—¿Cómo vio a su país entonces?
—Me encontré con un país floreciente, en pleno "boom"; todo el mundo millonario, toda la gente rubia, todas las mujeres miss Chile, todas iguales a la Raquel Argandoña, había una locura de prosperidad, de riqueza; ya no éramos el pequeño país modesto y legalista que tenía un cierto orgullo de civilidad; Chile se había convertido en un tremendo país capaz de comprar y vender cualquier cosa. Se veía que todo eso era mentira, pero a uno no le gustaba creer que no era cierto; entonces, claro, me metí a comprar una casa demasiado grande con la poca plata que traje de Europa, y todas esas estupideces que uno hace.
—Y ahora, ¿cómo ve la situación del país?
—Siento un miedo general; a mí, personalmente, lo que más me da miedo es no saber lo que pasa; me da miedo la censura. Los diarios que antes publicaban noticias, opiniones, y que uno leía, fueran del lado que fueran, para saber lo que sucedía en el país, están agonizando, se están entregando o ya se han entregado al gobierno; ya no critican, no juzgan, no opinan y no informan; lo único que pueden hacer es asentir y obedecer; por eso en Chile nadie lee los diarios y quienes los leen no creen lo que dicen. Los periódicos son todos idénticos. Se han nivelado. Sus tirajes han bajado de una manera espectacular y en lugar de noticias traen una espantosa mescolanza de crímenes, descuartizamientos, asesinatos. Fíjese que hace un tiempo atrás fui a Buenos Aires. Leer un diario chileno en Buenos Aires es algo realmente impresionante. Uno cree que este país es un país de locos, porque en lugar de mostrar nuestro verdadero rostro, preocupado, aproblemado y desolado, la prensa chilena muestra horribles accidentes donde mueren no sé cuántas personas, muchachas descuartizadas, incendios... Eso si que se puede mostrar, pero no los verdaderos horrores que Chile está sufriendo. Y lo que no es eso, son informes oficiales del gobierno diciendo que decrece el desempleo, que baja la tasa de interés, que aumentan las exportaciones y que este año habrá una ganancia del gobierno de tantos cientos de millones de dólares: vale decir, jauja, jauja con la tremenda máscara de monstruosidad de la represión, la censura, los descuartizamientos.
—¿Usted ve la televisión?
—¿Para qué? Eso es lo mismo que no ver nada... Yo creo que este país está enfermo, enfermo de verdad.