresión de que el costo de adquirir un nuevo dato es muy alto. Yo quiero llegar a las 100 páginas, hacer algo más largo no sería cómodo para el lector.
—¿Le parece que hay una consonancia entre la estructura de estos apuntes con esta época veloz, corta, fragmentada y en la que parece no haber tiempo para la lectura?
—Juan Luis Martínez decía que en general estamos viviendo una época de término, en la que da la impresión de que no se puede pensar por sí mismo, sino a partir de la información. Creo que este libro tiene mucho de eso. Es un libro que denota un tipo de lector y escritor que escribe a través de la información. Eso se ha acentuado con Twitter, las redes sociales e internet en general. Por primera vez tenemos tanta información disponible. Yo creo que los apuntes también dan cuenta, en su montaje, de que hay una especie de simultaneidad en que todo importa, desde las anécdotas más mínimas a las trascendentales; los hechos históricos de distinta época se pueden poner en la misma página. Es una especie de vista panóptica que tenemos hoy. Nunca antes un escritor o lector ha tenido el panorama histórico literario que tenemos hoy a través de internet. Estamos en una especie de balcón mirando la historia completa, como ninguno de los autores hace 60 años atrás lo tenía.
—Hace unos años ya circula la idea de que el escritor contemporáneo lo que tiene hacer es ser un montajista de escrituras que lo preceden.
—Es bien bruto lo que voy a decir, pero hoy cuesta mucho pensar. Cuesta mucho tener una idea original, sobre todo con la carga de información que tenemos. Antes daba la impresión, por tener menos referencias literarias y lecturas, quizás por desconocimiento, de que se podía pensar libremente. Hoy día da la impresión de que cualquier idea alguien ya la tuvo. Y eso, al momento de escribir, nos lleva a sincerar la situación: escribir con citas, anécdotas, curiosidades que ya se saben, y hacer de eso un arte.
—¿La originalidad literaria está en jaque?
—No sé, porque creo que incluso utilizando material de desecho o prefabricado es posible crear algo original. Tengo la impresión de que los apuntes lo son, y es un ejemplo de que con material reciclado se puede incluso seguir creando. No creo que esté en jaque.
—¿Y la poesía clásica que usted también practica?
—Tengo la impresión de que la poesía tradicional tiene sus días contados y lo estamos viviendo es una especie de gran crepúsculo. Con todos los colores. Y lo veo en todos los idiomas. Hoy se está ocupando el metro, la rima, en Chile también se ve, pero parece que hay un gran crepúsculo y no se ve una salida. Es un bonito caso. Se está escribiendo mucho, se está tirando toda la carne a la parrilla. Hay que disfrutarlo.
—Incluso pareciera que la poesía como género, no solo la que trabaja con métodos tradicionales, está fuera de órbita. Es una rareza.
—Asi es. Pero, por otra parte, tiene posibilidades que no tuvo antes, porque la poesía está fuera del mercado. La poesía no tiene una utilidad. Eso es un espacio de libertad enorme para el escritor. Puede que hayan disminuido los lectores, pero creo que hay más escritores de poesía que pocas veces. Justamente por la libertad.
